miércoles, 17 de noviembre de 2010

Y VEN A BESARME MUCHO.


Estar loco es decir poco, estar con ese desorden de pensamientos, estar pensando en el futuro y estar sin salida, estar joven y pensar en estas cosas, pensar que se está abocado al desastre siendo, aún, verdaderamente, tan joven, estar elucubrando el qué será de mí.Y estar, no sé cuantas veces podría estar diciendo estar estar estar, se caería el cielo sobre mí como un papel transparente y no dejaría de decir: estar estar estar. Algunas veces me da por una palabra, y no es que poéticamente quede bien en el contexto. Se apabullan las palabras idénticas, no queda hermoso. Estar estar estar, y qué más da. Soy un puto soplapollas y un come y come.

A mi trabajar gratis no me gusta.

Pero ahora me viene tú cara, cierro los ojos otra vez, y pienso en ti.

Mi cabeza está así y así, todo el día así y así.

Yo si te besaba era para poder cerrar los ojos y darle a mi lengua muchas vueltas dentro de tú boca, hacerte el molinillo y beberme tú saliva. Y cuando te besaba no era cuestión de pensar en el porvenir porque yo ya estaba en el séptimo cielo. Y cuando se está en el cielo todo está hecho. Son esos instantes en que creo que te quiero tanto.

Tres de queso de Burgos en tarrinas, y un paquetito en lonchas, y queso en porciones, y rallado si lo encuentras.

Está claro que todo es relativo y depende del momento, pero mi cabeza está llena de personajes que surgen desde todos los lugares. Ya sabes como es eso te llaman y te llaman, intentan hablarte, algunos te dan consejos, son personajes de lo más variado. Y algunas veces también hay odio y resentimiento, entonces se te encogen los nervios como si te mandaran dar una hostia a alguien que sólo existe en tú cabeza.

A estos Personajillos, si les das pastillitas de ansiolíticos como que se acojonan. No tienen ni medio sopapo.

Pan Bimbo y margarina y galletas de María y mantecados.

Me doy de hostias con la sociedad en general, pienso que yo no tengo la culpa. Y es que me estoy limpiando el culo con papel de periódico; por orden de intervención (quiero decir por orden de llegar a la raja) debajo del clavito había colgado un Fotogramas muy antiguo, el Hola y doce páginas de Lecturas. Limpiarse con esto se le llama escariar las almorranas.

Ya te dije que no había foagrás ni papel higiénico. Es el final. Cómprame pan a la brasa también.

En realidad, lo que se dice, matar una mosca me revuelve el estómago por la injusticia que representa. Ahora bien, a los putos mosquitos los odio; los fulminaría.
(Se me viene ahora a la chola San Francisco de Asís)

Trae detergente, y si compras una docena de huevos y dos litros de leche, creo en ti por la eternidad.

El mal esta en tener exceso de información y no saber asimilarla, los muertos del otro lado del ecuador por la parte de atrás de la Tierra es como si sucediesen delante de la Mercería Adelaida, debajo de tú ventana. Y se te encoge el corazón, porque te las ponen en color con sonido estereofónico, y así en el sofá, son como tragarte una birra ahorcando la botella por el cuello. Luego esta la vida de los otros saltimbanquis, personajes de cartón piedra que hablan de cosas como lo que le pasó a mi vecina.Lo malo es que mi vecina no tiene guapura; mi vecina es un bicho en todos los aspectos, sin guapura, y sin amantes.

Café no tomo mucho,es por lo de los nervios. Pero si quieres trae una bolsa de Toscaf.

Viendo tantas cosas que ocurren, bajar a comprar botones para la bragueta a la Mercería puede originar una situación de riesgo.
Qué vengan los de la tele; aquí pasa algo. Son valientes estos chicos con la cámara a cuestas y la alcachofa delante de una viejecita. Y a donde está el suceso, dice la Guardia Civil. Y los de la tele qué cojones le echan en estas guerras intestinas.

Doscientos gramos de chope, no estaría mal, y jamón york.
Que no se te olvide el ketchup y la mostaza.
Ah, y patatas para freír, y las de bolsa.

