martes, 30 de noviembre de 2010

NO HAY OTRA FORMA, ES LA PURA REALIDAD.


Una paradoja todo aquello. El techo era un fondo blanco y puntitos azules salpicados, y dos focos de luz amarillenta alumbrando hacía arriba, aquello no era cielo ni era nada, tampoco importaba; de algún lugar llegaba el sonido de una fotocopiadora con ese rasguito de autómata.

Y otra vez me dice qué hacía allí, y yo le dije lo que le había dicho media hora antes, veinte veces repetido, había visto la puerta abierta, y entonces me da una hostia suave y otra de repente, que ya me hartas, que te voy a dejar como una cremallera, so capullo.

Había una ventana taponada y la luz del techo, que como ya dije tenía estrellas, y detrás de aquel forzudo una mujer en la sombra.

Me levantaron las mangas de la camisa de los dos brazos y encendieron un flexo que abatieron, luego me miraron los dedos, luego la cara, luego lo dejaron sobre mis ojos, y cuando lo quitaron era como un resplandor. No fue mucho tiempo con aquella claridad brillante, así -fue así-, una mano abierta de mujer la que golpeó dos veces sobre mi oído, lo supe por un leve rastro de perfume que quedó adherido en la piel de mi cara.

Si estás atado a un respaldo eres digno de fusilamiento, si te dan golpes sólo puedes percibir las sombras, los que hablan, ahora, están detrás de ti y no sabes de qué forma ni que mano se levantará en un giro estricto y repentino llevando toda la ira igual que un mazazo sobre tú cara.

En aquel momento, ya había atado cabos: estuve en el sitio equivocado en un momento equivocado, y esto esto esto esto era un callejón sin salida.

El universo, a veces, es un simple techo de puntos azules sobre un fondo blanco.

Una puerta estaba abierta y me encontraron dentro.
Una paradoja todo aquello.
Esta historia tiene que empezar así.
No hay otra forma, es la pura realidad.

lunes, 29 de noviembre de 2010

ESTO FUE EN EL DIARIO DE AYER, PÁGINA 286.


Me quedaron tres gotitas en los calzoncillos y voy húmedo y muy mal a gusto. Te queda esa humedad ahí, y con el frío que hace te da como respingos. Cuando voy a mear en el invierno siempre me pasa lo mismo, la busco desesperadamente porque me viene el borbotón por el camino y luego al final la cato el pellejo hacía delante, una y otra vez, y sale un último chorrito; pero muy al final, las tres gotitas, y este frío que me hace encogerme hacía delante.Todo muy al final. 

Me incomoda ir ver a Fátima con esta humedad, algunas veces al llegar lo primero que hace es chupármela y me da un poco de vergüenza, noto que aparta la cabeza. A los viejecitos nos viene este olor repentino a sal, y cuando te la descapullas al mear te huele rancio con salinidad emergente.Los viejos olemos de forma diferente. 

El culo siempre me lo lavo en el bidet, y me miro los calzoncillos por si queda algo de mierda marcada; en el bidet, me paso la manita cuidadosamente para no dejar rastros restregando bien con papel higiénico, y me seco con una toallita, y me pongo unas gotitas de Barón Dandy

Ahora voy en el autobús y me dan escalofríos por sentir esta humedad aquí.

Me encanta que Fátima me la chupe sin la dentadura, tiene unas encías suaves que para qué.

Fátima aprendió a chuparla el hogar del pensionista, vinieron las sociatas a enseñarle como se debe chupar una polla, es la nueva educación del disfrute , y la chupa de puta madre.

Un mayor nunca está muerto hasta que está muerto.

Yo con la dentadura ni hablar, a mi me enseña la dentadura ya quitada, no vaya a ser que me la muerda.Los viejos temblamos mucho.

viernes, 26 de noviembre de 2010

COMO NO VENGA ME LA CORTO.


Te cuento.
Me estaba zampando esta tarde una tarta de chocolate que me sabe a castañas valdunas, cuando al acabar de saborear un delicioso pedacito con café con leche, me da por meter la lengua en el paladar superior entre la encia y el labio, oyes, y que me doy cuenta que nunca había estado allí. Pues bien, llevo media hora pasándome la lengua por esa zona, como si fuera novedad, y me da un no se qué el no haberlo conocido antes. Si es que somos de grandes como los Apeninos, y la mitad no lo conocemos. Que eso, ni a nosotros mismos.

Ando como nervioso esperando que no me hayan dado el timo de los mailes.

Llevaba tres meses que me llenaban el correo de spam, ya sabes, esa panda de gilipollas que te dicen que son de la base de datos de Caja Madrid, o de la Caixa, y que te ponen que te han renovado el código de la tarjeta, o aquellos otros de que te puedes ganar tres mil euros abriendo una cuenta en no sé donde, o los otros, coño, en inglés (yo muy desconfiado siempre).
Pues entre todos esos spam me llegaba uno de perfumes que siempre me ponía una rengolera sobre una esencia ligera y relajada, que si pensada para mí, que podía usarla profusamente y que era muy simple, minimalista (que no sé lo que es eso) y muy accesible, con equilibrio, tú, entre luminosa, tú, y una sensualidad que te cagabas, con muchas bases elaboradas a porciones de bergamota, tú, cardamomo, piña y papaya, hediento hediendo hediendo (todo esto en puto castellano, que vete tú a saber)

Estos correos me los mandaba una rusa que firmaba como Natasha Vorobiov, y que afirmaba, a su vez, ser de de la zona de Velyka, y que siempre me ponía aquello de Kak tvoyó imia, que por lo visto es cómo te llamas en ruso, yo, después de unos dieciocho spans seguidos le contesté, pues me llamo Remigio Cortés Pérez, natural de Ibias, Asturias, España, el Mundo.
Los correos eran entre ingles, ruso y español, y les empecé a dar importancia cuando me mandó la primera foto entre la imagen de varios frasquitos de colonia de resinas de álamo y pólenes de flores de abedul; que eran los árboles de por allí, según se hacía entender.

…hediendo hediendo, vamos, y si querías una elaboración especial , te la hacían con machacado del jazmín (pues podías), y más esencias derivadas de violetas, rosas y nueces moscadas, tú, no nueces, nueces moscadas, tú, y en otros espanes: …nuevos combinados con ámbar, y jugosas peras de manteca (todo esto en idioma de Pelayo). Pues eso que me abrasaban a peticlinear con el dedito. Lo de los perfumes me resultaba agradable leerlo, era como si me oliese el valle de Marentes en plena primavera.

Entre tanto correo y tanto perfume a mi, la rusa, ya me olía como si me llegase su áurea a
efluvios de agua de rosas.

Alguna noche que otra, antes de dormirme, le hice el pilón entre cantos de coruxa y sigilos de jineta -que suena a niño lastimado y a gorgoteo de brujas enrabiadas-.

Era hermosa la Natasha, alta y espigada con unos ojos de mar grises y profundos como esas caras ucranianas de las postales. En la foto que más me gustaba vestía con una blusa blanca de mangas muy amplias y bordados rojos y negros, y una pollera, y un delantal avinado lleno de flores azules, con unas botas rojas de caña baja que hacían adivinar sus largas piernas.

La cosa fue en aumento, espanes, espanes y espanes. Ella con frases en un español macarrónico, yo algunas cositas en ruso que para qué, y por el medio un poco de ingles que me traducía al revés el Babylon (ocho), y que yo interpretaba como podía. Era desesperante no poder comunicarse con cierta fluidez, por esas cosas de la Internet.

A todo esto tengo que deciros que hice una transferencia bancaria de mil ochocientos euros a una cuenta de un banco llamado Exin en el mismo Kiev, a costa de vender tres cordales de madera primeriza de roble a Felix de Navalois, el maderero de Cangas.

