viernes, 27 de noviembre de 2015

FESTIVO.




La claridad que entraba por entre los visillos era la de un día festivo.
En todos los casos se vuelve difuminada penumbra. Yo veía su perfil dibujado porque mi cabeza estaba detrás de su pelo. Sentía su cuerpo y aquella extraña sensación de calor que me hacía acurrucarme como protegiéndome detrás de su espalda.

Yo la había amado mucho. Tanto que no te puedes ni imaginar. Y ahora, mientras sentía en mi pecho el leve movimiento de su respiración pensaba por qué la estaba abrazando.
En estas situaciones tienes que invitarte a ti mismo a la emoción. En tú memoria encuentras trozos rotos de un ánfora y empiezas el rompecabezas. Y en esta situación en que ella te está sintiendo también encajado entre sus piernas, casi inanimado, te das cuenta que no debes retroceder y empiezas ese movimiento de roce sobre su culo.
Es la mecánica de lo que quedará muerto porque es pura inercia y siempre muere.
Y aparece algo allí, y levantas su pierna. Y de aquella forma casi furtiva te agitas como si te estuvieras masturbando sin muchas ganas.
Ella impasible, como si se le posara un insecto.
No nos jugábamos nada.
Al darme la vuelta, su perfil siguió allí dibujado.
La luz festiva se consumía sin prisas detrás de su pelo.