miércoles, 29 de junio de 2011

VOLVER A PENSAR.


Me vieron en la escalera mecánica subir por una y bajar por la otra. No una vez. Las veces que cogieron en dos horas.
Nadie me dijo nada.
Otras veces, la manzana que abarca mi calle tiene unos cuatrocientos metros, y le doy vueltas. Ocho o nueve.
Nadie se entera.
Ponerme en cualquier cola y cuando voy llegando a la ventanilla, media vuelta y me largo. Y eso que la cola quizás había sido de ochenta metros. Nadie me dijo: Estás chalado.
Pues eso. Me siento en un banco al atardecer y me fijo en todo lo que se mueve.
Lejano y cercano. No controlo gorriones ni vencejos. Insectos sí. Amas de casa. Niños jugando. Gente presurosa.
Cuando la tarde se apaga aún estoy allí pensando que tengo que regresar.
Subir a casa y volver a bajar como si se me olvidase algo. Eso muchas veces.
Entrar a Casa Genaro y ponerme en la barra cuatro horas seguidas con un tanquito de vino. Y hacer que sorbo. Una pierna doblada. El codo. La mano sobre el codo. La mano sobre mi cara.
He pasado por el detector de metales de Hacienda. He subido hasta la cuarta planta. He bajado por cada ventanilla. Independientemente. Guardando un instante cola en algunas.
He ido a sacar por quinta vez el DNI.

Pagar multas de tráfico que no cometí.
De veras.
Soy un plomo.
Estuve en la empresa de aguas por un impagado que ya he pagado, pero me gusta volver, tienen una catarata de agua espumosa en la que se refleja un arco iris. Me siento allí y espero para ver los colores.
Al tanatorio, algunos días. Doy pésames. Veo llorar a la gente. Me toco al salir.
Aún tengo miedo a la muerte.
A la médica del seguro. La espero. A última hora para contarle algo de mi.
Y mear en los wateres del parque. Cinco céntimos de euro a la señora. Puedo ir a mear, si paseo bajo los arcos de rosas, unas ocho veces. La saco y no meo. La escurro.
Unas gotitas si acaso.
Y al ayuntamiento los sábados si hay bodas civiles. Ver volar el arroz. Ver volar pétalos de flores. Ver besos. Me siento debajo de un arco a tomarme una cerveza. Escupiendo varias veces entre mis piernas abiertas.
Otras veces entro en la iglesia del Sagrado Corazón. Me Siento en el fondo y espero. Cuento a las viejas que lentamente arrastran sus pies.
En mi casa doy vueltas. Se me ocurren trayectos diferentes. Llevo en mis oídos los auriculares con una radio pequeñita.
Luego me acuesto sobre una noche muy recta.
Es otra vez volver a pensar.


martes, 28 de junio de 2011

CASA DE ANYOTE.


A las mazmorras de la Casa de Anyote bajó el galeno Remigio Cenci por orden del Alto Tribunal. Era una escalera empinada con dos vueltas de caracol y escalones resbaladizos de piazarra. Allí abajo la humedad rezumaba por las paredes de un sótano con una pequeña ventanita al ras de la calle; el techo estaba apuntalado por postes de roble arriostrados entre sí por puntales cruzados. La mujer estaba en la esquina, acostada en cuclillas sobre un saco de estopa. El galeno se acercó a ella sorteando los postes, se agachó y le hizo varias peguntas, pero ella no contestaba nada, le tomó el pulso y la palpó por la espalda y el vientre, luego le miró los ojos levantándole la cabeza hacia la escasa claridad que entraba. La dejó allí tirada. El informe de Remigio Cenci fue conciso: -La bruja es joven aún, y aunque está embarazada, tiene suficiente salud para aguantar los tormentos- , y así lo escribió en el documento que entregó al ujier.A los dos días la sacaron arrastras por la escalera del caracol, y la llevaron a un salón extenso, oscuro, por lo que no se veían bien las caras, herméticamente cerrado para impedir que los gritos resonasen fuera. La arrodillaron allí y le leyeron la sentencia. A duras penas pudieron ponerla sobre el caballete. Allí permaneció cinco minutos interminables, hasta que por el pasillo superior sonaron sobre las repisas del suelo los pasos de los tres consejeros del parlamento para interrogarla. Ella estaba allí acostada, las piernas y brazos atadas a los extremos de las patas del caballete. Y así empezó todo; a cada pregunta una presilla con tornillo en punta apretaba su endeble pantorrilla contra la tibia hasta desgarrarle las carnes. No aguantó mucho. Pronto subió una espuma sangrienta hacia sus labios, y el sudor frió de la agonía se veía en sus ojos. No pudo hablar de cómplices, ni de maleficios, y mucho menos de cuando y dónde había vendido su alma al diablo. Cuando doblo la cabeza, fuera de la Casa de Anyote ya era de noche. Una luna gigante se reflejaba sobre algunos charcos del empedrado. Delante de la Casa se había parado un carro tirado por bueyes con dos hombres sentados y las manos atadas atrás. Sus ojos llenos de sufrimiento parecían los del mismo demonio.