Nos carteábamos mucho por el correo, ella con aquellos mejunjes de colonia, siempre me ponía algún frasco de colores llamativos, y algo así como que perfumaba al mundo. Yo le mandé una foto de hace doce años en la que se me ve con un corzo cazado cerca de Negueira, en poses de matador a lo Robert de Niro -en aquella de la ruleta rusa, cuando vino del Vietnam-.

-Mi Ucranianita de amor.
Y más de una paja de retenida me hice, apretándome bien el capullo antes de correrme, que da mucho más gusto al abrir la mano, de repente, pensando en ella.

Ahora mismo pienso que ya pasaron casi seis meses, y la verdad ando enamorado, y me lancé pá lante.
A la rusa, comida y campo no le van a faltar.Y los valles de Ibias y de Velyka, son de castaños, robles y xestales amarillos.

Ayer he cogido el tren, y me he hecho noche en Madrid; y ahora me encuentro en una cafetería de Barajas, esperando un vuelo procedente de Kiev, en donde llegará mi rusa, mientras hago tiempo dándole vueltas a la lengua por aquí debajo, descubriendo con sorpresa que por ese sitio nunca he estado recogiendo restos de tarta de chocolate que me sabe a castañas valdunas.

-Me ha timado la puta lengua
-Y ya me huele el coño de la rusa a efluvios de agua de rosas.
-Como no venga me la corto.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

CASI ESTARÍA SATISFECHO.


Si estuviera prisionero y me mandara besos un morrongo en el patio, mientras cuento pasos, estaría nervioso a medias (de algo hay que morirse), y si estás indefenso y eres carne fresca, que te den por el culo es un mal menor.
Un moratón en un brazo, es un moratón, fue contra la puerta de la cocina el día en que yo saqué a Laika al chorrito de pi pi.
Y tú lo sabes: ni un roce, ni una mala mirada, ni nada de nada, en el fondo nunca me has querido.
Fue una venganza.

Prolongamos. Hagámoslo más largo. Esto es la existencia. Estoy al lado de un portalón de hierro y casi soy libre, me falta lo que me separa de aquí al autobús. Pero lo triste es todo esto que me rodea. No quisiera que estuvieras en mi piel al mirar el cielo -casualmente gris oscuro-. No sé a donde tengo que ir, o a donde debo ir, no se nada de nada, nada nada nada.

Hubo una vez una perrita llamada Laika que tenía tirabuzones y yo la pastoreaba en el parque cada segundo día a eso de las seis de la tarde.

Desde tú centro sale un radio imaginario, coges un compás y le das la vuelta, le pones tres kilómetros, y tú te mueves y la circunferencia se mueve, algunas veces estoy a tres kilómetros de ti y otras a seis, pero cuando me acerco más de la cuenta empieza a vibrar mi corazón trepidando con cientos de fibrilaciones auriculares.

-¿Será que te odio, o que aún te quiero?

En realidad, en la cocina estaba Laika acurrucada con aquellos ojos de cazadora que ponía, le pisaste su rabito y te caíste en la cocina, sentí tus voces desde el comedor y acudí corriendo, y estabas allí tirada, sobre tú brazo, con aquellos gestos de dolor.

Me han dado mucho por el culo, y si el autobús fuera un globo casi estaría satisfecho
.

martes, 23 de noviembre de 2010

NOTEMELAFEITES, SOBORRICO.


Tomé un café tan largo que ahora mismo derramo lágrimas de un pardo oscuro de los nervios que me tengo, y es que estoy muy nerviosillo; la Catalina está ahí dentro y va a dar a luz el primer niño. Esta máquina de la tercera planta da cafés como miel de espeso.
Le dije al Doctor, por lo que más quiera, no la afeite el coño ni me lo toque a mi gachí, yo cuando la cubro me enrosco a ella como una culebra y le voy al muñón en la oscuridad por ese salado que suelta.

-Ni me pierdo que sé adonde está.

Le dije al Doctor, si me la pelas te canelo, y le dejo salir todo el aire a la cortada para que te mueras ahí mismo, míratelo bien galeno de tocar con la cuchilla esos tirabuzones de judío que tiene la Catalina en toda la regaña.

Si el niño se ahoga, le das vueltas y lo desenroscas.
Cómo me atrae la pastosica de la progesterona y los juguitos del gusto mezclados con los pelicos. Si es que me enyerbo

Me cago en tú puta madre si te atreves a afeitarle el coño, díselo a la comadrona.

A mi la Catalina me huele a tierra de cementerio y a babosa, a estiércol de borrica, y a enredadera de yedra, a madroño machacado, y a caldo de nabo antes de apurricarme en la huerta.

Notemelafeites, soborrico.

lunes, 22 de noviembre de 2010

NADA QUE OBJETAR.


Cuando se abraza a alguien que te da mucha pena ves a la gente rozar su mano sobre la espalda, y yo aún no sé por qué lo hacen, es como si te trataran de quitar alguna pelusilla, y tú sientes aquella mano subiendo y bajando que casi es como una caricia, pero no es una caricia, obedece a un gesto no sé si premeditado.

Si te pones en mi lugar durante unos instantes te lo agradezco, vístete como yo, ponte mi cara, camina como yo, gesticula como yo (y la voz), pon esa voz que pongo yo en las causas difíciles. Quédate aquí y recíbelos a todos, cada uno con su historia (inventada) semejante a la tuya, únicamente para consolarte.

Y si puedes llorar como yo, mejor que mejor. Suelo ser de lagrimeo constante, esas insidiosas gotitas que se deslizan por los pómulos en forma de gotas de capilaridad perfecta que ni deforma la gravedad (y tan transparentes).

Las manos vienen y van y hay alguien que huele a alcanfor cuando te da su cara, y notas su cara con aquel olor de armario, pero no sabes quién es. No hay que disculparse. Asientes. En realidad no estoy triste, sólo tengo lágrimas porque su presencia me recordaba los tiempos felices, cuando cielos como este me parecían hermosos.
-La hermosura del cielo depende de los estados de ánimo.

Murmullos detrás de ti.
Ella había sido muy guapa y buena. Ella tenía aquellos ojos tan claros y grandes que cuando te miraban se te iban todas las penas. Cuando Ella te daba la mano ya no existía el miedo -Escúchalos así, una y otra vez-.
(..mejor que se haya ido, así no se podía vivir. Vivir sin estar en el mundo no es humano)

Por un momento abrí la boca y saliste de ella, y cuando abrí los ojos viste lo que yo estaba viendo y te horrorizaste.

Hay un muro grande que tiene las piedras colocadas de forma irregular, el muro iba por una pendiente y empezaba de menor a mayor y todos subíamos hasta que los cipreses se hicieron del todo cónicos, como pináculos de verde oscuro. Alguien me llamaba asesino y otros me empujaban, pero yo, como lloraba, lo veía todo borroso, y mis oídos lo escuchaban, así, igual que un eco, no era descifrable.

Cuando le daba manivela a la cama, la cama subía y cuando subía mucho, como ella estaba de espaldas se caía hacía adelante. Para darle de comer le ataba la cabeza con el cinturón de algodón de la bata y luego me sentaba junto a ella, cogía la cuchara le daba vueltas a la papilla de manzana y se la iba dando pacientemente. Devolvía la mitad, le caía por su pecho, le abría la bata, mojaba toallas en agua caliente y la limpiaba.

Y el aceite de almendras que brillaba sobre su piel blanca.

La cama también tiene como un polipasto y una badana con argollas y una palanca. Y toda Ella, así pesada, se levanta despacio como si fuera un atillo sobre el pico de una cigüeña.

