domingo, 22 de julio de 2012

QUE CONOCÍ.



Por exceso de contemplación, entre dos instantes inmediatos, puedes suponer un abismo lleno de tiempo. Algo insalvable.
Por investigaciones llenas de cálculos se sabe que un momento trágico puede ser toda la vida en la plenitud de un mínimo segundo.
Precipitada una hoja en silencio sobre tus pies, en un desafío.
Las golondrinas que ves volar tan alto sin una ley que descifre, sus zigzag.
Los recuerdos que te llevan al ser amado de hace días, cuando coges otra mano de hace años.
Contemplar en soledad y esperar una sentencia imaginaria sentado sobre la piedra que más sobresale hacía el vacío. Imaginarte, el tiempo que en que los caballos blancos tenían alas, y no pesabas.
Sé que el exceso de contemplación me hará sumirme con la cabeza entre mi vientre,
las manos sujetando mis pies esperando un vuelco,
y la sensación ingrávida en una levedad.
Desde la mañana contemplo todos los sucesos, casi son toda mi vida.
Una maraña de sensaciones, los abrazos, la plenitud de recordarte, tú que eres mi amor de ahora, entre la mentira.
Mientras otra mano me soporta, sus dedos sobre mi hombro.
Y tanto resplandor que no me puedo imaginar.
Si lo que contemplo ya era de este mundo,
o son las primeras luces que conocí.