miércoles, 13 de febrero de 2013

BESOS.




No hubo nada de particular.
Lo que llamamos silencio.
Caminábamos alejándonos o acercándonos. Creo recordar el instante. Algo impreciso.
Incluso, cuando su boca estaba a dos dedos de mi, en todos los sueños de las noches transcurridas,
su boca tan cerca de mi de forma misteriosa.
Un día, o un lunes. Hubo flores nuevas.
Nos cruzamos veinte veces, y una vez coincidimos con los brazos abiertos.
Estaba sobre el cielo toda la luz que ven los vivos.
Sus bolsillos llenos de papeles rotos.
La arrimaba contra mi. Éramos humo.
Quiero decir como si no existieramos.
En un péndulo de reloj dorado nuestras caras juntas por un instante. Marcando un momento.
Como dije, luego fue su boca que había llegado del otro lado del mundo.
He perecido, soy lo que no se abarca.
Pero vuelvo a la vida los lunes, a este pasillo,
sólo por celebrar un beso.

sábado, 9 de febrero de 2013

OLVIDO.




No puedo expiar ningún pecado. Lo sensual era por obra y gracia.
Y estaban aquellas flores y todo lo que era hermoso.Una ventana. El cielo irregular.
Podría apretarte todos los días cuando sea domingo. Sin prisas.
Y buscar nuevos enigmas debajo de la mesa. En las estanterías.
Los pensamientos que nos invitan a la memoria.
No hay reglas invariables en nuestras secuencias. Hace una semana otra vez aquí.
Dispuestos a emprender el viaje por el mar Amarillo.

Hubo una vez.
Un beso. Lo recuerdo.
Otra vez alas.
Y otro beso. Uno diminuto y otro grande.


No debo rezar en este infierno el pan nuestro.
Nada nos es dado que no vaya a suceder por un designio.
La soledad, no el silencio, la soledad.

Otra vez las manos.
Acaso, y cosas de los ojos.
Cuando comprendía que era para amarnos durante un tiempo.
Toda la vida, nunca.

Otra vez como, así,
como vienes hasta mi hombro haciendo una hilera de besos.
Y la piel se me da vueltas. No sé que ocurre,
si es domingo,
y aún no ha llegado esa triste historia del olvido.

jueves, 7 de febrero de 2013

LABIOS.




Todo se basa en la inocente ausencia. Como una cúspide apoyada sobre su parte angosta.
Todos los pensamientos tienen en el recuerdo la ausencia.
Y en sí. Recreada. Es como si tu mano dibujara su forma. Tan sutil.
Me acoges en ti en las horas desproporcionadas en que he de mantenerme en equilibrio.
En el sentimiento de ausencia no hay ninguna dicha.
Se cumple la ley en todos los fenómenos inexplicados.
Sin presencia absoluta. Te recreas. En todo.
Con cierto dolor.
Sólo en la noche. Te percibo.
Como dibujada sobre las sombras. Casi nítida.
Excesivamente necesaria. En la perfección.
De un dedo minúsculo recorriendo el surco de mis labios.

miércoles, 6 de febrero de 2013

TU ESPALDA.





Ves la yedra.
Que me abraces de esa forma para dejar la marca,
sobre la pulcra piedra.
Envuelveme. Dame eso.
Varias vueltas hasta el cuello.
Un leve rastro para saber volver sobre mi mismo. Nunca lo inmenso.
De lo lejano sólo un poco. Nada de multitudes.
Tengo que saber que puedo abrir la puerta. Quiero.
Tu boca abierta en un gesto dulce. Lo inmediato.
Dime: voy a bajar por aquí si tú me dejas.
Todo lo que es vida en esa orilla. Agua mansa como una mano lenta.
De los recuerdos de sólo un segundo.
Hubo un muerto. Olvidado.
En este momento mismo en algún lugar. No tan lejano.
Y tengo miedo de todos los segundos.
Yo quiero quedarme contra tu espalda. Aun. Caliente.
Escondido y cobarde.
No valgo nada si no descanso sobre tu hombro. Los labios.
Dando besos que desparecen en un instante. Como un secreto.
Desde ese lugar hasta al otro donde tu cuerpo acaba. No hay más.
Un millón de leguas para dos dedos.
Nada. Y nada. Y nada.
Sólo el desierto y tanta luz y tanta sed.
Del fuego eterno sólo quiero un poco de calor. Donde.
Tu espalda.