Los martes te levantas y miras por la ventana. Ese olor que desprende su habitación es indescriptible. La luz le da de lleno sobre su pelo blanco y sobre sus ojos siempre abiertos. No hay otra realidad que este cielo y el sonido de su balbuceo, el único nexo vital en su estado inanimado. La estuve mirando como un minuto y fue eterno, el minuto más eterno, la decisión más eterna. Quizás me temblaban las manos, no lo recuerdo bien. Ese día no sujeté su cabeza, até su cuello y tiré con todas mis fuerzas como si estuviera atando toda su vida en un pequeño fardo.

Cuando se está medio muerto morirse del todo no se nota. Sólo son unos instantes. Ponte en mi lugar y mira por mí. Les dije que había sido una mala maniobra, algo inusual. La marca de su cuello era casi imperceptible, un roce, fue demasiado fácil.

Estoy bajando la cuesta. Los cipreses a mi espalda van desapareciendo en forma de conos verdes. Ellos me están esperando. Me meten en el asiento de atrás y emprendemos la marcha.
Los que no queremos ser asesinos tenemos la mirada hueca.
Aún llevo tú mano sobre mi espalda, y me huele como aceite de almendras.
Nada que objetar.

domingo, 21 de noviembre de 2010

BONGO.


Ya casi al amanecer, ebrios de alcohol, impusieron aquella promesa. A Bongo no le gustaba aquella ruleta. Había 1780 euros sobre la mesa. Eran tres y muy hermosas, con sus ajustadas braguitas. Una de ellas estaba con la luna. De las tres escogías una y la debías de comer con pleno fulgor, hasta acabarlo todo. Si lo hacías bien, y no dejabas nada, los 1780 euros eran para ti. A Bongo le dieron vómitos. Y se tuvo que pegar un tiro dentro de los asquerosos inodoros. Esa era la regla. El ser humano está lleno de incertidumbres.

ABRIGUITO AZUL.


La paloma se acerca a los gusanitos y mis zapatos están al lado de los gusanitos y el niño viene con ese caminar inestable a cogerle los gusanitos a la paloma y la paloma se marcha y el niño coge un gusanito y lo levanta y en vez de tirarlo hacia delante lo tira hacia atrás porque los niños no saben tirar gusanitos a las palomas y la paloma se hace la despistada y come el gusanito que tiró el niño y la paloma se va así no sé a donde.

Yo tengo un periódico y estoy sólo y el sol está ahí arriba porque ha dejado de llover y entre las nubes nos apunta leo el periódico con una sensación de que no leo nada este instante en que estoy mirando al suelo y el sol viene a acariciarme parece abrigarme con un ligero sopor de ojos cerrados y pensamientos que no logro descifrar.

La madre llama al niño y el niño da vueltas con un abriguito azul.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Y TÚ DESCANSAS.


Cuando me hablas así, hay un atisbo, un pedazo de ternura como si lo hubiera encontrado en el mismo cielo cuando lo miro desesperado, y luego también me dices que me acaricias porque algunas veces tú mano se vuelve tonta, pero sabes que encontrarme contigo viene siendo habitual desde hace treinta años, en esta cita, subimos a acostarnos cada vez más lentamente, cada día, y no hay vacío, ni un lado ni otro, tú el acto del amor lo haces pulcro, como si tuviera que oler a lejía a la fuerza, premeditadamente te das la vuelta y es una costumbre del uso, intuyo que te abres las piernas sin poesía, sin un atisbo de caricias, y no lo hacemos bien, lo que se vacía no es el espíritu ni el alma, yo me quedo vacío y tú descansas.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Y VEN A BESARME MUCHO.


Estar loco es decir poco, estar con ese desorden de pensamientos, estar pensando en el futuro y estar sin salida, estar joven y pensar en estas cosas, pensar que se está abocado al desastre siendo, aún, verdaderamente, tan joven, estar elucubrando el qué será de mí.Y estar, no sé cuantas veces podría estar diciendo estar estar estar, se caería el cielo sobre mí como un papel transparente y no dejaría de decir: estar estar estar. Algunas veces me da por una palabra, y no es que poéticamente quede bien en el contexto. Se apabullan las palabras idénticas, no queda hermoso. Estar estar estar, y qué más da. Soy un puto soplapollas y un come y come.

A mi trabajar gratis no me gusta.

Pero ahora me viene tú cara, cierro los ojos otra vez, y pienso en ti.

Mi cabeza está así y así, todo el día así y así.

Yo si te besaba era para poder cerrar los ojos y darle a mi lengua muchas vueltas dentro de tú boca, hacerte el molinillo y beberme tú saliva. Y cuando te besaba no era cuestión de pensar en el porvenir porque yo ya estaba en el séptimo cielo. Y cuando se está en el cielo todo está hecho. Son esos instantes en que creo que te quiero tanto.

Tres de queso de Burgos en tarrinas, y un paquetito en lonchas, y queso en porciones, y rallado si lo encuentras.

Está claro que todo es relativo y depende del momento, pero mi cabeza está llena de personajes que surgen desde todos los lugares. Ya sabes como es eso te llaman y te llaman, intentan hablarte, algunos te dan consejos, son personajes de lo más variado. Y algunas veces también hay odio y resentimiento, entonces se te encogen los nervios como si te mandaran dar una hostia a alguien que sólo existe en tú cabeza.

A estos Personajillos, si les das pastillitas de ansiolíticos como que se acojonan. No tienen ni medio sopapo.

Pan Bimbo y margarina y galletas de María y mantecados.

Me doy de hostias con la sociedad en general, pienso que yo no tengo la culpa. Y es que me estoy limpiando el culo con papel de periódico; por orden de intervención (quiero decir por orden de llegar a la raja) debajo del clavito había colgado un Fotogramas muy antiguo, el Hola y doce páginas de Lecturas. Limpiarse con esto se le llama escariar las almorranas.

Ya te dije que no había foagrás ni papel higiénico. Es el final. Cómprame pan a la brasa también.

En realidad, lo que se dice, matar una mosca me revuelve el estómago por la injusticia que representa. Ahora bien, a los putos mosquitos los odio; los fulminaría.
(Se me viene ahora a la chola San Francisco de Asís)

Trae detergente, y si compras una docena de huevos y dos litros de leche, creo en ti por la eternidad.

El mal esta en tener exceso de información y no saber asimilarla, los muertos del otro lado del ecuador por la parte de atrás de la Tierra es como si sucediesen delante de la Mercería Adelaida, debajo de tú ventana. Y se te encoge el corazón, porque te las ponen en color con sonido estereofónico, y así en el sofá, son como tragarte una birra ahorcando la botella por el cuello. Luego esta la vida de los otros saltimbanquis, personajes de cartón piedra que hablan de cosas como lo que le pasó a mi vecina.Lo malo es que mi vecina no tiene guapura; mi vecina es un bicho en todos los aspectos, sin guapura, y sin amantes.

Café no tomo mucho,es por lo de los nervios. Pero si quieres trae una bolsa de Toscaf.

Viendo tantas cosas que ocurren, bajar a comprar botones para la bragueta a la Mercería puede originar una situación de riesgo.
Qué vengan los de la tele; aquí pasa algo. Son valientes estos chicos con la cámara a cuestas y la alcachofa delante de una viejecita. Y a donde está el suceso, dice la Guardia Civil. Y los de la tele qué cojones le echan en estas guerras intestinas.

Doscientos gramos de chope, no estaría mal, y jamón york.
Que no se te olvide el ketchup y la mostaza.
Ah, y patatas para freír, y las de bolsa.

