domingo, 15 de septiembre de 2013

TARDE.




Sobre una bóveda azulada imaginado el tiempo,
en una pausa o en muchas
la luz que parece quieta encima de la tarde.
En los nidos hay bocas esperando.
De vez en cuando volando sobre un pico llega una lombriz
y el día deja de ser una aventura.
Escucho los ruidos cercanos.
Si transitas imagínate que detrás de cada cuatro paredes puede haber:
amor,
odio,
sufrimiento,
que puede estar surgiendo la vida o la muerte.
Es indistinta la fraternidad de las ánimas de los vivos.
Son nidos,
y siempre habrá bocas abiertas.

lunes, 9 de septiembre de 2013

MEMORIA.



Quedará testimonio de mi. Las huellas.
Un día golpeando algo contra algo. Arrastrando, hurgando.
Todos los años, años anteriores, años posteriores.
Me rodearon personas que también lastimé con mis dedos,
y de forma indeleble, invisible, con mis actos.
Testimonio en mi, en mi cuerpo, si abro las manos,
si abro los ojos,
y ves mis pupilas y el contorno,
mi forma inclinada, los pasos asustados y difíciles.
De mi no quedará nada en ti,
absurda soledad de arrojarme a la calle en las mañanas
abriendo una puerta.
Los lugares que visito despoblados,
las ruinas.
Y mis pies arrastrándose desde este lugar
donde empieza a perderse la memoria.


sábado, 7 de septiembre de 2013

CAMINO.



De entre todas las etapas para alejarme,
recuerdo una en que me negaba a caminar.
Sin mariposas, ni libélulas, las piedras y el polvo repletas de moras.
Cómo podría decirte, si estás enamorado ya lo sabes.
No había en lontananza la imagen necesaria,
donde el camino se hiciese ilusorio, e inexistente.
De tanto amor, henchido como llevaba,
decidí alejarme mas y más.
No sabes lo que es viajar con una carga de amor.
Saber, imaginar, otro recibimiento en otra ciudad,
llenos los brazos, llena la boca. Y la piel en su esplendor.
-poros como volcanes plenos de furia-.
El corazón repleto y a saltos bailarines:
ahora en su amplitud,
quieto ahora como en la muerte.
Pretendía alejarme lo más posible para acercarme
y cada paso mi estómago saciado, repleto de alacranes,
y mi sexo humedecido por el deseo.
Era caminando cada etapa de espaldas al horizonte,
sin otro pensamiento que su cara en holograma.
Su piel oliendo a aceites de almendra,
como siempre su ropa llena de perfumes de la pasada primavera.
He de decir que me recreaba en mis pensamientos,
la ultima vez,
la antepenúltima -casi un segundo nítido-
en que sus manos se posaron sobre mi pecho,
y que su peso, exacto, preciso,
descendiendo de repente,
acabó con mi cansancio,
en otro atardecer.
En otro viaje.