viernes, 7 de septiembre de 2018

SESIÓN CONTINÚA.

En todo el cine podríamos haber seis, luego entró la muerte que de oscuro no se le notaba, y se sentó muy cerca de la pantalla. La oscuridad inmensa a veces. Otras veces la pantalla lo iluminaba todo con sus destellos a lo relámpago infinito. Yo tenía la boca pegajosa de haber cortado los rollos de poliester transparente made in China para colocar los doscientos carteles del Partido sobre las esmeradas paredes de cinco centros culturales hechos con el sudor del ciudadano. Yo no sabía. Yo no me podía imaginar que mi boca estaba recorrida por el enteococcus faecium, por los restos de la incada de dientes a los posos de cola que habían pasado por la balsa de encole, en donde habían miccionado Wang Chuao Tao padre, donde se había limpiado la regla Hui Ying Amuxi, la madre, dónde había escupido esputos a lo largo de tres años el abuelo Jian Zhang, y los contratados a catorce horas: Zhao,Li, Huang y Xao Chen Omuxi. Añadir tambien dos mininos muertos, cuatro ratas aguaronas, y un sinfin de “insectería”. 
A las siete de la tarde se lo dije, tengo una cosa aquí en la boca como si fueran lombrices que van a salir, y me pica como cuando los cojones están cuatro días sin champú llenos de grumos de manteca. Pues ella que queria ver por enésima vez la reposicion del Señor de Los Anillos, ahora en una pantalla multidetodo. Yo qué sé. Había que ir a los Yelmo a ponernos buenos de pizza primero. A mi lo que me gustan son las pelis de Schwarzenegger y las de Chuck Norris, mientras tengo mi dedo en su coño, el dedo del medio de la mano derecha. Me excitan mucho esas cosas de las musculaturas al saber por lo visto que tienen las pollas muy pequeñas. Abrazarla con el otro brazo, y con la mano del otro brazo comernos palomitas con la boca para quitar ese sabor tan extraño a cola que me embargaba. Mi dedo de la mano derecha empezó a ser de sesión continua. Se movía en círculos primero, luego sobre la parte suave de su monstruoso botoncito. A lo bolero de Ravel. Al final otra vez, por cuarta vez, el Gollum comiendo truchas. Gandalf caído en el abismo, poseído por Sarumán. Ponte encima de mí, cacho cerda –le digo educadamente-. Todos los cinéfilos se han marchado, machácame – le digo educadamente-. Como puede..., se readapta como puede: un brazo de ella, otro brazo de ella me abrazan. Sus manos cogidas sobre mi nuca, me abrazan. Está más caliente que una fragua: suelta vapor por las tetas. Su culo es un esplendor. Le huele la raja a verduras y a arroz con bugre, mi cachorrillo huele a cecina y a salmuera. Hay un líquido por sus pantorrillas a pégalo todo, a lo cola china. Nos encontramos cuando la reina de los Elfos se aparece como una virgen: daría hasta pena comerle el coño sobre los líquenes que reposan en las raíces de los árboles perdidos en el Bosque en Lothlórien – de tan fina que es-. Ufffff, yo quiero a mi guarrona, a mi gochona. Su culo está sentado, dos inmensidades, dos culos, mi polla le llega todo lo adentro que puede -creo que está en los labios menores, haciendo señas, no más allá, aún. La butaca chirría como un palo mayor tendido a barlovento. Y me infunde respeto. Qué burra es. Me machaca sin piedad. Yo me escurro por si puedo penetrarla, más y más. Que le den por el culo a tooo. Mi boca le pasa las lombrices, quizás no sabes que vamos a morirnos le pienso. La muerte se ha cansado, avanza lentamente. Casi no la ves, sólo un contorno que parece ser negro. Se llama: Gao Wu Kuang. Ella también había meado allí. .

miércoles, 7 de marzo de 2018

LA SOSPECHA Y LA DULZURA.