domingo, 26 de junio de 2011

ME DA POR LOCO.



Cuando un vecino me encontraba en el portal con la maleta y me preguntaba a dónde me iba, siempre le decía me voy a bajar hasta el Polo Sur, o me voy a subir hasta el Polo Norte. En realidad, cuando ya me encontraba en la calle, no sabía a ciencia cierta si para ir al Polo Sur era subir o bajar. Nunca me dio por llevar gps’s. Solamente era una realidad que para llegar a la Estación del Sur era subir bajando. Eso no hay brújula ni gps´sss que te lo pueda informar. Debes sentir tu cuerpo en el avance, si es más o menos grávido tu cuerpo, si es más llevadero tu cuerpo cuesta abajo, o debes de tirar de tu cuerpo cuesta arriba.
Estas dudas fueron una constante en mi vida.
Cuando era niño (para darme miedo), mi padre, que era un racista en ejercicio, siempre me decía que me iba a meter en una lavadora con cuatro niños negros y que iba a salir teñido, y yo me lo creía; y que un negro en una piscina es muy peligroso, porque no asimilaban el equilibrio inestable, ni las leyes de la flotación. Y yo iba y me lo creía. También me creía que un asno era capaz de atravesar el rio Navia por la zona ancha del puente de Illano si le tapaban el culo con un tapón de corcho.
Muchas dudas relacionadas con las leyes físicas de los cuerpos, y sobre todo en lo concerniente con mi sentido de la orientación.
Dudas, muchas dudas a lo largo de los tiempos de mi infancia y pubertad.
Fueron también dudas que tuve durante largo tiempo contado en años, hasta que me casé con una masae Tanzana, muy larga, que para abrazarme me estrujaba con sus largas piernas sobre mis espaldas, haciéndome una cruceta, y que nunca la pude follar del todo. Aunque estaba locamente enamorado de sus muslos, y de sus buenos sentimientos.
Son paradigmas. Siempre conocedor de que Dios estaba en el cielo. Desesperado estaba mirando para el cielo porque pensaba que Dios estaba allí, desde un horizonte apoyados sus pies, hasta otro horizonte apoyada su cabeza, desnudo de medio cuerpo, con una gran barba blanca mirándonos hacía abajo, mientras yo imploraba e imploraba con la mano sobre mi corazón, porque allí estaba el alma (estaba, en el sentido del presentimiento).
Otro paradigma lo del alma. El alma como espíritu puro, no tangible tampoco.
Mi tanzana se llamaba Abdalla y me bailaba bailes suajilis cuando le entraba el furor uterino. Era para temblar. Cuando sus manos se agitaban sobre su cabeza como las ramas de un árbol solitario en el Serengueti inclinadas hacía delante sobre sus hombros como si fuese a darse un chapuzón e inmersionarse sobre mi desnudo cuerpo.
Era para temblar su metro noventa en cuclillas sobre mis pantorrillitas, con aquellos labios que te sorbían el hígado, metido en aquella profundidad insaciable con mi diminuta puntita (cuasiunpocodealgo).
Era otro paradigma, cuando Abdalla soltaba aquel relincho desesperado, más por su ímpetu y calentura, ya que yo era totalmente ineficaz ante semejante hembra. Recuerdo el día en que llegué a casa y encontré la mesa puesta con unos trozos de lasca de kebab en un plato y una nota entre ingles y suajili que venía a decir que se iba entre sus piernas húmedas con un rabo mas largo, algo así aquella duda, aquel paradigma…, quizás queriendo decir que se iba vacía o llena de nada, para llenarse de algo en el sentido espacial o de volumen.
Nunca la he odiado, pero ahora creo cierto que un negro en una piscina (en su inflotabilidad), es un riesgo social por si le da por agarrarse a las piernecitas de los niños. No han asimilado aún lo de el equilibrio indiferente que ocasiona un empuje ascendente de abajo hacía arriba.
Mi deambular ahora, tocado sobre el corazón, es por desguaces de arribadas y pencos desasistidos, dando la rueda entre efluvios de pachulí y ese regusto en la boca de maquillajes pegajosos, sacando a bailar como en la época de Franco, incluso sin saber bailar la campanera, ni los campanilleros, ni los tres muleros. Me froto entre pantorrillas ajadas, como si aguantara bajo mis perneras la suavidad de enaguas y quisiese darme un ligero fulgor, mientras intento buscarle la boca pintada de un rojo de escándalo. Siempre pensando sin poder quitármela de mi cabeza, que Abdalla era mucha negra para un blanco tan asqueroso como yo.
Si bajo por las escaleras al portal siempre coincido con alguien que me pregunta, y yo se lo digo, lo del Polo Norte o lo del Polo Sur, aún sin saber si es subiendo o bajando. Siempre he tenido la tentación de marcharme muy lejos, aunque los vecinos me preguntan por hacerse chascarrillos.
Media comunidad me da por loco.