Acurrúcate dentro de mi corazón y ponlo a cien, quiero sentir que debo vivir por algún motivo. Muévelo a pedales o siéntate sobre los ventrículos treinta veces seguidas para impulsar mi sangre. Ponme hipertenso durante dos horas. O siéntate con el coño, así de abierto, sobre mi boca, y vete bajando el culo despacio para verlo bien de cerca. Cuando lo acercas es como si te movieras en cámara lenta por entre hierba de ballico. Algunas veces te huele a cuadra; y lo soporto (cuando comes un coño, todo es empezar. No les tengas asco, saboréalo –Sor Coño de la Lengua-).

Una lata de berberechos sería ver el cielo, y si me compras dos latas de zamburriñas picantonas, estoy mezclado con los mismo ángeles.

Tú algunas veces me sabes a pan tumaca cuando te lo lavas bien.

Yo sé que me quitas el miedo y me das otro miedo: el que te vallas porque soy un don nadie sin jornada, sin turnos, sin ganas de levantarme, con esta pesadumbre. Y si mañana no vienes no pagaré más el alquiler, ni subiré las persianas, ni arrojaré huevos sobre una sartén desde un metro de altura; despanzurrados los huevos.

Me alimentas.

Abro los cajones de la alacena y veo el fondo, es un papel de estraza de hace ocho años. Por allí hubo alguna miga ayer, y dos codos de barra de pan dietético antes de ayer.

Si me subes el pan, sube también tú culo, y tus tetas que son como un muelle.
Y si arramplas con algo de foagrás, alguna lata de sardinas y bonito en aceite vegetal se agradece.

Estoy con desorden postpsicosis, lo noto, me entra esa forma tan extraña de razonar la realidad. Lo que me rodea es un nexo tan endeble que un día flotaré sobre el techo de mi habitación y será patético con la ventana abierta intentando sujetarme para no salir pitando.

Dos de bonito en aceite de oliva (ya te dije) y un tarro de cristal de aceitunas extremeñas, de las negras (sin hueso).

Y ahora me acuerdo de lo que me dice el abuelo. (Doscientos euros al mes por acarrearlo durante dos horas al día por el parque Berchams)

Me dice el abuelo que sujeto de seis a ocho de la tarde, cuando está lúcido, cuando no le puedo robar el tabaco, si llegas a estar como yo pégate un tiro antes, mira hijo, lo mas horrible que le puede pasar a un hombre, es perder la capacidad de pegarse un tiro, o arrojarse por una ventana cuando le salga de los cojones.

Anchoas, pimientos del piquillo, y una tortilla congelada.

Esto que te cuento del abuelo no es para que te lo tomes al pie de la letra, siempre estaré yo para pegarte dos tiros si es que quieres, deberíamos reflexionar quien se los pega a quien antes, es un dilema. Tú mientras tanto prepárame una rebanada de foagrás que tiene mucho hierro.

En el parque Berchanms está Berchams que por lo visto fue un santo, y sobre su cabeza hay una paloma y la paloma le caga la cabeza y el sayal. El abuelo me dice, Vitorin, tápame las piernas y saca un Ducados, a este cabrón cuando tiene la cabeza bien le da por fumar, luego lo huelen los hijos por donde la bragueta por si va cagado, y la chaqueta por si fuma, y me amenazan; si huele a lo que tiene que oler: a mierda y a tabaco negro; a qué va oler este puto viejo.

Me informan en exceso, quieras o no quieras, es el gran hermano. Pero de tú interior, de lo que hay ahí, pienso que sólo sabes tú y yo, de mí sólo sabes tú, te lo prometo, ¿me dejas hacerte este paseo con las manos sobre tú espalda?, voy de un lado a otro y tus vértebras son como la cordillera de los Andes: Chile a un lado, Argentina al otro.

Discúlpame, estar es casi no estar. No le des vueltas. Si me dejas poner la cabeza sobre tú espalda, quizás me duerma.

Porfi, almendras, cacahuetes, pipas peladas, pipas sin pelar. Oyes, y una de turrón de Jijona.

Pon lo que quieras en la nevera, y ven a besarme mucho.

martes, 16 de noviembre de 2010

Y UN DÍA LA VOY A COGER, YA VERÁS.


Cuando lo hacíamos yo siempre me ponía encima, y así nació: Milagros, Crispin, Cecilia y Carlos. Yo siempre encima.
Por Santa Catalina que fue un veinticinco de noviembre de hace cuatro años fue lo de Carlitos, y ya dije, uno y no más, y yo entonces me capé en secreto. Para que decirlo a nadie.
Aproveché que ella bajó con la madre quince días a Oviedo a casa de la otra hermana, y yo tenía vez en el hospital de Jarrio, y me lo adelantaron. No se enteró ni el tato.

(Lo bueno es que no tuve que afeitarme el capullo, y lo que te queda es como una picadura de mosquito grande, y algo hinchado.)

Con Margarita ahora me gusta follar de pie; como si viene con la cántara de leche de la cuadra, allí se la clavo, en la escalera. Yo follar follo metiéndosela bien de una vez a lo tirón de anzuelo, primero le pongo la mano en la pechuga, luego se la bajo al coño y busco la dirección, y es de abajo arriba, varias veces, no cuento, va rápido (la Marga mira para otro lado, siempre me dice eres un puto conejo, te la voy a cortar), un día la madre estaba allí mirándonos cuando acabamos y la Marga medio suelta la cántara escaleras abajo de la sorpresa, y de lo nerviosos que nos pusimos (la madre abría unos ojos así).

Me viene la suegra a los dos meses, para ya con Margarita, vas acabar con ella, la estás dejando tísica, está en los huesos, me lo dijo de mala hostia – y me espeta aquello- la Margarita me vino ayer que le faltaba otra vez la regla. Yo la escuché con indiferencia hasta aquel momento, luego como que até cabos, me habían capado hacía ocho meses, y dicen que es radical, es como si hubieran echo un nudo con las ligaduras y tirado de ellas como un caballo.

Ahora ando obsesionado, miro a Crispin y es el vivo retrato del encargado de la Maderera la Reigada.

Me como la cabeza y me dan ganas de coger la escopeta.

Y un día la voy a coger, ya verás.

lunes, 15 de noviembre de 2010

TE ESTOY ESPERANDO SENTADO EN EL PASILLO.


A eso de las tres de la mañana el viento silbaba porque pasaba forzado por alguna rendija que desconozco, se deslizaba por las dos caídas del tejado, se arrimaba a las ventanas y no podía entrar, o agitaba la antena de la televisión por donde están esos redonditos de aluminio como dedos abiertos, iguales que las ramas de un árbol seco. Pero no silbaba como un alma en pena (eso es mucho suponer), silbaba llevando ritmo de bolero, y algunas veces parecía que fuera la danza del fuego. El caso es que silbaba así. Interprétalo como quieras. Si alguna vez escuchas el viento, imagínatelo igual que si estuviera imitando una balada hecha con músicas extrañas.

-Decir una sinfonía era mucho, aunque algunas veces también pensaba en Carl Orff modelando con sus manos aquel silbido a lo Carmina amatoria.
- Pero yo me puse a elucubrar sobre la muerte. Pensar que te vas a morir en ese mismo instante es un paradigma filosófico. No sé si Sartre habló de ese sentimiento. O si en el existencialismo tiene cabida todo lo angustioso como parte de la vida.

-A las tres de la mañana debes morirte, esa es la hora, no existe el destino, ocurre así en los hospitales cuando tienes la boca abierta buscando el aire; a las tres de la mañana hay un dios que recoge las cosas de las almas que están dentro de cuerpos endebles. Y todo empieza con mucho frío, y todo es por una casualidad que te ha traído a esta noche que es tú noche destinada, te han traído a este turno de noche y el viento te llama. En los hospitales también ocurre así, es el viento. Lo sé. Si estás allí sintiendo el viento todo es muy triste, por los pasillos alguien deambula con una camilla blanca, y huele a cuerpos abandonados con los ojos cerrados y las manos abiertas. Es la planta de las desgracias.

