martes, 29 de marzo de 2011

AÚN PUEDES SEGUIR VIVIENDO.

Ayer me compré una Thermomix. Sentí un impulso extraño y tuve que salir a comprarme una Thermomix. Ya estaba atardeciendo.
Llegué con mi Thermomix envuelta en papel de regalo. Me gusta comprarme cosas a mi mismo. Está atardeciendo de eso doy fe por el color del cielo.
No tenía fresas, ni manzanas, ni una triste naranja. Me dije, joder, para qué me compré una Thermomix. Ya había atardecido. Por la ventana no había luz a pesar de una hora más de vida.
Fue emocionante desenvolver la Thermomix. Le dije al de la tienda, tú me la envuelves en papel de regalo, me hacía ilusión.
Y ahora era emocionante. Hice la ceremonia (era un protocolo). La coloqué en el salón de estar, sobre una pequeña mesita, al lado de un butacón. Sí, la dejé allí. Me hice el despistado, di varias vueltas por la casa, me duché, me afeité, cosas banales. Al entrar en el salón, después de una hora, lo ví allí, aquel paquete envuelto en papel rojo con un lacito de regalo y una pegatina que ponía: con muchos cariños y besos.
-Oh. Quién pudo ser, me dije.
-Quién pudo tener este detalle.
-Quién a estas alturas de mi vida, aún, se acuerda de mí.
Era emocionante.
Puedo decir que a través de la ventana sólo se veía negro. Ya había acabado de atardecer.
Me puse a desenvolverla. Tenía ciertos nervios. No sabía lo que era. Oh oh oh. Cómo brillaba su jarra dorada, su base de color azul, sus botoncitos de forma de pepita de almendra.
¡Joder, era una Thermomix!
Salté de contento, di saltos de contento.
No tenía fresas, no había manzanas, no había un triste pera, no había nada que triturar.
Me dije, estaba mi corazón, era demasiado para una Thermomix, mi corazón era demasiado para una Thermomix.
Y qué tal si mi polla. – pensé extasiado-.
- Genial.
Me acerqué a la cocina. Cortarse la polla es de lo más facil. Por si no lo sabes es eso que algunas veces asoma y se pone duro. Me la acaricie un poquito, - a las pollas les gusta que las toquen-: capullo fuera, capullo dentro- varias veces, así-. Robustamente cogí las tijeras. Duele un poco, es al principio. ¡Zas! De un tajo, aprovechando hasta el borde. Sangraba a borbotones. No le di importancia. Metí el colgajo en la Thermomix. Hice clic sobre lo que ponía on. Muy fácil. Sonó un chasquido estridente, y luego se hizo una salsa roja, algún pelo que otro sobre la jarrita. Todo muy espeso.
Por la ventana.
Ahora.
Una ligera claridad de nada. Podrían ser mis ojos.
Mi Thermomix ya estaba probada.
Es muy emocionante que te regalen cosas, sin saber lo que hay dentro.
Para probar una una Thermomix siempre es mucho mejor la polla que el corazón.
Si te das mucha prisa para llevarte al hospital.
Sin la polla aún puedes seguir viviendo.

domingo, 27 de marzo de 2011

COMO MI SUEÑO.



Teníamos una parra medio muerta, desecada, llena de sarmientos mal agostados, dos manzanos donceles, tres cerezos gordales y un sauce llorón muy desparramado, al fondo de la huerta había dos mimosas que lindaban con la carretera. Cuando llegaba la primavera aquello se ponía muy lleno de flores y olía a dulce, si no fuera por la cuadra de los cerdos que estaba al lado. Cuando se abría la cuadra de los cerdos todo aquello era irreal, olía a corrala de cerdo, y a conejos, que también había conejos que estaban todo el día jodiéndose unos a los otros.

Cuando llegaba la noche en primavera aún está frío, pero tiene ese tono limpio que es púrpura y que si no hay luna sólo se ven estrellas y el borde de las montañas, lo otro es materia oscura y bombillitas como luciérnagas que parece parpadean, no es que parpadeen exactamente, es que al moverlas el viento, en la lejanía, te parece que se modifica el tenue de la luz, quiero decir que en la distancia la luz es discontinua.

Eran otros tiempos, todo escaseaba, y las bombillas sólo cambiaban de color en las fiestas del Carmen al rojo al verde al azul, y luego imagínate lo que quieras, mezclándolo todo al gusto de cada cual.

Bombillitas de colores y aire tibio. Estrellitas de color blanco entre las ramas agitadas

Yo no quiero decir que el viento cambia los colores. No, no quiero decir eso.Yo no quiero decir que los colores se puedan mezclar por si solos. No, yo quiero decir que los colores están ahí. Arréglalos tú.

Yo subía con la Torda con la Ratina con la Turca con la Campanona Con la Xata y con el Lobo, y una cabrita que llamábamos la Lola que nunca habíamos matado, íbamos todos seguidos cuando ya penaba la claridad del sol. La noche se iba cayendo con una rapidez pasmosa. Cuando subías de la Ribera ibas hacía arriba y veías al pueblo en el alto con las paredes de piedra peladas, y los tejados de pizarra como en penumbra.
Siempre se pasaba por el lado del cementerio, y nosotros éramos una procesión.
La Torda era de badajo y ubres grandes, seis tetos, y andaba cansino y pensando. La hilera de las vacas se hacía difuminada. Faltarían unos treinta metros para llegar a la tapia que daba a la iglesia, por donde sobresalen los panteones con sus cruces blancas, cuando vi aquel extraño resplandor.

