miércoles, 7 de julio de 2010

ENCERRADO




Había salido como de costumbre por mi ruta habitual para el trabajo. Me refiero a todo lo cotidiano antes de abrir la puerta de salida de mi casa, enfilar el portal presuroso y ver delante de mí la avenida Sta. Isabel de Portugal. El día de Julio había empezado plomizo, alguna nube baja y mucha luz. Por esta avenida solía caminar unos trescientos metros hasta desviarme descendiendo por los callejones del casco viejo, en la zona del barrio de Loyola. Cuando iba descendiendo por la peatonal de Crisólogo sentí un trotar fuerte de lo que parecían reses y me volví para observar de donde venía aquel ruido. ¡Qué decir! Pude ver con nitidez: dos berranditos colorados, y uno negro al sesgo, empujándose al desplazarse, dos murachados mamporreros, todos con una cornamenta “ansí de grande”; más atrás venían los toros: uno navarrito, un jijona colorado, y cuatro miuras negros como el betún. Estaban armados para arriba que daban miedo. Apenas discutí conmigo mismo. Empecé a correr despavorido. Me encontré, sin más ni más, danzando a pierna suelta en solitario; nadie a los lados, ni una madera para resguardarse, ni un triste portal en que guarecerse; bajé aplomado, dando con las zancas en el culo, deslomado. Me desvié por Nazario, abrí por Santa Justa y San Elías, y llegué a la plazoleta del mercado. La fuente estaba allí a borbotones, con su repisa mediana de piedra; pensé en subirme, pero me vi asustado y desprotegido, así, que seguí dando suela por la Calle Galicia hasta la avenida Enrique Poncel, muy poblada aquellas horas de tráfico, y llena de gente.
Lo extraño del asunto es que yo iba furibundo, con un morraco oliéndome el culo, y nadie se extrañaba; todos los viandantes a sus cosas sin importarles las cornamentas que acechaban. Me parecía imposible, su osadía, su valentía. Alguno se enfrentaba a mis ojos angustiados cuando me subían de frente, y se quedaban mirando, impasibles, dando la vuelta, viendo mi imagen desprotegida desde la espalda, abierto el paso todo lo que daba (como un Carpanta de la vida), con la camisa fuera, el pelo revuelto, los pantalones medio caídos.
Iba poseído por el mismísmo diablo.


3 comentarios:

Anónimo dijo...

Esta foto está siendo utilizada sin el consentimiento de su autor.
La foto original está en esta página: www.peralta.hostei.com/fiestas.html

Kenit Folio dijo...

Foto eliminada.
Lo siento.
Un saludo.

Noelia Prieto dijo...

muy buena entrada, siempre me ha parecido interesante este tema

un saludo

http://labitacoradenoelia.blogspot.com.es