martes, 28 de diciembre de 2010

DESHECHOS DE LA PAPEPLERA.


Sientes llorar a alguien. No importa el lugar ni la hora. Alguien lloraba. Se dice así. Luego prosigues bajando las escaleras porque es muy temprano y llevas prisa. El sonido salía de detrás de una puerta del segundo que estaba cerrada a tú paso, y sólo aminoraste la marcha con aquellos tristes gemidos. Levemente te dio pena. Era aquella sensación. Luego el frío de diciembre me da un manotazo en la cara para despertarme del todo. Ya estaba en la misma calle de todos los días.

He intentado suicidarme varias veces en ese mismo lugar y he dado la vuelta. Me falta el ímpetu. Sucede a veces que has reflexionado la forma, haciendo conjeturas sobre el sufrimiento o analizando el shock que debes soportar en los últimos instantes. Seleccionas una forma limpia, rápida y barata. Hubo casos en que la gente elegía el propio nicho alquilado de su cementerio en un afán extraño para evitar trabajo. Conozco algún caso. Un hombre en Extremadura se metió a lo largo en su nicho vestido con su mejor traje, pero descalzo, con una escopeta de caza. Se puso los dos cañones debajo del mentón, y con el dedo gordo del pie atinó con el gatillo. Esta no es una mala idea. A mi me ronda por la cabeza el precipicio. Pero estoy recapacitando. Esos instantes finales, hasta que te estrellas contra las rocas, deben ser de difíciles pensamientos. Quizás el envenenamiento. No sé. Seguiré informando. O quizás no diga nada. Para qué.

Las civilizaciones que han aplicado aquello de que el fin justifica los medios han sido horribles. No me conozco toda la historia de las historias. En la vida normal tampoco es un axioma aquellas que dijeron que el trabajo te hará libre; no por que la frase en sí sea despectiva, sino por donde se dijo y lo que anunciaba. Para qué hablar.

Sabes. Me encanta comerte el coño. Para mi comerte el coño es una ceremonia. Verte como te quedas así tirada en la cama con las piernas abiertas. Empezar a besarte los muslos suavemente y luego ir mordientelo por fuera. Bufff. Me pongo malo sólo con describirlo.Me gusta abrírtelo y ver lo rosadito que lo tienes, e ir chupándotelo. Buscar tú clítoris y acariciarlo como un caramelito. Empiezas a soltar toda esa dulzura en mi boca. Luego mordértelo suavemente. Te digo una cosa: el botoncito se abre ligeramente cuando te lo aprieto suave con los dientes. Y así, abiertito, si le empiezas a pasar la punta de la lengua suelta néctares de miel a borbotones.
Cuando un coño está bien comido se le puede meter el nabo con todas las consecuencias, antes no.
María: Si es que resbalas como la grasa consistente cuando te como con tiempo.

Estaba también allí, tan agradable, acurrucado, que estuve toda la mañana sin nacer. No sé si a alguno de vosotros le pasó eso. Pero hay un momento en que te escupen al mundo. Es como si fueras por un tobogán. Yo lo primero que me encontré fueron tus ojos. Ya estabas allí mirándome. En ese tiempo alguien dijo, ponle el reloj a cero, y entonces empezaron mis problemas. Había una luna inmensa porque era de madrugada.

Te pido por favor que me hagas una paja, ¡anda mujer! Y le cogí la mano y se la puse encima de la bragueta. Era como una monjita. Pues nada. Me desabotoné, me saqué el capullo, le cogí la mano, le hice varios ademanes y muy bajito, y al oído, le dije: muévela así. Y sabes. Ella mirando para la película, y cuando estaban intentando sacarle el secreto a Marlon Brando, se paraba, y a mi me daba un coraje de la hostia. Aquella gilipollas no sabía ni hacer una puta paja con cariño.

La bombilla de mi habitación tiene unas caderas como Lauren Bacall. Y el áurea de Santa Teresa. Cuando tengo miedo a la noche la dejo encendida como si fuera la luna de Valencia; y a eso de las tres de la mañana viene una mariposa llena de polvo blanco a darle vueltas como un Spútnik. Mi miedo juega a contar las vueltas circunvaladas como si fueran ovejitas. Y muy despacio mi miedo tiene sueño. Es mi mariposa blanca. Creo que es mi Ángel de la Guardia.

Cuando caía aquel rocío y dejaba todo la hierba llena de humedad salían cantidad de caracoles y atravesaban el camino. Ya sabes como anda un caracol, va muy despacio. Resulta que pasaba la gente y los pisaba, y quedaban allí despanzurrados. Yo iba delante del carro y de las dos vacas que tiraban y me seguían. Me adelantaba dos o tres metros para coger los caracoles y apartarlos de las rodaduras, los cogía y los tiraba al terraplén lleno de hierba húmeda. Una vez mi padre me dio lo suyo con el cinturón, y me llamó de todo. Pero salvé casi trescientos ochenta caracoles.