Los resplandores en la lejanía siempre son blancos.
Los resplandores en la lejanía pueden ser de fuego.
Los resplandores en la lejanía significan que algo muere o algo vive.
Los resplandores en la noche son del otro mundo porque suben hacía el cielo.

La tapia del cementerio era como una proyección en todao de los de la mula de Navia los domingos por la tarde contra el encalado de la casa del Mayorazo. Un resplandor salía soplado por encima, y según llegabas ibas dando la vuelta y viendo aquello tan anormal que nunca había visto. La noche se había vuelto de repente tan cerrada que ya no había árboles ni maíz mediano, solo un camino pedregoso que hacía pendiente. Al acabarse la vuelta vi el prodigio saliendo de una angostura entre los nichos de los pobres y las cruces blancas de los ricos. Allí estaban aquellas figuras jadeando de formas humanas con difuminado azulado de aro de santo. Se les distinguía la cara. Era el cura de Prelo, y Balbina la de Los Mazos. El cura sujetaba una sotana a la altura de la cintura, Balbina tocada con velo blanco y misal en mano. El cura con mango descomunal la follaba si contemplaciones. Veía su trajinar, ella apoyada sobre la tapia, y el cura enseñando sus calzoncillos blancos.

Develoment del acto (diálogo de la leyenda urbana):
Ni si inmutaron.
El cura de Prelo le decía: toda ella, toda ella.
Y Balbina le decía, Don Paco, la puntita sólo, hasta la marca.
Pero el cura calzaba mucho, y le metía toda la fluorescencia, y yo veía como le salía aquella forma luminosa a la Balbina por el mismo culo, mucho más de una marca roja que ponía: “límite, hasta donde el polvo santificado”

Las vacas llegaron sin novedad y yo con una incipiente calentura extrema. Me fui para la cama a eso de las doce de la noche, y fue mi primer pajote a lo in capuleto, que es como si taparas una botella de tinto de Calbinas muchas veces.

Por fuera, allí, por donde aquel morado que llegaba hasta el cielo se sentían gemidos de coruxa y aleteos de las aves de la noche. Y yo me fui vencido por el sueño, con aquella manita allí, y aquella cálida humedad.
Por fuera donde las mimosas olía como a pulpa de membrillos, gruñían los cerdos, y por donde el sauce los topos preparaban minas interminables, y todo era de una espesa claridad como mi sueño.

sábado, 26 de marzo de 2011

ARROZ BLANCO.



Ella cuando llegaba a casa siempre me preguntaba que había hecho con todas las horas.Siempre era lo mismo, me preguntaba eso, y lo revisaba todo. Todo eran las cosas que teníamos, no muchas cosas. También me olía, a su forma. Yo lo sabía. Cuando alguien te huele sin que te des cuenta.

Habían pasado un grupo de gaviotas sobre las ventanas del bajo cubierta y habían bombardeado tres cagaditas que se quedaron desparramadas como lágrimas. En la terraza se habían abierto tres margaritas. Las manzanas que estaban en un balcón se habían curado aún más. Cuando hice la cama quedaron tres pliegues a eso de la mitad, si le trazabas una diagonal, esa era la mitad.

Le dije que por la mañana había estado en el infierno. Le dije que había bajado unas escaleras de caracol. Le dije que el abismo que veía era inabarcable, quiero decir que no se veía el fondo según bajaba, y quiero decir que cuando llegué al fondo no había nadie, aunque sentía voces. Le dije, si no bajo al infierno por las mañanas no soy feliz. Pero ella no estaba de acuerdo y rebuscaba por los cajones.

Lo tiraba todo.

Era tan sencillo no caminar por el mismo sitio del pasillo, no dormir en la mismo sitio de la cama, nunca comer en el mismo plato, nunca meter la misma cuchara en la boca, nunca beber por el mismo lado del vaso. Era tan sencillo. En la cama uno en cada extremo. Yo viendo un fondo rosado y una ventana que daba a la terraza. El sol estaba allí algunas veces y alumbraba sobre unos azulejos marrones y unas margaritas que se cerraban por la noche.

Un día le hice arroz blanco y había granos por el suelo.
Otro día encontró dos granos de café.
En una esquina una arañita.
En el vide yo me hacía las abluciones, y quedaba un puntito de caca.

Podía estar acostado. Quince horas antes sin pastillas, quiero decir que no sabía donde estaban. Eso eran los sábados, no sé cuántas horas después del viernes. Yo, como dije, boca arriba con un pijama de tela azul, ella en bata transparente, se acercaba con una toalla húmeda bañada en agua caliente y me limpiaba por la entrepierna. Yo mirando siempre para arriba y con los ojos que tenía, abiertos. Sentía su boca. Y casi así. Sí, casi así, me iba succionando unas veces, otras veces su lengua por el borde, otras veces con su mano. Y cuando habían pasado no sé cuantos momentos. Ella sobre mí. Sentada. Y yo viéndola acaso con algún gesto de placer.

Las pastillas, me hacían estar así mucho tiempo. Mucho más tiempo que el que ella quería. Mucho más tiempo que el deseado. Todo tiene su tiempo.

Yo algunas veces me imaginaba muchos gusanos. Si no fueran a quemarte. Yo me imaginaba muchos gusanos sobre mí y era feliz. En plena oscuridad muchos gusanos, incluso, en la esquina de la cama muchos gusanos sobre mí. Tres mil gusanos sobre mí, de esa forma, minándome por un lado y por el otro, hasta no dejar nada. Un día se lo dije que no quería ser polvo. Y ella me dijo que los gusanos jamás me comerían.

