viernes, 8 de julio de 2011

SE LO COMO.


En el oído.
Llevo unas pocas de microondas. Ondas onduladas a no sé qué frecuencia.
Moodys te pone la nota y te jodes. Yo me abstraigo. Por las mañanas hay un largo paseo lleno de botellas por el suelo, huele a todo lo que dejó la noche. Unos jóvenes con las piernas largas se descubren. Ahora me huele a pócimas, mi olfato tiene secuelas como si todo fuera con sabores de pólvora dentro de una mecha lenta.Nubes a borbotones por los flancos del mar, a derecha e izquierda en algún sitio, nacidas, sopladas por el viento (dedícate a adivinar sus formas).
A los ancianos nos sobra la noche y nos pica la polla y vamos sobreexcitados moviendo las venas a un lado y al otro.
Aún podríamos follar si nos la sorbieran.
No sé si me escuchas. El Señor Moodys está reflexionando y estás suspenso.
Es imposible que no pase algo. Un brazo dormido o cosas así. Un día no puedes hablar con el otro lado de tú cabeza. Mientras tanto me hierve la sangre, y las veo culonas, y aunque no tengo potencia las deseo envorcadas, cuanto más grande el culo mejor todo. Mi pellejo metiéndoselo a puñados, besarles el culo por el ano, pasarles la lengua todo lo larga que es. Ando más salido que el pico de una cigüeña.
Llevo un pingajillo y unos pololos con machas de colores, unas sandalias, una camiseta blanca, y una gorra chuleta.
Bordeo por la acera arriba hasta los astilleros vacíos.
La radio pequeñita me dice todas las cosas que necesito.
Los de Moodys nos están jodiendo bien jodidos.
Yo aún me follaba a la Christine Lagarde.
Y si hay que comerle el coño se lo como.

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