viernes, 27 de enero de 2017

CULONA.




A mi el frenillo me lo quitó Rosa de la Escrita, en la vaguada del Cagarrón, un miércoles a las doce de la mañana, por Noviembre, con el pajar lleno de hierba seca como el azafrán que olía a hierba seca, muy seca, con ese olor que debes imaginarte de la hierba seca, a manzanas diría que era. Le dio la venada de la calentura y yo con dieciseis años andaba todos los días cascándomela, me la cascaba a todas horas. Aquello era un valle muy solitario lleno de vacas cabañesas sueltas, a veces bajaban perros asilverados que aullaban como lobos. Cuando se me tiró encima asomaba la Suca y la Ratina con un badajo pilón, husmeando por un portalón de roble y entraba una luz muy clara, y era como un resplandor mariano. La Rosa tenía un culo descomunal y unas tetas enormes, aunque el coño me pareció estrecho pero muy suave, nunca había parido, esbaraba, se bajó unas bragas que tenía de varias puestas, le olía el coño como a truchas asalmonadas muertas de varias semanas. Yo me la saqué como pude, la tenía dura como tronco de texo,y ella se dejó caer a lo bruto, en plan tajadera, y envaró de un quite sobón como un relámpago, muy trágico todo, su culo me apretó como dos sacos de patatas tempranas. Grité como un lobezno, y sangré como un cerdo. No te das ni idea lo que duele la circuncisión.

viernes, 20 de enero de 2017

MONTESA.




Mi padre conoció a mi madre mientras cantaban perfidia aquel bolero que decía te he buscado por donde quiera que yo voy y no te puedo hallar , y eso, para que quiero tus besos. Mi padre tengo entendido que nunca calentó bien a mi madre antes de follarla, la follaba a lo seco, como se le venía donde estuviera trajinado, al quite supertirón. Aquel día había pasado vestido de domingo con una gabardina blanca, peinado hacía atrás como José Antonio Primo de Rivera, montado sobre una Montesa Brio 80 de 125 cc, varias veces por el medio del baile para impresionar y que lo visen mientras las parejas se iban apartando como las aguas del mar Rojo en lo de Moisés, y el iba por allí muy chulo, encorbatado. Su trabajo le valió la Montesa. Dos años hincando campanas en Ensidesa para los altos hornos, y aquel miedo que se le metió a la oscuridad como si lo hubieran parido atragantado boca arriba, ya sin aire. Cuando iban por al mar espejo de mi corazón  fue cuando se encontraron sus ojos, los de mi madre muy negros los de mi padre muy verdes. A las dos horas pasó la Guardia Civil y se paró el baile porque ya eran las doce de la noche con aquella luna de caramelo tan hermosa como si la hubiera chupado un niño. De aquella tocaban bésame mucho, y vino aquel silencio tan largo, sabes, sólo alguna golondrina que pasaba rezagada, había tanto miedo que ni te imaginas cómo era el miedo que había.

miércoles, 18 de enero de 2017

CALOR.


Nico de Berducedo, que anduvo a la piedra de pizarra con la carroceta del Reblero para llevarla al tendejón de la Suca y hacer aquellos rectángulos cuasi perfectos para que la lluvia se fuera hacía abajo en torrentera. Nico tenía tres piedraines y dos belgas y una cerda white inmensa, blanca como la nieve, con aquel hocico respingoso y aquellas hermosas babillas, la grupa musculosa, las nalgas redondeadas y neumáticas. La white era de cría, le había dado doce gorrinos como doce soles. Bajaba a velos antes de la atardecida a la corripa de Berzos hecha de palloza y xestales de la Arroba, para que aquel frío del arroyo de Canedo no los comiese. Nada tan hermoso el cebarlos a caldada, ponerles semilleras limpias, arroparlos en las frías noches de enero, verlos mamando incansables, acercarse al calor de aquel lomo recto ver aquella tajadera sonrosada por donde tanto gorrino había salido, sacarse la polla, rozarla, restregársela , metersela a la white por aquella suavidad inmensa hasta la extenuación. Luego quedarse unos instantes como dormido sobre la cálida blandura como un berraco más.

martes, 17 de enero de 2017

MUERDAGO.