-El diablo dicen que invierte el magnetismo de la tierra a las tres de la mañana; para marear la perdiz. Resulta que el polo positivo lo tienes en la cabeza, y de repente se te pone en la punta de los pies (luego viceversa), y como tú eres un inducido hecho de cobre, te resientes.
-¿Es posible que no lo puedas sentir? Es como una fuerza de giro sobre ti mismo.

Pues me levanto. No hay nadie que tenga que soportar mis devaneos, por eso me levanto con frecuencia de mi cama, a las tantas. A ciencia cierta mi sueño era un hilo diminuto que me unía a la realidad; son esas situaciones en que sospechas que no has dormido porque tienes conciencia de que has soñado con el mismo entorno familiar; quiere decir que estabas allí y aquí al mismo tiempo cuando soñabas. Nunca te has ido.

-Procuro dejar la luz de la mesita encendida, es un nexo que me confirma a mi mismo que sigo vivo.
-Tengo miedos extraños desde que vivo sólo.
- Mi techo es la cúpula de la Capilla Sixtina, todo son manos y cuerpos que me miran.

Hay ruidos repetitivos que nosotros les ponemos palabras que suenan a esos ruidos.

Lo pude entender en un momento en que el silbido era algo gutural. No sé si los sonidos del viento son así o son interpretados, moldeados por un sentido extraño que los hace perceptibles, y con lenguaje humano. Por eso intentaba interpretar sus palabras, no puedo decirlo de otra forma, eran palabras del viento de Noviembre, tan consistente, tan metódico; si fuera un vendaval no sería viento, si fuera un huracán no sería viento de Noviembre que agita los castaños.

Y voy hacía el pasillo, y entonces comprendí de repente que me estabas mirando porque estabas en todo lo que me rodeaba, eras un ojo de buey inmenso y me veías semidesnudo acercándome deformado, primero diminuto, luego con mi cara plana y ancha, mirándote, adivinándote a través de mis ojos de humano que también trataban de escrutarte.
- Tú cara hecha de viento era como tú.
- Ululabas aquellas palabras tan insistentes.
En la cocina olía a empanada de sardinas, un desastre aquello, pudiera ser que nunca se haya limpiado desde hace dos viernes, o dos lunes, o dos miércoles, no lo sé. Abrir la ventana para ventilar sería interrumpirte, y no lo hice, me estabas diciendo que me querías aún, y que no estabas del todo muerta, reinabas dentro de mí, y me hablabas con monosílabos, sé muy bien que eras tú: no se caen cuadros, ni se mueven los floreros, ni agitas llaves de la luz, ni eres una sombra, me hablas a través del viento, y cuando te callas tienes forma de brisa.

-¿Puede el viento mover las sombras?
-En el otro mundo dicen que sí.
- Es cosa del diablo.

- No voy a consultar esto, hay demasiado escéptico. Y si para mí aún existes, que le puede importar a nadie que seas una aparecida o la niebla. No me gustan las elucubraciones. Sé que eres tú, incluso, a veces, puedo oler tú ropa a frituras de cebolla quemada en la sartén, y tú pelo mojado, y las dos gotitas de perfume de tú cuello. Y más cosas.
- Muchas más cosas que no quiero contar.

- Es eso a que os huele la persona que amáis. Ella olía así como os cuento. Así de simples los olores.

Me gusta acurrucarme aquí, es un vientre. Meto mi cabeza entre las piernas por si regresa el miedo, presiento que un día tú mano me acariciará con un leve roce, presiento que vendrás a verme y saldrás desde una sombra levitando y me dirás que no estoy bien, así como si me fueran a poner una camisa de fuerza para que no me de cabezazos sobre las paredes. La vida me ha descorregido porque no estás tú, y cuando me despierta el viento al dar la vuelta en la cama no puedo alcanzarte, y me levanto por si te encuentras aún en medio del pasillo.

- Sé muy bien que no estás muerta.
-Te estoy esperando aquí sentado.

domingo, 14 de noviembre de 2010

NO HAY PEOR COSA QUE UNA MUJER DECENTE.


Loverinbaby cogía la baqueta sin ninguna finura, como una sucia barriobajera, incluso te hacía daño de lo apresurado que lo hacía, era como una serie de fabricación, lo escupía todo sobre un orinal de loza lleno de estrellitas, y llamaba a otro.

Hubo un tiempo en que sentir era pernicioso, aún hoy lo es cuando te acucia esa necesidad que tienes en los momentos extraños en los que piensas (cuando ves ojos hermosos en la calle), que subir a ver a Loverinbaby era una solución corriente, rápida y económica si necesitas caricias.

Si vienes de trabajar y te tiras del autobús entre las hojas del otoño y vas desesperado es conveniente redimirse, y subes a la fábrica de Loverinbaby, una norteña echada en años que no se pinta la boca, y que se ha acortado el pelo para no tener que ponerlo sobre la nuca.

Como si fueras al dentista o al peluquero, Loverinbaby es una profesional, te coge la polla de la misma forma que un desatascador, te la manosea un poco si está flácida, si estás demasiado blando te manda a hacer puñetas, no hay pérdida te tiempo en los sistemas productivos, y llama a otro; así que mejor sube medio lleno, no vayas a ser un fracasado surtidor.

Loverinbaby es una boca abierta durante doce horas (más urgencias).

Luego de acariciarte como un verdadero sistema hidráulico de impulsión, puede llegar a soplártela (lo cual es un problema) de lo atareada que está. Por las escaleras hay un hormiguero de seres anormales, desarrapados, sin dientes, algún romántico o poeta con una flor el ojal; en los tiempos que corren parece que hubieran resucitado de entre los muertos.

-Los zombies necesitados de gargantas profundas.- Es el título-

Todos vamos a ver a Loverinbaby, una escocesa que chupa más pollas al día que todas las rameras del norte de España juntas, y que gradúa su boca a la forma de tú capullo, y que no dice nada: cobra, te siente, te abre y te chupa, lo escupe, y te echa; y le dice a la viejecita palancanera que la sirve: abre la puerta a otro muerto.

Esto es así, en estos tiempos, aun existen damas de la noche y del día como en la época de los fusilamientos al alba, damas esculpidas en la tristeza, que no llevan odio, y que te besan con la boca llena.

-Hoy iré a ver a Loverinbaby antes de ir a casa y tomarme una tortilla francesa.

-Estoy hasta los huevos de ver ojos tan hermosos por la calle.

-Para conseguir lo que te da Loverinbaby en un minuto, debes perderte en ceremonias insidiosas. (No hay peor cosa que una mujer decente).

sábado, 13 de noviembre de 2010

DEDOS.


Empiezo a tener síntomas de la dichosa dehiscencia folicular y necesito que alguien me meta el dedo, y que perdure el dedo, y que me remuevan sigilosamente mucho tiempo metido allí. He sacado un capote inglés extraviado desde ayer, tirándolo por la ventana sobre el toldo de la cafetería las Pérgolas. Mi marido, aparte de inofensivo, es un olvidadizo. Añil el día; (él) todo el día fuera, es como si tuviera ansiedad y sólo veo dedos. Tengo muchas horas por delante para abrirme el corazón y las piernas.

jueves, 11 de noviembre de 2010

DOS ESTADOS.


ESTADO UNO.
Pues también recuerdo que una tarde vi una serpiente de esa forma que andan las serpientes atravesando los caminos en medio de Junio y en medio del camino, así, no sé cómo decirte, pon el brazo haciendo vaivenes y los dedos juntos y tu pulgar debajo de los dedos, me es indiferente la derecha o la izquierda, y ahora la mueves ondulando; así iba la serpiente, como tú mano, por el medio, burlando piedras, temerosa; y eso que era una serpiente.