sábado, 25 de junio de 2011

TE DESTRUYE.


Estoy en medio de una Estadística y tengo muchísimo miedo. Me horroriza cómo voy a salir de aquí. Ahora mismo me encuentro inmerso en una pirámide poblacional, y a mi lado hay miles y miles de seres como yo, tan lejos que en el horizonte no se distingue el final de las cabezas. Nos encontramos apiñados unos al lado de los otros. Yo apenas ocupo una baldosa de medio metro cuadrado y tengo contacto con seres semejantes a mí por los cuatro lados. Nuestro supervisor de estadística nos acaba de decir que van a realizarnos un contraste de hipótesis, que es como una muestra puntual. A mi ya me fastidiarán el día. Estaba muy a gusto aquí viendo la inmensidad del cielo. Para no ahogarme entre esta gente lo que hago cada poco es mirar hacia arriba, doblar completamente la cabeza hasta quedar con mis ojos en la vertical del azul, sin tener referencias exteriores, así parezco flotar, como si estuviera sólo, y me resulta más agradable y llevadero. Ayer cumplí unos cincuenta y cinco años viviendo de una estadística a otra. Y no sé aún lo que me queda. A mi lado he visto caerse muchas personas por no aguantar de pie. A otras las he visto llorar. A otras las he visto reír. Otras se han vuelto locas. A otras las he visto pedir para existir. Y a otras las he visto intentando huir, sin conseguirlo. La Estadística siempre te acaba engullendo. Vuelves a ella a recordar el pasado..., los sitios que amaste, los que aborreciste, y en sus largas pirámides con neón de colores te arroba, te capta, te analiza, y uniformemente te destruye.

miércoles, 22 de junio de 2011

NO TIENE FINAL.



