jueves, 6 de enero de 2011

ME DA REPELÚS MIRAR EL CIELO PORQUE ME DA ESPERANZAS.


Mientras Heli hacía una tortilla de patata yo escuchaba un cede de Paúl Mauriat que me había venido, hace años, en un frasco de aftershave de Barón Dandy; era una canción que se llamaba Cri D’amour, que cantaban a coro, pero que yo no entendía.

A mi la tortilla si lleva cebolla me jode un montón, pero no hay otra cosa. Bueno, tenemos una botella de vino tinto del Priorato que nos regalaron; y el cielo está levemente azul, casi sin nubes. Ahora mismo Heli le está dando vuelta a la tortilla y me huele a esa cosa que tiene el aceite usado varias veces.

Estoy sentado en la cocina y no paro de rascarme los huevos, es natural en mí aunque no me piquen. Heli trajina por allí, la veo viva. Está gordita por la bollería que come; pero tiene esa cosa del movimiento enérgico, nunca termina algo que empieza de lo nerviosa que es. Cuando se la clavo me manco. A las tres horas aún me duele el capullo por la zona de la bola.

Ayer vino Engracia la de Fabero y nos trajo patatas de segunda mano. Habían crecido en la oscuridad de una bolsa de plástico y luchaban por salir con aquellos inicios blancos de raíces. Cuando abrimos la bolsa salieron arañas y escolopendras larguísimas. A las arañas creo que las maté todas, pero las escolopendras como llevaban remolque y tracción trasera no las cazaba ni Dios. Por ahí andarán. Engracia nos dijo que la vaciaron. Tía Engracia cuando era más joven tenía dos moños como la Dama de Elche, uno a cada lado. Algunas veces nos traía chorizos de Ponferrada, y alguna morcilla. Esta vez, ya ves, ni un puto trozo de hueso de lacón.

Heli se da la vuelta para decirme que la tortilla estará algo dura, por las patatas. Y a mi no me dan ganas de darle dos hostias. No merece la pena cabrearse.

No paro de rascarme los huevos. La verdad es que no tengo nada. Hace dos días en la ducha me los estuve mirando lo que pude porque el agua estaba fría, no tenemos el calentador bien. No había ni una puta ladilla. Yo de ladillas he padecido mucho últimamente. Creo que las pasaban los dos moros de Agadir que reponían ladrillos, lo digo porque no paraban de frotarse contra los puntales. Ahora yo creo que me rasco por afinidad. Si tengo ladillas tienen que ser diminutas como las de putiferio.

Este cede del Mauriat no suena mal.

Me da que dormiré la siesta hasta donde llegue.

Da repelús mirar el cielo porque me da esperanzas.

1 comentario:

Cuervo dijo...

Esa ladilla se parece a Yoda.
Me gusta mucho como escribes.