A mediados de noviembre salimos a podar manzanos. Yo no sabía si los manzanos se podaban en noviembre, pero salíamos. Ella escogía los que tenían ramas medio secas que habitualmente estaban llenas de esquejes de muérdago, tiraba del muérdago hasta romperlo haciendo antes varias reverencias, barbullando no sé que palabras mágicas. De todo el muérdago arrancado siempre se quedaba una rama espléndida con aquellas bolitas transparentes que parecían de caramelo . Me decía, corta por ahí y yo aceleraba la moto sierra y cortaba la rama que una vez caída sobre la hierba iba troceando para leña de la chimenea. Sobre las dos de la tarde cogíamos la carretilla y nos íbamos del manzanal. Pasábamos por delante de la casa de su hermana, un mujeron que te miraba sin quitarte los ojos, como si te siguiesen a todas partes, y llegábamos al bajo donde apilábamos la leña dejando las herramientas.
Luego ella se ponía ha cocinar una sopa de pan con fuerte olor a pimentón picante a la que le echaba tres o cuatro huevos y muchos torreznos de tocino con hebra. Al acabar de comer tomábamos ron y chocolate que llevaba naranja dentro, ella se calentaba de lo lindo, se me subía a bocados. Para aplacarla siempre le agarraba el coño todo lo que me daba la mano y se lo apretaba y apretaba, lo tenía muy grande y peludo. Nos íbamos para una habitación que tenía al fondo del pasillo, se desnudaba sin quitarse los calcetines y se colocaba de espaldas, siempre con la misma ceremonia, la tenía que acariciar desde el cuello hasta el culo, sumamente egoísta, le comía el coño, se agitaba mucho cuando le mordía el cuello, le levantaba un poco la pierna y la entraba de espalda, y así, un mete y saca durante un tiempo que me parecía eterno, mientras tanto ella se masturbaba con la mano hasta que se corría soltando aquel bramido y aquellas coces como si estuviera poseída.

domingo, 15 de enero de 2017

SÁBADO.


Sandra está repartiendo de nuevo las cosas por toda la casa. Las desubica y las vuelve a ubicar. Debe ser el frío que lo impregna todo, hasta el corazón. La noto furiosa pero llena de entusiasmo. No sé de qué luna está. Hay cosas desubicadas que han quedado puestas en lugares extraños, la cómoda, por ejemplo, con dos santones cubanos con las caras negras, y platos llenos de fotos en su fondo, y figuritas de todas las clases, cuadros también cuyos moradores miran fijos en otra dirección.Si miraras por la ventana, no te puedes imaginar cómo llueve fuera. Y de qué color está el cielo, tan lleno de angustia y plomo.He de decir que estos ramalazos de agitación no guardan ninguna simetría, son aleatorios en el tiempo.A veces por la noche, cuando me habla tan agitada sólo puedo presentirlos.

miércoles, 11 de enero de 2017

CAFÉ.


Una vez que estaba allí me arrascaba aquella parte del cuerpo que me picaba, a veces con gran insistencia hasta dejarlo rojo como una cereza. Había zonas de mi cuerpo que no alcanzaba para las que utilizaba un alambre encorvado con cierto contenido de acero que lo hacía rígido y punzante.
A veces con los pedos salía cierta masa viscosa muy maloliente que se adivinaba a distancia de mi y que alejaba a las cuidadoras para dejarse el muerto al turno entrante. Pocas veces alguna disciplinada se acercaba. Aquello se convertía en un verdadero poso denso y extraño de olores de muchas tonalidades variopintas.
Mi consuelo era la ventana siempre abierta hubiese calor o frío, ver como se agitaba una palmera blandiendo sus ramas desordenadamente, y las palomas que se posaban para atusarse o quedar cluecas o hinchadas sobre los ramajes que según la dirección del viento a veces se elevaban como para saludarme.
Me tocaba la polla insistentemente. Era como si volviese a mi niñez. De vez en cuando una incipiente erección acudía a mi lo que me permitía rozar el glande ligeramente hinchado con mis uñas, descubriendo cierto placer, incluso excitando mi imaginación.
Lo peor era la noche con aquel intenso olor y mi agitación por lo que parecía ser el inicio de una yaga sobre mis espaldas como si fuera a redimirme, y aquellas hijas de puta paseándose con su jolgorio por el pasillo y a veces un olor a café que me llegaba y removía viejos recuerdos de aquellas épocas cuando había existido cierta sensación de amor.