domingo, 31 de octubre de 2010

Y QUIZÁS MUERTO.


Me había puesto en aquel bosque un sueño improcedente. Sólo se cumple la teoría de la relatividad en los sueños, no sabemos como son de cortos, cómo son de largos y los relojes siempre están parados. Estaba puesto allí, en un paisaje que sólo existía para mi, no había un paisaje igual en todo el mundo, porque aquel era mi sueño y mi paisaje.

Digamos suelo con líquenes escamosos, líquenes traslúcidos de gelatina y otros como lanas de colores, y las rocas y las maderas muertas recubiertos de grotescas formas de líquenes azulados; setas lisas y brillantes en forma de sombrero, y avellanos, castaños, tejos, abedules y robles centenarios. Todo eso estaba viendo.

Y de repente los observé allí al fondo como una procesión. No existe la luz usual en los sueños. Ya lo sabes. Si sueñas cosas de amor te despiertas en ese sutil momento y te quedas extasiado, qué pena un minuto más, piensas. Pero este sueño era lúgubre, estaba yo solo esperando en un sendero, con esa sensación de amordazado, inerte, que los sueños dan (presa del pánico) y quizás muerto.

sábado, 30 de octubre de 2010

¿SERÁ QUE AÚN TE QUIERO?


Yo sabía que te habías metido mi cepillo de los dientes dentro de tú coño, por eso me sabía tan dulce. Quizás no fue el sabor, lo noté por aquel pelo tan rizado que había sobre sus cerdas. Se dice así.

Si me das un café a estas horas me pongo a cien. Ya han abierto el portal y vuelan cientos de mariposas por el rellano, y dentro del ascensor huele a pan del súper; y me da que hoy tenemos fabada de bote y un poco de sobrasada con pan de molde.

Llévame contigo en esa hora demás que tienes hoy, y no me discutas si es más de tarde o más de mañana, tú seguirás siendo igual de guarra a cualquier hora, percibo tus capas de Rexona en distancias largas.

Lo único que te pido, si tienes la bondad, es que no te peines tus pelos del coño con mi cepillo de dientes. Yo tengo un aguante. Y estoy llegando al límite.

Cuando te vas aún te beso en el rastro de carmín que has dejado hace dos semanas en el borde de la taza del café.

-Y siento un estremecimiento.

- ¿Será que aún te quiero?

jueves, 28 de octubre de 2010

Y ME SABRÍAS A GLORIA.


Me ha vuelto a pasar aquello de meter la mano en los bolsillos para buscar algo que se me había olvidado -eso que hacemos tan de repente y con cierto susto-.Pero cuando voy contigo no es susto, lo que hago es tocármela de tanto que me pones y me pones. Escucha: tocan el violín en la Calle Martos y parece que los árboles aletean las hojas a ritmo de balada, y es que tú vas conmigo y pienso en eso, como si fuera leyendo por entre las nubes un poema desesperado del poeta más maldito, un poeta que no dice nada -los poetas, si te fijas, al final no dicen nada. Son un delirio de arrogancia, están locos, sufren de excesivo amor y algunos son peor que las alimañas-

Ocurre que me gustas y no hay remedio, me pongo a decir sandeces, escribo intercalando cosas de la gleba para parecer duro, pero en realidad soy un flanin el niño lleno de caramelo negro, que vibra cuando das una palmada en la mesa, para decirme !que tengo que trabajar que tengo que trabajar que tengo que trabajar!; mientras yo me sorbo el postre por aspiración, y le paso la lengua al plato mirando para ti que eres la nata que le falta

Perdidamente enamorado es poco. Como ando sin trabajo y sin oficio, a lo señorito, estoy todo el día pensando en ti, no tengo otra cosa que hacer, pensar en ti, y esperar a que mi madre me ponga el plato de alubias o lentejas de colores llenos de marrón, o sopa de letras, y un plátano, y si quieres agua puedes beber la que quieras. Luego duermo la siesta y miro las musarañas del techo, y veo pareidolias en que te beso y te devoro como un monstruo. Quizás en esta postura es cuando me vienen esas ganas de tocármela suavemente (cuidado, tocársela llegará a ser pecado).

Algunas veces pensé en delinquir, no me van los trabajos que me buscas. En los andamios ya se suben los hispanos, los hispanos también pintan y reparten y llevan viejos y lloran algunas veces de soledad. He querido delinquir en esta postura, en esta postura, ensoñando: -he sido un John Dillinger haciéndome una Caja al día y sin compasión (mi dedo es rápido, mi cara de malo, mi bigote bajo, y mis labios violentos y delgados arrojando gotas de saliva sobre el cristal blindado)

-Qué va.
-Pero, qué va.

Pero pero pero, entonces me viene al pensamiento tú cara de limpiadora con tú uniforme de La Blanca bordadito, y tú cara de peruana que me gusta, y me quedo quieto pensando que no merece la pena ser un delincuente mientras mis manos sujetan la cabeza para que no se hunda en la almohada de tanta elucubración. Y es que creo que te quiero aunque me huelas a lejía y a desodorante; cuando te beso encuentro granos dorados de maíz en tus amígdalas, y no me da asco nada de ti, podría fagocitarte entre un huerto de amapolas, y me sabrías a gloria
.

miércoles, 27 de octubre de 2010

YA TE EXPLICARÉ.


Yo al Mitos no suelo ir mucho. El Mitos es de más abolengo, mu limpino, lo mismo te encuentras a un Borbón que a uno de los chalets de las Lomas. Yo soy más bien del Yuma, el que está por la carretera de los Monumentos, o del Elvis, viniendo por la vieja desde Oviedo. A las tres de la mañana me dio por meter el coche rezagado, al bies, para que no se viese la matrícula con los reflejos. Si vas al Mitos te acojonan los dos láser que suben al cielo igual que la estrella de David guiaba a los reyes magos, casi puedes llegar desde cualquier parte del universo, es un decir, para ir de putas no hace falta llevar brújula, te guía el super nabo marcando el norte en la bragueta.

