sábado, 22 de enero de 2011

Y ME QUEDARÉ MUERTO AHÍ MISMO.


Hoy no sé lo que voy a escribir pero estoy haciendo un cocido de garbanzos, me dio por eso. Abrí la nevera y encontré varios huesos no sé de qué animal, previsiblemente ternera o cerdo, y un chorizo, es lo que suele haber; también había cuatro zanahorias, perejil muy seco, una solitaria cebolla, cuatro puerros, y en una bolsita de la lacena la medida de una taza de garbanzos. Tengo que decir, que esto está al revés, lo primero que encontré fueron los garbanzos, es decir, la causa fue encontrarme con los garbanzos de morro, cuando no los buscaba, y eso originó el efecto, hacer un cocido de garbanzos, y desencadenó todo lo que os conté al principio.
El diagrama de flujo sería:
(Coordenadas espacio tiempo)Sin quererlo---> encuentro garbanzos-->busco el resto de componentes --> empiezo a cocinar garbanzos.

Ya sabéis como es eso -si os ponéis a cocinar garbanzos ,encontrar la paciencia-. A los garbanzos hay que dejarlos remojando casi ocho horas, lo pone en el manual de cocinar garbanzos, y lo dicen en la tele; quiere decir esto que en todo el proceso descrito existe un fallo primario, los garbanzos no se dejaron al remojo, lo cual implicará que se podrá matar con ellos una cabra.
El diagrama de flujo se rompería por un enlace.
-->Garbanzos no puestos al remojo -->garbanzos de cocción anormal--> garbanzos duros -->los garbanzos los van a comer su puta madre.

El resto es meterlo todo en una pota y esperar.

Cuando estaba abriendo los puerros me puse a considerar sobre la naturaleza. Para lavarlos les di un tajo con el cuchillo por la mitad, y al abrirlos vi todas esas hojitas superpuestas en capas como si estuvieran envolviendo algo, cada vez más tiernas hasta un corazón inexistente. A la cebolla le pasaba lo mismo, me dio por cortarla a la mitad, conté treinta capas hasta el corazón, pero allí no había nada, y entonces me pregunté, para qué tantas capas para no envolver nada. Las personas piensan que la naturaleza es sabia, pero la verdad, yo algunas veces lo dudo. Lo que os acabo de contar es una contradicción (analizarlo hoy sábado).

La zanahoria nada. Le pasé un cuchillo por encima para quitarle lo de afuera, la raspé vamos, y soltó sobre el cuchillo toda la piel arrugada que llevaba. Y me dije, qué tendrá por dentro, pues eran dos, y a una la partí por la mitad, nada, no había nada; bueno notas una diferencia de coloración en el centro en forma de llama de vela, quizás es un tono más claro y suave; pero en realidad, las zanahorias tampoco son nada del otro mundo.

Para qué decir. El perejil estaba seco. Para que elucubrar. Las hojitas con ese tono amarillento, muy mortecinas.

De los garbanzos qué decir, andan siempre juntos como si fueran unos cobardes. Tienes que tener cuidado que no se te caigan al suelo, se desparraman, son muy astutos, suelen esconderse detrás de las patas de las sillas, y para encontrarlos pierdes tú tiempo.Cogí uno, y lo estuve mirando. Se hacía el duro. Con esa pequeña arista circular en forma de resalte, a lo glande. No pude abrirlo a la mitad con el cuchillo. Literalmente lo tuve que machacar. Y nada. Cuando machacas algo no puedes ver su corazón.

Mientras que se hacen los garbanzos os voy hacer un poema:
Va:
De repente me había llegado la alegría, no puedes decir nada si te llega la alegría.
Puede llover o hacer sol, y la alegría está ahí con sus dientes blancos, vanamente,
va recorriendo tú cuerpo hasta que flotas por una pura razón celestial.
Lo has perdonado todo, y estás tú solo,
en conjunción,
todas las galaxias cogidas de la mano.De repente,
hay palomas y pañuelos blancos y mucha luz;
y no sabes si atardece o amanece, todo se ha sellado,
con tú presencia.
Y tú presencia está llena de risa y amor.

-->Garbanzos cocidos-->cojo una con la mano-->muy mala pinta.

Tengo una espumadera en la mano de esas de malla fina, como las caretas que se ponen los de esgrima. Le digo, espumadera, no me jodas ahora, ¿vale? La pota, con una bayeta por las asas para no quemarme, debajo la espumadera, y debajo de la espumadera otra pota limpia de color orinal blanca, y voy vertiendo, sale un humo espeso que me empaña las gafas, y ,despacito, la espumadera cumple con su función, queda todo allí esparcidito.
(Le doy las gracias a la espumadera y la felicito).

Esto que he recogido lo dejaré para sopa de letras. Me encanta comer sopa de letras, escribo palabras alrededor del plato. No acuerdo la última vez que comí sopa de letras, pero por el borde del plato dejé muchas preguntas escritas que hoy en día aún no he contestado. Claro, ahora ya no me acuerdo que preguntas eran.

Qué deciros de un chorizo, se podría escribir algo tan gordo como el Quijote: tipos, modalidades, zonas de fabricación, sabores, ternera, cerdo, jabalí; yo qué sé. Al chorizo no lo abrí. Ya sabía que tenían el corazón machacado, está todo junto, podría decirse que un chorizo nunca tuvo corazón. Y a sí les va. Quieren aparentar que no son chorizos, pero son chorizos, siempre los cazas por el olor. Un chorizo huele en todos los sitios. Si los llevaras Orión seguirían oliendo igual, a chorizo.

Bien. He cogido los garbanzos escurriditos, (escurridos del todo, no; he dejado algo de caldo para que les de gusto), introduzco el chorizo para que se joda, añado un poco de agua, un poco de pimentón dulce, un pelito de azafrán, y sal. Y lo pongo a cocer lentamente.

Un día os hablaré de la sal.
Otro día os hablaré del azafrán.
Otro día os hablaré del pimentón.
Otro día os hablaré del agua.
Otro día os hablaré del fuego que calienta el agua.
Otro día os hablaré de mi cocina, con tarritos sobre una alacena, y unas pinturas extrañas sobre los azulejos.
Otro día os hablaré de mí,
De mí corazón que da saltos, y algunas veces pienso que se parará;
y que me quedaré muerto ahí mismo.

1 comentario:

Anita Noire dijo...

Por si acaso no abuses de los garbanzos. Tienes que durarnos mucho.
Besos