lunes, 7 de octubre de 2019

CLAXON.





Me levanté como de costumbre, con la rutina habitual de todos los días. Son los ejercicios que el pensamiento no ve ni coordina, como si dentro de nosotros un pequeño ser llevara los mandos. Cerré la puerta de casa tras de mi y bajé paso a paso las escaleras. He de decir que los ascensores me producen cierta desazón. Cuando llegué a la cota inferior para entrar a mi garaje oí el sonido lejano de un claxon. Pasé las dos puertas de seguridad y el sonido se hizo totalmente perceptible y penetrante, mientras el automatismo iba encendiendo las luces me embargó una repentina inquietud al comprobar con sorpresa que el sonido procedía de mi coche aparcado en la plaza número catorce. Con cierta cautela y algo de miedo me acerqué lentamente desde la parte de atrás hasta que se hizo totalmente visible el cristal delantero. De aquella calma angustiosa pasé al miedo más profundo y paralizante, en mi coche había un hombre dentro. Estaba con la cabeza apoyada en el claxon, con el pelo recién cortado , con las gafas semicaídas sobre la nariz, con mi misma camisa blanca y corbata, y con mis mismos ojos abiertos sin dejar de mirarme ladeada la cabeza. Quedé inerte unos instantes como si fuera un mal sueño, un suceso irreal, hasta que me decidí a abrir la puerta lentamente viendo como la figura se difuminaba como un arco de neón transparente. Presa del pánico decidí sentarme muy despacio en el asiento. Estaba tremendamente asustado. Fue entonces cuando repentinamente empecé a desvanecerme sintiendo sobre mi pecho un extraño peso que me oprimía, y como lentamente mi cabeza ingrávida se desvanecía hasta quedar apoyada sobre el claxon en el frontal del volante, empezando aquel zumbido largo y estridente que fue haciéndose como un eco lejano, al mismo tiempo que mis ojos en un mínimo halo de luz, ya paralizados, veían aquella sombra borrosa que se acercaba al coche .Aquel hombre que caminaba como yo, con mis mismos pantalones, con las mismas gafas, la misma cara asustada, y los mismos ojos cansados y ansiosos que me miraban llenos de pánico.

viernes, 30 de agosto de 2019

VIDA.




Tuvo que ser en primavera cuando le dije que la amaba. Después de dieciocho años de aguantarnos, voy y se lo digo: -pues, oyes, te quiero. Yo no tenía nada ya que hacer cuando ella se iba a trabajar, las hojas de los geranios seguían creciendo y dando flores en el balcón, la vida seguía sucediendo, por ejemplo, aquellos grandes camiones de reparto de cerveza que venían bufando a primera hora. A veces los niños con su griterío, imbéciles siempre, ya con depresión el mayor, llena de manías la más pequeña. Harto de todo los dejaba solos cuando no tenían escuela, y bajaba a tomar un café a la Solana. Al volver, al abrir la puerta, todo aquello, el olor, los gritos de la menor y todos los platos para lavar. No sé si le dije que la quería sin darme cuenta. Ahora mismo no recuerdo si fue en primavera,o quizás esta misma mañana antes de irse a trabajar.

lunes, 26 de agosto de 2019

ANO.




Miré al cielo omnipotente mientras meaba sobre una maleza de zarzales y brezo. Todo esto lo hacía al cielo de poniente en su larga presentación de nubes entrelazadas, figuras llenas de anarquía a las que trataba de poner cierto orden mental dentro de aquella total ofuscación. La soledad del bosque solo roto por el ulular del viento y el graznido de algún ave desesperada.
Sentía aquel dolor horrendo en mi linea pectinea, desflorado mi esfinter interno, aún notaba la humedad de aquellos restos sanguinolentos. Aunque mi verdadero dolor era otro, aquella obsesión ofuscada de verme violentado por los tres robustos madereros del bosque de los Robledales. Me sentía aprisionado aún por el cuello y la rodilla del calvo y su aliento a orujo sobre mi boca, mientras uno moreno me entraba sin compasión a tirones salvajes, y así se fueron turnando uno tras otro sin la más mínima compasión. Dejándome allí tirado, al borde del camino, dentro de aquella inmensa soledad.