Ahora ya no es como antes. Salir. Girar. Dar la vuelta. Ahora ya no es como antes.
Sobre la mesita de noche había una luz. Y no he olvidado la luz. Incluso no sé por qué me dio por volver la cabeza si estaba mirando al techo. Debe de ser que cuando sucede este hecho algo se te pone en la garganta y tienes que girar, obligatoriamente, el cuello. La luz hacía un arco perfecto sobre la pared, una elipse que llegaba hasta el techo, y por un momento me imaginé que aquella forma nunca había estado allí, aunque siempre estuvo allí cuando en la mesita de noche había una luz que alguien había encendido.Giré mi cabeza pero ya no volví a girarla para el otro lado, que hubiera sido lo habitual.Y es eso que parece que ya no tienes cuerpo. Y es eso que parece que no estas dentro de nada. Y es eso. Eso si que es el verdadero silencio. Sólo unos instantes que no puedo cuantificar.

Y ella me dijo que los gusanos jamás me comerían.
Me aburre mucho ser polvo y formar parte de las cosas.

jueves, 24 de marzo de 2011

CANCIÓN SIN MÚSICA.



No quiero tú asqueroso cuerpo, deseo tú alma.
Se la he ofrecido
al mismo Belcebú.
Te lo dije, si abres las puertas del cielo hay una escalinata,
cientos de vírgenes haciéndose dedos.
La Sagrada Concepción chupándosela al cuerno de la luna.
-Cristo lleva una mochila de explosivos-
Te lo dije, deseo tú alma.
Se la he ofrecido
al mismo Belcebú.
Ya no escaparás de mí, ya nunca más, en mi está tú fin.
No quiero tú asqueroso cuerpo, dame tú alma.
Se la he ofrecido
al mismo Belcebú.
Ya no hay más poemas de amor escritos en la tapa de un libro.
Ya no habrá más amor, ni más sexo insatisfecho.
He ofrecido tú alma
al mismo Belcebú.
Allí, donde mora el rey de las tinieblas se hizo el espacio.
Allí, donde el rey de las tinieblas se abanica se hizo el tiempo.
Allí, donde el rey de las tinieblas reposa se inventó tú muerte.
No des más caricias, prepárate.
He ofrecido tú alma
al mismo Belcebú.
Será tú cuerpo envejecido en una grieta, en los instantes de un hueco inexistente,
en el filo de un cuchillo, abrazada por las flores del fondo de un río, precipitada a tumba abierta; quédate con tú asqueroso cuerpo.
He ofrecido tú alma
al mismo Belcebú.
Ya han llegado los chamanes y hacen vuelos en las sombras.
La ceremonia ha empezado, tú alma es mía.
No huyas, ya no hay remedio.
He ofrecido tú alma
al mismísimo Belcebú.

martes, 22 de marzo de 2011

SOPALISTA.


Estaba hasta los cojones de:
El Caldo de Pollo,
El Caldo de Pescado,
El Caldo de Carne,
El Caldo de Cocido,
El Caldo de Escudilla,
El Caldo de Jamón Ibérico,
El Caldo de Verduras,
El Caldo de Pollo bajo en sal,
El Caldo Suave.
Y se lo dije:
Mira, Zulema, te voy a dar una hostia y luego te voy a partir el coño a pollazos.
En el garaje me dicen que huelo a pluma.
La taza humeaba hacía la lámpara de neón, había una arañita haciendo sus cosas,
y tres mosquitos esperando a que nos durmiéramos.
La tele estaba en la esquina hablando de Fukushima,
- de japos con dos cabezas-
y que el Zorro del Desierto había vuelto sobre las arenas de Libia,
y no había amor.
Solo caldo de gallina.
A mi lo de la violencia de género no me gusta, no es el método.
Mejor matarlas follando
–tiene atenuantes si no eres muy hijo de puta-.
Pero Zulema me quería tanto que siempre me daba caliente.
A la gallina blanca le echan excitantes y conservantes que empiezan por E.
Y me ponía lelo.
Aquella noche sentí un fulgor indescriptible.
No le pegué, se me puso dura.
Se la metí por atrás y por alante,
infinitas veces.
Y luego, para hacer tiempo,
me puse a mojar pan en una sopalista.

lunes, 21 de marzo de 2011

POSDATA.



Si me la vas a meter por el culo, maricón de mierda, házmelo con suavidad.
Ando deprimido, no quiero que me saques las bolas de los ojos.
Yo podría metérsela a ella, tú me la metes a mí, y vamos a gatas a tomarnos un café a la Botica.
Cogemos el autobús los tres, no se nota.
Qué guarradas, tío.
Meternos la mierda más hacía dentro, hasta la garganta, y luego comer croquetas de jamón.
A mi me gustan más las ramitas de laurel antes de Semana Santa, huelen a esencias indescriptibles.
Y los santos tapados de negro.
Las salas de espera de los hospitales llenas de pelos por el suelo me dan nauseas.
Y los hombres sin bazo. Las monjas con la regla. Los aviones llenos de pederastas.
Las plazas de abastos con pescado de hace dos meses.
Sabes, luego estaba ella, la que iba delante, una vulgar tortillera, no sacaba placer de nada. Aún le gustaban los azucarcillos con el café y el chocolatito en el plato. Se ponía unas cartucheras con unos mangos de varias medidas, metía debajo de la cama un tocadiscos a la alta la lleva con El anillo del nibelungo, para no oír los quejidos de la de turno, y les atizaba de lo lindo, había quitado el virgo a trescientas veinte y ocho, no era el virgo, las desfondaba, estériles para siempre.
Si me follas por atrás llevo dos almorranas envenenadas, no me lastimes.
So capullo.
Me bombardean. Dios no da avisos. Andamos entre restos de cristal punta arriba.
Desvírgame de una puta vez, si tienes huevos.
Y no me digas que me quieres cuando te corras.

miércoles, 9 de marzo de 2011

NUNCA DESNUDA, NUNCA.


