martes, 23 de noviembre de 2010

NOTEMELAFEITES, SOBORRICO.


Tomé un café tan largo que ahora mismo derramo lágrimas de un pardo oscuro de los nervios que me tengo, y es que estoy muy nerviosillo; la Catalina está ahí dentro y va a dar a luz el primer niño. Esta máquina de la tercera planta da cafés como miel de espeso.
Le dije al Doctor, por lo que más quiera, no la afeite el coño ni me lo toque a mi gachí, yo cuando la cubro me enrosco a ella como una culebra y le voy al muñón en la oscuridad por ese salado que suelta.

-Ni me pierdo que sé adonde está.

Le dije al Doctor, si me la pelas te canelo, y le dejo salir todo el aire a la cortada para que te mueras ahí mismo, míratelo bien galeno de tocar con la cuchilla esos tirabuzones de judío que tiene la Catalina en toda la regaña.

Si el niño se ahoga, le das vueltas y lo desenroscas.
Cómo me atrae la pastosica de la progesterona y los juguitos del gusto mezclados con los pelicos. Si es que me enyerbo

Me cago en tú puta madre si te atreves a afeitarle el coño, díselo a la comadrona.

A mi la Catalina me huele a tierra de cementerio y a babosa, a estiércol de borrica, y a enredadera de yedra, a madroño machacado, y a caldo de nabo antes de apurricarme en la huerta.

Notemelafeites, soborrico.

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