Ahora que cuento esto acaban de dar un portazo. Me lleva dando portazos desde lo del carnet de identidad, me lleva dando portazos con los ojos desde lo del carnet de identidad, me lleva anunciando sublibidinalmente que se va que se va que se va desde lo del carnet de identidad; nunca me había imaginado que una mujer que tiene los ojos como dos diamantes se le puedan poner como pedruscos a lo marrón, del color del barro, de tanto odio que me tiene. Desde que tuvo que ir al Puesto con el carnet de identidad le miro a los dedos por si le salen garras de hiena, para apartarme como un guerrillero, para tirarme al ras según entras al salón, o para guarecerme en el baño por si se me arroja desde una lámpara a la misma yugular.

Resulta que entré medio encogido por el frío (el buen putero profesional entra altivo y bien lavado), yo no yo no yo no, como si me hubiera dado un cólico nefrítico, es como cuando se agachan los gatos caseros sobre la alfombra y se creen que nadie los ve, y los estás viendo, entré casi rampante por el suelo. En el Mitos hay tres máquinas tragaperras, una al lado de la puerta que va a los servicios (en los servicios hay otra puerta que va a las habitaciones, todo se queda en un mear sigiloso, simplemente vas a mear y vienes de mear – esto de cara a la opinión pública -) y están toda la noche lanzando destellos de colores y su musiquilla carrusel entre un crepitante Je t'aime a lo mix. La oscuridad no es plena del todo, la puede una tenue bruma verde, y por el borde inferior de la barra, culebreando en forma de escalestric, sale una luz muy roja que pone las caras de fantasmas, casi grotescas, a lo zombie, a lo Nosferatu en las películas mudas.
Cuando entré había varias docenas entre clientes putas y chulo putas; estaban distribuidos por la barra parejas formadas por las circunstancias y en negociaciones de polvo sólo, polvo y mamada a la vez, o mamada sola sin condón, o por el culo con condón, o por el culo a solas, o tú me meas y si tienes ganas te me cagas encima, o me haces de ama y yo te meto la lengua por la raja del culo bien abierto, guarrinadas a la carta; y por las esquinas en posturas desganadas muchas mujeres como si estuviesen distribuidas, casi desnudas con el choto al aire, por un avezado director de puesta en escena en marketing putero.

El muestrario humano es miserable si lo contemplas con prepotencia de narrador, que va a esos sitios en que le muestran un mundo patético que nunca llegará a describir. Si vas de narrador subido lo tienes jodido. Mejor meterse en la escena y luego recuerdas como se te mojaba la lengua cuando comías un coño mucho más sucio que el que tienes en casa durmiendo, reposadito, y todo tuyo, para toda la vida hasta que se vuelva como la mojama.

Ella ahora no cena conmigo. Yo llevo diez días comiendo latas de bonito La Marinera en un pan partido. Me como los bocatas en el salón con un bote de cerveza, y luego me quedo pensando hasta el eructo, como va a seguir esto así de tan mal puesto, y si la vida me va a seguir tan rara, o si aquí va llegar el día en que no se pueda respirar de angustia, porque la noto muy violenta conmigo, se fue para la otra cama y hace por no coincidir, y es como si viviera sólo con un animal doméstico que se esconde.

Entraron las beneméritas pegando palmadas, vaya plan, iban en hilera como una falange, la primera que era sargento bien rellena y toda verde, o más verde, las otras también de verde pero parecía otra cosa, a lo modoso, muy marciales, y a palmadas, !atención!, !atención!, luces luces luces luces prendan las luces, y se vuelve todo de neón blanco hasta dañar los ojos y empezamos a conocernos todos los conocidos, mirándonos en nuestras posturas como murciélagos en una cueva invadida por la luz de un relámpago, lo que era sombra verdosa se vuelve nítido y tan real como la sala de espera de un dentista. A ver a ver a ver, las hispanas a un lado, las rusas contra aquella máquina, las españolas dentro de la barra, y las moras al lado de la puerta, así distribuidas las puso la benemérita sargento, y los hombres contra la barra y sacando el carnet de identidad sobre el mostrador.

Yo algunas veces parece que no tengo huevos, me ocurre cuando me pongo nervioso, se me vienen los ganglios de la entrepierna para alante, se me hinchan y no los siento, y además tenía un repentino cosquilleo de piernas, una afloración, digamos. Yo llevaba el carnet de conducir y le digo a una benemérita con poses de yudoca, no llevo el de identidad, pues eso no vale, ¡el de identidad!, y si no lo tiene se sube usted al autobús con todas estas.

Y me subí a un autobús, que casualidad, de color verde con el frontal protegido por una malla metálica y muy feo, y estaba lleno de moras, hispanas, rusas, y cuatro españolas que decían que eran de Talavera y Herrera del Duque, y que y que y que por qué ellas allí si eran de la patria, y a callar, la benemérita sargento, ¡siéntense ,y a callar!; había incluidos tres chulos apalancados con pantalón muy, fijo dos camareros con cara de rifle, y un portero con espaldas y pose de guerrero a lo Chuck Norris..

Y la llamo a las seis de la mañana, Mariíta,¿me oyes, Mara? ¿Te he despertado?, calla calla calla calla calla calla ¿Dónde estabas, llevo toda la noche sin pegar ojo? Bueno, mira, no sé como contártelo, necesitaba que te acercaras, lo antes posible, con el carnet de identidad al Puesto de la Guardia Civil, el que está al lado del colegio de las Teresianas, coge un taxi, ya te explicaré.


martes, 26 de octubre de 2010

ESTÁ CONMIGO EL SUAVE SOL DE OCTUBRE.


