domingo, 26 de diciembre de 2010

Y A LA CHATA MEDIO MUERTA.


Por San Esteban saqué por última vez la piara por las Fontías arriba hacía los castañales de Bibiana. No me gustaba mucho la zona por los roquedales falseados, pero había mucha valduna, regoldonas grandes, pilongas, y mucha castaña bravía.

Demetrio me había soltado los quince de la piara, la mayoría pietraines, y blancos belgas; y la cerda enrojada, lampiña, para crianza; que le quería dar también cuchillo. Ya llevaba dos meses de montaneras por el valle de Bibiana para darle sabor a castaña a los jamones, y ponerle al tocino muchos pespuntes de hebra roja.

Pues aquel día estaba algo triste. No se había quitado la helada, los charcos tenían filigranas blancas de hielo reflejadas por el sol.
La piara iba delante de mí como un desfile, y cuando llegamos al castañal las hojas otoñadas tenían rastros relucientes de escarcha. Se desparramaron por la corripa rastreando con el hocico entre las hojas los erizos de castañas, yo de vez en cuando daba vueltas y se los abría a medio quite de pie.

La Chata siempre andaba arrezongada y a mi vera. Tenía aquella papada grande que daba gusto verla, bien erguido el tronco, con grupa ancha y las orejas siempre apuntando hacía abajo. Era de un rojo ladrillo y andaba por los cuatro partos de muchos lechones.
Qué nalgas tenía la condenada.

El sol se puso allí arriba a eso de las doce, y entraba con clareones amarillentos por entre el castañar. Yo estaba recostado sobre un viejo tronco de zapatonas y la Chata no se me quitaba de allí, era como si lo quisiese para despedirse del cariño que me tenía.Varias veces me metió el hocico afilado y corto entre las perneras como para apartarme. Yo ni caso. Pero ella insistía. Le veía colgando las doce tetas y sus cerdas largas por la rodaja del cuello, y me vino aquello de que había que despedirse con gloria. Siempre andaba con el rabo erguido y la natura fuera. Así que me saqué la polla y se la clavé de lado, ella calladita estuvo, ni enfucicó al gusto. Cuando abrí los ojos después de la nubladera vi a un azor dando vueltas y a la Chata medio muerta.

1 comentario:

EDUARDO YAGÜE dijo...

Me encanta.Qué ricas palabras.
Y yo también lo he hecho con cerdas.
Saludos, Señor K.