Mi incertidumbre era total ahora. Era indudable que estaba subiendo, lo notaba en mi intima gravedad, yo estaba pesado dentro de mi. Pude comprobar el desfiladero que llegaba a una profundidad inmedible y era muy ágil y recto en su verticalidad, como si alguien de gran poder hubiera erosionado las rocas para hacerlas tan extrañamente planas y rectas. El precipicio en si daba vértigo, lo digo en el sentido de que debería tener miedo cuando me asomé a comprobar hasta dónde pudiera llegar mi decisión de suicidio. En aquellos instantes no tenía esa sensación humana que te anima a seguir viviendo. Para dimensionar y digerir el precipicio arroje una piedra de cuarzo. Cayó pacientemente haciéndose añicos al chocar contra los bordes, vadeando ahora, de lado ahora, en vertical ahora, no pude apreciar el final, todo era muy profundo. Sólo me quedaba tomar la decisión para acabar con el sufrimiento de aquel odio, y las punzadas que como un cuchillo penetraban por mi hollado y desflorado ano.


viernes, 26 de abril de 2019

TENDAL.




El hijo de puta del cuarto D tiene el lomo tatuado con un águila que cae en picado sobre unas espaldas inmensas, pero quiero rajarlo, quiero meterle una hoja con venteo que tengo de Taramundi, hasta donde le llegue, y dejarle entrar el aire para que ventile la patata. Mi Dolores ya me lo dijo dos veces, que se asoma por la ventana del salón al patio de luces y coge las bragas escuálidas de su parienta y la mira, mientras las huele, la mira con una sonrisa de conejo, mientras mi Dolores retira las a las suyas, hermosas a lo XL, de su ordenado tendal, que le va el culo de mi hembra, que lo sé, a ese hijo de puta sin trabajo conocido.

martes, 12 de marzo de 2019

NORA.



Cuando llegué a Valdoncina, mi tía Nora me llamó Paquito como cuando tenía seis años. Debajo del entrante del portón estaba mi hermana Amancia y me lo dijo, no le hagas caso, ya no sabe ni cómo se llama ella, muchas veces piensa que está aún en Valdevimbre, o en Sahechores. Por las Lomas se veía la atardecida, yo recordaba siempre aquella raya quebrada en forma de serrucho con todos los colores cuando el sol se escondía, y extrañamente las primeras golondrinas al final de Marzo. Siempre que iba era una ceremonia subir al desván por dos quiebros de escalera de madera, allí olía a cecina y chorizos y estaba todo revuelto lleno de trastos viejos, montones de patatas y grano de trigo y de centeno. Me quedaba de pie viendo la larguera de madera que lo sujetaba las dos pendientes del tejado de losa con dos claraboyas de aireado por donde entraba una extraña claridad en forma de tubo. Me quedaba de pie y cerraba los ojos para escuchar aquel grito de Nora intentando levantar las piernas, mientras el cuerpo colgado giraba lentamente para mirarme tan extraño con aquellos ojos rojos. La voz de Nora me hace volver a la realidad, la veo allí, con la cabeza asomada por la trampilla y aquella mirada tan ausente, déjalo ya, tu padre nunca quiso vivir. Ayer vino a verme a la huerta donde las camelias, baja por si te quiere ver a ti.





domingo, 30 de diciembre de 2018

GNOSEOLOGÍA



Meditaba así a sotavento de los visillos abultados hacía la habitación como si una figura invisible los empujara con esa forma abombada que les daba vida momentánea.

Ella estaba frente a mi. Me contuve mucho para no irme hacía ella, ella allí, desafiante, insultante, lo ultimo que pude verle fue la mano en su coño cogido a un puñado, diciéndome al mismo tiempo cómeme aquí so maricón, hijodelagranputa, picha flácida, impotente. Filosóficamente me contuve. Al fin y al cabo no dejaban de ser sus cotidianas y clásicas palabras de amor hacía mi.


