jueves, 31 de julio de 2014

XUAN.



Yo hurgaba por entre los tejados. El humo de las chimeneas en forma de intestino, era tan recto que no podía imaginar dónde estaba su final. Intentaba saberlo, pero no podía. Había petirrojos y todo la sublime sospechaba que estaba entre lo que no podía ver, entre la amplia luz y la suave brisa de la mañana.

Hasta que nexo de tiempo recordamos lo inmediato, lo oscuro.

Una vez arrojado de la cama, desnudo todo el culo, mi ano aún con aquel dolor supuestamente rojo y cedido. Lo único que supe hacer fue arrimarme a la ventana, aún con el letargo de cuatro largas horas de extraño sueño convulso, sin recordarlo, sólo esa leve sensación de que algo fuera de lo común había turbado mis pensamientos.

Mis ojos cegados por aquella extraña luz azulada, como si flotara dentro de la nada.

Las vacas de Xuan pasaban, la mula de Xuan que llevaba a Xuan sobre unas alforjas, y Xuan con un apeo sobre el hombro y así sobre la mula, guardando la verticalidad con aquel movimiento leve hacia los lados.

Me toqué aún más abajo del quicio por donde el escozor, me vi la mano con cierto rastro de sangre por el trasero, mientras la Galana y la Pinta y la Mula y Xuan se fueron yendo, alejándose, ahora como si reptaran a lo lejos.

A veces venían cuervos sobre un manzanal reinetero poblado de frutos que había puesto Santa Inés en nombre de todos los Santos. Los cuervos estaban allí oteando gusanos sobre las partes carcomidas del manzanal. Yo con mis dolores por la planta de arriba con mi mano en el culo oyendo sus graznidos. No sé de qué forma andaba con pasos muy cortos para que el dolor fuese mas leve.

Trataba de acordarme de los delirios de ayer, de qué forma el suceso, con cierto hambre, dando vueltas por la alcoba ennegrecida, entre trenzados de mazorcas colgadas de ganchos amarrados a las vigas de madera, en el fondo, trasnochados, tres cuadros amarillentos con escenas tropicales de mares lentos y muy verdes.

El silencio es eso..., lo que quieras tú.
Ni entre el silencio recordaba lo que pudo ser una abducción.
El silencio son gorjeos del viento y sus mensajes interpretados, voces de otras épocas.

Llamaba a mi madre como cuando cabeceaba entre sus tetas, o dormido sobre sus rodillas oliendo su pistacho y el estiércol de sus manos, allí, aún, el resto malololiente del último viaje de mi padre.

Por la ventana ya no sentía nada, era el silencio que yo deseaba.
No me daba más. Me retorcía de dolores por donde mi tubo terminaba. La macabra abdución, casi sin voces podía recordar, una luz cegadora sobre mis ojos, un sonido del más allá a máquinas celestiales, mis manos atadas, mis pies atados, y quizás algo, un soniquete familiar, la voz de Xuan a lo lejos dándole varadas a la Galana.

No es por nada, creo que Xuan es un Capitán intergaláctico.

No lo dudo.

martes, 1 de julio de 2014

A CUATRO PATAS.


A cualquier hora di la vuelta a una coqueta plazoleta llamada la curva de San Jeremías. Por fin algo que me ataba a la realidad más precisa. Precisa, no. Era la realidad. San Jeremías era la plazoleta donde vivía y le di la vuelta lentamente hasta un portal enladrillado muy estrambótico, decorado con azulejos llenos de motivos árabes. Quiere esto decir que un poco más de a cualquier hora ya estaba delante de mi puerta toda pintada de verde oscuro, casi irreconocible dada la plena penumbra existente -vuelvo otra vez: penumbra, oscuridad..., no me aclaro- Con mi cabeza empujé lentamente una de las hojas de la puerta y a través de la oscuridad (digamos eso) avancé sobre las escaleras, ahora reptando, hasta otra puerta entreabierta aún desde la mañana. Avancé por el pasillo hasta mi habitación. Lentamente, no sin cierta alegría, me dejé caer sobre la cama deshecha, primero con la barriga hacía abajo, luego con la barriga hacía arriba. Empecé a sentir fuertes dolores sobre mis rodillas y en las palmas de mis manos, algo que hasta entonces me había pasado extrañamente desapercibido. El dolor tiene esas cosas, algunas veces sólo está dormido, y se despierta.
Disfrutaba ahora de respirar con mi boca abierta y por mi nariz a la vez, o sólo por mi boca, o sólo por mi nariz. Disfrutaba ahora con mis ojos abiertos de aquella densa oscuridad que casi podía apartarse con las manos. Disfrutaba ahora de aquella libertad plena de sentirme a salvo. Y reflexioné mientras me fui quedando dormido de que nunca más, nunca más saldría a caminar a cuatro patas a la inmensidad del día que tanto me asustaba.