miércoles, 17 de mayo de 2017

MARCHA ATRÁS.




...así, fue así, le dijo, mi amor métemela ya de una puta vez, sácamela por el culo, así mismo le dijo, de una puta vez que la atravesase, como acuciando, angustiada. Así que su Jombre se bajó los pantalones de esa forma, sonó la hebilla del cinturón de esa forma, y así amordazadas las dos piernas entre sus calzoncillos, entre sus perneras, atado, se escurrió hacia adentro a la primera en un acierto pleno, todo el muñón y la bola hasta los huevos, cerquita del mismo culo, todo aquello tan lubricado, tan acariciadoramente suave que vibró en varias acometidas emocionadas, en la ultima acometida después de treinta y ocho vibró diferente al tiempo que las manos de Ella amordazaban las dos partes de su culo que iba a retirarse hacia atrás lleno de cobardía, como otros días en otras mañanas llenas de cobardía, y ella tan harta de ovalarse tantas veces ovalándose para nada, todo un desperdicio sobre los pelos de su coño. Tantas veces esperando en la ventana, tantas secuencias repetidas tantos óvulos ansiosamente solos esperando a un triste amante tan cobarde. El propio ancestral instinto lo apretó contra sí como nunca lo había hecho, mientras se decía así misma de aquí no te sales socabrón.

martes, 25 de abril de 2017

SAXO.


Había una muchacha negra que había salido de la calle y cantaba blues sobre un estrado diminuto en forma de triángulo esquinero. Apenas un saxo y un batería. Decían que aquella muchacha había entrado por el Mediterráneo, pero no se sabía desde dónde. En realidad yo a la muchacha la conocía de algunos días anteriores. Días tan largos que a veces acababan mal. Alguien la había puesto allí entre aquellos pegoteros de blues: el del saxo, quizás, lo que más grande había hecho era tocar con cierto desparpajo las redondillas del gato montés, el de la batería para que comparar. Pero sabéis, cuando la muchacha se subía llegaba el hechizo. Muy extraño. Por una rara conjunción de los planetas los dioses y del sonido, o de cosas así de brujería, su voz no se sabe de dónde salía, hechizaba cuando conversaba consigo misma, y el del saxo se convertía en un virtuoso, y el de la batería llevaba el ritmo como si golpease el mismísimo ángel malo que los protegía.
Así eran aquellos blues que casi se veían salir como volutas.
Yo entré allí muchas veces a ver a la muchacha de grandes proporciones, tocada con un kimono color vino que le arrastraba por el suelo. El local me olía a jabón y a lejía que se calaba por entre las rendijas de la vieja madera del suelo tan desgastada. También entraba allí buscando a alguien con quien hablar para que las horas fueran más cortas. Por lo demás era un arribista con pocas cosas que soñar. Los días eran tan lentos para mí, que algunas veces me parecía imposible que la vida se acabase alguna vez. Pues como digo, una noche que no concluía nunca, la muchacha se subió al estrado y empezó muy despacio un quejido yoruba, en realidad yo no entendía nada, digamos que era el género de la balada, o una melodía extraña, llámalo como quieras, lo que me transportaba por algún misterio extraño era la profunda voz como una desértica llanura. Por un instante se me helaron las venas y tuve ese punto ciego en una vieja de la otra esquina de la barra, y empecé a amarla, porque el amor debe ser inmediato e instantáneo para que sea verdadero amor. El tiempo lo acaba todo. Casi a solas, la vieja y yo mirándonos estábamos menos solos. Eso parecía. No queríamos salir a la calle con pocos portales para guarecerse. Cuando estos lugares se quedan tan solos dijérase que lo único que encuentras son almas en pena; porque quizás la vieja, la mucha del blues, el del saxo el imberbe de la batería y yo, ya estuviésemos muertos.

jueves, 23 de marzo de 2017

SOBRE EL AMOR.