-Nomesequitaba.
No está todo tan mal, si lo miras bien, estamos al principio del desierto del Sahara con una cantimplora que contiene un aproximado de cincuenta chupitos de manzana verde.
Y no tiene pinta de llover.
Nada.
Nada.
Nada es lo que se dice: Nada.
A las seis de la mañana la señora del tercero saca la mano por la ventana para despedirme. Lleva allí no sé cuanto tiempo, desde el Mioceno. En la ventana.
Me conoce por mis espaldas inclinadas. Cansadas.Por la funda que llevo puesta con una T grande y una B grande, en rojo, superpuestas sobre el azul manchado con mapas de pintura gris.
(Talleres Bango).
Es indistinto. Uno va dentro de uno, invisible, algunas veces muy dentro.
Estaba claro que todo iba a acabar mal. Por eso me marché ayer del cine.
Me dice Paula que en los desiertos hay unas frutas pequeñitas metidas en la arena. Vas caminando. La arena es más parda, de otro color. Allí está la frutita, la aprietas y sale agua muy fresca. Otras veces puedes dejar la funda de las gafas toda la noche. A la mañana siguiente estará llena de gotitas de roció, y puedes pasarle la lengua para quitarte la sed.
Es cierto.
Y.
Y que hace frío por la noche porque las inmensas estrellas irradian pálidas del color del hielo.
Me dice por lo bajo que le gustaría que la follase en la arena.
Que nunca le han comido el coño en un desierto. Que a ella no le dan en absoluto miedo las culebras.
-Son cobras. Son serpientes negras como el carbón. Te cogen al tiento si no les tocas la flauta.
Qué.
Qué.
Que el sitio más inverosímil donde le comieron el coño fue en el autobús de las Teresianas cuando fueron de ejercicios espirituales a Santander. Se lo comieron por encima de las bragas. Se lo comió Cosme de Miera que tenía unos labios a lo bubi y que ahora está de mecánico en los autobuses urbanos de Castro Urdiales. Ahora tiene dos papos de gorrino.
Desvirgar la desvirgué yo. Tuve que hacer fuerza con la juntura.
Ella me dijo un día: desvirgar me desvirgaste tú, a la fuerza, hijo de la gran puta.
Ella me dijo, fuiste un cabrón me sujetaste por los pelos, y yo por los pelos ni me muevo.
Hijo de la gran puta. Y qué.
Mi Paula para hacerme de rabiar me dice que prefiere que la viole un Talibán a que se la clave yo. Es un poner la cara para al otro lado, esperando que acaben los anuncios de la tele. Algunas veces coge el mando y con las prisas le sale el teletexto.
El mando es muy sensible. Luego tengo que andar yo rabilando.
Rabilando el mando. Una y otra vez rabilando el mando.
Le he tapado seis botones con cinta aislante. Le dejé el play sólo tele cinco, antena tres opcional, tapado el menú de configuración.
El on, marcado con pinta uñas rojo. ¿Para qué es un triangulito al revés?
La señora de abajo pesa noventa kilos y se rompió una pierna. La sacan los servicios sociales a la ventana, y a mi me conoce por las espaldas, tengo bulto. Lo sé. Sé que saca la mano. Sé que tiene la mano fuera y me doy la vuelta por un presentimiento. La mano está allí con los dedos estirados. Los cinco dedos.
Estoy de chapista en un taller del paseo de los Cálamos y me gusta oler la pintura. Mis uñas tienen tonos metálicos y emplaste.
Me conoce la T y la B.
No sé a donde voy por las mañanas pero siempre llego.
En la pantalla del cine el desierto era inmenso. La cámara a plano fijo nos enseñaba aquella inmensidad. Los hombres azules en sus camellos marrones. El rastro de un hombre sediento con una cantimplora llena de chupitos de manzana verde.
A mi.
A mi.
A mi me dio por aburrirme o me entró la agorafobia.
Cuando me salí del cine a Paula se le cayeron la funda de las gafas todas llenas de gotitas de rocío.Tuve la sensación en la oscuridad que bajo mis zapatos crujía arena reseca. Salí a pasitos.
A mi.
A mi nomesequitaba de la cabeza la vieja del tercero tapada en la calle con una sábana amarilla.
En los días largos de junio, a las seis de la mañana ya es de día.
Presiento que ninguna mano abierta me despide.
El desierto esta lleno de hombres azules en camellos marrones, y es tan inmenso que no tiene final.


martes, 21 de junio de 2011

NO SE VE NADA.



Ahora que cabalgamos sobre un rayo de luz debo decidir qué dirección tomar. Dadas las características de nuestra velocidad no es un problema nimio. Cada instante que pierdo en tomar la decisión son millones y millones de kilómetros que quizás me desvío de mi destino. Por eso deberé de decidirme lo antes posible. Llevo días llenos de preocupaciones pensando en esto. He llegado a dudar de mi mismo, de mi capacidad cognitiva, de mi capacidad para razonar de forma pausada con el fin de no cometer errores. Ayer, sin ir más lejos, la tripulación me echó en cara mi falta de criterio. Ahora estoy hecho un lío. Creo, sinceramente, que me he generado a mi mismo un conflicto de extrema gravedad. Estoy indeciso y esta velocidad no es buena para pensar bien. En realidad si miro lo que me rodea diríase que estoy absolutamente parado y que nunca encontraremos el final. Que da igual la dirección que tomemos. Creo que estoy empezando a sentir claustrofobia. Lo que me faltaba ahora es volverme loco por tanta indecisión.
En realidad dentro de un rayo de luz no se ve nada.

