martes, 24 de agosto de 2010

EQUINOCCIO.


Dos años más tarde que aquella última vuelta de la tierra, en el equinoccio de septiembre, tuve una duda de qué hacer con mi vida: Puedo hacer esto puedo hacer lo otro. Ya sabes. Se llaman proyectos.
Pero un día que estaba sentado frente a las cortinas de mi habitación, no había otro paisaje, o quizás lo había pero no me daba cuenta, me vino aquella sensación de que ya no necesitaba mi vida.
Razonas.
Para eso está el Dosulepin, lo haces en el ámbito de su efecto.
Si yo no necesito mi vida, ¿quien puede necesitarla?, regalarme a alguien es dejarles un muerto. Soy un mamón.
Aquel equinoccio tenía una circunstancia extraña. El atardecer era como si hubiesen sacado doscientos pintores del paro y le hubiesen mandado pintar de rojo lo que se veía. Se veía muy largo y ancho, lo alto era lo rojo, y por abajo toda una franja de color vino.
-¿Son rarezas?.
-¡No, son dudas muy raras!
Unas veces sí, otras veces no, con todo soy igual. Deprimirse en una cola de hombres y mujeres, sin saber qué hacer, sin muchas expectativas.
Cuando llegué a casa vi las cortinas y pensé que era el cine, me encontraba aturdido, y me senté a esperar.
Llevar una vida así con esta incertidumbre es angustioso, siempre pensando que alguien se va a morir porque está harto, siempre pensando que si mi vida ya no vale nada debo regalarla.
Recuerdos.( Esas cosas que se me pasan por la cabeza, desorganizadas).
De niño tenía una cometa que no andaba bien, volaba de lado. Cuando hacía poco viento se estabilizaba. Aquel día la cometa se había cansado, porque yo tiré suave de la cuerda, pero se estrelló contra el suelo. Aquel día por primera vez tuve esta sensación que ahora tengo, por primera vez intenté regalar mi vida. Y era una puta cometa, y yo era muy niño, así que fíjate como me empezaron a ir las cosas.
Quizás no haya pasado tanto tiempo, pudieron haber sido horas.
Este día de Septiembre ha tenido un horizonte muy rojo.
En todos los equinoccios hay días así.

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