De entre todas las etapas que hacía tenía la impresión que eran para alejarme. No había en lontananza un paisaje que me llenase de ilusión, sin mariposas, el polvo posándose sobre el brezo y los zarzales de un día extrañamente caluroso en que la mitad del mundo era de color azul. De tanto amor, henchido como llevaba, decidí alejarme mas y más. No te describiré gran cosa si ya sabes lo que es viajar con una carga de amor.Imaginarte el recibimiento, los brazos, las bocas y la piel en su esplendor -poros como volcanes plenos de furia-. Y los olores debajo del perfume. El corazón repleto y a saltos bailarines, llenos de amplitud. El estómago carcomido por alacranes.Mi sexo humedecido por el deseo. Era caminando cada etapa de espaldas al horizonte de donde venía la luz,sin otro pensamiento que su cara en holograma moviéndose una y otra vez delante de mis ojos.Su piel oliendo a aceites de almendra, como siempre, su ropa llena de perfumes como la pasada primavera. He de decir que me recreaba en mis pensamientos,la ultima vez, la antepenúltima -casi unos segundos nítidos- en que sus manos se posaron sobre mi pecho, y que su peso, exacto, preciso, descendiendo de repente, acabó con mi cansancio nada más apretarme con su coño, en otro atardecer. En otro viaje.

miércoles, 8 de marzo de 2017

PIEDRA.


Habíamos arrimado la piedra que tenía forma de triángulo,
una de las esquinas era angosta,
pesaba sobre seis brazos que la erguían.
De niños jugábamos a ver que pasaba,
en el monte las colinas no tenían final,
Jugábamos contra la luz para ver el secreto de sus colores
y el agua tan salvaje deshaciéndose desde la altura.
La gran piedra era la causa. La teníamos de pie,
y su efecto era soltarla.
La vimos dando vueltas a veces como si quisiese subir al cielo
rompiendo arbustos,
en silencio,
jugábamos
a que una voz gritase entre la maleza.

martes, 21 de febrero de 2017

RÍOS.


Acaso no lo recuerdas. El humo sube igual de frío.Y hay un halo entre la luz y la sombra en los atardeceres de febrero. Y aún hay unos ojos que miran a esas montañas.
Esclava tierra abandonada.
Pobres mujeres que trabajaban con sus hijos a cuestas . Pobres hombres a los que no les valía odiar. Que debían repartir la mitad del trabajo de sus tierras con el amo que no había puesto ni una mínima gota de sudor. Ribera del Navia azotada por un hermoso verde, donde las voces vuelven a contestarte desde el otro lado del río, y el humo sube recto y azulado como si fuera a buscar a Dios.
A lo largo de los tiempos se fueron cayendo las gentes unas en brazos de otras, sin relatar ninguna historia. Cementerios baldíos llenos de musgo y tanto silencio.
Y ni un sólo recuerdo que sea leve.
Si ves al fondo esas nubes de algodón que lo tapan todo.
Sí.
Tanto silencio.

viernes, 17 de febrero de 2017

ESTADOS.



Permanecimos allí en aquella postura, abrazados en aquella postura uno frente al otro, mi cabeza estaba ligeramente reclinada sobre su hombro, y me daba calor su cabeza, leve, tan leve, con los ojos cerrados, yo suponía que ella también estaba con los ojos cerrados. Algunas veces abres los ojos ligeramente y ves una semipenumbra que viene del mundo, yo había abierto los ojos ligeramente y veía, eso, un poco de luz que se filtraba a través de la ventana, y unos visillos ligeramente agitados por la brisa de la tarde, era por la tarde, hoy era por la tarde. Lo cierto es que estábamos escondidos no sabíamos de quién, para tan sólo abrazarnos en secreto y llegar a sentir lo que era sentirse tan tremendamente solos, sin darnos cuenta de que en realidad estábamos en el interior de una historia que quizás no empezaría a contase nunca.

miércoles, 15 de febrero de 2017

OTRA DE AIRE PARA LA OCHO, POR FAVOR



Merece la pena que exista ese color que te gusta.
Que esperes a cuatro patas.
Que ingreses al hospital para vivir cuatro meses más.
Que veas el hermoso bostezo de un bebé.
Que digas que sería de mi vida sin ti.
Que te corras como un cerdo en el descanso del partido.
Que un día hayas llegado hasta allí y no sepas a que ibas.