Alguien en cualquier momento tuvo que vestirse por primera vez. Yo ahora me estoy vistiendo sin tener recuerdo, sin saber por qué esta ropa se encuentra aquí sobre la silla, y si en realidad es la mía. Uniformarse de ciudadano anónimo es algo incómodo, se hace sin ganas, algo así como desprovisto de ilusión, hecho con escasa inercia vital.

Detrás de la luz de la mesita tengo la sensación de que soy un verdadero aparecido.

Sólo tengo noción del último sueño, aunque no lo recordé, pero tengo esa sensación angustiosa de que he soñado con un féretro; logré dormirme profundamente muy tarde casi cuando regaban las calles, y los camiones aparcaban para el suministro a los supermercados, y cuando alguien cantaba de esa forma en que lo hacen los desesperados, entre ladridos de perros hambrientos o maullar estrepitoso de gatos en celo.

Ocurre que esos sonidos me devuelven momentáneamente al entorno por lo familiares.

Los seres mayores que viven solos, sin estar mal acompañados, tienen sus vicios, digamos rutinas, ceremonias o ritos, y también tienen miedo. Existe esa reciprocidad existencial entre los objetos históricos que los rodean y sus pensamientos, están avezados a eso, a la contemplación y al descubrimiento de lo que les lleva atados a la vida llena de recuerdos marchitados. Pero también lloran de esa forma solitaria, doblemente dolorosa, porque llorar sin que te vea nadie es doble soledad.

A ciencia cierta no sé lo qué haré hoy. Descubro ahora que me merezco estar aquí sentado mojando galletas sobre el café con leche (lo he ganado a pulso). Frente a mi un almanaque me dice tal día de tal mes y de tal año; no importa. Estoy condenado. Es el estigma de esta civilización (seres) innumerables seres solos reflexionando sobre lo existencial y la casualidad, contando el tiempo por venir; y seres muriéndose de hambre que no miden el tiempo porque no tienen tiempo, y en el punto intermedio seres ágiles en movimiento anárquico (browniano), llenos de angustia porque llegan tarde a todos los sitios y no son amados.

En realidad, Seres: sustancia.

Bajar las escaleras es descolgarse sobre la escala de Jacob, tienen ese olor almacenado por la noche y el pasamano frío. Giro despacio y me prolongo vuelta tras vuelta pensando con determinación que será de mi en las próximas horas, todo tan cercano e inmediato; para qué esa obstinación obsesiva de pensar más allá de la claridad del portal, invadido por una geometría blanca de luz, sin penumbras, que deja pasar la puerta entreabierta.


Si llego hacer algo inmediato lo meditaré previamente (me lo prometo): que tal si me embarco en una faena de caminar entre baldosines y voy al parque a ver los pavos reales haciendo poses de abanico; que tal si me siento en un banco donde los arcos de los rosales filtran levemente lo imprescindible del sol , y cierro los ojos, y no pienso en nada; porque no recuerdo casi nada, ya no recuerdo si fue hoy o fue ayer, o hace milenios, cuando me he vestido por primera vez.

Estar aquí es una bendición que sólo agradecemos los viejos (qué más puedo pedir): Esta conmigo el suave sol de octubre.

domingo, 24 de octubre de 2010

BESO.


Las certezas quizás se hayan desfigurado; quizás viva en el mundo de las probabilidades, no estoy seguro. De todas formas voy caminando con esa sensación de que se me ha olvidado algo. Quizás sea algo tan simple como un beso, pero no recuerdo bien. Entre este hormiguero memorizo alguna cara que se cruza en mi camino, pero nada es exacto. Si ves el polvo a través de la luz, yo soy una mota, y esas son mis probabilidades de que vuelva a encontrarte para darte el beso de despedida.

CON LA POLLA CARA AL SOL.


Me cortaron el frenillo en agosto del sesenta y ocho y estuve todas las mañanas de la semana siguiente tomando el sol con la polla fuera. Una mañana del julio anterior, Micaela, la mujer del Guarnicionero intentó quitarme el virgo, sin quererlo, en el pajar del Suco, mientras cuidábamos las vacas. Se me sentó encima, me engatilló como a una deslizadera con sebo, y se dejó caer sin avisar, de repente, tenía un culo xata, así, que no puedes ni imaginarte, yo empecé a sangrar como un gorrino, los dolores fueron en aumento y tuve que ir a Don Minervino. Me dio mucho corte explicarle la herida, pero acabó de arreglarlo con un bisturí de capador, y me dijo lo del sol, túmbate, sácatela sin la venda, ponle mucho yodo, vete al resguardado de las camelias, el sol lo cura todo, y así fue, se me fue poniendo de carne viva a carne rosadita y de allí a lo curado con una ampolla escamada (fue un trecho que no duró mucho tiempo).

Yo con el ganado que pastoreo no me aprieto ni rezongo jadeos. Ni me ilusiono con amores de cuatro patas.

En el pastoreo se dan mucho esas cosas de los animalismos. Eulogio cogió una gonorrea con una cabra parda en Loxou, en la ballicada que está al lado del río. A Don Minervino, el médico, le dijo que hubiera sido en Sarzol, con la Pertona, la viuda del Pernelo, pero yo sé que se lo hace con la chiva, se sabe por lo arrimada que la lleva a él mismo, el rebaño vuela con los mastines, pero la chiva le tiene cariño y se arregaza, y no es por olor a pan de centeno del zurrón, la lleva encariñada a la chiva (las chivas que obtienen gusto con humano se vuelven cariñosas, no les falta más que pintarse los labios).Y es sabido lo del Mirloto con una cerda piedrain medio ayorada, muy dócil, alta de piernales y estrecha de cuadriles, con buena postura para el envergado sin necesidad de banqueta ni cercal de ramería, se sabe que la aprieta en la corrada, lo han visto, si que lo han visto -la salvó del cuchillo dos otoños seguidos; por algo será-.

