martes, 4 de enero de 2011

QUÉ OSCURA SE PONE LA TARDE.


Miro el almanaque y el día cuatro pone Santos Rigoberto y Aquilino, y le voy a poner así, los dos juntos, para que se joda. Flora está en la doscientos ocho y hace un calor que se nublan las ventanas. Hay otras dos con ella, una es negra que está con su negro, y otra colombiana que está con su colombiano. Y yo, con mi Flora.

La negra tiene unas tetas inmensas, mi Flora las tiene aplanadas como dos margaritas y poco más. La negra también tiene una boca mullida con unos labios grandes. La flora va por el cuarto, y ya le he dicho que lo de tirarse en marcha no funciona.

Todo el puto día ñaca ñaca ñaca, jodiendo; así, de esa forma, no se puede.

Me gusta la negra. Me encanta su boca. Besarla debe ser como sentir dos almohadillas de piel fina. Mira que tiene suerte el negro, con esas tetas. En la cuna está el negrito con su negritud, y el colombianito muy moreno, y mi Rigoberto con los ojitos cerrados y la piel roja.
Y han venido ahora, poco antes de reyes, para que la cosa cuadre bien.

Se filtra una claridad amoratada como si fuera a morirse alguien por ahí abajo, o por ahí arriba, por otras plantas. Llevo una pesadumbre aquí, por tanta boca que mantener, y me viene el miedo al hambre. Así abiertos los ojos, con esa carita, Rigoberto es más indefenso que una pompa de jabón en las manos de un niño.

Me da que me voy a colgar de la ventana para echar un cigarro.
Qué oscura se pone la tarde.

2 comentarios:

Poma dijo...

Coño , no se cuelge..aún.Piense en su Rigoberto.Eso sí,puede soñar con las tetas negras e iluminar la osuridad vespertina.

Anita Noire dijo...

No te cuelgues mientras hay tetas hay esperanza