miércoles, 27 de mayo de 2015

ALGO ME HACÍA REPETIR AQUEL MOMENTO. CASI NO HABÍA CIELO.





-¿Sería más puntual si me muriese un día antes?
-Siempre he tenido como cierto que primero eran las palabras las que recibían las noticias.

Alguien había dado tres golpes sobre la puerta y grité: !pasen!
.
Lo vi delante de mi impecablemente trajeado al estilo Príncipe de Gales con chaleco y bolsillos inclinados totalmente disimulados.
No supe por dónde había entrado,  su visión fue perceptible a medida que yo levantaba lentamente la vista, en ese instante  él hizo aquel movimiento de posar el maletín sobre mi mesa  mostrándome su tarjeta de visita y dejándola delante de mí. Luego abrió el maletín observando que estaba completamente vació.
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No me decía nada.
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Di la vuelta a su tarjeta y por su reverso también estaba en blanco. Fueron unos instantes extraños. Su tez era pálida, hierático, despeinado, como un maniquí dispuesto a desfilar por una pasarela.
De repente, sin darme tiempo a preguntarle a qué se debía su visita dio media vuelta y se dirigió a la ventana, la abrió, y en un fuerte  impulso saltó al vacio.
Aterrado, me dirigí  para mirar por la ventana, el fuerte viento de aquella tarde de abril había desparramado los papeles por el suelo de la oficina. 

Ahora desde el sexto veo la gente arremolinada en la acera alrededor de un cuerpo estrellado contra el suelo. Siento el sonido de sirenas lejanas. Y sobre la mi mesa hay un maletín vacío, y en mi porta firmas  una tarjeta en blanco.
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Yo, que debería estar ahí sentado, he vuelto a entrar en mi despacho para verme apoyado en la ventana, con mi traje al estilo Príncipe de Gales, después de haber ordenado mis cosas, porque ya sé que no morimos de repente, estoy tirándome otra vez mientras siento como tocan a mi puerta.

miércoles, 20 de mayo de 2015

NO SÉ CÓMO DECIRLO, A VECES SE PARA TODO.



la primera dimensión cuánto era
a cuántas millas de aquí se termina
el último paso de los dedos
cuánto esfuerzo llevará el recorrerla
.
cuánto tiempo nos queda
si se ve el fin
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y tu espalda envejecida
transitar tus hombros sin lástima
mi mano vieja que se hizo mayor contigo
tantas veces abierta
.
 no olvidar como era tu cuello
su forma esbelta,
cómo tu pelo descrito como el fuego
en un torrente sin prisas
.
y todos los caminos
que hubo detrás de tu espalda
.
y cuánto tiempo nos queda

lunes, 18 de mayo de 2015

NO SABÍA LO QUE QUEDARÁ DE MI. ¿PROSEGUIRÁ LA ANGUSTIA?


La historia que albergará tu vida
 ….............           dónde estará escrita.
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De qué forma los días proseguirán sin ningún particular,
y si hubo secretos que se fueron contigo te imaginas su lentitud
en manifestarse.
O seguro que nunca fueron de este mundo.
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Por cuántos lugares que pasaste quedará albergada una parte de ti
que resplandezca.
Habrá ecos de tus palabras, tu mano desgastará el mármol
hasta ser perceptible una huella,
tus labios dejarán un pensamiento dentro de un ínfimo recuerdo.
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Y cuántas imágenes de ti irán cambiando su color al invisible.
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En un papel arrugado habrá una marca casual de tu pertenencia,
algo de tus manos que fue un gesto repetido.
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Buscará alguien tu olor  para percibirte,
se quedará quieto una tarde y un segundo para imaginarte.
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Habrá sido esa  tu cara cuando cierre los ojos.
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      Se detendrá la angustia cuando ya no estés.

EL FRÍO DE LA ESPALDA CUANDO MIRAS POR LA VENTANA.




