jueves, 7 de junio de 2012

Y A SALTOS VAYA EL CORAZÓN.



Todo se basa en quitarte la sal. Sal de la boca. Sal en  el corazón.
De alguna forma la sal que transpiras, dulce la piel cuando besas.
Sin sal en las manos cuando te toco. El cielo limpio, sin nubes que lleven sal.
Me da que desde hace horas no huelo a Mar Muerto, sin sal para las moscas,
insípido para los gusanos, el dulzor de las miasmas  que se diluyen en las oquedades.
Me acojo a ti que estás en esa mínima vuelta, al dar la vuelta tu espalda.
Desnuda, inmaculada, inmensa como el salar de Uyuni.
Mi brazo te amarra y te sujeta casi sin ver el infinito mar blanco.
Tu cuello en forma de mundo redondo resbalando una gota a mi boca.
Deseo buscar tu densa piel y flotar sobre el valle de tus vértebras.
Entre tus piernas una salina de  sal.
Tres bocanadas de aire, y volver a descansar  sobre  tu espalda,
apretarte hacía mi.
Para  latir más fuerte.
El pan que me entregues, con dos puñados de sal.
Dame tu sal en mi  boca.
Y a saltos  que vaya el corazón.