jueves, 22 de julio de 2010

BUITRES.


Cuando una res moría por enfermedad en la cuadra o eran sacrificadas por otro motivo, sin poderlas aprovechar para comida, eran llevadas por los labradores a San Esteban de los Buitres, al despeñadero de la curva en la carretera que iba hasta Pesoz. Cuando te asomabas aquel precipicio veías el río allí abajo, a mas de doscientos metros, plateado la mayoría de las veces por el contra luz que daba la claridad del día hacía poniente.
Las reses eran colocadas en carros de tiro y llevadas al precipicio. Cuando una res caía, (una vaca, un caballo, y sobre todo ovejas), a la media hora comenzaban los buitres a otear el aire dando vueltas; cantidad innumerable de buitres que a una orden instintual e imprevisible se precipitaban sobre la res muerta.
Esto que os cuento era sobre los años sesenta.
Recuerdo que hace unos años (quizás sobre los noventa) se intentó repoblar la zona de nuevo con buitres traídos de la cabecera del Ebro. Se les preparó el hábitat llevándoles carroña a semejanza de lo que había en aquellos años de postguerra. Por lo visto el fracaso fue total. Los buitres, duraron unos meses y fueron despareciendo. Los ornitólogos no han dado una explicación clara a este fenómeno. Quizás la carroña de la época del hambre era más exquisita para los buitres que la carroña de la época de la abundancia.
Nunca se sabrá (por lo visto).

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