Yo era niño e iba caminando con los libros de la escuela en una maleta de madera que tenía un tulipán dibujado en la cubierta, no intentes hacer de niño porque no lo conseguirás, el caso es que era niño e iba por el camino, y vi una serpiente como tú brazo zigzagueando, como si te hubieras acostado sobre el suelo y quisieras asustarme.

Me quedé en el medio del camino, ese era el punto, y me entró un gran susto, quizás fue esa cosa en el estómago que era el miedo.

Salté hacía atrás.

Y entonces en aquella tarde de junio el viento se arremolinó, imagínate la brisa que sopla sobre el suelo polvoriento, y luego el polvo en hileras diminutas que suben hacía el cielo.

No intentes ser brisa, es imposible.

Cogí muchas piedras porque vi tú mano allí, y te tiraba piedras, muchas piedras, mientras corría despavorido, pero de cansado que estaba me tuve que parar delante de una cancela, y fue cuando me alcanzaste, y con tú mano de serpiente me arrimaste sobre tú pecho y me manoseaste la cara, y tú mano zigzagueante de serpiente me agarró por la entrepierna y me dio mucho asco, mucho asco de tus ojos.

ESTADO DOS.
Yo he visto flores que crecían en lugares imposibles, igual que aquella flor en particular que se posaba sobre tú oreja como si hubiera crecido allí toda la vida; y que cuando me acercaba a tú mejilla olía imaginando los jardines colgantes de Babilonia.

Mi bastón me sujeta del precipicio, soy con todos los años un equilibrio indiferente, ni estable ni inestable, indiferente, como si la muerte te fuera poniendo minas sobre los senderos del parque para invitarte a ir a gatas, como si hubieras dado una vuelta completa, y te acercaras a otro niño que viene hacía ti, reptando en esa forma de caminar en que aprendemos a ver la mismísima tierra antes de elevarnos cogidos a la nada

Y la memoria que me viene era de amapolas que había en la cuesta de los Brezos, antes de llegar al cementerio, en un borde de linde fabricado con piedras blancas, o lascas desgastadas por la lluvia. Y hoy como que estoy medio loco pensando en todo eso de una forma exacta, tan nítidamente extraña que me hace estremecer en este parque, y sobre este banco en el que me han depositado.

-Y había dos bocas abiertas la tuya y la mía.
-De eso aún me acuerdo.
-De todas las amapolas que te ponía sobre tu cabeza.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

GARRULO IMAGINATIVO CASADO Y BARBUDO.


Perdóname, ¿vale?, sólo te he pedido que me dejes afeitarte el coño, no es nada del otro mundo, que te tires en la cama y te abras las piernas y que me dejes y que me dejes y que me dejes posarte la espuma Gillette , y que me dejes y que me dejes y que me dejes repartírtela con los dedos o la brochita, y luego pasarte esta Gillette Fusión Power; qué no tengas miedo mujer, que no es un anuncio, es que me encantaría, y te prometo que no te cortaré; por estas, ¿vale?, que no te cortaré; su eficacia es casi infinita en cualquier inclinación. No te pongas así, ¿vale? ¿vale? ¿vale? ¿vale?
Anda mujer, desnúdate, ponte la bata y ábrete de piernas. No quiero llamar otra vez al misionero, es que me aburre cuando me empuja el culo.
Cuando estés rasuradita, te lo como te lo como te lo como y te lo como; ya verás como te gusta y quieres más.

-Con Gillette Fusión y espuma Gillette, no se te resistirá.
-¡Garantizado
!

lunes, 8 de noviembre de 2010

NO HAYA OTRO MUNDO PARA VERTE.


Perduras. Y te me haces en mi boca como si fueras un caramelo de vainilla. Y te recuerdo cuando íbamos a donde el agua era como orujo, traslucido, que en cada gota iba un reflejo con nuestras caras dibujadas, tus coletas no cabían, tus ojos eran así, no sé cómo decirlo. Y olía a alcohol y a hierba buena.

Y luego las chimeneas, que en Noviembre dejaban humo muy largo encogiéndose por el viento en una carretera infinita que sobre el cielo parecía un rastro difuminado de pensamientos.

Y ya estábamos enamorados como si el mundo fuera a acabarse y en el coche de línea llegase Satanás para santificarnos por todos los segundos de los segundos, no hacía falta contar por siglos.

Y estabas allí con tus manitas en forma de corazón que me apretaban despacio para transmitirme latidos y latidos.

Y éramos niños de hace tantos años que apenas si existimos.

Y no sé nada de ti.

Y te recuerdo, por si acaso tengo que morirme, y no haya otro mundo para verte.

domingo, 7 de noviembre de 2010

COMIDA.


He devorado un trozo de sentimiento como si fuera un solomillo poco hecho, a trocitos.Me había sentado donde servían cosas realizadas con amor, con un toque de comida llena de colores, como un Miró de viandas en una fuente plana llena de filigranas; y como no había guarnición te metí en el plato, y estabas cojonuda, te comí como si hubiera ido al Polo Norte y hubiera vuelto en unas horas, sin levantar la mirada, sin encontrarme con tus ojos.

Ahora te reposo, te llevo aquí dentro y pienso regurgitarte para recordarte y ponerte otra vez en mi boca.

-Son cosas de sabores.

-Sería dichoso no volver a tener hambre.

-Me da que no tengo para pagar la cuenta.

EL NIÑO QUE TENÍA LA CARA DE UNA POLLA.


Ayer vino de Utebo la prima Clara, le trajo aquel cuento de boca a la Mara, pues no es por nada, pero a tú niño se le está quedando cara de capullo, qué para que, fíjate en esta foto lo guapa que está quedando mi Marinita. Cuando llegué traía la espalda como una tabla de saúco, dolorida, la excavadora me está moliendo a palos, olía mucho a café, y aquel guirigay, las dos en la cocina tiradas por el suelo agarradas por los pelos, los cubiertos hechos añicos, amos amos amos, qué hacéis, se llamaban de todo, de hijas de puta para arriba, yo ya sabía que al niño le llamaban caracapullo en la escuela, pero por lo menos ahora está gordito, hace un año estaba tísico con piernas de alambre, y eso que ya va hacer la primera comunión en la iglesia Mudéjar, la que está desgastada por el pico, enladrillada, y tiene una cúpula que no sé como se sostiene, a Servandito le compramos un traje de marinero y un escapulario de madera y un misalito con tapas de nácar, con un corte de pelo a lo orinal como que se le nota menos la cara de polla, habíamos bajado a los especialistas de Zaragoza para que comiese más, y lo llenaban de potingues, jarabes que olían a chocolate y a melaza como a pez de pellejo, y el niño vomitaba más y cada vez estaba más tísico, entonces como que en secreto mi tío Graciano me dijo lo de la curandera de Barrellén, y fui a verla a escondidas a un cuartucho de mala pinta llena de estampas y artilugios y humos de maderas raras, por doscientos euros me dijo lo de la médula que había que agitarla y reponerla y que la mía era del mismo tipo, la Mara tiene dos arañazos debajo del ojo derecho, como que a poco se lo llevan por delante, las mujeres con las uñas son como un drogata en la abstinencia con una navaja trapera, dominadoras, y que yo creo que al Servandito le he pasado lo del adn, como a uno de Cariñena que le trasplantaron un hígado de vinatero, y que ahora le da al morapio, las células deben de llevar los sentimientos, que la de Barrellén me dice que era lo que más le gustaba a Servandito, y yo le digo los yogures de fresa de la Central, es lo único que no devuelve, y me dijo lo de la médula y los líquidos seminales del mismo signo, y ayer de trempado que estaba me da por darle la vuelta y ponerla mirando para mi antes de clavársela a la Mara, y que veo en ella la misma cara de Servandito con aquella boquecilla por donde sale la meada, y que se me asemeja, y que me entra un escalofrío angustiado que me destrempa, con la Mara allí esperando con el choto abierto por sus dedos, y que me da, sí que me da la angustia y ato cabos de mi secreto inconfesable que solo sabe la bruja de Barrellén y yo, de no sé cuantas veces entre en el baño, a escondidas, y me la casque dentro del yogur del niño, un día tras otro hasta casi volverme tísico yo mismo.

viernes, 5 de noviembre de 2010

PÚRPURA.