Yo siempre tenía aquella obsesiva ceremonia de antes de devorarla, el digerir mentalmente la presa para poder tener una extraña erección.
Al final no me quedaba más remedio que abarcarle su amplio culo,más inmenso que mis brazos, y empezar a lamer como un poseído.
Siempre era igual. Hasta cuando yo no podía más, y por mi boca derramaba su viscosa y estremecida esencia - 350 mililitros cúbicos de mala bestia-.
Siempre eran igual aquellos instantes.
Siempre.
Meditaba mientras lamía. Pensaba sin cesar en aquellas sabias palabras de Nietzsche en su inutilidad de la existencia, y la necesidad del eterno retorno al profundo coño.

martes, 11 de diciembre de 2018

RADIO INVICTA.




Y al desván.
Se subían los muertos.
Entre el grano de centeno sus manos abiertas.

La antena de la radio era un hilo de cobre, la radio estaba tapada por un tapete blanco, la antena salía por la parte de atrás, iba hacía arriba, atravesaba las tablas del techo hasta el desván, por el desván de un lado al otro enroscado sobre una viga larguera carcomida, saliendo una punta simple de alambre entre el hueco de las losas de pizarra. Yo me imaginaba que por allí entraba todo lo mágicamente invisible.
A mi me constaba lo dicho por Charles Darwin sobre la selección natural. No había duda. Luego miraba a mi abuelo Paco, y a Carmina mi tía y no los reconocía dentro de una sucesión meditada, yo los metí siempre en el eslabón perdido.
El esperma del cruce con el Neardental era la vía láctea.
La otra posibilidad era la Panspermia, semen congelado caído sobre la sierra de la Bobia millones de lustros atrás.
Lo sencillo era creer en la anastasis, palomas blancas, el sumo hacedor ascendiendo con aquella luz extrañamente azulada.
En Epicuro se cagaron un día de tormenta de truenos que se nos llevó todo el maíz florido, arrastras la tierra fértil hasta el mismo cementerio donde asomaron fémures amenazantes.

Podríamos estar yendo todos de un pino a otro hasta la Silva, o al alto de Penouta, donde escarbaban el Wolfram para los cañones de Hitler.
Estabamos para el parte Nacional primero, luego el Internacional de la Pirenaica, la Radio España Independiente donde hablaba la Pasionaria al susurro suave en la casa del Zampo. El Zampo andaba como un gorila.
Comíamos castañas asadas que estallaban como bombas.
En la cocina aún olía a gasolina de aquel sorbo que agitó el inicio del fuego luego del volcán.
Leche de cabrón – que tienen leche si se la chupas-, con castañas doradas y nueces.
Mi padre que a veces era un hijo puta también estaba allí escuchando acojonado por si la guardia civil husmeaba por la senda del Suco. Borracho de vino blanco y metílico.
La noche en ese estado que perdía minutos de oscuridad cada día.
Fuera era Enero. Sobre un pino doncel la escarcha crepitaba rompiendo las agujas.
Habían llegado a Normandía los americanos. Por fin. Nosotros ya sabíamos lo del misterio de los judíos.

Qué tetas mas grandes tenía mi madre, como decirte esta herencia de chupeteo, de pie incluso, chupando las tetas de mi madre.
Succionar, absorberme hacía dentro. Desaparecer dentro de mi mismo.
Aquel calor en la cocina, poso lloroso sobre las ventanas.
El olor de su pecho a untaza de cerdo. 
Y su mano.
Que me acariciaba rozándome como los espinos de las moras.

jueves, 15 de noviembre de 2018

EL ROCK DE LA PÉCORA.



Poemas de un paleto.
¿No hay suficiente entretenimiento en tu vida?
Especialmente esta noche, ¿verdad? 
¡Entonces no te lo pierdas!,
podríamos estar divirtiéndonos sin complicaciones muy pronto.
No necesito ningún romance u otra cosa tonta.
Esa es la atadura que no queremos,
no eres un extraño para mi.
Sabes de lo que estoy hablando, ¿verdad?
Sé que en el fondo eres un macho total.
Déjame tener un poco de eso!, de tu bravura.
Estoy lista para una aventura sin ataduras, de inmediato,
echa un vistazo a mis fotos locas,
¡esperemos que ocurra algo genial!
Ven.
Masturbarte hasta que quedes tísico.

viernes, 19 de octubre de 2018

MANZANERO.



