jueves, 13 de mayo de 2010

CUERNOS




Sé que no hay ningún medio científico que pueda demostrar la relación entre los procesos llamados emocionales o anímicos con nuestra parte orgánica, -somática-, en otras palabras, nuestro ser corporal. Lo cierto es que llevo varios meses con desordenes en mi piel, en la zona frontal derecha, se me enrojece con suma facilidad en momentos determinados del día, desapareciendo, no sé por qué circunstancias aleatorias, a los pocos instantes. Los especialistas le han llamado roseacia, sin ninguna causa orgánica aparente.
Lo malo de todo esto ha empezado a partir de semana santa de este año –ahora estamos en Junio-, cuando empecé a tener la sensación clara de que en mi parte frontal había dos bultitos incipientes. Al principio llevaba mi mano a la frente sin tener la más mínima señal en mi tacto, de que allí no había nada anormal. Empecé a sospechar entonces, que algo fuera de natura me estaba sucediendo, porque mi comportamiento estaba cambiando entre la extrañeza y el pánico que me embargaba, por la clara y patente claridad con la que lograba captar mi nuevo significado biológico. Pasó un mes de todo aquello. Visitaba innumerables veces el baño para certificar con mis ojos que allí no había nada, que todo era normal, pero pasaba mi mano por la frente una y otra vez, y sentía aquellos dos duros apéndices de doce centímetros cada uno, -los media cada poco, controlando su virtual crecimiento-
Por otro lado mi cuerpo y mi alma se estaban transmutando. Ya era indudable. Era poseedor de dos cuernos que crecían apartados hacía los extremos. Comencé a reflexionar mucho sobre todo aquello. En la teoría del hombre cazador los cuernos eran las poderosas armas defensivas de sus presas, algunos de los conceptos que los humanos hemos asociado a ellos hacen muy patente la claridad con la que logramos captar, desde tiempos remotos, su principal significado ancestral, incluso como atributo sexualmente seductor, colgados desde hace siglos de las paredes de amplios salones, como muestra manifiesta de la hombría reflejada en una paradójica dualidad de cazador (<->)cornudo.
-Referidos al axioma relativista sobre el espacio y el tiempo: que hace la mujer del cazador, mientras este caza-
A casi tres meses vista desde los primeros síntomas, el asunto no ha mejorado. Me siento muy raro en mi proceder, y las demás personas lo notan con total claridad. Cuando paso mi mano por los anexos de mi frente, me siento bien armado con dos cuernos del tipo astifino, anchos en abertura, tirando hacía arriba y abiertos en punta para el ataque. Los puedo tocar, sentir su rugosa consistencia, su final afilado en punta de aguja, pero en el espejo no hay nada, sin embargo siento al caminar su proporción de gálibo, y lo que es más, empiezo a suponer que son necesarios para mi estabilidad y situación espacial y equilibrio, ya que empiezo a tenerlos en cuenta en mis maniobras de circulación y en la geometría y volumen de todos los objetos que me rodean. Dijérase que tienen cierto modo funcional de vibrisa sensorial, sentido invisible, que ha incrementado sustancialmente mi necesario espacio vital. Durante muchos años, los entomólogos consideraron que los cuernos y mandíbulas corniformes que presentan algunas especies de coleópteros, constituían armas defensivas con las que hacer frente a los depredadores. Durante otro tiempo, se impuso la idea de que esos apéndices eran meros adornos carentes de utilidad práctica o función natural y biológica alguna. Yo os puedo afirmar, que esta sensación de cornudo existencial que me ha tocado vivir desde semana santa, me impone reflexionar sobre el tema, y convencerme de que realmente en mi frente no asoma nada, aunque vitalmente deba proporcionarme espacio y orientación cuando hago el amor con mi mujer, al ver como sobre la pared se refleja la sombra de nuestra unión del emú, y yo observo el vaivén acompasado de aquellos dos cuernos altos y afilados,coincidentes sobre la foto de nuestra boda que corona el lecho conyugal.

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