Yo a mi madre desnuda nunca la vi, de niño le veía los brazos,
y sus largas piernas, y de cerca el cuello que abrazaba.
Le veía un mandil hasta los tobillos, y unas zapatillas de goma, con un borde blanco por donde se metía unos calcetines muy gordos.
Los caballos en el bosque andaban desnudos, los machos con su garrote entre las piernas, pensando,
las mariposas iban desnudas, las terneras que no se tenían de pie, las culebras dejaban la piel para estar desnudas.
Estaban desnudas las sombras de las personas, el cielo desnudo, las casas desnudas,
y el pan de trigo se quedaba abierto en dos partes desnudas.
La miel dentro de un cántaro vestida sólo de miel desnuda.
Pero a mi madre nunca la vi desnuda, nunca desnuda, nunca.
Yo de aquello recuerdo a los muertos vestidos, las palomas que salían de la boca de los muertos.
Los escupitajos de vino tinto, las mujeres con niños cargados de leche hasta los ojos.
Las tetas apretadas por manos diminutas en las cantinas.
Y los olores de los árboles frutales, cerezos sobre todo, en cada vuelta.
Olores desnudos. Olores de torrentes de agua desnuda.
A mi padre le vi la polla muchas veces, meábamos en el balcón.
Y jugábamos a quien la tenía casi mas larga, el pollón de mi padre, meando más lejos.
Y yo tirándolo por mis piernas cerquita de mis pantalones cortos.
Había noches gélidas de luna llena en que los árboles daban sombras desnudas.
La tapia del cementerio daba sombra, los postes de la luz, los fantasmas.
Las montañas eran desnudas.
Venían murciélagos de cuevas lejanas, pasaban rasantes, con su cara aplastada,
sujetando su capa desnuda.
Pero a mi madre nunca la vi sin ropa.
Mujeres de vida difícil, espaldas encorvadas, dedos en forma de patata,
ojos llorosos por el humo del fuego, harina de maíz disuelto entre la leche,
faldas largas de color negro, calderos con agua sobre la cabeza, sobre la cabeza hierba que goteaba flores blancas.
Pero a decir verdad, a mi madre nunca la vi desnuda.
Nunca desnuda, nunca.

ESTO QUE OS CUENTO YA NO EXISTE.


En mi casa tengo muchas cosas, en mi habitación tengo muchas cosas, en mi baño no tengo muchas cosas pero está pintado de blanco. Tengo anaqueles con libros, y el sitio que queda en los estantes fui colocando muchas cosas: conchitas del mar, piedrecitas gastadas por el agua en forma de huevo, fotos, y muchas más cosas.

Cuando cojo una cosa la miro y pienso por qué la puse allí, y cuando la puse, y si me trae algún recuerdo. Algunas veces quito el polvo de debajo de las cosas y hay una marca indeleble que ha dejado la cosa que estaba allí desde no sé cuánto tiempo atrás y que tiene la forma geométrica de la cosa.

El espejo que tengo en el baño me lleva mirando hace muchos años, no podría decir cuántos. Y las paredes que nunca se volvieron a pintar desde que habito aquí tienen sombras y grietas que van en zigzag por detrás de los muebles. Cuando se forman las grietas dicen que las casas se mueven pero en realidad nunca me he enterado hacía dónde se movía mi casa.

Tú ya no estás aquí conmigo, y ahora estoy yo sólo que soy una cosa que lleva calcetines azules y que tiene recuerdos abundantes, y que elucubra sobre los sucesos pendientes, los angustiosos, sobre la certeza del tiempo en el sentido del que he consumido y la incertidumbre del que me queda por consumir.

Algunas veces llegan moscas que no sé por donde entran. Al trasluz de la ventana las observo zigzagueando, o cuando estoy tendido sobre la cama mirando el techo también veo las moscas zigzagueando. Intentar seguir el vuelo de una mosca cuando estás así absorto es prácticamente imposible, va y viene, y no la puedes seguir con los ojos, casi te quedas dormido si la intentas seguir con los ojos.

Algunas veces siento que has estado aquí porque te noto cogida al fregadero de la cocina y hay gotitas de agua reciente que antes no había, y hay cosas que no están en su sitio porque una indeleble marca de polvo ha delatado su posición primitiva. Cuando vienes a casa y abro la puerta me huele a ti, es esa predisposición de haberte olido tantos años, incluso cuando mordía tú nuca a veces me quedaba ese mismo sabor en los labios, y juntaba los labios, y los saboreaba, perfume y sudor. Al morder en la nuca te quedas con infinitesimales restos impregnados en la piel.

Me rozaba muchas veces, estaba tu falda estaba mi bragueta estaba mi polla estaba tú culo y yo cogido a tus caderas y todas las cosas mirándonos.

Yo siempre anduve con muchas cosas en los bolsillos y muchas monedas sueltas.

He dicho que acabo de entrar y me agacho para quitarme los zapatos y las moscas siguen ahí de esa forma en que están las moscas, en el mes de marzo, moscas diminutas agitándose sin saber porque están aquí, sin saber si ellas saben por qué están aquí buscando restos de comida o posándose sobre mi cara que tiene conchitas de mar sobre los ojos, de bruces, tendido sobre la alfombra con muchas cosas sobre mí como si me hubiera muerto mientras miraba mis recuerdos.