Ya pasaron ocho meses desde lo del Tío, y Brígida me llamó ayer otra de tantas veces, y le tuve que colgar, así de lagarta y chula, oyes como no miras los cajones antes de mandar llevar los muebles, que por mucho de cerezo que fueran sólo sacamos doscientos cincuenta putos euros. Me dijo de todo, y yo le dije lo mío, mucho cuento ahora, mucho cuento, y mira que te quería el Tío, y ni una puñetera vez lo fuiste a ver, y le dije más. Ya le había explicado a los tres días del hecho, y loca, loca estaba por venderlo todo, como una cabra salida.
El Tío era de cariños para Brígida, le daba sus secretos, y algo presentía. Si no te vas de repente, la muerte suele dejar sus cosas, no sé cómo decirlo, es un rastro de cosas, de cosas que se piensan en silencio, la muerte no viene así como así cuando te quiere llevar en reposo, deja rastros, deja cosas. El tío se murió al correrse, fijo, y por lo menos disfrutó, tiene que ser la repera irte de boleo (a lo hay hay hay hay, que me voy), y morirte a la vez cuando lo sueltas todo, la soledad incluida sólo lleno de sinaldefido. Morirse así tiene que ser de purgatorio, así debe ser mucho más pecado, sí, mucho más pecado tiene que ser(No te salva ni la caridad, ni aunque digas al Arcángel aquello de que eras un puto viejo y estabas más salido que el pico de una cigüeña, que era de causa mayor, por salud, vamos, los viejos también se salen mucho, o qué te creías, que se la rascan sólo.
Vinieron con una Citroen Jumper, pero no traía rótulos, ni teléfonos ni hostias, era de color blanco. Vinieron dos con el conductor, y uno llamaba la atención de lo gordo que estaba, se le veía el pinganillo del culo cuando bajaban los armarios desarmados. La cómoda, no, ya te dije mil veces que no la desarmaron , la cómoda, menos el espejo, bajó en una pieza como si fuera un ataúd.
Ya te dije, a mi me llama la vecina por teléfono que no sé de dónde lo sacó, oiga, usted es familiar de Don Pablo, el del segundo B, sabe usted si se iba a marchar a algún lado, que yo sepa no, le digo , pues oiga, mire, lleva días que no da señales de vida, y la escalera ya tufa, y mi perrita Laika escarba debajo de su puerta, y ya sabe, los perros huelen cosas, a la perra le tufa y si le tufa, pues mire, y le digo yo, mañana paso, aunque lo mismo se fue sin avisar, pero si tufa, raro es, el tío es muy limpino, ya sabe usted.
Le dije mañana, iré mañana, no en el momento, el tío era tuyo, de ti, ¿me entiendes?, no mío.
Vamos, que al Tío lo mataron trajinando me pongo la mano en el fuego de que es verdad, y bien que lo apretaron al pobrecito, no hace falta ser un Sherlock Holmes para darse cuenta de cómo lo encontré, que sí, que atufaba, calzoncillos bajados, medio tapado, y ni una gota de violencia, solo aquellos ojos abiertos, y aquella mueca que no era de angustia ni de soledad ni de miedo ni de impaciencia, aquella mueca era de dulzor puro después de haberle catado el Puleva, instantes después del hecho, llámalo cómo quieras. Me gustaría ver la cara de la furcia cuando lo descabalgaba con los ojos como se le quedaron de abiertos, parecía un solete. Yo siempre dije que a los putos viejos si logras ponerlos duros hay que montarlos de encima, pa no joderles la cadera.
Dicen que si te mueres jodiendo se te queda dura como un témpano, pero la del tío era una tripa ovejera.
Yo la cómoda como que no me dio por mirar bien, bueno, abrí los armarios, y de la cómoda te juro que también fisgué en los cajones, y te juro, que aparte de unas revistas allí no había nada de nada, así que vía mucha vía que me dais asco, sospechar de mi, os voy a mandar a todos a tomar por el culo, si el Tío le dijo a la Brígida que en un doble fondo del taquillón, en el cajón de abajo, había ochenta mil euros, que hubiese llamado antes, si te digo, no sé ni a quien le vendí los muebles, os giro los doscientos cincuenta euros, y os vais todos a tomar por el culo.

viernes, 23 de febrero de 2018

PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN LOS CIELOS.




Sé muy bien
que tú
antes de devorarla
digieres mentalmente a tu presa.
Que dentro de ti prefieres matar dos veces
por si fuera necesario.
Pero tengo la esperanza que dejarás de prever.
De dimensionar previamente.
Que no serás ni fiel ni infiel.
Que no adorarás a ningún Dios.
Ni calmarás tu locura con extrañas ceremonias.
Que no harás ritos imposibles para mantener la esperanza,
por si acaso no existiera la nada.

viernes, 12 de enero de 2018

ANTON DE PRELO.