Había un atardecer de esos que tienen todos los colores en uno sólo, eso que es azul, luego un poco rojo y todo se acaba difuminando en blanco para pasar al negro más absoluto. Bueno, quiero decir eso, púrpura; para que te lo imagines. Yo estaba allí sentado sobre la hierba pensando que tenía que volver a la ciudad aunque nadie me esperaba.

Si vas a ver un atardecer habitualmente hay un precipicio, una atalaya y muchos más locos desesperados mirando aquello tan indescriptible y único. Te haces reflexiones. Por un lado no puedes dejar tú mente en blanco. Tú y los otros locos mirando, ah, y los enamorados como flotando en el deseo y en cosas de la carne. Pero el atardecer cambia, va presumiendo de colores, hasta morirse el horizonte sobre un manchón muy negro.

En estados existenciales, nuestra mente sólo administra sensaciones.
El estado existencial es una alucinación de la realidad.

Si giraba ligeramente mi cabeza, la ciudad estaba allí a lo lejos como un carrusel de luces de colores.

Una vez no volví a la ciudad, que era lo previsto cuando había salido. No sé lo que hice para desvanecerme, es como si te volvieras invisible (eres invisible con sólo pensar que nadie te ve). Me dejé dar vueltas como un saco de patatas, aún recuerdo cómo daba vueltas todo aquello, si abrías los ojos unas veces el cielo estaba arriba y otros el cielo estaba abajo y era un mareado arriba y abajo arriba y abajo, como si te fueran a hipnotizarme con una espiral. Creo que cogí velocidad, no era impulso, era constante, daba vueltas sobre la hierba verde como una rueda de carro. Me sabía a sementera aquel rastro de raíces; sentí el dolor de los zarzales que me arañaban; y el olor a orines de perro y a humo de fábrica. El caso es que en un momento – instantes que no preciso- estuve en el vacío, y fui como un chiste pero en serio, algo ingrávido y muy pesado que se iba a dar el gran trompazo sobre las rocas.

Hubo un mar allí abajo con dientes afilados como si la espuma no fuera una casualidad sino la ira. Y sé que me encontró el mar a las dos horas, y suavemente me elevó sobre un vergel de plantas ocres que bailaban; también supe que el mar había limpiado mi sangre como si mi madre se lo hubiera dicho desde el otro mundo; y que empecé a flotar mágicamente con mis brazos estirados.

Alguien lloraba sobre el Malecón cuando una barca de socorro me trajo a esta orilla de los vivos.

Yo pescado en un trasmallo como si llevara un traje de lentejuelas y peces en mi boca, y los ojos así abiertos, y una planta marina sobre mi pecho, medio desnudo y con un rictus de alucinación y de locura (el mar te devuelve tal como eras si los peces no te devoran la cara).

La mañana se había abierto y ni rastro de las luces mortecinas de la atardecida.

Quizás estaba todo más alegre.

Quizás debería de haber esperado.

Quizás quizás quizás quizás, ya no percibía que era muy tarde para razonar otro tipo de suicidio.

jueves, 4 de noviembre de 2010

SOBAOS DE ASTORGA.


Tengo mi casa llena de sobaos de Astorga de tanto que he pasado por la caja del Mercadona para mirarte a los ojos. Ahora que te lo he contado ya lo sabes. Y no me da vergüenza decirlo: me jarté de sobaos.

Caminas aún como si me llevaras metido dentro de ti, y yo ando alelado con esa risa beatífica a lo Murillo que me pones, como si anduviera encantado por el don del amor. En el autobús se me aprecia un aura de santidad con cierto resplandor fosforescente, y me dicen, oiga, usted es un santo, con esas pupilas tan dilatadas, porque cuando me mira usted se me quitan las penas, tóquele a mi niño en la cabeza, lleva desde hace dos semanas unas anginas de caballo; pues póngale cataplasmas en los cojones, no te jode, con la pécora, o lléveselo a Benedicto (el dieciseis).
Pero si es que sueño que te llevo la polla metida hasta el mismo anillo del condón, aquí al lado del conductor urbano, y como se mueva mucho a tirones palante y pa tras y pa los laos, creo que me voy a correr de gusto sobre la botonera de los intermitentes.

Ir erecto por la vida tiene sus incomodidades, te llegan a doler las criadillas, pero cuando pienso en lo que pienso se me sale el capullo por el agujero de los calzoncillos. (Fíjate en los asnos, se lo piensan con las asnas a botafumeiro a la intemperie y en nevada).

Yo antes tenía ojos de casado muy tristes, lo notas a la legua, los casados tienen esa pesadumbre que da la misma aventura en el salón, que si hoy me visto de Curro Romero, y tú de monjita de las Teresianas en la enfermería de las Ventas, yo con una cornada intraabdominal y una trayectoria ascendente hasta el mismo píloro, o qué sé yo, en ese sitio donde hay mucho dolor (todo figurado, vaya).
Y aún así, mi mujer vestida de Teresiana no era follable, cuando le levantaba los hábitos era siempre lo mismo, acaso, cierta novedad con el roce de la cofia, y lo pesado de los volantillos. Quiero decir: triste triste triste. Otras veces se ponía un simple mandil y hacía de ama de casa a lo finolis, todo lo otro en pelotas; pero si yo llegaba, así, tan cansado, le veía aquellos rosetones en las nalgas y no me ponía ni para una simple inyección con la puntita nada más (sin toda ella hasta el capuchón).

Me dice, tú y los sobaos, se te va a poner la diabetes sobre doscientos ochenta cuando lo normal son ciento diez, y es que el dulce, no es bueno, lo raro es que tengas doscientos ochenta y ocho paquetes de Astorganos, como que no debes estar muy bien de la chola, aunque siempre fuiste algo extraño. No me convences.

-Tendrás que llevarle más a mi madre.

-Nos vas a matar a todos con tanto azúcar.

El día que me levantaste la mirada después de aquel hola, buenos días, protocolario de super, me pareció ver las cataratas del Niágara con toda la espuma blanca y lleno de arco iris, antes de eso te miraba el mandilón amarillo oscuro, y los lacitos en forma de mariposa posados sobre tu culo. Que lo tienes tipo mini, un poco bajo a mi parecer; pero me trituras como una minipimer y me vuelvo picadillo de chorizo cuando te mueves sin estar ni siquiera enchufada a la corriente.

-¿Sólo los sobados?
-Si, si; lo otro es de esta señora.

Un día tuve que llevar Fairy porque no había sobaos, y no me lo pensé mucho.

-¿Sólo el Fairy?
-Sí, sí; el cartón del Savin, y los tres litros de cerveza son de este desdentao, del drogadito, vamos.

Y para que me compraste este lavavajillas, a mi no me gusta, deja las manos como papel de estraza. Yo te noto raro, últimamente no te abrazas mi. Y además me traes Fairy, de qué, Fairy de qué, cuando te dignaste tú a fregarme los cacharros, de qué todo esto; me mosqueas y no hace calor.

La noche anterior, a eso de las diez, había bajado cuatro bolsas de basura de las grandes llenas de sobaos mugrientos, con esa pelusilla gris que se les ponen a las cosas de tanto querer vivir como sea, en puro hongo húmedo y rastrero.