En realidad había entrado de la calle ayer.
Esto que os cuento ya no existe.

lunes, 7 de marzo de 2011

CAMINO ABAJO POR EL PENSAMIENTO.



Una vez estuve escondido porque tenía miedo,
pero no había nadie a quien tener miedo.
Sucedía que era un espacio tan pequeño, incluso más pequeño que lo más pequeño que te puedas imaginar, para un hombre o para una mujer.
Estar así es imprescindible para tener miedo.
Objetivamente debes estar así para tener miedo.
Otra vez alguien me dio un beso no sé quien fue ni a que hora.
No recuerdo muy bien cual es mi nombre, incluso,
si tengo que llamarme de alguna forma.

Hoy está siendo un día excelente.
Me levanté por la mañana y me encontré contigo cuando ibas camino abajo por el pensamiento. Tenías los ojos ligeramente pintados de azul como el domingo. Desayuné contigo, contigo me limpie los dientes, contigo me tiré la ropa encima. Y hubo un instante en que me atusaste el pelo, me ocurre cuando la imaginación es plena, al cerrar los ojos, como esperando que alguien llegue a coger mi mano.

Me dije: Llegado el caso no sé de qué disfrazarme, no sé que piel de la semana ponerme. Quizás opte por una gabardina blanca y mi esqueleto, y una tibia que al abrir la gabardina se levanta.

Hice varias gestiones:

Fui al cajero automático y ponía mi nombre y luego me decía gracias por su visita: y no me encontré tan sólo.

Renové el carné de conducir y por unos instantes iba guiado por dos rayitas blancas, no debías de salirte, y me sentí menos perdido.

Fui a buscar pan.
En la panadería de Bonifacio había un cristal en donde se reflejaba el pan de leña y una mujer calva con un pañuelo negro a lo pirata que disimuladamente se miraba. Quizás pensaba que era menos guapa que ayer y mucho menos que mañana.
Y me sentí un poco triste.

El puto negro que había en el Mercado del Sur vendiendo CD´S, tenía unos morros inmensos. Si te da un beso te chupa hasta el hígado. Pero no le quise dar un beso.

Al volver para casa me compré doce latas de caballa, seis litros de leche, cinco botes de cerveza, una cajita de fresas; y al salir por la puerta no sé si se me había olvidado algo.
Creo que era mi nombre, al poco rato lo recordé. Sí era mi nombre lo que no recordaba.

-Me llamo Matías. Y tengo el mal de ojo.

El otro día le dije a Merceditas, cómo andas de soledad, y va y me dice, bueno estos tiempos no puedo quejarme, ando con el nivel bajo. Y entonces le cogí la mano, como para que me sintiera más cerca, y le pasé un montón de soledad por vasos comunicantes, para nivelarnos. Ni se enteró.
Al cabo de dos horas le vi los ojos mucho más tristes.

A eso se le llama mal de ojo. Los que tenemos mal de ojo se nos nota, miramos como
entornados igual que los monos del Peñón de Gibraltar.

Merceditas coge el autobús de las siete y media de la mañana y va a repartir cartas. Siempre va llena de cartas pero se olvida de las calles. Lo que más le jode es subir a los séptimos sin ascensor a llevar cartas certificadas. Algunas veces busca una ventanita que de al patio de luces para tirarse al vacío, el carro con todas las cartas y luego ella con todo el corazón, los pulmones y eso. Desde que yo le doy la mano, está más triste, y tiene más ganas de tirarse. Pero no se ha tirado aún.

Merceditas siempre dice que le gusta mucho mi alma, pero no sé si la puede ver. El alma es como una cosa que llevamos dentro que no tiene ni color ni sabor y que no pesa. Cuando eres una persona muy buena, por las noches, si vas por el pasillo todo a oscuras, detrás de la cabeza te sale un halo azulado como las luces de las gasolineras en la lejanía, o las de los puticlubs en la lejanía. Pero si tienes el mal de ojo, por donde vas parece que aún está más oscuro.

-Me llamo Matías y aparte de tener el mal de ojo soy un hijo de la gran puta.
Y además me limpio el culo de arriba abajo y dejo mierda en la taza. Ya sabes como es eso, se seca y no la limpia ni dios. Y eso que Dios es un profesional.

La chica del carné de conducir me dice cierre los ojos y camine recto. Y yo así, apretados los párpados, y camino, y resulta que me la encuentro sin querer y me hago el tonto y la rozo, tenía un quimonito blanco, ponía oftalmóloga, y eso, y que la siento tan blandita y que erecto, y que me dije, pues le bajo las bragas, y me la folle allí mismo, se corrio como nunca, quedo el suelo como una almazara llena de flujo.
Yo también me corrí hacia fuera. Joder que no la jodi, que me lo imaginé.

Cuando me venza la renovación del carne no sé si ya habré muerto, seguiré mas solo que hoy, y no sé si habrá pan. Y la mujer del pañuelo pirata quizás ya tenga pelo. Y los cajeros sacarán una mano por debajo de donde metes la tarjeta, y aparte de decir tú nombre te harán un masaje en los huevos para que no te encuentres tan sólo. Merceditas habrá llamado infinidad de veces a puertas insignificantes y anónimas. La chica oftalmóloga, habrá tenido gemelos y estará mucho más gordita, pero yo ya no la podré follar ni en sueños.

-Me llamo Matías y llevo el mal de ojo, no me mires.
-Soy un hijo de la gran puta.