Un largo movimiento no es haber llegado al Khumbu,
sentir el frío del hielo y el duro marrón de sus sendas,
liberados los ojos del aire que hiere,
sujetadas las manos sobre cuchillos de piedras.
Agotados y ateridos e insensibles dedos.
No pienses eso.
La mayor aventura es ver al repartidor de cerveza desde tu ventana
pensar en ti
mis brazos reposados,
...entre cada dos silencios llamarte ,
como si fuera un sueño,
sentir que estás detrás de mi
y que me abrazas.
sentir tu voz como una gran noticia,
y darse la vuelta.

miércoles, 6 de mayo de 2015

ERA UN BORRADOR LLENO DE PUTAS TACHADURAS. HABÍA FUMADO UN PORRO.


EMPECÉ HACE DOS DÍAS A PREGUNTARME QUÉ HAGO AQUI.
DE MOMENTO DEBO VOLVER A BAJAR LAS ESCALERAS (siempre cuento escalones de más, en esa maldita ceremonia de contar y quitarles mi edad para que queden 8, exactos).
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Imagínate: tú eres ese punto y coma ((([;]))). Tienes aire suficiente 
para toda la vida pero no puedes salir.
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Sin la palabra árbol me arreglaba muy mal, no estaban las hojas envejecidas con ese color pardo para llegar y morirse, no eran agitadas por el aire y se caían como un abanico para cumplir el teorema de lo más pesado y atrayente.
Y sin las palabras mi vida, como si fueras mía sin serlo.
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Yo no sé si estaré vivo o muerto cuando lleguen los tres arcángeles. Me da mucho miedo que sólo haya trompetas para mi.
Vuelvo a contradecirte para que lo entiendas: la manzana no cae a su abismo porque esté llena de materia, se precipita porque ya estaba muerta.
Tampoco está claro hacía dónde nos extendemos. Aunque no lo creas, no sabes a dónde vas. Aunque no lo creas solamente percibes de lo que te rodea una mínima parte del espectro que va desde al amor más tierno a la violencia y odio más absoluto.
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El mar en su infinitud odia a los hombres.
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En cualquier punto de esos colores infinitos quédate a suponer lo que no captas.
Has de suponer que siempre podrás estar entre la cruz de una mirilla, dispuesto siempre a morir, debajo de un dedo que razona si apretarse sobre si mismo.
O cagando en los fétidos servicios de una estación de tren.
O dando vueltas por un descampado buscando a alguien que te acaricie.

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No me desees nada. No es verdad. No tienen fundamento teórico tus deseos.
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Mi hermana vive sola y siempre tiene un ramo de flores sobre una mesa camilla. Mi abuelo Carlos vive sólo y se asoma a la ventana del comedor a eso del atardecer, y siente el frío de la materia oscura. Mi amigo Pablo tiene un apartamento en las afueras y vive sólo, y algunas veces sale a buscar amor y regresa con una barra de pan y una lata de mejillones. Yo vivo sólo y tengo un gato y una camisa blanca que suelo poner los domingos por cambiar el ritmo. Pablo y yo somos amigos de Onan, pero yo tengo miedo por las noches y muchas veces me acerco hasta el mar porque me angustia la muerte.
Y  del mar ya sabes su hermosura.
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La imagen del espejo no es cierta. Si te vas a hurtadillas te quedas allí.
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Si la palabra pasión qué sería de mi.
Abre tus muslos, quiero permanecer.
Abre tu boca a las seis de la mañana, no me importa.
Déjame olerte, no me repugnas.
Prometo cuando me hables levantar mis ojos.
Escupe en tu mano. Acarícia mi polla.
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Habían dicho una vez cuanto silencio tiene que haber para que sea demasiado.
Quiero decir que el silencio tiene masa y energía y se estira, silencio en el sentido de no tener donde asirte cuando te sientes perdido.
No sé si has percibido lo que el autor dijo de los insectos. De cómo se mueven desde esa perspectiva. No sé si te has preguntado a dónde van con su desproporcionada carga, cuáles son sus motivos. No sé si has tenido tres minutos para seguirlos con los ojos.
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A un anciano lo acaban de sacar hacía una galería. Y se ha quedado allí hasta el medio día. Cómo ves sus ojos, dime.
En estos momentos a un hombre se le ha olvidado algo, y es una premonición de que desde ese instante empezará a olvidarse de si mismo.
Y en otro lugar un Superhéroe sostiene el diálogo de un niño.
Lo afirmo.
Por cada ser humano feliz, hay veinte débiles y dolientes.
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Otra palabra es abismo, otra reposo, otras dos, boca arriba.
Y así. Y así.

martes, 5 de mayo de 2015

DEBO DARLE MÁS VUELTAS PARA QUE SUCEDAN COSAS.