Tomaba aquí el sol entre las camelias del cura y me ponía adormecido. Estaba lejos el campanario y la vuelta del cementerio, los domingos las campanas no tocaban a muerto, (si no había podrecido), tocaban a misa, y una hora allí antes de la rifa me cundía con la polla fuera.

Cuando se puso buen color la carnada, a los dos meses, me estaba debajo del peral jorobado del comicio; las cabañesas de la Micaela enfilaron por donde el reguero del Suco, al lado de la presa de Arbón, traía el moño puesto y le hice señas. Bordee el pajar por la parte que da a las cepas tintas emparradas -disimulado por la yedra no se ve desde el otro lado del río-, y entre para el pajar -¡como que me tiré ansioso entre el olor de la secada!-, pensando, ven a bajarme el culo desde el firmamento, y vino y vino y vino, y se me tiró con las bragas bajadas y todo lo que tenía y yo relinché pero de gusto, que estoy bien desvirgado , y a mi no me gusta animal dócil, a mi lo que me va es que la Micaela se saque conmigo las penas y la soledad que le da el Guarnicionero, cayéndose con rabia, que ahora tengo el capullo para dar gusto y muchas rosas.

DON BENITO DE GUIO. (BOCATA GUINNESS: DATOS TÉCNICOS).


Le digo a Damián, cómo será el bocata, el bocata será de salchichas, de carne guisada y llevará callos, carne de pollo; otra parte para vegetarianos con lechuga, tomate, bonito, cebolla, pimientos, endivias; de todo esto casi una tonelada. Irá por sabores. Calixto me dijo ayer que empezaríamos a la seis de la mañana a colocar los tableros y las crucetas de taburete para soportarlo. El Ayuntamiento y la Caja de Ahorros nos dejaron las vallas y las tarimas. La cosa empezará en la calle Puertoveas, seguirá por la avenida Belchite y acabará en el callejón de Costanilla; total un kilómetro y medio de bocata.

A las seis y media llegaron dos avias descubiertas y dos furgones nevera de la funeraria, y una carroceta con guinche de tiro (de las de la madera) llena de riches de un metro de largo y ciento veinte centímetros cuadrados de sección de miga, para que chupase bien el jugo. La Panadería de Pacho y la de Lelo, estuvieron veinte y ocho horas haciendo pan de mezcla con un poco de centeno, maíz, y poca levadura, así abre mejor. Era una delicia ver aquella montaña en forma de pirámide repleta de pan dorado.

Paco el de Sampiero, y ocho ingenieros en prácticas quedaban abriendo aquellos chuscos gigantescos con una sierra fina de carpintero.

Por allí llegaban montones de palomas desde arcados de los soportales, porque en el aire flotaban migas como copos de nieve, y empezaba a desprenderse aquel olor a rancho de guerra por todas partes.

Gatos y perros famélicos, fugados de la perrera municipal para menores ,también se acercaban temerosos.

Allí abajo es todo como una fábrica, primero una panadería llena de retales de pan a lo chusquero, chuscos de un metro y medio apilados como leña, cantidad de ellos; luego una perola de acero al carbono a lo gigante de tres metros de diámetro cocinando carne guisada (una tonelada) , callos de cerdos y ternera con mucho picante (otra tonelada), aceite de girasol (doscientos cuarenta y ocho litros); la carne deshuesada estaba metida en cuatro bidones de sae treinta bien lavados ( capacidad para ciento veinte litros); hortalizas regándose con una manguera procedente de un aspersor; y muy al fondo, una grúa de veinte toneladas con su maniobrero moviéndolo todo igual que en una obra civil de ingeniería extraordinaria y de gran coordinación.

Las salchichas con cebolla se están dorando en una plancha de doce metros cuadrados sobre braseros de encina. Varios hombres les van dando vueltas con lanzaderas de varilla inoxidables. Los cocineros improvisados están uniformados como mandan los cánones de color negro, con capirote blanco (por lo llamativo).

El pan está colocado abierto en media cara, la otra cara esperando el recubierto de las viandas. Y así dieciocho mujeres con cucharones tenedores al uso de dimensiones desproporcionadas, van desparramando las partes acordadas. El gran bocata se va configurando como una serpiente que repta quebrándose, pareciendo y desapareciendo por la avenida.

Aparece Damián y dice, esto está para el notario. En los aledaños una multitud se agolpa en las calles cortadas por barreras metálicas y unos ochenta municipales conteniéndolos. Sus caras son de un famélico que asusta, digiérase zombis pálidos y hambrientos. Damián y aquel morenazo trajeado estiran la cinta métrica y van caminando despacio apuntado sobre un bloc con una figura en forma de U, hasta llegar al callejón de Costanilla: un kilómetro mil quinientos ocho metros.

Superado y certificado el bocata discontinuo más gigante del mundo.

Hacía un sol de justicia por todos los flancos, solamente la sombra fresca de los soportales de la calle Belchite dejaban al día acariciador y reposado. Por los bordes del bocata gigante salían grumos grasientos y apetecibles que se depositaban sobre un tapete de papel blanco que lo separaban del tablero de madera.

Todo presentía que se removerían los jugos gástricos del populacho. Igual que en los Autos de Fe.

Cuando el del Guinness y Damián salían de la Calle Costanilla, vieron aquella multitud que se daba de leches por coger un trozo de pan con revestimiento de vianda, no se lo pueden creer, una barahúnda era golpeada soportando porrazos y patadas de los municipales, estaba agolpada para acceder a empujones y poder comerse todo lo que encontraran sobre el tablero: niños pisoteados por el suelo, mujeres que cogen trozos y se lo guardan en bolsas de plástico, y hombres de músculo agresivo que intentaban acceder a los tableros. Algún municipal había tirado de pistola y suenan detonaciones. El morenazo del Guinness abre unos ojos así…, desapareciendo despavorido con su carpeta.

