ANTONIO MACHADO, LOS EMBEDDINGS Y LA MATRIX
En septiembre de hace casi un año estuve en Soria mirando el atardecer en las orillas del Duero. Me imaginé esto que escribo a continuación. Solo deciros que Antonia no existe, Rodolfo tampoco. Era una mañana de septiembre en Soria, de esas en que el Duero baja tranquilo y verde oscuro entre los chopos amarilleando en las orillas, y el aire huele a tomillo y a piedra mojada de la noche anterior. Rodolfo Campanario y Antonia Azueras estaban sentados en el pretil del puente de piedra que cruza el río hacia la ermita de San Saturio, con los pies colgando sobre el agua y un termo de café entre los dos. Antonia había preguntado, por tercera vez en el mes, cómo una IA manipulaba los textos, cómo demonios entendía una máquina lo que leía. Y Rodolfo, que trabajaba procesando datos y tenía la paciencia de los hombres que han explicado cosas difíciles muchas veces y han aprendido que la prisa no sirve para nada, había dicho aquello tan lorquiano: ven el sábado a la atardecida a...