Antón de Prelo descansaba durmiendo sobre un jergón de hojas de mazorcas de maíz. El día había sido duro. Al otro lado de una ancha pared de piedra estaba el ganado, llenándolo todo de un olor pesado a estiércol y a vahos de hierba fermentada. De fuera llegaba el canto del búho. Y por las contraventanas de roble semiabiertas, se filtraba nítidamente la luz lechosa de la luna llena. Por el suelo, entre virutas, desordenados, estaban: zuelas, gurbias, llegras, cepillos, escoplos, raquetas, hachas, clavos, y muchos tacos de goma; madreñas a medio hacer, troncos blancos y lisos de abedul, nogal y castaño. Sobre el banco, acuñada y ahumada, había una madreña terminada, untada de grasa de pelleja.
Su casa estaba a unos metros del callejón de la iglesia. Desde su jergón se oteaban, parte del ábside. Y la única gárgola con forma de ser alado y misterioso, con cuerpo de dragón, que proyectaban su sombra – como si tuviera vida- a través del ventanuco, sobre una amplia pared de piedra, muy anegrada por el humo. Hacía mucho que habían pasado de las doce. Que los murciélagos habían salido a buscar insectos. Que los perros aullaban como lobos, y que los animales de la rumiarcuadra habían dejado de rumiar y de lamerse, para recostar la cabeza entre las patas.
Fue a eso de la una de la noche, cuando se sintieron pisadas de herradura. Y el rechinar de lo que parecía un alazán. Fue a eso de la una cuando una sombra tocada de capa negra entorno las dos medias puertas con gatera, y entro impresionante en la estancia. Eran un poco más de la una cuando Antón de Prelo, sintió sobre su cabeza una mano fuerte que le dejó sonámbulo. Haciéndole levantarse lentamente para buscar entre la luz blanca de la luna, sus apeos de trabajo. Cogiendo primero el hacha, para hacer el desbaste bruto sobre un tarugo de abedul, esculpiendo la papa y el empeine, remarcando lo que sería la cumbrera de una madreña de amplio pie.
Durante tres noches sucesivas de luna llena - y a eso de la una de la mañana-, siguió llegando aquel extraño ser a su puerta. Era como una aparición repentina. El relinchar extraño del alazán, y la sombra vestida de negro proyectada sobre la pared de piedra. La mano nervuda sobre el hombro de Antón, y su lento despertar sonámbulo, para coger el rasero y ponerse a trabajar en la segunda madreña, sobre otro tarugo de abedul.
Antón se levantaba por la mañana sin ninguna sensación de cansancio, sin darse cuenta de las dos madreñas hermosamente moldeadas que estaba fabricando.
Cuando llegó la tercera noche, la luna empezaba a estar gastada por un lado como un caramelo chupado por un niño. En el cielo había nubes reflejadas en tonos casi negros. Y se repitió la historia. A eso de la una, el grito estremecido, las pisadas, y la sombra. Aquella noche Antón no estaba dormido. Y vio plenamente su figura negra, tocada con una capa que le arrastraba, vio como se acercaba, y se doblaba para recoger las dos hermosas madreñas, vio como con su mano grande y tosca con una rara cadena en el pulso, tocaba una zuela apoyado en una pata de la cama, y como daba media vuelta y se iba. Antón se levantó horrorizado, corrió hacía la puerta. Apenas pudo ver al alazán de dos patas, que llevaba aquella figura negra sobre su grupa alejándose hacia las oscuras lomas de Estaxide. Al volver horrorizado para meterse en la cama observó que una de las dos zuelas había cambiado de color. A la mañana siguiente cuando la fue a coger para rebajar una boca se le ocurrió rayarla con un clavo. Era puro oro.
Pasaron dos semanas, y aunque no era muy religioso, aquellos sucesos inexplicables, que no había contado a nadie, le dejaron intranquilo, no paraba de darle vueltas a la cabeza por ser cosas del mismo diablo. Y algo le remordía la conciencia.
Como era jueves Santo se fue hacía la iglesia para hacer el camino de la cruz.
El vía cruces se hacía por una senda embarrada. Iban parando un poco en cada estación. Fue en la novena -en la que Jesús caía por tercera vez-, en el mismo ábside, debajo de la gárgola, que veía desde el ventanuco de su casa- reflejada en días de sol, o de luna llena-, cuando se fijó en los pies del cura casi escondidos bajo la sotana. Quedó paralizado por el miedo. Calzadas sobre unos escarpines blancos, estaban sus madreñas con las tres filigranazas de trébol sobre la tapa, los dos surcos cruzados sobre la argolla, y aquel ser horrible dibujado sobre el papo

martes, 12 de diciembre de 2017

ZEPELIN.


