martes, 30 de marzo de 2010

CAMA


Me ha pasado que no he podido despertarme a tiempo de tan rápido que he dormido.
Me sucede a veces que deseo quedarme aquí revuelto entre las sábanas, en el profundo hueco del colchón desgastado, marcado por el efecto de los muelles en los que reposo, desde hace mucho tiempo. Hoy a ciencia cierta podría contemplar largo rato las claridades que me ofenden, por si hubiera regresado de un sueño, o de otro lugar que no recuerdo. El levantarme es una desgana que no me propongo superar. Obedece a la misteriosa necesidad de ser ingrávido, mi ancestro quiere convertir el aire en una pastosa placenta, que aún me proteja de todos los misterios que me aguardan. Quiero regresar a ese lugar sin luz, que se despidió de mí hace unos cuantos lustros, para dejarme posado sobre la inmensidad. No deseo la brisa que me saque del letargo, ni la frialdad de las baldosas que me levanten la piel de los pies, sintiéndolas tan frías, como el corazón de una estatua. Deseo tomar otra vez un vaso de agua y dos grageas azules, para poder cerrar los ojos y olvidarme de la angustia de despertar en otro lugar que no haya contemplado, en otro lugar extraño, lleno de puertas blancas, y túneles de cristal, ascensores que mueven mi cansado corazón, manos largas que me palpan, máquinas que quieren esconderme, luces que me hacen pisar supersticiosamente mi sombra, y ojos que intentan delatarme escrutando los huesos de mi cara.
Mi amor, por lo que más quieras, no me dejes aquí, dame tú piel disuelta en agua. Entra en mí y expulsa estos demonios que me comen
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2 comentarios:

M.Deveriá dijo...

Qué bien escribes, Kenit, eres muy expresivo.
He descubierto tu blog hace muy poco.
Un beso.
Soy Pilar pino, bajo pseudónimo blogero.

Noe Dominguez dijo...

Bonito y triste delirio. Me gusta. Un beso, Kenit.