Un día Merceditas me dijo que tenía la regla. Y yo le digo , pues déjame el culo, y no quería porque olía todo muy mal, eso está todo muy junto, digo uno junto al otro, con buena vecindad, y yo le dije, pues déjame el culo, coño, y me dijo pues bueno te lo dejo, pero luego no me vengas diciendo que huelo mal, y yo le dije, que me lo dejes, pues primero le metí el dedo índice por el agujero del culo, luego le hice sitio con la lengua, y luego le metí la punta del capullo y me corrí muy rápido.
Las carteras siempre tienen ese sabor a certificado urgente.
Pásale la lengua a un certificado urgente..., pues ese sabor.

Sabes para mi los pajotes es como acariciar a la vía Láctea, se cae todo al vacío, y no se si es por la presión hidrostática que se desvanece, que al correrme me encuentro muy solo, a mi lo que me gusta es correrme dentro, en el coño de una tía o en el ano de un tío. Allí está muy calentito. Lo que yo no sé, es la función del semen a nivel científico y fisiológico, debe de quedar por la vagina repartido para la fecundación de una hermosa o puta vida, o por todo el duodeno, no lo sé muy bien, me supongo que se caga, creo que tengo que preguntar esto, como es, y si luego lo sueltan y se va cayendo por las bragas o por los calzoncillos. Elucubraré.

Ella no está. Ella estuvo aquí paseando por mi pensamiento. Ella iba y venía por mi pensamiento con sus ojitos pintados de azul y no sé como se llamaba. Ella me hablaba este lunes cuando me levanté y yo no sabía muy bien donde estaba de dónde salía aquella imagen que podía plasmar en no sé que lugar de mi cabeza. Ella es un cuerpo estirado, boca abajo que cuando la miro me dan ganas de amarla por encima de todas las cosas.

Tengo esa sensación de voy por un círculo, porque siempre veo las mismas cosas, y hay hechos que hasta se repiten.
Esto es un aburrimiento.

Bien.
Hoy me ha saludado un cajero automático y soy feliz.
(Es lo que tiene relacionarse con el capital).
Creo que me llamo Matías, aún no lo sé. Y tengo el mal de ojo.
Tengo preparados varios versos para ti.
Me levanté por la mañana y me encontré contigo cuando ibas camino abajo por el pensamiento





domingo, 6 de marzo de 2011

LOS MARES DEL SUR.


Yo no deseo un todoterreno de gran potencia para subir a las montañas,
y oradar caminos baldíos y hojas de abedul.
Ni un coche de gran cilindrada para andar por la ciudad y aparcarlo en los
solares de de las grandes verbenas.
Saraos flamencos, grandes pocilgas ilustres.
Politiqueos de mierda.
O en asociaciones de garañones de puticlub.
Quien más o quien menos todos somos algo hijos de puta.
A mi lo que me gusta es leer la sombra de las muchachas en flor y hacerme una buena paja sobre las tapas del libro.
Me jode que afeiten a los toros, y me entra mucho gusto, cuando por un casual,
el cuerno va por el culo del torero, incipiente duodeno arrriba, hasta la misma vena del derecho y del izquierdo, que se joda.
Yo no quiero limpiar un coche así con mi lengua y decirle a mi mujer que
le pase el cepillo de la cocina.
O una casa de dos plantas con bajo cubierta, y ventanales enrejados, y alarmas que saltan con el canto de los jilgueros.
Y una parcelita para plantar enredaderas y un anexo para plantar marihuana
con luz de luna artificial.
Yo lo que quiero es marcharme contigo con cuatro mil doscientos ocho condones,
y mil cuarenta cajas de aspirinas para los mares del sur.
Yo no deseo que mis hijos estudien en colegios de pago,
y aprueben a la primera, y saquen mucha media.
Que les enseñen hacer pajaritas de papel, que cuelguen títulos sobre un tabique verde.
Yo deseo que les den mucho por el culo,
a mis hijos y a los tuyos que van de puto farol.
Deseo que aprendan como se cuece en un invernadero,
Y como caga un moro y se hace las abluciones con la palma de la mano y una palangana.
Que les den mucho por el culo a tus hijos y a los míos.
Que les den mucho por el culo.
Están infestados.
De beber agua bendita.
Yo lo que quiero es marcharme a los mares del sur para estar follando todo el día.
Y que cuando te venga la regla te limpies el coño en el mar.
Comer cocos hasta que la aorta se nos tupa, y mariscos de esas islas que son así de grandes, centollos con cuatro cabezas, y ñoclas como tu coño o más grandes aún.
A mi, buscar el tiempo perdido me la suda.
Yo quiero vivir como en Sodoma y Gomorra, pero en los mares del sur

jueves, 3 de marzo de 2011

SOBRE MIS ENCÍAS.


