domingo, 17 de octubre de 2010

AUTOBÚS.


Si fuera en un autobús y en este preciso instante se acabara el mundo, y quedáramos los que vamos a la Colonia de la Asunción, cogidos en las barras, sentados como petrificados mirando a un punto muerto, te escogería a ti, la que vas apoyada detrás del conductor mirando en sentido contrario, hacía mí, con los ojos tan grandes que parecen dos pozos de agua de acequia con todo el triste gris reflejado.

En este instante en que todo está quieto, lo de fuera destruido lleno de humo negro, y que por una irreal magia hemos quedado aquí, aislados, endebles, pálidos por el susto repentino, me levanto del asiento y camino la escasa distancia que me separa para verte de cerca los ojos y decirte que tenemos que empezar una nueva vida en este barrio destruido.

Porque tú te has sentado ahí y yo aquí para que podamos encontrarnos de nuevo, sobre la plataforma de este autobús que ha llegado al final del mundo.

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