viernes, 28 de enero de 2011

COSAS TAN TRISTES.


No había nada que la que la defendiese, sólo sus dientes que estaban cerrados, y un temblor que denotaba miedo. La estancia tenía paredes tan débiles que se escuchaba el viento de inmediato y otros susurros; todos escondidos en cualquier parte, rodeados de miseria y de trastos miserables.
Cuando la noche llega la miseria es más efectiva y desolada.
Había salido de la madriguera de su mujer como un animal que tiene luz en los ojos y la boca seca. La niña de apenas doce años en su camastro miraba una esquina en la que se dibujaba un clareón de luz. Lo sintió acercarse y pensó que era una sombra en forma de serpiente. Sitió que otras manos sujetaban sus manos y apretó los dientes para que su padre no la besase en la boca.
No había gritado ninguna noche.
La miseria tiene estas cosas tan tristes.

1 comentario:

Anita Noire dijo...

Sí, esa es una de las miserias más grandes que una mujer siendo una niña se puede encontrar. No hay nada más doloroso que te hieran los que se suponen deben amarte, protegerte y darte seguridad. Es más frecuente de lo que parece, nunca lo comprenderé y es algo que difícilmente se puede perdonar.