La claridad que entraba por entre los visillos era la luz de un Domingo, aún tenue.
En todos los casos se vuelve difuminada penumbra. Yo veía su perfil dibujado porque mi cabeza estaba detrás de su pelo. Sentía su cuerpo y aquella extraña sensación de calor que me hacía acurrucarme como protegiéndome detrás de su espalda.

Yo la había amado mucho. Tanto que no te puedes ni imaginar. Y ahora, mientras sentía en mi pecho el leve movimiento de su respiración pensaba por qué la estaba abrazando.
En estas situaciones tienes que invitarte a ti mismo a la emoción. En tú memoria encuentras trozos rotos de un ánfora y empiezas el rompecabezas. Y en esta situación en que ella te está sintiendo también encajado entre sus piernas, casi inanimado, te das cuenta que no debes retroceder y empiezas ese movimiento de roce sobre su culo.
Es la mecánica de lo que quedará muerto porque es pura inercia existencial y siempre muere. Si te digo que es como un bolero debes creértelo, a ese ritmo certero en decreciente hasta el cero absoluto.
Y aparece algo allí, y levantas su pierna. Y de aquella forma casi furtiva te agitas como si te estuvieras masturbando sin muchas ganas, a ese ritmo, a lo Armando Manzanero:

...Adoro la calle en que nos vimos.
La noche cuando nos conocimos.
Adoro las cosas que me dices.
Nuestros momentos felices, los adoro, vida mía….

Ella impasible, como si se le posara un insecto.
No nos jugábamos nada.
Al darme la vuelta, su perfil siguió allí dibujado.
La luz festiva se consumía sin prisas detrás de su pelo.

En estas circunstancias a mi sólo me queda la imaginación. Sobre nosotros la cámara realizaba un zoom de acercamiento mientras el operador se alejaba de nuestras caras. Era perfecta la escena -a lo Alfred Hitchcock- . Alguien gritó aquello tan manido : !!corten!!, !!corten!!. En realidad ni nos levantamos, mientras retiraban los atrezos. Intentamos de nuevo dormir. Sentí aquella humedad fría sobre mis piernas. La luz del día marcaba una raya perfecta sobre la la alfombra. Nadie había dicho que aquella luz ya no se movería nunca mas.
Desde atrás alguien grito, !!que quiten de una puta vez al Manzanero. joder!!!

domingo, 30 de septiembre de 2018

INSTANT.



Oh, gran zorra de mi vida.
Sé que nunca me has querido.
Lo sé cuando masticas delante de mi 
y me miras
fijamente llena de asco.
Oh, gran cabrona
es un suplicio
tanto tiempo
tanto silencio.

sábado, 29 de septiembre de 2018

LE LLAMABAN EL RUMIADOR SOLITARIO.



Aquel dilema como otros muchos que no paraba de rumiar. Sí. La distancia más corta entre dos puntos no es la linea recta, es la curva. Así de simple. Y tener claustrofobia porque sabía a ciencia cierta que el radio del universo eran milímitro arriba o abajo diez elevado a siete años luz, incluso su densidad, palpable, uno dividido por diez elevado a veintidós. Extrañamente elucubrando. Rumiando una y otra vez con aquellas cantidades infinitas.

Masticar pensamientos. Digerir. Otra vez masticar.
Este día tan extraño, más intenso de lo normal de otros días más planos y largos.
Mis dudas habían empezado a eso del mediodía. Es ese estado en que te paras a pensar y luego prosigues y prosigues, parándote otra vez a pensar. Estuve así unos diez minutos, algo que no es normal en mí. Los que me conocen saben que soy decidido y que pienso las cosas lo justo. El caso es que venga a darle vueltas sin encontrar la solución sobre aquel dilema (llamésmole así), que ya empezaba a obsesionarme. Me habían dicho que así se iniciaban los conflictos, y que de allí a la desesperación existía un corto paso. Cuando estaba llegando a las doce y diez, se me vino aquella idea congruente y desistí del intento. Cerré la llave del gas y abrí todas las ventanas. Con aquella suerte de que un mínimo cortocircuito lo hubiese volado todo. Así es como se lo cuento, así sucedió, y no vamos a darles mas vueltas a las cosas. Sólo deseo, Señor Comisario, que no me de por pensar de nuevo en cosas tan extrañamente grandiosas.

viernes, 7 de septiembre de 2018

SESIÓN CONTINÚA.

