NOCHE.
Si me abres en dos encontrarás poco. Hay cosas. A veces me sorprendo cuando me miro allí, por dentro. No deja de haber otro animal que me devora. Y también te digo. Otras veces por la noche viene un duende a interrogarme. No me duermo. Y no me duermo. Espero. Viene a darle vueltas a la vida, como repasando. El animal siempre está allí es un demonio diciéndote que a lo de atrás no le des vueltas. Para lo de adelante, que vendrá si hay suerte, vete razonando según llegue. Luego. A las seis en punto de la mañana llega ese camión sonando a viejo, a cansado. Todos los días. Quejándose. Y a un poco más de las seis también está la luz, como una anunciación, la persiana empieza escribir rayas de caligrafía sobre la pared. Y me digo, he llegado hasta aquí. No te imaginas el esfuerzo. Lo que es otro día. Despido al animal. Le manifiesto. Casi le ordeno. Vete a dormir. Ahí dentro, donde puedas acurrucarte. He de estirarme, como en un impulso. A veces pienso que nos movemos por inercia. Y va...