Cuando te la meto por el culo, me tengo que poner más levantado. Tú culo es como una esfera con todos los océanos, y el ano lo tienes coincidiendo con el Trópico de Capricornio. Te meto un dedito y le doy una vueltas, luego te pongo el glande allí, la punta del capullo, vamos, y empujo un poquito. No te puedes imaginar el gusto que me da. Es como si me pusiesen dos cablecitos de una pila de petaca en ese sitio donde estaba la fimosis. Yo no sé lo que tú sientes, pero yo te digo una cosa, el culo lo tenéis mucho más suave que el coño. No hay ni comparación.

Yo estaba en los servicios de caballero de la Renfe, en Alcalá de Henares, y luego entraron otros tres, ósea que estábamos meando cuatro, el que estaba a mi lado, dejó entremedias uno libre, y se puso el otro, qué más da la simetría, tenía una camiseta de tirantes, y lucia músculo, lleno de tatuajes, parecían las insignias del Africa Korps. Y va y entra la maricona, como si estuviera vestida de Sevillana, y tío, va y se pone entre el tatuado y yo, y le vemos aquel cacho de mango, yo olivaba de lo grande que lo tenía, enroscado como un bastón de enredadera, y sin más ni más va el tatuado, va y le dice, so maricón te voy a dar de hostias, tú al de señoras, capullo, y le suelta un mamporrazo con el puño cerrado en medio de la covacha, y la maricona que da de bruces con la cabeza contra los azulejos, para luego rebotar en el suelo lleno de orines, tío tio tio, le dio de patadas así, como que fue en medio minuto todo, como que salimos los otros tres sin decir nada, y luego vimos al tatuado saliendo atusándose la bragueta, y oíamos las voces de la maricona allí dentro, como quejándose y llorando.

Yo veo jugar a los niños en todos los sitios y ponen esos ojos. Los veo jugar en el culo del mundo y ponen esos ojos. Ponen esos ojos porque son niños, y los niños son igual en todos los sitios. Pero no sufren igual en todos los lugares. La miseria les pone esas pupilas de documental cuando te miran desde la tele.

He salido de la escuela y voy dando tumbos. Mi boca me sabe a chocolate y hay un aguilucho sobre los cables del teléfono. Llevo una maletita de madera y si la agito cuando corro todo se mueve dentro. Allí van un ciento de historias. Algunas veces me acuerdo de hechos concretos. La mente es extraña. He visto marcharse al aguilucho, y todo ha empezado porque me han dado un trozo de chocolate. Es una casualidad. Los sabores también azuzan los recuerdos.

Cundo me follas encima. Espero. Lo de ponerse el condón es una jodiada. Corta un poco el rollo. Aún no sabes muy bien como acertar con el agujero, el cagueto del culo está a una distancia del canto de una moneda. Luego aprietas despacito y aquello se mete, pero no sabes moverte muy bien. Al final siempre te tengo que decir que te levantes un poco, y yo te doy de abajo arriba, algunas veces se sale, y me fastidia, hay que volver a empezar.

Me he sentado en este banco porque no quiero esperar. Es un momento en el que no tengo nada claras las cosas. Me vienen muchas ideas pero todas son un puro deshecho. He decidido permanecer aquí hasta que me calme.

Pasaba un tren muy largo y alguien estiro una mano y un pañuelo se agitó. Era la letra de un blues. Muy triste. A mi me gusta escuchar blues en silencio, y si por mi ventana hay algún atardecer del color del vino, aún me gustan más. Mi inglés no me permite entenderlos a la primera, por eso les doy vueltas y vueltas y los repito cien veces si hace falta. Aquel blues empezaba así, y era una despedida.

A veces pienso que vivimos en una gran caja de cartón y me da angustia. Sabes, veo esos documentales que dicen lo del Big Ban y que el universo se expande y que tiene una edad de 14.000 millones de años. Y mucho más. Otros dicen que hay varios universos, que se podrá pasar de uno a otro. Pero yo a pesar de todo me angustio, sigo pensando que esto es una caja de zapatos y que me falta el aire.

Venga, Enedina, mujer, chúpamela un poco que también yo te comí el coño.

He llamado a Pedrito para jugar con él, pero me ha dicho su madre que tenía el sarampión. A veces pienso que no quiere jugar conmigo porque soy pobre.
Con María José estoy cansado de jugar, y además tiene una muñeca a la que se le suelta la cabeza.
Las niñas son muy mandonas. A mi lo que me gusta es hacer casitas en el “Caleyo”, y jugar a los médicos, o a las tenderas.
Me dijo Amadeo que le mirase a María José si tenía pelitos en el coño; pero aún no los tiene. Si que le vi la rajita.

Me vino Floro diciéndome que el cementerio estaba lleno de aspas de ventilador, y resulta que eran gamadas. En fin. Tengo ganas de mear, pero no tengo ganas de volver al vater donde aquel hijo de puta le pegó al maricón.



1 comentario:

Anónimo dijo...

buscando fotos de botijos ibericos he llegado hasta tu blog me estoy divirtiendo mucho leiendote y seguire haciendolo, para mi tienes arte