Como pudo ser el primer día que me llevé algo a la boca.
En qué lugar de la esfera terráquea estaban mis pies.
Y cuál era el agua que iba por el camino sin saber a donde.
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Fue diáfano el día que supe de unos labios
que eran como una fruta blanda sobre mi piel.
Y cuando escribieron un anagrama sobre el borde mis omóplatos,
caía el sol sobre un hueco de la tierra y la abrazaba.
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Y aún está el fondo del agua en que me miré
y vi una ola con mis ojos.
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El camino que me llevaba de su brazo
mientras miraba su cara calma y hermosa
sobre el cielo que debiera despertar azul.
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Dónde estará su mano que escondía la mía.
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Y luego,
la lluvia fina como si no nos mojara.
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Como pudo ser que todo se haya ido,
casi, como si no hubiera sucedido.

domingo, 3 de mayo de 2015

PALABRAS DICHAS POR LOS INFIELES EN SU DESESPERACIÓN.



SI ME PREGUNTARA  A  QUÉ LUGAR TENGO QUE VOLVER, ME ATERRARÍA. ¿SERÉ CAPAZ DE ALIMENTARME? Y LO QUE ES MÁS IMPORTANTE ¿PODRÉ EXCRETAR LOS ALIMENTOS QUE TOME POR MI BOCA?
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Que tanto ahora te llamo para que vengas. Que estés aquí otra vez es una noticia agradable. Sentir que has llegado por tan sólo poder oler tu fragancia y ese tufillo que dejas a los fondos del armario, donde vive el ángel malo.
Te vestirás dignamente alguna vez, no pondrás perfume sobre perfume. Aún no lo sé. Cómo te huele eso por donde más transpiras. Tienes aires de desgana. Aún debo olerlo cuando pases por enésima vez.
Sabes que mi imposibilidad para deglutir no me impide besar. Cómo has de posarte hoy sobre mi estómago haciendo círculos con el dedo. Desde el nacimiento de nuestro hijo fue esa sensación de obstrucción en la garganta que me impide el paso de los alimentos, antes los sólidos, ahora cualquier clase de papilla, preveo que pronto los líquidos, no sé si debo pensar en los sentimientos como algo imposible de triturar también.
Posiblemente debas llevar a cabo tus amenazas. Qué hago tanto tiempo aquí en esta misma posición. Sólo pensamientos, sólo pensamientos en creciente desorden hasta la vorágine. 
Estuve haciendo el recorrido de los lugares y tú no podrás descubrirlo jamás. Medité toda la noche qué huecos serían inalcanzables para tu imaginación. Lo último fueron tus pendientes en forma de perla despellejada a lo cutre. Lo supondrás inverosímil en ese hueco que tiene la pata del taquillón de la entrada, apoyado en el suelo pasarás por ese lugar  en tu desesperación.
Qué ideas peculiares de ti he tenido toda mi vida. Todas las palabras acentuadas que me has dicho, con ese énfasis imperativo y seco, cómo las discrimino con las de cierta ternura, exceptuando exclamaciones de dolor. Yo tampoco estoy, y no estoy, te veo por una leve rendija pasar desesperada, primero tu sombra, luego tú, tus voces de que te falta el tiempo, esa sensación absurda de irte sin pulseras, y toda esa chatarra que te cuelgas como si fueras una zíngara.
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Desde aquí la vida es muy simple, de vez en cuando una gota de agua y el olor a jabón y los estropajos. Qué tanto ahora si te llamo cuando ya creo que te has ido. ¿Sabrás que quedo aquí escondido en el estómago de mi madre?.
¿Volverá amenazante a sacarme de este lugar donde no siento apenas dolor? ¿Te han dicho ya si debo nacer a las seis de la tarde cuando estés de regreso?