La brisa del mar es eso que pasa por tu cara y son como dedos, tan leves, tan suaves, que vienen de tan lejos, tan largos, tan infinitos.
La pasión del aire sin que haya fuego.
Yo no soy de ascensor soy de escaleras, el ascensor siempre tengo miedo a que se pare ahí, en el tercero, y quedarme allí dentro sólo con dieciocho metros cúbicos de aire, que no son nada, te los devoras en un santiamén, y luego qué, una vez que te los devores si no tienes más vas y te mueres.
De quedarme en el ascensor me gustaría que estuviera Mara la esposa del dueño de la gestoría la Exacta que tiene unos muslos enormes y cara de solete. sonrosadita, que huele a violetas y a crisantos. Violarla antes de que se me acabaran los ocho metros cúbicos de aire que me corresponden por ley.
Allí mismo, arrodillarme y comerle el coño con todos los pelos negruzcos que debe tener y restos del requesón ricotta 
de su marido.

Tú no puedes imaginarte cómo fue lo de Ponpeya, no se veía ni a dos metros todo lleno de cenizas y abrías la boca y se te secaba y caminabas como un zombi hasta que te dabas cuenta que por tus branquias de humano no entraba ni una gota del famoso ODOS.
Cuando cenamos a mi Mirta le digo eso, yo me pongo por la ventana que da al patio de luces para oir el telediario, y se lo vuelvo a decir si me ves abrir mucho la boca bésame aunque tengas la boca llena de tortilla de jamón.
Luego por las mañanas aquella pega que llega a la ventana y le da por temblar con el pico con tanto mal aguero.
Sin siquiera tener que decirte, mira me dijeron, o ya te dije, o ya te lo decía yo, o si me hubieras hecho caso, hubieras ido al especialista de las SS.
Quisiera tener los ojos como los asnos, sin casi angustia aunque les retuerzan el badajo. Quisiera ser como Alfonsina caminar hacía el mar y ahogarme con un par de cojones diciendo poemas de amor, ya sin aire, diciendo oooooh.

De que estamos hechos, tonto del culo, si no es de puto aire.

lunes, 6 de febrero de 2017

VOLUTA.


CAGAR O NO CAGAR, ESA ES LA CUESTIÓN.
A qué nunca viste meter un puto piano por una ventana. Ni cumplirse esa paradoja de el piano que se cae mientras tu sales por la puerta del portal. Y son dos pasos. Y el avance del piano. Y tu avance. En una secuencia interminable hasta que varias notas de piano suenan mientras se deshace y tú te salvas por medio paso.

Son pensamientos extraños mientras espero en este trono.
Mi compulsión mientras estoy aquí es tener cojones para salir a la calle. Vencer ese puto miedo a la inmensidad.
Antes de tomar impulso tuvo que haber un segundo de reflexión. Sin razón aparente.
Había caminado mucho por el salón comedor. En su amplitud creí angustiado que no alcanzaría nunca el darle una vuelta completa ya que era un cuadrado perfecto.
A veces alucino pensando en los actos más irreverentes. De momento me ha sido imposible cagarme en la cama a plena conciencia. Aunque prolapsado, aún detengo mis ansias escatológicas de manchar mi cubil.
Todo avance por la vida está programado para quedarnos solos con el tiempo.
En pleno ímpetu otro día de adviento. Me dije, hoy no puede ser someter mis ingles y el tren inferiror a tanto esfuerzo. Hoy si que deberé ayudarme, y no por placer. Adivinaba mi cara plenamente roja por el esfuerzo. Esperando a que surtiera efecto sobre el trasiego pélvico. Me dije a mi mismo, hoy sin placer, y me metí el dedo índice por el culo de la forma habitual hasta la esponjosa blandura y le di vueltas y vueltas.
Esa es la paradoja. A qué atenerme cuando acabe este placer de la voluta.

sábado, 4 de febrero de 2017

EL NIÑO DE FINDE.