Lo que queda por allí son restos grasientos y el orgullo de haber hecho el bocata más gigante.

Si fue verdad la leyenda urbana de la Muralla China vista desde los satélites, lo del Bocata de Don Benito de Guio sale en el Google Earh. No se lo pierdan.

jueves, 21 de octubre de 2010

SO CABRÓN.




Había hablado contigo de todas esas cosas que se dicen cuando te encuentras después de años en una plaza repleta de palomas; allí en el cielo estaba el color de las nubes y líneas rectas de avión, porque no quería mirar a tus ojos metidos en dos bolsas que parecían colinas. Estabas diciéndome, preguntándome, por qué tanto tiempo sin vernos, y estaba claro, nunca nos habíamos reconocido, y si lo habíamos echo otras veces enfrentados los ojos en este Paralelo, no me había dado por los cojones de mirarte, porque sencillamente aún me asustaba tu mirada de rana.

Pero ayer fue el día en que íbamos tan uno frente al otro, que como en una estadística de la teoría de la incertidumbre, casi chocamos, y así, nos acercamos hasta lo sublime, tanto, que pude ver tú corbata como de moscas cojoneras, inanimadas, sobre un fondo de color mierda, y tú camisa tan extrañamente geométrica, y tú escaso pelo tan aprovechado, y tus manos tan asidas a una cartera de cuero. Y por un instante, fue un instante, al estar tan próximos nuestros viejos ojos; se me vino a la cabeza un recreo, en marzo de hace muchos años, que me cogiste violentamente de mi jersey de lana, me acercaste tu mocosa nariz y me dijiste aquello de, si se lo dices te mato, so cabrón.

miércoles, 20 de octubre de 2010

CUATRO ESTRELLAS.




Me llamo Artemio Suárez Witdower y soy el Jefe de Cocina del Restaurante Cuatro Estrellas de Fuengirola. Ayer me salió un furúnculo piloso encima de la raja del culo que me está jodiendo la de Dios. Ha cogido muchísimo pus y ahora está más hinchado que un neumático de playa, pero como a mi no me dan la baja, ando enseñando el culo por toda la cocina porque me molestan mucho los calzoncillos, y no digamos unos pantalones apretados.

Si me explota, como que me llamo Artemio, lo meto en la sopa para dar sustancia.

Yo en el restaurante me guardo los mocos debajo de la alacena de la carne, allí tengo un criadero, otro criadero lo tengo en casa debajo de la mesita de noche, y otro, bastante grande, debajo del asiento del coche.

Quizás este furúnculo piloso tendrá que ver con la soriasis que tengo por toda la barriga y la espalda, ando todo el día rascándome de aquí para allá, algunas veces me saco hasta sangre contra la esquinera de los postres.

Pues hoy para comer tenemos de primero una sopita de fideo muy rica, de segundo carne guisada al oporto, y de postre un flan de la casa. No hay opción. Todo diez coma veintiocho euros, si gustan pásense por las Cuatro Estrellas. Y buen provecho.

En el año 2008, estuvimos en la guía Michelín.

PD. (Por cierto, cuando voy al baño me limpio el capullo con la mano, y no me las lavo. Y si me hago un pajote, para qué lavarme, me encanta ese olor a resina sintética que tiene mi semen).


martes, 19 de octubre de 2010

UNA DE SIDRA Y UNA DE BÍGAROS.


Entré con el Hombre Invisible en la sidrería los Parrales y le digo a Paco, ponnos una de sidra, y vete echando. No sé cómo deciros, la sidrería olía a queso de Cabrales, a almejas a la marinera, a congrio y a sepia a la plancha, todo junto, entiendes; era ese olor mezclado con aroma a serrín de pino. Pues le digo, échale un culín a este, y Paco me dice, ya te eché, y yo le digo, a mi sí, pero a este no, qué ya te eché , joder; y que me mira, así, de frente, con ojos de besugo, que no, coño, a este, a este, a este . Por qué voy a tener que dar explicaciones de con quién ando o dejo de andar.
Pues el cabrón no se lo echó. Y cogí la botella la levanté en el aire y dejé caer aquel chorrito salpicón sobre el mismo borde del vaso (estrellando sidra hay pocos como yo). Se la puse al compañero sobre la barra, y le dije: tómatela, sabe a champán francés, t'a de buena, y fresquina.
Yo al Hombre Invisible le hablo bajo cuando voy a tomar sidra con él, a nadie le importan nuestras intimidades. Me acuerdo que un día le dije que le cogiese el culo a una morenaza que estaba donde ponen los bígaros, para que me informase si estaba prieta, y quisieron darme de leches, desde entonces no me meto con las cosas del joder.Pero como hoy como como como como que andan mosqueados los parroquianos, no dejan de mirarnos como bichinos.
Le grito, Paco, ponnos otra, dirás que te ponga otra, tú di lo que te salga de los cojones, pero ponla, y eso del vaso lo vas a tirar o lo bebes, y yo le digo, pues lo tiras, y va, y lo tira por fuera de la barra, como con intención, sobre los pantalones del Hombre Invisible, oyes agilipollas, se lo vas a tirar a tú puta madre, y que se me pone chulo. Ponnos una de bígaros, capullo, y déjate de hostias, que me voy a cagar en tú puta madre otra vez. Al Hombre invisible se le quedaron las perneras como si se hubiese meado; y es que olía como a orinado.
Lo de los bígaros ya fue el colmo, al Hombre Invisible no se le da bien comerlos con alfileres, y entonces yo le saco uno y se lo pongo a la altura de la boca, y la parroquia de al lado que se ponen a descojonar porque tú no querías comerlo y veían que yo le daba un bígaro a un ente inexistente, y empiezan a decir aquello, que este está para encerrar, que traigan una camisa de fuerza, que está como una cabra, como un cencerro, como una chola, como como como…, qué sé yo lo qué decían, descojonándose de risa.
Pues fue en la tercera ronda, a eso de la una de la mañana -los domingos son santos del Sporting y sidreros-. Y le digo a Paco, échanos la tercera, y Paco me dice, que estás Chola, tío, que estás para la Cadellada, que no tienes que andar suelto, y le digo, otro para este y me voy a cagar en tú puta madre, y que se lo pone allí delante al Hombre Invisible, y que sin más ni mas, el vaso inmaculado, con aquel rastro amarillento de jugo de manzana, se levanta por arte de magia, solito en el aire, se inclina levemente y empieza a vaciarse, por si solo, sin caer una gota sobre el serrín, como si místicamente el Hombre Invisible se hubiera dignado a tomarse una ronda de sidra que sabía a champán francés; y que estaba fresquina, y p’a bebese...

