martes, 14 de diciembre de 2010

Y ATO CABOS.


Azucena me había dicho que se había roto el himen por una separación brusca de los muslos, que se había caído a horcajadas sin empalamiento que no había habido antes penetración lúbrica, y que muchas veces le daba por el onanismo solitario. El caso es que cuando se la metí la cosa fue como pedro por su casa y me dio por primera vez aquello de los celos, y le dije que lo iba a mirar, y que diese la luz del techo, y le metí el dedo por el culo para verlo por la vagina, y cuando lo vi aquello estaba como una flor sin pétalos, hermosamente de color carne, sin un rastro de sangre.

Yo ahora me mezco al lado de las troneras del carbón y tengo esta cosa aquí que me empieza a carcomer. Aún me huele el alcanfor de la camisa de la boda.

Ha pasado el mulero de la Vaguada con troncos de abedul y las mulas se reían.

Le estoy dando vueltas a nuestra historia, y ato cabos.

 

 

1 comentario:

Poma dijo...

Si ya lo dicen.. pierden más dos "palillitos" que dos carretas.