domingo, 24 de octubre de 2010

DON BENITO DE GUIO. (BOCATA GUINNESS: DATOS TÉCNICOS).


Le digo a Damián, cómo será el bocata, el bocata será de salchichas, de carne guisada y llevará callos, carne de pollo; otra parte para vegetarianos con lechuga, tomate, bonito, cebolla, pimientos, endivias; de todo esto casi una tonelada. Irá por sabores. Calixto me dijo ayer que empezaríamos a la seis de la mañana a colocar los tableros y las crucetas de taburete para soportarlo. El Ayuntamiento y la Caja de Ahorros nos dejaron las vallas y las tarimas. La cosa empezará en la calle Puertoveas, seguirá por la avenida Belchite y acabará en el callejón de Costanilla; total un kilómetro y medio de bocata.

A las seis y media llegaron dos avias descubiertas y dos furgones nevera de la funeraria, y una carroceta con guinche de tiro (de las de la madera) llena de riches de un metro de largo y ciento veinte centímetros cuadrados de sección de miga, para que chupase bien el jugo. La Panadería de Pacho y la de Lelo, estuvieron veinte y ocho horas haciendo pan de mezcla con un poco de centeno, maíz, y poca levadura, así abre mejor. Era una delicia ver aquella montaña en forma de pirámide repleta de pan dorado.

Paco el de Sampiero, y ocho ingenieros en prácticas quedaban abriendo aquellos chuscos gigantescos con una sierra fina de carpintero.

Por allí llegaban montones de palomas desde arcados de los soportales, porque en el aire flotaban migas como copos de nieve, y empezaba a desprenderse aquel olor a rancho de guerra por todas partes.

Gatos y perros famélicos, fugados de la perrera municipal para menores ,también se acercaban temerosos.

Allí abajo es todo como una fábrica, primero una panadería llena de retales de pan a lo chusquero, chuscos de un metro y medio apilados como leña, cantidad de ellos; luego una perola de acero al carbono a lo gigante de tres metros de diámetro cocinando carne guisada (una tonelada) , callos de cerdos y ternera con mucho picante (otra tonelada), aceite de girasol (doscientos cuarenta y ocho litros); la carne deshuesada estaba metida en cuatro bidones de sae treinta bien lavados ( capacidad para ciento veinte litros); hortalizas regándose con una manguera procedente de un aspersor; y muy al fondo, una grúa de veinte toneladas con su maniobrero moviéndolo todo igual que en una obra civil de ingeniería extraordinaria y de gran coordinación.

Las salchichas con cebolla se están dorando en una plancha de doce metros cuadrados sobre braseros de encina. Varios hombres les van dando vueltas con lanzaderas de varilla inoxidables. Los cocineros improvisados están uniformados como mandan los cánones de color negro, con capirote blanco (por lo llamativo).

El pan está colocado abierto en media cara, la otra cara esperando el recubierto de las viandas. Y así dieciocho mujeres con cucharones tenedores al uso de dimensiones desproporcionadas, van desparramando las partes acordadas. El gran bocata se va configurando como una serpiente que repta quebrándose, pareciendo y desapareciendo por la avenida.

Aparece Damián y dice, esto está para el notario. En los aledaños una multitud se agolpa en las calles cortadas por barreras metálicas y unos ochenta municipales conteniéndolos. Sus caras son de un famélico que asusta, digiérase zombis pálidos y hambrientos. Damián y aquel morenazo trajeado estiran la cinta métrica y van caminando despacio apuntado sobre un bloc con una figura en forma de U, hasta llegar al callejón de Costanilla: un kilómetro mil quinientos ocho metros.

Superado y certificado el bocata discontinuo más gigante del mundo.

Hacía un sol de justicia por todos los flancos, solamente la sombra fresca de los soportales de la calle Belchite dejaban al día acariciador y reposado. Por los bordes del bocata gigante salían grumos grasientos y apetecibles que se depositaban sobre un tapete de papel blanco que lo separaban del tablero de madera.

Todo presentía que se removerían los jugos gástricos del populacho. Igual que en los Autos de Fe.

Cuando el del Guinness y Damián salían de la Calle Costanilla, vieron aquella multitud que se daba de leches por coger un trozo de pan con revestimiento de vianda, no se lo pueden creer, una barahúnda era golpeada soportando porrazos y patadas de los municipales, estaba agolpada para acceder a empujones y poder comerse todo lo que encontraran sobre el tablero: niños pisoteados por el suelo, mujeres que cogen trozos y se lo guardan en bolsas de plástico, y hombres de músculo agresivo que intentaban acceder a los tableros. Algún municipal había tirado de pistola y suenan detonaciones. El morenazo del Guinness abre unos ojos así…, desapareciendo despavorido con su carpeta.

Lo que queda por allí son restos grasientos y el orgullo de haber hecho el bocata más gigante.

Si fue verdad la leyenda urbana de la Muralla China vista desde los satélites, lo del Bocata de Don Benito de Guio sale en el Google Earh. No se lo pierdan.

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