Tengo una espumadera en la mano de esas de malla fina, como las caretas que se ponen los de esgrima. Le digo, espumadera, no me jodas ahora, ¿vale? La pota cogida con una bayeta por las asas para no quemarme, debajo la espumadera, y debajo de la espumadera otra pota limpia de color orinal blanca, y voy vertiendo, sale un humo espeso que me empaña las gafas, y despacito, la espumadera cumple con su función social de espumadera, queda todo allí esparcidito. Apesta hermoso a caldo de garbanzos kabulillo. Como que al niño parece gustarle y les da vueltas alrededor del plato a las lentejas de ayer. Parece ser que no las quiere, y que las deja. Qué las comes por tu madre. Así que me le agarro el flequillo de Tintín, le pongo la cabeza hacía la lámpara y le embuto, esto pa tu puta madre, y esto pa tu abuelita de la parte de tu puta madre. Le dan aquellos vómitos y se le ponen los ojos al rojo, se tira por el suelo a patalear. Y fue el designio que la lavadora le da el chasquido al centrifugue y da aquel salto como si la hubieran cargado de dinamita aflojándose la puerta, saliendo toda aquella agua de color violeta como si fueran las babas de un alíen, mientras el niño reptaba hacía la puerta en busca de la libertad.

jueves, 2 de febrero de 2017

UN PEQUEÑO CUENTO SOBRE LAS 11 EN PUNTO DE LA NOCHE.



Una vez dentro de ella me paré en seco. En realidad no sentía nada. Te digo que podía escuchar plenamente a la puta seseadora del tercero dar aquellas voces a la abuelita Sosorra, no te me entroresss con las hebrasss, saquessme la dentadurass, calamidásss, y mire lo que metess in lass bocass, bobaliconasss que tovíass nos lleva a toos a la tumba.

Sonidos eran esos.
Paisaje sólo había un poco. Lo ancho era de color calipso, lo estrecho de bastard amber, el profundo infinito de ese cían bobalicón y amariconado con el que se hacen pajas y dedos los poetas y poetisasss.
Luego me moví dos palmos paalante y patrás, con cierto ritmo. Sobre la nuca su pelo lacio abierto en dos, y unas espaldas muy grandes, y el culo donde yo estaba, blando, hiperbólico, gracioso, con aquel olor que suelta la raja . Mi raja, también, con racimos de estiercol. Muy lúgubre y peludo a lo hipster, con sus grumos y lácteos, vibrante, con restos de alquitrán de mi amada Extendedora Sany. 
Mi Sany.
Yo no llevaba amor cuando se la empujaba por sorpresa. No había amor en nada.
Si no hay amor lo ves de color purpura, y oyes rasguidos de dedos sobre la cal,y si ya estás allí dentro un poco de calor acaso y cierta fragancia en su moda superjuvenil de ponerse Baby Touch con el pulverizador para atraerme la muy pécora.

Mi Baby y mi Sany. Nada que ver. Mi Baby al entrar en casa sin dar de hostias porque me reprimo. 
.
Hay gente que habla de cosas en estos casos, que estuvieron en París, y en Praga, que bajaron a Barcelona, o de las consecuencias de un domingo mal levantado. Yo hablo de que tengo que ir a desde Mundaca a Lastarri con mi Sany y con mi calva alborotá.

Quería estar más adentro, sacársela más para adentro, aún no era tarde. Aquella era la perspectiva. Yo de rodillas contra su culo, con esa chulería, una mano caida, y la otra sobre su pandero adentro afuera adentro afuera adentroafuera, toma, y toma, y la televisión con aquellos resplandores que aparecían y desaparecían sobre la pared. Ladeado el angelito Aylan Kurdi, y el hermoso culamen de Petra László y tanto sufrimientos que salían espíritus grises como en Poltergeist de la TV. Nuestros sueños ululaban por un largo pasillo esperando que fuese amor lo que hacíamos. Por decir, ni una sensación que nos supiese al resto del aliento de la noche, ni un mal bichito en los cristales, ni unas gotas con forma de lágrima en los cristales, sólo algún resplandor de la noche en los cristales, en los cristales, enloscristales.
Quedaba todo por hacer sobre los cacharros sucios por mi premura del mete y mete, joder.
Hubo un instante que sentí lo que se llama delirio, y me apreté mucho con las dos manos. En realidad soy una nenita que se cae así sobre el vacío.
Por unos instantes sus amplias caderas fueron un refugio, pero al darnos la vuelta otra vez nos vimos. 
Al salirme, casi de repente, tuve que cerrar los ojos, otra vez nos vimos, otraveznosvimos.
Ella ni se dio la vuelta para darme un beso.

viernes, 27 de enero de 2017

CULONA.