Comerme tú boca es como masticar bolas de sacarina.
Cuando me pones los calcetines y me besas me sabes a pan blanco.
Una vez tirabas hojas secas de geranio, y al estrellarse en la calle
retumbaba a más de ochenta decibelios, y era que tú me limpiabas el culo,
y aguantabas mis pedos.
Los calcetines me los pones con mi pierna entre tus piernas,
como a un niño que va para la escuela;
y aún recuerdo cuando comíamos macarrones con tomate,
y los geranios de la terraza tenían flores blancas,
y las gaviotas volaban como efes dieciséis.
Cuando me pones los calcetines estas vistiendo el cielo con nubes de colores.
Cuando me cierras la camisa me cubres el alma, me tapas del frío.
Cuando me cantas la pena mora y me pones una pernera y la otra pernera,
y me tapas la piltrafa de mis huevos,
es como si pusieras un celofán azul sobre el pico Aneto.
Cuando me lavas los ojos, quitas una gorra de niebla de la AP6,
Cuando me pones a cagar eres de los de Grenpeace.
Cuando me limpias el culo estas dragando la dársena del Musel.
Si me limpias lo sobacos con agua fría es como si tomáramos vino con casera,
debajo de un puente en una operación salida, allá por semana santa:
Y macarrones con tomate.
Y pan tumaca.
Y tarta de avellanas.
Nunca supuse que llegases a doblarme: una manga para aquí, otra para el otro lado.
Ni que me destapases las encías.
Cuando me pones el coño a la altura de la cara quiero que mires al cielo.
Una y otra vez tú pierna apoyada en la cama, una pierna y una media negra,
y que me lo acerques bien.
Y que me lleves como un mercancías por el pasillo, y me aparques en la vía muerta sobre un butacón, para que pueda ver los geranios y los otros balcones de la calle.
Me hueles a penicilina, a linimento sloan, a vinagre, tus sobacos me huelen a alquitrán,
tu pelo me huele a gotas de nenuco, y yo huelo a sal y a perro vagabundo, que lo sé.
Si no me hubieras querido no me harías todo esto.
Prepárate para tele cinco.
Dame un mordisco.
Yo también te quiero.
Ponme otra vez tu coño sobre mies encías.

miércoles, 2 de marzo de 2011

NO HAY OTRA SOLUCIÓN.


Se dice: ha tocado fondo, hasta el fondo. El fondo es eso que parece que nunca se acababa, has llegado hasta el fondo sabes donde está, a partir de ahí no hay nada, debes emerger del fondo. O quedarte allí para siempre, no hay otra solución. Todo son bocas. Yo veo bocas abiertas. Solares donde se pierden los perros. Gusanos en forma de hombre o mujer. Acostados a las doce de la mañana en la misma entrada que ayer. Un día pudieron haber amado. Un día rieron. Un día sintieron. Muchos días lloraron. Se dice: casi ha tocado fondo, le queda hasta el mismo fondo.

Pues eso, pamplinas, simplemente te la envainas y te aguantas.

Me viene ese nombre de siempre, pones (so) delante y luego detrás lo que quieras. Había salido de casa a las siete de la mañana y al volver al anochecer no me abría la llave, que meto la llave, la llave entra de esa forma en que entran las llaves cuando no quieren entrar, no giran, no giraba, y me digo, esta soputa me ha dejado tirado en la calle.

Se comenta, caer de la burra en el argot de los burros.

Voy a la tahona, en la tahona dos o tres bolivianos y uno de Agadir, y en el mostrador con un montón de barras de pan, ella y una argentina modosita con mandilones blancos, ponía: Panificadora La Tahona de Madro, y le miro a los ojos y le digo, Madrona que le has hecho a la puerta de casa, y ella me mira y me dice: Jandro, vete a tomar por el culo, y sal de aquí, o llamo a los municipales.
-Pues eso, salgo pitando.
-Pues eso, estaba tirado en la miserable rue.
-Pues eso me entra aquel cosquilleo.
-Pues eso, me entra aquel odio y unas ganas de maltrato de género que te cagas.

Me dieron muchos impulsos de comprar un hacha en la ferretería La Gonzaga, y subir a la puerta donde el corazoncito del Niño Jesús, pero era blindada estilo bunker.
Me dieron ganas de comprar un taladro con broca widia de quince y meterlo por el bombin para descapullarlo, pero no había enchufe en el rellano, y la vecina es una golfa que siempre está escuchando a Julio Iglesias y a Ricky Martin mientras mira por la mirilla de la puerta.

-Y repito.
-Más que nada para que no se me olvide.

Todo son bocas. Yo veo bocas abiertas. Hay solares por donde se pierden los perros. Y hombres acostados aún a las doce de la mañana en la misma entrada en que estaban ayer, con la cabeza dentro de un gusano, con las manos protegidas del filo de una navaja.

Se dice: ha tocado fondo, hasta el fondo.
El fondo es eso que parece que nunca se acaba.
Si has llegado hasta el fondo sabes donde está.
A partir de ahí no hay nada, debes emerger del fondo.
O quedarte allí para siempre, no hay otra solución.

Y el tiempo se sucede y degeneras. Vas degenerando paulatinamente, te vas metiendo dentro de ti mismo. Y el tiempo va pasando y te deslavazas, quiero decir, te desintegras, vas dejando trozos de ti por las aceras, y en las noches amplias, cortas o largas, tiritas de frío o te ahogas de calor.

En los solares abandonados algunas veces hay luciérnagas y moho por las paredes y restos de tazas de vater y azulejos pegados y un olor extraño donde queda algo de techo, y sonidos ancestrales de arrullos con madres muy tristes.

Yo me veo desbordado por los acontecimientos. Voy difuminado en forma de alma. Transcurro a través de la ventanilla de un autobús y te voy pensando con hambre, tengo hambre. Nunca me has llenado ni ayer ni antes de ayer, nunca fuiste una hogaza de centeno, nunca tu vientre fue blando para recostarme. Siempre voy pensando con hambre en ti, te voy follando a lo bestia en cada frenazo mientras me duele la barriga.