El último parroquiano en salir despavorido se pegó un hostion con la máquina tragaperras.

Ahora estamos yo y el hombre invisible apoyados en la barra, y Paco al otro lado, como petrificado, con aquella cara de besugo, mirando como el vaso lentamente se posa sobre el mostrador, sin nadie que lo sostenga, como si mágicamente el tiempo se hubiera parado en la Sidrería los Parrales, y el Hombre Invisible ya estuviera medio moña.

domingo, 17 de octubre de 2010

AUTOBÚS.


Si fuera en un autobús y en este preciso instante se acabara el mundo, y quedáramos los que vamos a la Colonia de la Asunción, cogidos en las barras, sentados como petrificados mirando a un punto muerto, te escogería a ti, la que vas apoyada detrás del conductor mirando en sentido contrario, hacía mí, con los ojos tan grandes que parecen dos pozos de agua de acequia con todo el triste gris reflejado.

En este instante en que todo está quieto, lo de fuera destruido lleno de humo negro, y que por una irreal magia hemos quedado aquí, aislados, endebles, pálidos por el susto repentino, me levanto del asiento y camino la escasa distancia que me separa para verte de cerca los ojos y decirte que tenemos que empezar una nueva vida en este barrio destruido.

Porque tú te has sentado ahí y yo aquí para que podamos encontrarnos de nuevo, sobre la plataforma de este autobús que ha llegado al final del mundo.

sábado, 16 de octubre de 2010

EL MANAGER.


Me llamo Pentito Cruz (Penti) y para meterla tengo que hacer un triple bogey, eso con suerte, y si no lo logro lo intento en un cuádruplo (como poco), y si no, pues lo hago a puñados o con la boca; pero mal nunca quedo. Me refiero al golf. Mi pasión empezó en Valdevimbre jugando a las canicas mientras mi padre lavaba barricas de vino peleón tirando los posos a la cuneta. Apenas fui a la escuela del Topo, (El de las JONS), que enseñaba según la teoría de los reflejos condicionados con el silbato a golpe seco sobre el cerebelo, después de una pregunta baldía e inexacto mal contestada (Si no eras cristiano por la gracia de Dios, te jodían).

A estas horas de la mañana alguien ha puesto una pregunta en el cielo, pero no puedo contestarla. Alguien ha ido ordenando las nubes para que aparezca una interrogación sobre el azul de poniente y aumenten mis dudas. Este sábado ya se que no podré ser feliz. En la Plaza de San Telmo se me adelantaron unos rumanos que tocan a lo Emir Kusturica.

Hoy me he puesto medio kilo de arcilla. Represento una serpiente alada que me ha tragado por las piernas, y se me ve la cara entre las fauces de una boa verde. Cuando suena una moneda, me muevo hacía los lados, mi cabeza sobresale, tan de repente, que asusto a niños y a mayores.

Son tantas horas de hastío que pienso en lo humano y lo divino. Con los ojos escruto viejos conocidos que pudieran haber hecho conmigo un mínimo doble bogey. Soy irreconocible. Nada que ver con un antiguo Country Manager de la zona Norte. Se me pasa todo eso de las camisas tan estrechas, la agilidad cruzando los pasillos, el primer café, y las sonrisas detrás de los cristales tintados, y la mesa llena de carpetas repletas de asuntos pendientes.

Sobre este mojón mímico de serpiente, recuerdo el olor del vino peleón y a mi padre con una gorra negra con forma de platillo volante, y aquel olor a vinagre arrastrándose sobre una cuneta que daba a una huerta de berzas y calabacines y enredaderas de fréjoles y dalias y geranios de colores que bordeaban una acera de piedras amplias en forma de mapa.

También había camelias rojas.

Soy una boa constrictor y me he tragado a mi mismo, y mientras pienso todo eso, muy de reojo contemplo unos doce euros sobre una maleta de madera, y me quedo quieto mirando la difuminada interrogación del cielo, y me vienen las palabras de mi padre mientras raspaba una cuba de roble: el Topo te va a dar por el forro. Y el Topo me daba aquellos golpes de silbato, y el ir a la escuela no me gustaba, aunque llegué a Country Manager de la Zona Norte, aunque ahora mismo, y por cosas de la puta vida, ahora mismo, me esté saboreando con arcilla una boa constrictor en la plaza San Telmo, al lado de unos rumanos que tocan con sonido a hojalata a lo Emir Kusturica.

viernes, 15 de octubre de 2010

SIN DUDA, ERA UNA HECHICERA.


A Lolo el Atrevido le pareció que el virgo de Amary era de doncella compuesta, porque en la primera noche de bodas la trajinó de un quite, como cuando clavaba un alfilerillo sobre una madera de aliso a golpe de maceta de albañil. En su sospecha se imaginó que llevaba una vejiguita de mercurocromo debajo del botoncito del gusto, y que la mancha de la sábana desparramada como una cruz de Borgoña no era indicativo de nada, más bien una casualidad de un movimiento que no llevaba estremecimiento, sino miedo repentino de envergada al tirón y por sorpresa.

