jueves, 2 de diciembre de 2010

SI ES QUE ESTO ES PURO BAUDELAIRE.


Tú te metiste el nuggets de pollo, el complemento de cherritos, dos multifrutas de zumo, un vaso grande de cerveza, dos minisundae de plátano, y como tenías más hambre repetiste una amburguesa de beicon con queso, bien sazonada con mostaza, y para quitar el sabor final pides otro minisundae cambiando el aromatizado a gelatina de fresa; y me dices luego: acábate el café con leche, ahora ya podemos subir a follar.
Recuerdo que salimos de la mano y te tiraste dos pedos, eso fue real no una sensación; fue en la misma puerta del Mcdonald’s.

Como no había ascensor subíamos unas escaleras desproporcionadas,en cada descansillo entraba algo de claridad por unas pequeñas claraboyas que imitaban una lágrima. Cuando llegábamos al bajo cubierta mi brazo me dolía de tirar por ti igual que a un sherpa de Katmandú. Y había palomas sobre la claraboya y en todo el tejado se oían con ese gorgoteo que tienen las palomas acurrucándose unas contra otras. Lo otro que subía nítido era el ruido de la calle y los chirridos de los coches.

Fue una patada a la puerta y un golpe seco que hizo retumbar como si vibrara la penumbra del pasillo.
Tú las manos cogidas a mí y dando vueltas como si no tuviéramos sitio. Me arrojaste debajo del contador de la luz y un perchero medio arrancado con un abrigo inmenso tapando a medias tú foto de la primera comunión (tan extrañamente escuálida estabas).

Hubo una vez (recuerdo) que nada más entrar te pusiste a gatas y tuve que arrodillarme y frotarme sobre tú culo como un macho de berrea, cuando te levanté aquella falda larga de zíngara (que te ponías los días de fiesta) y la tiré hacía delante hasta taparte la cabeza me parecías un pavo real erguido, y al bajar tus bragas tan ceñidas apareció el esplendor de tú culo como una hucha gigante. Me apetecía meterte monedas de chocolate por la raja del conejo.

Algunas veces cierro los ojos y poetizo allí perdido que te me mueves hacía atrás y no me encuentras la chincheta. Y si la encuentras, cuando es el ven del va y ven, como que me das mucho gusto y me olvido de todo y es que tienes la potorra llena de margarina derretida y me engrasas la entrepierna, y se me quita el hambre de ver tanta grasilla.

Un escuálido es poco hombre para tanta mujer (larga, ancha, y alta, algo así como atacarte por tierra por mar y por aire). Cuando te miro es como si mirara la raya infinita del mar de lo grande que me pareces a lo largo, quiero decir que me contagio de agotamiento si me propones esas cosas de comer y follar tanto.

A mi me gustaría discutir un poco de las Journaux intimes de Charles Pierre Baudelaire. (Así mismo)

-Ni por esas.
-Follar y follar; y comer y follar.
-¡So gorda!
-Eres como el neumático de una rueda de tractor.
-No, no; (mejor), como el anuncio de Michelín al final de un recta con cambio de rasante.

Abres la puerta y me huele a veneno de cucaracha y tú boca que ahora me devora tiene restos de fresa y nata, y me das la vuelta y te noto inabarcable con esos mohines que haces cuando deseas correrte con tan poco.

Como me has tirado al suelo sin contemplaciones huelo la moqueta llena de pelos de gato y te veo en esa postura incómoda como si estuvieras sentada sobre el palo de una escoba. Le ayudas un poquito y ya está dentro, y veo tú cara, es como un sol dibujado por un niño, o una luna así de redonda, tú boca, tus ojos son pura geometría de muñeco escolar, y tú pelo corto como una estopa; y te agitas y me haces retroceder y avanzar, y cuando retrocedo y avanzo nos movemos por el suelo hacía la cocina. Sabes que quiero aguantarte, te miro con los ojos abiertos por si se me quitaran las ganas, pero me puedes; tu coño es una delicia y arroja más limos que la boca del Alien (dos) cuando lo sueltan al universo.

Y aún así (en el ínterin), para el ardor de coño que te acuciaba te tomaste dos Alcaselser, sacaste de la nevera una pota de tallarines, abriste dos latas de bonito, medio tarro de Ketchup y te pusiste a comerlo delante de mí. Y vi de nuevo tú boca. Y sentí de nuevo tú boca y tú lengua con restos de bonito, mientras me estrellabas la cabeza contra la cabecera de la cama, una y otra vez, y cuando te derrumbaste sobre mí, me vienes con aquello, tan suave y romántico susurrado en mi oído: sabes, se me está apeteciendo un pincho de tortilla; y luego seguimos.-Si es que esto es puro Baudelaire

4 comentarios:

zaire dijo...

no sé si esto es burlesque, realismo sucio o qué coño será, pero me he reido un montón y me gusta mucho el ritmo con el que te ha quedado!:)

KENIT dijo...

Gracias, Zaire. Un saludo

Anita Noire dijo...

Como que me está entrando jambre, que cosas!!!!

Anita Noire dijo...

Como que me está entrando jambre, que cosas!!!!