A mi el frenillo me lo quitó Rosa de la Escrita, en la vaguada del Cagarrón, un miércoles a las doce de la mañana, por Noviembre, con el pajar lleno de hierba seca como el azafrán que olía a hierba seca, muy seca, con ese olor que debes imaginarte de la hierba seca, a manzanas diría que era. Le dio la venada de la calentura y yo con dieciseis años andaba todos los días cascándomela, me la cascaba a todas horas. Aquello era un valle muy solitario lleno de vacas cabañesas sueltas, a veces bajaban perros asilverados que aullaban como lobos. Cuando se me tiró encima asomaba la Suca y la Ratina con un badajo pilón, husmeando por un portalón de roble y entraba una luz muy clara, y era como un resplandor mariano. La Rosa tenía un culo descomunal y unas tetas enormes, aunque el coño me pareció estrecho pero muy suave, nunca había parido, esbaraba, se bajó unas bragas que tenía de varias puestas, le olía el coño como a truchas asalmonadas muertas de varias semanas. Yo me la saqué como pude, la tenía dura como tronco de texo,y ella se dejó caer a lo bruto, en plan tajadera, y envaró de un quite sobón como un relámpago, muy trágico todo, su culo me apretó como dos sacos de patatas tempranas. Grité como un lobezno, y sangré como un cerdo. No te das ni idea lo que duele la circuncisión.

viernes, 20 de enero de 2017

MONTESA.




Mi padre conoció a mi madre mientras cantaban perfidia aquel bolero que decía te he buscado por donde quiera que yo voy y no te puedo hallar , y eso, para que quiero tus besos. Mi padre tengo entendido que nunca calentó bien a mi madre antes de follarla, la follaba a lo seco, como se le venía donde estuviera trajinado, al quite supertirón. Aquel día había pasado vestido de domingo con una gabardina blanca, peinado hacía atrás como José Antonio Primo de Rivera, montado sobre una Montesa Brio 80 de 125 cc, varias veces por el medio del baile para impresionar y que lo visen mientras las parejas se iban apartando como las aguas del mar Rojo en lo de Moisés, y el iba por allí muy chulo, encorbatado. Su trabajo le valió la Montesa. Dos años hincando campanas en Ensidesa para los altos hornos, y aquel miedo que se le metió a la oscuridad como si lo hubieran parido atragantado boca arriba, ya sin aire. Cuando iban por al mar espejo de mi corazón  fue cuando se encontraron sus ojos, los de mi madre muy negros los de mi padre muy verdes. A las dos horas pasó la Guardia Civil y se paró el baile porque ya eran las doce de la noche con aquella luna de caramelo tan hermosa como si la hubiera chupado un niño. De aquella tocaban bésame mucho, y vino aquel silencio tan largo, sabes, sólo alguna golondrina que pasaba rezagada, había tanto miedo que ni te imaginas cómo era el miedo que había.

miércoles, 18 de enero de 2017

CALOR.


Nico de Berducedo, que anduvo a la piedra de pizarra con la carroceta del Reblero para llevarla al tendejón de la Suca y hacer aquellos rectángulos cuasi perfectos para que la lluvia se fuera hacía abajo en torrentera. Nico tenía tres piedraines y dos belgas y una cerda white inmensa, blanca como la nieve, con aquel hocico respingoso y aquellas hermosas babillas, la grupa musculosa, las nalgas redondeadas y neumáticas. La white era de cría, le había dado doce gorrinos como doce soles. Bajaba a velos antes de la atardecida a la corripa de Berzos hecha de palloza y xestales de la Arroba, para que aquel frío del arroyo de Canedo no los comiese. Nada tan hermoso el cebarlos a caldada, ponerles semilleras limpias, arroparlos en las frías noches de enero, verlos mamando incansables, acercarse al calor de aquel lomo recto ver aquella tajadera sonrosada por donde tanto gorrino había salido, sacarse la polla, rozarla, restregársela , metersela a la white por aquella suavidad inmensa hasta la extenuación. Luego quedarse unos instantes como dormido sobre la cálida blandura como un berraco más.

martes, 17 de enero de 2017

MUERDAGO.