Lolo siempre opinó desde aquel día, que conserva lucidamente y en silencio, que debe haber más putas que políticos, banqueros, diáconos y curas juntos.

Amary hace una sopa de pan exquisita y tortos de maíz. No se tira nada. El pan antiguo va a un fardelillo, y bien partido con un cuchillo jamonero se pone en la sartén con agua y fritura de ajo, un poco de sal y un huevo que se va haciendo, y todo queda como un solete español cuando se le pone pimentón picante por los lados.

Lolo come la sopa de pan mojando pan, y para darle más gusto le mete un chorro de Tinta de Toro que huele a almendra amarga y se caga negro. Y mientras le da vueltas y vueltas y la sopla, siente las burbujas del grifo sobre el bañal, y ve a la Amary con su mandil con la babeta levantada sobre las tetas, tan pequeñitas que parece una tabla de restriego de colada al mirarla de soslayo.

Pasaron sólo diez noches después de la boda y fueron de polvo seguido, uno por la noche a eso de la una, y otro por la mañana antes de las seis; en el domingo que hubo, antes de las doce de la mañana ya le había echado tres. De todos los polvos el mejor fue el de cabalgada, y ahí reside la sospecha, como Amary, tan pulcra, y sin nada de casta rebuscada, hacía aquellos festoneos a lo berbiquí, dando vueltas como una loba con todo el rabo dentro. Se acuerda que se corrió dos veces, y le salio también unos centímetros cúbicos del día siguiente (que ya no pudo echar por puro agotamiento).

Todo aquello le dio obsesión. Repasaba puntualmente los ocho años de noviazgo. Nunca vio a Amary sobre cresta de caballería ni sobre sillín de bicicleta, muy dado al orgasmo extravaginal (lo que el instinto les da por apretar sobre la badana hasta que el himen se desgaja). Nunca le dijo si era aficionada a juegos ocultos de bañera, o noches de luna llena en la galería que daba al Corvo con la esquinera de una marcación. No le recordaba otro hombre que él desde la escuela, compañera inseparable de pupitre, compartidora de colores, rondona de juegos y ficciones de médicos curanderos, o juegos de intercambio de hojas de hiedra como monedas por granos de centeno.

Y era una extraña.

La noche en que los dos a la vez abrieron los ojos porque el perro de Masaya levantó mucho el hocico y aulló tan largo que resonó más allá de los robledales de los Vedia. Aquella noche en que sintió su mano, primero fría, como una culebra de escalera reptando por el borde de sus piernas cogiéndose a su verga, y luego su pelo como una caricia de hojas de mazorca; luego fue su boca inimaginablemente grande que le acariciaba como nunca se lo habían echo, pausadamente primero, y luego a ritmo acelerado hasta que por un momento pareció haber querubines bajo el raso de madera, allí donde los nudos del nogal tenían forma de grotescos saltimbanquis entre sombras.

Y era una extraña.

Cuando aulló de nuevo el perro de Masaya eran las tres de la mañana y había luna rastrera que se escondía y aparecía entre las nubes. Amary estaba boca arriba y respiraba tan suave como una santa, era como si volasen mariposas blancas sobre su boca. Lolo el Atrevido dio media vuelta y se puso a observarla, sobre su pelo se posaba una extraña claridad difuminada, apenas perceptibles sus ojos, apenas un rubor, apenas un leve respirar, sus manos acariciaron su pelo suelto hacía los lados, luego pasaron sobre sus pómulos y como una despedida comenzaron a apretar su cuello.

Sin duda, era una hechicera.

jueves, 14 de octubre de 2010

LA SUELA DE SUS ZAPATOS.


Cientos de ojos estuvieron mirando el agua. El río tiene ese color turbio que da la torrentera, un gris que no refleja nada, si acaso un leve azul un poco antes del puente.En la charca el agua da vueltas como un remolino, es así redondo y en círculos como el molinillo de un niño agitado por el viento. Llegué aquí por una casualidad que no me explico. Angustiado por su falta, como si quisiera estar sólo para hablar y llorar dentro de mí. Ha sido imposible e inexplicable. En la casa las cosas estaban donde estaban, siempre llenas de silencio. Pero yo debo estar aquí por algo, por una intuición, por una orden divina, por una casualidad, por ser el autor de las malas palabras llenas de reproches. Al mirar al remolino veo aquellos zapatos que parecen difuminados como si estuvieran dentro de un cristal dando vueltas y vueltas como una peonza. Hay una estrechez de azul en el cielo entre dos nubes, y cuando acabo de mirar aquellos huecos llenos de añil, me pongo a pegar voces desesperadas. Por una rara casualidad recordaba la suela de sus zapatos.

lunes, 11 de octubre de 2010

HUMO MÁGICO Y SILENCIO.


En Troms a uno se le quedan los huevos encogidos, ni una puta apetencia de mete y saca, y como vayas mucho más al norte y a la intemperie te pongas a mear se te queda congelada; si has visto la fuente de Manneken Pis, tienes esa sensación de que tú chorrito se anclará al suelo, así, petrificado en el hielo. Esto no hay garañón que lo aguante, ni ensoñación que lo enderece.

Me habían dicho lo de los productos secos y lo del caldo de gallina en termos, pero yo lo que llevo es ansiedad, me parte el alma la sensación de aislamiento en cualquier circunstancia. Con mi imaginación he recorrido el Generalife y me he puesto a tomar el sol en el Patio de la Acequia mientras escucho el murmullo del agua subir y bajar con esa geometría parabólica, casi idéntica y simétrica si la miras desde el fondo de unos ojos enamorados.

Tú estabas lejos, quizás recorriendo en un tren miles de postes que pasaban. Me habías dicho que viendo atardeceres. No sé si creerte. Quizás me lo decías para darme envidia.

