martes, 24 de agosto de 2010

FÍSICA.


Pues como que no era capaz de entender la teoría de la relatividad; y de que la gravedad era una onda electromagnética. Llegué a esa edad en que memorizas lo que no entiendes, te das de hostias en la cabeza mientras miras el cielo tras la ventana, y es como si rezaras el rosario, no entiendes nada.
Pero tú me gustabas.
Lo notaba en la entrepierna cuando me quedaba pensando en el otro mundo sólo contigo, igual que los asnos. Algunas veces me iba hacer una paja al baño y tú te reencarnabas para facilitarme la labor; así descubrí la nebulosa Águila, cerrando los ojos mínimamente mientras me corría.
Desistí de todo a esa edad en que eres un polvorín, y me amenazaron con echarme de casa. Mi habitación era el bunker más robusto del Cinturón de Hierro, en mis ventanas cuatro nidos de ametralladoras, luego en las paredes The Doors tapándolo todo.
La gravitación universal se iba y se venía. Alguien le había complicado la vida a Newton; la física cuántica tiene esas cosas que no se pueden medir a simple vista; necesitaba comprenderlo, y estiraba los libros por la cama para tener más superficie de lectura. Paseaba como los abogados, con mucha disciplina.
Pero seguía pensando en ti.
Necesitaría una vara de avellano para darle golpes a la polla, debería amaestrarla. Ya sabes como hacen las serpientes cuando están encantadas, resurgen.
Se muy bien que serían capaces de atarme la mano a la espalda para que no me quedase tísico por tú culpa. Existía la Santa Inquisición.
Algunas veces, después de tantos años, aún sigo pensando en ti.

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