El mendigo que rebuscaba en el contenedor de inertes, me dice, que me vas a matar de tanto brazo de gitano, que son sobaos, tío, que te pierdas, gilipollas.

Y me llamaste cuando volvía hacía casa, y fue como si hubiera salido la luna, más redonda que todas las veces que salió redonda, y tan grande que se veían las salinas del Mar de la Tranquilidad a simple vista.

Y quisiste lo del Hotel. Lo habías pensado (el escondido). En los hoteles no te come la soledad si son nidos de amor; si no son nidos de amor, lo mismo te pudres. Mucho más solitario que el desierto del Sahara, es el vater de la habitación de un hotel cuando vas a cagar muy estreñido.

En el hotel del Muelle (olía a ocle) lo primero que te comí fue el coño. Tengo esa costumbre ceremoniosa, suelo determinar previamente el ph. con el dedo, así, como que no te va la cosa, mojas el dedo índice y te lo hueles, ¿todo bien? pues para el coño pitando que se enfría, no no no no, aquel día directo a refocilar como un cerdo, luego se me puso como un sacacorchos, enroscada, a lo garañón de cochino y creo que te monté cuatro veces, una sin sacarla, y es que los casados cuarenteros andamos muy salidos, y ahora que Octubre puso este cielo tan gris, como si hubiese losetas del ayuntamiento sobre poniente, voy en este autobús más enamorado que la hostia, con cara de angelillo, a lo santo, haciendo milagros con los ojos como si fuera un tonto de pueblo, a llevarles dos cajas de sobados a mi suegra y a mi suegro, de los que aún no tienen pelusilla.

A la vuelta te llamo y ya nos vemos.

martes, 2 de noviembre de 2010

PARA SABER QUE AÚN ESTOY VIVO.



Con una mano voy comiendo pistachos dorados y con la otra llevo a mi abuelita cogida de la cintura, mi abuelita es muy menuda, y yo no tengo otra cosa que hacer que comer pistachos y ponerla sobre una silla mirando a la ventana. A la abuelita le pasas la mano como si fuera un limpia parabrisas y no se inmuta, no se le mueven los ojos, los labios los tiene un poco abiertos y se le cae un hilillo de baba transparente, mi madre le pone un pañuelo y un rosario entre las manos, pero es un poner por poner, o por la costumbre de cuando hacía aquel bisbiseo e iba contando las perlitas hacía un lado.
No sé cuando morirá mi abuela.
-¿Y si se muere pronto?

Mi madre me dice que si se muere mi abuela las vamos a pasar canutas.

Me llamaste tú por la mañana ya lo he visto en mi móvil, pero como que hoy no puedo ir, estoy viendo las flores rojas de los geranios de la ventana, y el edificio de enfrente, y de vez en cuando palomas rasantes que vuelan como si les fuera la vida a la hora de pasar con ese zigzagueo que no sé a donde las lleva. Si por casualidad entra el sol corro un poco la silla de la abuela hacía esa marca que separa el mundo de la luz del mundo de la penumbra, y le levanto la falda por lo de la vitamina d, y le veo aquellas piernas tan delgadas como una varilla de paraguas, como si fueran de un ser recién redimido de lo más horrible de Auschwitz.

Ya te dije lo del sol, lo de las piernas y lo de los ojos, y puede que no me creas; también te dije cómo huele a niño pequeño mi abuelita. No sé si lo entenderías lo importante que es la abuelita para el equilibrio familiar. En eso de los viejos que no se te ocurra quedarte así. Y si te quedas, que la familia te necesite para vivir, te estirarán la vida con cierta dignidad, aunque no distingas las flores rojas de los geranios, ni puedas sorber la baba, y en tus ojos no se aprecie ya el alma, y te hayan puesto un rosario de perlitas negras, que ya no cuentas, por si te da por morirte de repente.

Si vienes a verme, tráeme más pistachos dorados, y si no está mi madre nos metemos en el baño y haremos guarrinadas.

Mi madre me dice que antes o después todos acabaremos así, si no nos morimos antes.

Si te vienes trae pintada tú boca del color de los geranios, me gusta lamerte los labios mirándote en el espejo para saber que aún estoy vivo.










lunes, 1 de noviembre de 2010

CELOSON.

Llegó; y así según venía la besé y mi lengua recorrió todo su paladar, incidiendo mucho en los molares y premolares. Yo la beso así, por si encuentro a alguien escondido, y mientras lo hago registro palpando su ropa: algunas llevan al otro debajo.

Luego me dio la mano y le miré las uñas con las gafas de cerca por si había rastros de piel, siempre quedan restos de caricias (escamas del otro), los hay muy sucios que tienen la piel como la lija del catorce. Y la olí como un perro. Allí mismo. Es conveniente debajo del vestido, y por la zona de la bragueta (si llevan pantalones), quedan miasmas, efluvios de perfume corpuscular en la zona de las ingles. Hay hombres que se perfuman por ahí, para que se la mamen más a gusto (a pesar de todo, ella no me parece una mamona, pero no me fío).

Su bolso. Dame el bolso, anda, mujer, siempre me gusta mirar lo que llevas; y dame otro beso, esta vez méteme tú la lengua, tengo que revisar tú frenillo.

Y el paraguas. Ábrelo. Dijo Noviembre que nos ponía lluvias, y así  para prevenir ya lo llevamos abierto.
Muy importante el paraguas: quedan olores, y al abrirlo flotan un instante, y tú haces un gesto de estornudo, y lo captas.

No echamos un polvo, y eso que me parecía necesario, antes de la penetración reviso los contornos. No soy mucho de conilingus (son una guarrada), ella piensa lo contrario, muy a pesar de mi reviso con los dedos su monte de Venus en busca de algún boy scout, mientras me afano con la lengua en su fábrica de harina de pescado.

-Oyes. Y no la mires gilipollas, que te doy dos hostias.

-Ella me dice: celoson, que eres un celoson.

Y NO DILATAN.

Le estuve dando por el culo a un extraterreno pero no me gustaba nada. No hay como lo de este mundo. Siempre me decía, pues yo soy de la galaxia Seyfert y allí lo de darnos por el culo es algo muy normal. No hace falta pedir permiso. Para entendernos yo le llamaba Ciclotrón, por la forma que tenía de moverse, como en círculos ovalados, con movimiento armónico acelerado, eso lo hacía pero que muy bien. Lo de moverse.

Lo que no me gustaba era su boca, sabía a silicona de sellado, muy mineral, tirando a barro de camino, ocre, nada que ver con sus pedos que olían a uvas machacadas. Lo bueno que tenía eran sus orejas, en la última envestida las cogía a dos puñados, y daba aquella voz sintetizada, como diciéndome: ahí, aguanta ahí, dale ahí.

Los cuerpos cavernosos se me ponían hinchados como las croquetas de la abuela.

Me viene un día, búscate a otro, a mi no me jodes más. Fue una mañana de Septiembre, lo recuerdo, gris militar en el cielo, en el parque Güell, se sentó sobre un lagarto cabalgando sobre su cresta azul, y me comenta: escucha por la boca de este desterrado, y yo le puse la oreja al lagarto, y me dice, me voy, te dejo, me vienen a buscar al pirulí del Tibidabo mañana a las veinte cuarenta y tres, post merídiem.

Ahora lo hecho relativamente de menos. Considero que fue una experiencia irrepetible. Pero me duele mucho el capullo por los esfuerzos, lubricaba con rastro amarronado y gelatinoso. De nuevo tengo otra relación para empujar  mierda, echaba de menos esa sensación de tocar algo tan terreno; los tubos de acero al carbono son angostos y no dilatan.