En todo el cine podríamos haber seis, luego entró la muerte que de oscuro no se le notaba, y se sentó muy cerca de la pantalla. La oscuridad inmensa a veces. Otras veces la pantalla lo iluminaba todo con sus destellos a lo relámpago infinito. Yo tenía la boca pegajosa de haber cortado los rollos de poliester transparente made in China para colocar los doscientos carteles del Partido sobre las esmeradas paredes de cinco centros culturales hechos con el sudor del ciudadano. Yo no sabía. Yo no me podía imaginar que mi boca estaba recorrida por el enteococcus faecium, por los restos de la incada de dientes a los posos de cola que habían pasado por la balsa de encole, en donde habían miccionado Wang Chuao Tao padre, donde se había limpiado la regla Hui Ying Amuxi, la madre, dónde había escupido esputos a lo largo de tres años el abuelo Jian Zhang, y los contratados a catorce horas: Zhao,Li, Huang y Xao Chen Omuxi. Añadir tambien dos mininos muertos, cuatro ratas aguaronas, y un sinfin de “insectería”. 
A las siete de la tarde se lo dije, tengo una cosa aquí en la boca como si fueran lombrices que van a salir, y me pica como cuando los cojones están cuatro días sin champú llenos de grumos de manteca. Pues ella que queria ver por enésima vez la reposicion del Señor de Los Anillos, ahora en una pantalla multidetodo. Yo qué sé. Había que ir a los Yelmo a ponernos buenos de pizza primero. A mi lo que me gustan son las pelis de Schwarzenegger y las de Chuck Norris, mientras tengo mi dedo en su coño, el dedo del medio de la mano derecha. Me excitan mucho esas cosas de las musculaturas al saber por lo visto que tienen las pollas muy pequeñas. Abrazarla con el otro brazo, y con la mano del otro brazo comernos palomitas con la boca para quitar ese sabor tan extraño a cola que me embargaba. Mi dedo de la mano derecha empezó a ser de sesión continua. Se movía en círculos primero, luego sobre la parte suave de su monstruoso botoncito. A lo bolero de Ravel. Al final otra vez, por cuarta vez, el Gollum comiendo truchas. Gandalf caído en el abismo, poseído por Sarumán. Ponte encima de mí, cacho cerda –le digo educadamente-. Todos los cinéfilos se han marchado, machácame – le digo educadamente-. Como puede..., se readapta como puede: un brazo de ella, otro brazo de ella me abrazan. Sus manos cogidas sobre mi nuca, me abrazan. Está más caliente que una fragua: suelta vapor por las tetas. Su culo es un esplendor. Le huele la raja a verduras y a arroz con bugre, mi cachorrillo huele a cecina y a salmuera. Hay un líquido por sus pantorrillas a pégalo todo, a lo cola china. Nos encontramos cuando la reina de los Elfos se aparece como una virgen: daría hasta pena comerle el coño sobre los líquenes que reposan en las raíces de los árboles perdidos en el Bosque en Lothlórien – de tan fina que es-. Ufffff, yo quiero a mi guarrona, a mi gochona. Su culo está sentado, dos inmensidades, dos culos, mi polla le llega todo lo adentro que puede -creo que está en los labios menores, haciendo señas, no más allá, aún. La butaca chirría como un palo mayor tendido a barlovento. Y me infunde respeto. Qué burra es. Me machaca sin piedad. Yo me escurro por si puedo penetrarla, más y más. Que le den por el culo a tooo. Mi boca le pasa las lombrices, quizás no sabes que vamos a morirnos le pienso. La muerte se ha cansado, avanza lentamente. Casi no la ves, sólo un contorno que parece ser negro. Se llama: Gao Wu Kuang. Ella también había meado allí. .