Esto fue a 46 grados Norte y a 6 grados Oeste, en un lugar casi sin Nombre en donde si te fijabas mucho podías ver el mar por Viavélez,en un lugar donde la helada dejaba siempre una línea blanca casi perfecta entre la luz y la oscuridad. La capitana y la Murcia, a eso de las nueve de la mañana, tiraban de la rastra de un arado romano. Yo iba delante de guiadera, mi padre detrás dirigiendo la reja para que no arrastrase xeixos, abriendo un surco estrecho por donde mi hermana Asunta dejaba patatas cortadas revueltas en azufre a dos palmos unas de otras. Las pegas bajaban a las lombrices, los tordos en manada revoloteaban entre los brezales a unos metros llenos de flores de color vino.Todo era así, abajo el pueblo con aquel humo de las chimeneas tan recto como si llevase al cielo todas las almas en pena que habían salido por la noche. Fue a las diez el prodigio, por las laderas de Miudeira apareció aquel bicho en forma de pedrisco de huevo de aluvión de color plata, que reverberaba cuando el sol lo cogía de costado. Yo lo veía de frente acercarse como una gran ave sin alas, enorme, dejando una sombra en forma de puro sobre la la helada que ya se disolvía. Me dio mucho miedo aquel pájaro enorme y traté de huir y la Capitana se torció de riego. Mi padre se cagó en mi madre, y me llamó cabrón. Me quedé quieto. Muerto de miedo lo vi allí arriba, con aquellas gamada cruzada en las cuatro aspas de la cola, mientras mi padre iba deletreando lo poco que sabía leer: ZE-PE-LIN. Fue sobre las de las diez de la mañana a 46 grados Norte y a 6 grados Oeste, de un lugar mísero que casi no quiero acordarme.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

NO SÉ.



De qué forma los días proseguirán sin ningún particular.
Lleno de secretos que van contigo.
Manifestándose con toda esa lentitud
como si no fueran de este mundo.
Por cuántos lugares que pasaste quedará albergada una parte de ti
que resplandezca.
Habrá ecos de tus palabras. Tu mano desgastará el mármol
hasta ser perceptible una huella.
Tus labios dejarán un pensamiento dentro de un ínfimo recuerdo.
Se trata de una caricia, un dedo que vuela sin tocarte la piel.
Para que alguien te recuerde.
En un papel arrugado habrá una marca casual de tu pertenencia,
algo de tus manos que fue un gesto repetido.
Algo que dejas y que fue tuyo. Una esencia.
En las últimas sábanas que te acogieron.
Buscará alguien que te amó tu olor para percibirte.
Se quedará quieto una tarde y un segundo para imaginarte.
Se detendrá la angustia cuando ya no estés.

viernes, 17 de noviembre de 2017

EL FLUJO.





Algunas veces mientras la esperaba yo estaba con esos pormenores y otros pensamientos sobre que tipo de protocolo iba a seguir hoy cuando ella llegase. Contemplándome en un espejo de la pared me dedicaba hacer poses, mientras suponía que ella ya se estaría acercando por el pasillo hasta esta habitación en nuestra enésima cita. Cuando entraba no le miraba a los ojos, casi nunca le miraba a los ojos. Usualmente siempre traía faldas cortas, le miraba a las piernas que eran muy largas, y como en esa ceremonia que había pensado desde el día anterior me arrodillaba delante de ella y la abrazaba por las caderas mirando hacía arriba su cara de esfinge. La mordía ansiosamente por encima de su ropa. En esos instantes el mundo dejaba de existir. Cuando metía mi cabeza debajo de su falda y me llegaba el efluvio de sus gotitas alucinantes a lo Clive Christian’s , no sé si eran de Clive pero pudieran serlo. Le buscaba el coño y se lo comía a bocados con todo tipo de cadencias y ritmos. Casi perdía la respiración y el equilibrio cuando se iba, todo aquello me parecía un manjar de dioses. Le venía el orgasmo tardíamente después haber estado lamiéndola incansable mucho tiempo. Se doblaba lentamente por la pared hasta sentarse en el suelo, mientras yo arrojaba sobre su piel unos – aproximadamente- 200 ml de flujo guardados dentro de mi boca. 