A mediados de noviembre salimos a podar manzanos. Yo no sabía si los manzanos se podaban en noviembre, pero salíamos. Ella escogía los que tenían ramas medio secas que habitualmente estaban llenas de esquejes de muérdago, tiraba del muérdago hasta romperlo haciendo antes varias reverencias, barbullando no sé que palabras mágicas. De todo el muérdago arrancado siempre se quedaba una rama espléndida con aquellas bolitas transparentes que parecían de caramelo . Me decía, corta por ahí y yo aceleraba la moto sierra y cortaba la rama que una vez caída sobre la hierba iba troceando para leña de la chimenea. Sobre las dos de la tarde cogíamos la carretilla y nos íbamos del manzanal. Pasábamos por delante de la casa de su hermana, un mujeron que te miraba sin quitarte los ojos, como si te siguiesen a todas partes, y llegábamos al bajo donde apilábamos la leña dejando las herramientas.
Luego ella se ponía ha cocinar una sopa de pan con fuerte olor a pimentón picante a la que le echaba tres o cuatro huevos y muchos torreznos de tocino con hebra. Al acabar de comer tomábamos ron y chocolate que llevaba naranja dentro, ella se calentaba de lo lindo, se me subía a bocados. Para aplacarla siempre le agarraba el coño todo lo que me daba la mano y se lo apretaba y apretaba, lo tenía muy grande y peludo. Nos íbamos para una habitación que tenía al fondo del pasillo, se desnudaba sin quitarse los calcetines y se colocaba de espaldas, siempre con la misma ceremonia, la tenía que acariciar desde el cuello hasta el culo, sumamente egoísta, le comía el coño, se agitaba mucho cuando le mordía el cuello, le levantaba un poco la pierna y la entraba de espalda, y así, un mete y saca durante un tiempo que me parecía eterno, mientras tanto ella se masturbaba con la mano hasta que se corría soltando aquel bramido y aquellas coces como si estuviera poseída.

domingo, 15 de enero de 2017

SÁBADO.


Sandra está repartiendo de nuevo las cosas por toda la casa. Las desubica y las vuelve a ubicar. Debe ser el frío que lo impregna todo, hasta el corazón. La noto furiosa pero llena de entusiasmo. No sé de qué luna está. Hay cosas desubicadas que han quedado puestas en lugares extraños, la cómoda, por ejemplo, con dos santones cubanos con las caras negras, y platos llenos de fotos en su fondo, y figuritas de todas las clases, cuadros también cuyos moradores miran fijos en otra dirección.Si miraras por la ventana, no te puedes imaginar cómo llueve fuera. Y de qué color está el cielo, tan lleno de angustia y plomo.He de decir que estos ramalazos de agitación no guardan ninguna simetría, son aleatorios en el tiempo.A veces por la noche, cuando me habla tan agitada sólo puedo presentirlos.

miércoles, 11 de enero de 2017

CAFÉ.


Una vez que estaba allí me arrascaba aquella parte del cuerpo que me picaba, a veces con gran insistencia hasta dejarlo rojo como una cereza. Había zonas de mi cuerpo que no alcanzaba para las que utilizaba un alambre encorvado con cierto contenido de acero que lo hacía rígido y punzante.
A veces con los pedos salía cierta masa viscosa muy maloliente que se adivinaba a distancia de mi y que alejaba a las cuidadoras para dejarse el muerto al turno entrante. Pocas veces alguna disciplinada se acercaba. Aquello se convertía en un verdadero poso denso y extraño de olores de muchas tonalidades variopintas.
Mi consuelo era la ventana siempre abierta hubiese calor o frío, ver como se agitaba una palmera blandiendo sus ramas desordenadamente, y las palomas que se posaban para atusarse o quedar cluecas o hinchadas sobre los ramajes que según la dirección del viento a veces se elevaban como para saludarme.
Me tocaba la polla insistentemente. Era como si volviese a mi niñez. De vez en cuando una incipiente erección acudía a mi lo que me permitía rozar el glande ligeramente hinchado con mis uñas, descubriendo cierto placer, incluso excitando mi imaginación.
Lo peor era la noche con aquel intenso olor y mi agitación por lo que parecía ser el inicio de una yaga sobre mis espaldas como si fuera a redimirme, y aquellas hijas de puta paseándose con su jolgorio por el pasillo y a veces un olor a café que me llegaba y removía viejos recuerdos de aquellas épocas cuando había existido cierta sensación de amor.