Voy a un recado (son recuerdos) a la calle la Meretriz a buscar levadura y llevo el pito encogido.
Siempre miro por fuera la tahona (lo surtida que está) de la soputa esta (soputa), y ni un bollo preñado me da.
(Y había aboroñados, de centeno, de trigo, de cebada, de avena, mezcladitos de soja, tortonas de maíz, alargados de arroz, buchitos de quinoa, redonditos de tricale, manotas de patata, triangulos de espelta, y muchas baguetes crujientes, chapatas, pan negro como el carbón, rosquillas onduladas, piquitos de alforfón, pan blanco en barras, pan de acimo, esponjosos de Ruffini, brioches con huevito, aplanados de naan, moldeados en forma de prisma de color pardo, rellenos de bonito, puñaditos con chorizo, quebrados crujientes, y anillitos en forma de corazón)

Soy invisible como si fuera para el cielo. Voy hacía aquella claridad que es el espíritu santo y todos los arcángeles, con unos calzoncillos muy pegados.

A mi Cirilo me parecía un sinvergüenza porque te follaba y te dejó sin preguntarte.
Y el de ahora vive de rey y no sé ni cómo se llama, pero fijo que come empanadas de bonito y además tiene el mango de color negro y así de largo.

-Para algunas mujeres el amor es proporcional a la longitud del mango.

Pasé dos veces sin parar por donde estaba la tahona y miré hacía arriba a una referencia. Si hubieras estado en el balcón te juro que me saco la polla y te la enseño. No por nada, para que la vieras. Ya tengo los huevos caídos, son una vergüenza. Cuando jodo los tengo que invertir como una botella de aceite para que salgan los posos y me de gusto. Pero son mis huevos, y huevos no hay más que dos (el santo y el trino).

-A puñados te la metía, pero te la metía, soputona.

Con gusto te las hubiera contagiado.
El mes pasado tuve purgaciones, y me venían unos picores increíbles. Me echaron de la Plaza del Sur por rozarme en la pescadería de Rufo a una señora del Barrio del Carmen. Luego me puse a pedir debajo de la campana del reloj. Una rueda de bicicleta daba vueltas y me pasa rozando. Una mujer con un niño dentro de la barriga y otro en un carro me pasan rozando, una barredora municipal me limpia los tenis con empeine blanco, una paloma viene a buscar una pipa y se la lleva, un municipal se chiva por teléfono, un anciano se sube los pantalones y se le ve el bulto del braguero, un repartidor trae hojas de afeitar y chucherías.
La calle tiene forma de onda de sonido. La calle te come y no te enteras aunque toda la calle sea tuya. La calle siempre escupe hacia arriba y tú la estás mirando, y entonces también te pega chicles en la cara.

Que le den por el culo a todo, me refiero a todo, incluidos los milagros, Diosin, La Virgina y el developmental.

Me fui a cagar a la entrada de un garaje que está al lado de la alfombra roja del Casino.
Se me subieron unas hormigas pardas , y aún las llevo disfrazadas como ladillas del antifaz. Así de fino. Me rasco, supuro, fluyo, me desintegro, me diluyo.

Mis huevos me pican y los arrastro. Yo me acuerdo cuando tenía los huevos como los tigres, me mirabas por atrás y estaban pegados, dos bolitas, pegaditas en forma de peladillas gigantes.

Hoy me vi a mi mismo durmiendo cuando pasaba. Pero tú no me quieres. Hoy me vi a mi mismo dentro de una caja de cartón de una nevera Fagor con congelador progresivo arriba y arcón abajo, un neverón. Y hacía un frío que pelaba dentro de la caja, era como el túnel del tiempo. Y cuando pasaba el autobús vi unos ojos que me miraban.

Me echaste de casa, soputona.
No pude tirar la puerta abajo.
No pude darte dos tajos.
No pude cortarle la polla al negro en rodajitas y hacerme un bocata de chorizo de negro.

Te quiero follar. Déjame follarte a gatas. Quiero ver tu culo por atrás. Tú raja. Quiero abrir tu raja con los dos deditos, y meterte el capullo de un tirón, y aguantarte cuarenta y ocho tirones sin parar a intervalos de tres segundos. Quiero decir: saco la polla bien durita, espero tres segundos y te la clavo hasta atrás para que te jodas, si te duele es tu problema, así cuarenta y ocho veces, que son tres minutos veinte segundos de polvo polvo, puro polvo- las caricias y eso son mariconadas-, (si te corres bien, y si no que te den), yo en el tirón cuarenta y ocho me quedo sobre tu espalda y te beso, y te digo cosas, me muero encima de tu espalda y puedo decirte las cosas más increíbles que se me ocurran.

-Soputona, cambiaste la cerradura.
-Dame pan con levadura me duele el yeyuno.
-Ponle un poco de mortadela con aceitunas dentro.

-Una lata de bonito con pan tierno.
-Un bollo preñado de chorizo.
-Un cartón de vino Savin.
-Una soputona de pan bregado.

Cuando pasaba en el autobús vi que un perro marcaba territorio y yo estaba con la cabeza hacía a la calle matutinalmente. Me vi con los ojos abiertos. Por mis ojos pasaba un carro lleno de yerba seca, y había un río.
Olía a yerba seca y a río.

Dentro de la caja de cartón olía a puto mendigo.
Y repito:
Se dice: ha tocado fondo, hasta el fondo.
El fondo es eso que parece que nunca se acaba.
Si has llegado hasta el fondo sabes donde está.
A partir de ahí no hay nada, debes emerger del fondo.
O quedarte allí para siempre, no hay otra solución.

Me da que no he salido de esta, tengo el sexto sentido muy fino, y ahora mismo no me lo siento.
Verte en dos sitios a la vez es de mal agüero. Y yo te miraba desde el autobús.
-Me huele a pan de mezcla.
-Ya no comeré más cebada.
-El de la caja de cartón estaba muerto, y el del autobús era un alma en pena.
-O quedarte ahí para siempre, no hay otra solución.