No te puedes suponer lo encoñado que estaba. Fue mi ruina.

domingo, 13 de agosto de 2017

LA VERDAD, NO SÉ CÓMO TITULARLO -LO SIENTO-

De todo lo que se queda desnudo toda la vida
hasta la muerte, miro como la sombra cubre la luz de enero, lentamente, sobre tu cara. Luego repaso más historias de que estoy hecho, mientras me quedo viendo cómo sube la marea. -Aquel recuerdo que retorna al despertarlo el olor a hierba seca-. Cómo decías: te quiero de aquella forma, sin dudas. Tus labios redondos pintados de rojo en forma de corazón. Desnudos. Cálidos. Blandos. -Y por unos segundos la total inexistencia.-

sábado, 29 de julio de 2017

INVERNADEROS.


Allí,
oliendo a insecticida,
ya estaba Áymara de Arequipa, con su lomo en forma de serpiente.
Oliendo a fresas, a tomates cherrys, a pimientos del piquillo.
No quiero que me castiguen las aguas de Terranova.
Me horroriza el mar.
Allí está el mar furibundo e infinito, y mis parientes del Yucatán y de Guinea,
donde Juan Caboto vió nubes de peces en la oscuridad.
Debajo de catedrales de plástico.
Me quedo en el Maresme, tan apacible al atardecer…
cuando puede conmigo el cansancio sobre la ruina de mis huesos.

viernes, 21 de julio de 2017

HERMES.



Estuvimos mucho tiempo cenando -ella de lado-,
casi treinta años pasándonos cosas, el pan
y todas las dificultades, los dolores de los brazos,
cuando a veces la lluvia llegaba oliendo a pólvora.

Nos divertíamos pensando en nuestros secretos,
mintiéndonos con los ojos.
Yo a veces soñaba que era el dios Hermes,
cargado de mensajes que quitasen la monotonía de las brumas.
De vez en cuando la luna ensangrentada después del equinoccio
de primavera.
Aquella luz rosada atravesando el tendal lleno de ropa.
Ahora, tarde ya, me doy cuenta
que era una gran fortuna
tenerte allí,
para sentir tu brazo que me ayudaba a levantarme.

domingo, 9 de julio de 2017

FUNCIÓN, b= f(a).


Le dije, Yo soy función de Ti -Yo (Ti)-. Dependo de Ti, de todos tus estados de ánimo. Cómo decírtelo de una forma sencilla. Al levantarnos tu cara de esa forma absoluta en que tu mirada va hasta ese mundo perdido de no sé que lugar, a veces tanta tristeza. Ese ciclo extraño casi cuantificable, tus ojos brillantes que exclaman la huida hacía el sol repletos de alegría, la curva simbólica sobre un eje imaginario que desciende en ciclos milimetrados y exactos. Cómo he de explicarte que mi sonrisa se apaga con la tuya, hasta ese límite en el que cierro las ventanas para que no te de por mirar con tus ojos y mis ojos al tremendo vacío.

jueves, 22 de junio de 2017

COSAS MUCHAS Y CON TANTA PACIENCIA AL ATARDECER.


Cuando era niño leía libros de aventuras. Tuve una infancia relativamente feliz. Aparte de algún penerasta tocándome debajo de la barbilla, y un barbero que me sobaba los genitales dándome caramelos de palo sabor a fresa mientras agitaba con el meñique mi minúsculo pene debajo de los pantalones cortos. No tuve mayores incidencias en mi desarrollo psíquico. Eso sí. Vi innumerables veces a mi madre de rodillas, sumisa, delante de mi padre.
Los recuerdos no me torturaron por esos actos familiares. El daño fue nimio. Estuve varios años pensando que mi madre oraba hablándole a las caderas de mi padre, siempre se santiguaba cuando suavemente empezaba a chupársela.
A veces hacía un calor insoportable, y había unos atardeceres gloriosos. Tanto como el universo podía enseñarme. Tan inmenso todo que daba miedo.