A MI ESPALDA.




Te he copiado muy bien.
Te dibujé sobre un papel de cebolla. Y aún recuerdo que tenías unos ojos con sombras y una boca pequeñita como una cereza.

En el puesto del pan han colocado sobre un anaquel de roble tres barras muy grandes para el Guinness, pero no caben dentro. Hay una hilera de mirones. He predicho hace muchos años que ahora mismo estaría pensando esto, ahora mismo, después de haberte desenrolladlo dentro de un pergamino transparente. Oliendo a pan.

Surgiste del pasado porque también había olor a pan cuando me posaba sobre tus ojos para imaginarlos, intentando que los rastros de la plumilla pudieran dibujarte certeramente. Aunque era imposible. Siempre tiene la culpa la luz. Nos hace irreales.

De todas formas sigo dando vueltas, doy vueltas dentro de mi cabeza y doy vueltas caminando por un pasillo abismal, sin fondo.

No sé donde estás. Las capas del tiempo son como capas de tierra.
Estoy aprendiendo a dormir de pie. Absolutamente hibernado.

Quiero que vengas. Que te pongas detrás de mí. Otra vez. Que subas despacio tu mano por entre mis piernas, y que me agarres fuerte por el culo, quiero que te acerques, sentir que eres blanda, para quitar el frío de mis espaldas.

Te he descubierto hoy.
Ya no me acordaba de ti.
Le ando dando vueltas a mi vida. Cuando lo mezclas todo. Cuando recuerdas cosas tan tapadas en la memoria es que se acerca el final.
Me he olvidado que no puedo mearme al lado de la ventana.
De todas formas no recuerdo lo que ha pasado ayer.
Pero tú estas pintada en papel de cebolla, y siento tu mano, y tu cuerpo arrimado a mi espalda.

sábado, 18 de junio de 2011

SERÍA MÁS FELIZ.




Llevo un tiempo con la mano palma arriba.
Sí.
Los pelos del pecho también están cansados y tan viejos que parecen azafrán en rama.

Me llamó por teléfono Amparo para que no tuviese miedo, y me dijo, abre la ventana que ya hay luz.

Hoy si me mandan a buscar una de churros no quiero ir. No quiero ir a buscar latas de bonito, ni pan bregado. Me quiero morir de hambre como ayer.

Llevo dos semanas así. Huele todo. Si vas por el aire te pegas. La cisterna hace una semana que hizo glu. Y una camiseta de felpa que tengo le ha salido el veintitrés en la espalda.

Las bombillas y una rosquilla de neón en el techo de la cocina no dijeron nada. Fue un silencio.

Me cago en la puta que parió too.

Sí.

Yo sé que hay alguien por ahí que aún me quiere, tengo ese presentimiento.

Pasaron una variedad enorme de pájaros en escuadrón.
En mis uñas hay líquenes que crecen con la humedad.
La mano hacía arriba está así por una casualidad extraña.
Usualmente suelo permanecer con la mano cerrada.
Quizás mi mano esté desvanecida.
Un lenguaje no verbal que no sé lo qué quiere decir.

Si me hubieran preñado por el culo sería más feliz.

viernes, 17 de junio de 2011

MI GORDITA.



Parece ridículo pero no hay diferencias. Usualmente es de lado como me levanto. El viernes contemplando la claridad, abiertas las piernas en la cama. Me palpo en las ingles desde el ano hasta la pelvis, por los dos lados, los dedos sobando suavemente en busca de bultitos, luego bajo los brazos en los sobacos, luego por debajo de la barbilla y en el cuello, luego me empiezo a sobar la polla lentamente, y si se pone curiosa me hago una paja.

No todos los viernes toca una paja.
He dado tres vueltas de un lado al otro, tres vueltas al completo de un lado al otro.

Han venido a verme los tres seres. Ayer estaban aquí. Me han contado su decisión al respecto. He podido escucharlos mientras volvía en sentido contrario. De esa forma en que siempre me hablan antes de levantarme.

Presiento que hago el ridículo más absoluto delante de ellos.

Con un impulso.
Por fin. Una de las vueltas ha sido incompleta. Los pies abajo. Me he levantado con grandes dificultades espirituales.
No es casual que tenga ganas de volver a esa posición tan maravillosa.
Hacerme una paja o eso.
Volver a intentarlo.
Ya no estás tú, mi gordita.