viernes, 1 de octubre de 2010

¿Y QUIÉN ME HABLA?






Algunas veces pienso que aunque no esté el mar aquí (me habían dicho lo de la caracola), y pongo las manos como un cuenco sobre mis oídos, parece que lo siento.

Lo de las caracola debe ser una leyenda urbana. No hace falta.

Al despertarme lo primero que hago es abrir la ventana para mirar la calle y me viene ese vaho a rueda y a gasolina, si doy la vuelta y miro mi cama deshecha huele a mí, profundamente a mí, es el cubil de todas las noches.

Dejar a los locos sueltos no es bueno. Un loco en soledad está doblemente loco. Yo me ensueño y ensueño, así se soñaron los sueños de la historia sagrada. Mi imaginación estuvo encerrada en el pabellón de los inmortales, de los que algún día vendrán a socorrerme, y me tenderán su mano cálida, para llevarme para siempre de este sufrimiento.

No se sabe si el rey Salomón utilizaba calzoncillos de felpa; pero lo que si era cierto y viene a cuento, es que tenía poderes mágicos. Según dicen los historiadores más fidedignos reunió a todos los locos de su reino y logró encerrarlos en vasos de cristal.

A estas horas ya han abierto La Pondala, aquí enfrente, en la calle Garcilaso, y ya está llena de genios, y me huele a serrín y a sidra. Estoy en Azófar y hace frío en la ventana, y hay un desierto lleno de manzanos, y el rey Salomón me habla sobre la transición de la vida, y de que los más poderosos deben someterse a Dios. Sé que mil jinetes me andan buscando. Por Azófar siempre voy disfrazado de siervo, y si veo un jinete me estremezco, me da angustia, y me paro donde esté. En ese lugar me han visto como una estatua, como un mimo, las manos abiertas hacía el cielo susurrando un salmo.

Horas y horas aquí. Ya dije que hacía frío. En la Pondala entraron magos. Y ahora me tapo los oídos y hago un cuenco, ¿lo oyes?, es el mar.

Nunca he visto el mar pero no hace falta tener una caracola para escucharlo, pon tus manos ahí, como si estuvieras dentro de un vaso de cristal , y cierra los ojos, ¿lo oyes?, es el mar que te susurra desde muy lejos.

-¿Y alguien me habla?

- Es el rey Salomón.

2 comentarios:

Poma dijo...

Magnifico ¡¡

Anita Noire dijo...

Mola Kenit, mola mucho.