Pero como en el cielo hay un rastro de nube de color verde pienso que todo es posible. Yo antes no me creía todas estas cosas de los colores en el confín del mundo. Ahora mismo ando como un alacrán y trato de coger una linterna, y paradójicamente aquí hay una sombra y destornillador.

Mi amor, han venido a desatascarme el culo. Llevaba un cubito de hielo.

Cuídate mucho, y lávate un poco el coñete, me gustaría comértelo a las finas hierbas después de un consomé calentito de caldo de gallina, o ave voladora; vaya usted a saber que esto que humea entre mis manos.

Puede no ser nada: humo mágico y silencio.

domingo, 3 de octubre de 2010

POR EL PARTIDO ME ABANDONAS.


Cada dos domingos por la tarde siempre voy a verte, y es lo mismo, cuando subo por las escaleras radian partidos de fútbol, y en cada rellano donde está la llave de la luz interpreto las caras de Belmez de forma diferente, y si llueve hay siesta total y una lúgubre penumbra, como si todo fuera bajar otra vez al abismo del Corazón del Ángel (mí amada mulatita).

Nunca me imaginé que me fuera a morir debajo de ti; y eso que antes de ayer ojee el Zohar por si había alguna duda y no la había. Sé interpretar el Libro del Esplendor como nadie, y no ofrecía ninguna elucubración extraña con el día y la fecha de tú recibimiento quincenal.

Pude verte aún un poco, ya lo he dicho, no te mueres de repente, son segundos; te cogías el pelo hacia atrás y no distinguías por mis ojos si era placer o rictus mortis. Tus tetas me empezaron a dar sombra negra, eran dos cornisas y un alero, tus caderas el amortiguador elástico de un cuatro ejes que me daba y daba.

Mi espíritu salió a la calle, y contemplé unas palomas y una parada de taxis, y unos policías que subían, (“hoztia”, si eran los Geos); vaya papelón para la parienta que me sabe en el partido. De todas formas no sé ni se te pagué, no hay calderilla en mis bolsillos. Ando sigiloso y me filtro por los edificios como si aún no estuviera muerto del todo.

Traspaso seres humanos, es una delicia, y encima me morí jodiendo.

Esto debe ser el purgatorio.

Aún me huele a ti, mi amada mulatita.

Te quiero.

sábado, 2 de octubre de 2010

RODABALLO.



Vuelves a decirme aquello de que nada es perfecto y te creeré. San Juan de la Cruz asceta, y Santa Teresa con su dedo y aquel placer que la asolaba, y el origen de todo, el dolor del hambre en el estómago de Muhammad Rumi. Vuelve a decirme que nada es perfecto y te encerraré con los tres para que te coman a bocados. Aún amándome no me consuelas. Si te dignas a acariciarme es como si mandaras tú mano por mensajería y mi pecho tuviese miles de millas por recorrer. Incluso con tus ojos posados sobre mis tetillas viendo las hondonadas de sebo de mi cuerpo, y mis pies juntos y desnudos a lo difunto. Si me atas, así, las manos con un escapulario, y me pones el misal de la primera comunión, podría morirme, ¿y si me vistieses de marinero?
Me dio aquel repente. Me entró la angustia, y salí corriendo escaleras abajo detrás de ti. Era como en los "sanfermines". Me llevé por delante a la mujer del protésico y dos docenas de huevos que llevaba en sus manos en postura de ofrecimiento ¡Diosón!, vaya tortilla. Nunca me paro en situaciones extremas, pero puedo presentirlas cuando minutos antes pienso en trascendente, y hoy me había dado por la perfección, por la mística y la ortodoxia sufista. Era todo un presentimiento, como cuando te pones pálido con el vértigo.
Salí a la calle y llevaba los pelos así, no sé cómo decirte, a lo Tintín, y me metí en la pescadería de Rosa para ver la boca de los peces muertos, como si quisieran más aire; pero era imposible. Cogí tú rodaballo elegido y le hice la respiración boca a boca. Por un instante en la pescadería de Rosa se hizo el silencio más absoluto, sólo roto por el pipi de un perro en la puerta (que esperaba). Todos juntos, sin contar los peces no eran más de cuatro y yo retorciéndome en el suelo (cinco).
No sabes lo que es la angustia de no poder respirar aunque en realidad todo lo tienes abierto, incluso muy dilatada la línea pectinea. Tu garganta regurgitaría una rata Cisjordana, y sin embargo no eres capaz de pasar algo tan diluido como el aire. El rodaballo y yo teníamos el mismo problema: uno muerto, y el otro a punto de morir.
Cuando me viene la angustia lo mejor es que me folles incluso en la pescadería, dices, perdonen, pero me lo tengo que follar aquí mismo, fallándolo es como se le pegaran dos hostias, resucita, es un ataquito de nada, ustedes perdonen por el espectáculo del pez.
Si me permiten, me bajo las bragas y me lo pongo debajo.
Pero no me follas.
He abierto el cielo y hay más cielo detrás del cielo. Ocurre que estuve viendo ayer una película asquerosamente claustrofóbica, en la que al final se abre una ventana y aparece un bosque sobre un valle inmenso y árboles con hojas de colores, un cielo azul y un aire extremadamente fresco. (Quizás me vino ese recuerdo)
No vuelvo al cine. Malditas historias que nunca ocurrieron.
Salgo a buscarte, si me faltas tú me falta el aire y corro despavorido a la pescadería de Rosa. Un ojo del rodaballo era como un plato del café, el otro estaba rojo de atardecer y aún llevaba dos niños corriendo por la playa. Lo salvé al quite del machete de la pescadera, casi todo en silencio, me observan, yo estaba en cuclillas sobre el suelo con mi boca abierta, para que me dejes darle aire al rodaballo que acabas de comprarte.
Se que no eres perfecta, lo sé; pero soportas mis locuras.
Ya parece pasarme el aire.