Acurrúcate dentro de mi corazón y ponlo a cien, quiero sentir que debo vivir por algún motivo. Muévelo a pedales o siéntate sobre los ventrículos treinta veces seguidas para impulsar mi sangre. Ponme hipertenso durante dos horas. O siéntate con el coño, así de abierto, sobre mi boca, y vete bajando el culo despacio para verlo bien de cerca. Cuando lo acercas es como si te movieras en cámara lenta por entre hierba de ballico. Algunas veces te huele a cuadra; y lo soporto (cuando comes un coño, todo es empezar. No les tengas asco, saboréalo –Sor Coño de la Lengua-).

Una lata de berberechos sería ver el cielo, y si me compras dos latas de zamburriñas picantonas, estoy mezclado con los mismo ángeles.

Tú algunas veces me sabes a pan tumaca cuando te lo lavas bien.

Yo sé que me quitas el miedo y me das otro miedo: el que te vallas porque soy un don nadie sin jornada, sin turnos, sin ganas de levantarme, con esta pesadumbre. Y si mañana no vienes no pagaré más el alquiler, ni subiré las persianas, ni arrojaré huevos sobre una sartén desde un metro de altura; despanzurrados los huevos.

Me alimentas.

Abro los cajones de la alacena y veo el fondo, es un papel de estraza de hace ocho años. Por allí hubo alguna miga ayer, y dos codos de barra de pan dietético antes de ayer.

Si me subes el pan, sube también tú culo, y tus tetas que son como un muelle.
Y si arramplas con algo de foagrás, alguna lata de sardinas y bonito en aceite vegetal se agradece.

Estoy con desorden postpsicosis, lo noto, me entra esa forma tan extraña de razonar la realidad. Lo que me rodea es un nexo tan endeble que un día flotaré sobre el techo de mi habitación y será patético con la ventana abierta intentando sujetarme para no salir pitando.

Dos de bonito en aceite de oliva (ya te dije) y un tarro de cristal de aceitunas extremeñas, de las negras (sin hueso).

Y ahora me acuerdo de lo que me dice el abuelo. (Doscientos euros al mes por acarrearlo durante dos horas al día por el parque Berchams)

Me dice el abuelo que sujeto de seis a ocho de la tarde, cuando está lúcido, cuando no le puedo robar el tabaco, si llegas a estar como yo pégate un tiro antes, mira hijo, lo mas horrible que le puede pasar a un hombre, es perder la capacidad de pegarse un tiro, o arrojarse por una ventana cuando le salga de los cojones.

Anchoas, pimientos del piquillo, y una tortilla congelada.

Esto que te cuento del abuelo no es para que te lo tomes al pie de la letra, siempre estaré yo para pegarte dos tiros si es que quieres, deberíamos reflexionar quien se los pega a quien antes, es un dilema. Tú mientras tanto prepárame una rebanada de foagrás que tiene mucho hierro.

En el parque Berchanms está Berchams que por lo visto fue un santo, y sobre su cabeza hay una paloma y la paloma le caga la cabeza y el sayal. El abuelo me dice, Vitorin, tápame las piernas y saca un Ducados, a este cabrón cuando tiene la cabeza bien le da por fumar, luego lo huelen los hijos por donde la bragueta por si va cagado, y la chaqueta por si fuma, y me amenazan; si huele a lo que tiene que oler: a mierda y a tabaco negro; a qué va oler este puto viejo.

Me informan en exceso, quieras o no quieras, es el gran hermano. Pero de tú interior, de lo que hay ahí, pienso que sólo sabes tú y yo, de mí sólo sabes tú, te lo prometo, ¿me dejas hacerte este paseo con las manos sobre tú espalda?, voy de un lado a otro y tus vértebras son como la cordillera de los Andes: Chile a un lado, Argentina al otro.

Discúlpame, estar es casi no estar. No le des vueltas. Si me dejas poner la cabeza sobre tú espalda, quizás me duerma.

Porfi, almendras, cacahuetes, pipas peladas, pipas sin pelar. Oyes, y una de turrón de Jijona.

Pon lo que quieras en la nevera, y ven a besarme mucho.

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