jueves, 27 de enero de 2011

Y NO QUISO VOLVER NUNCA.


Hubo una vez que me emborraché porque tenía ganas,
-no era para olvidar-.
Whisky de garrafón al más puro estilo,
y no era para olvidar.
Tenía fuego en la cara y me fui al mar por el camino más corto,
se me ocurrió caminar sin rumbo,
y llegue a la misma hora en que el mar se encogía lentamente.
Ya estaba allí, y sin remedio tuve que mirar toda la parafernalia de colores.
Era el mar:
yo a las olas las veía como labios con carmín blanco, trasparente a veces,
las olas tan penetrantes e insistentes sobre mis pies descalzos.
Y era el frío.
En la arena blanda una mano que se hundía debajo de mi huella, no caminaba recto,
mis pies eran manos posadas, y,
a barlovento una tormenta, cien soles en uno, los labios de Dios empujando los colores para despejar todos los fríos de febrero.
No era para olvidar, ya estaba enamorado, me quería a mi mismo repleto de palabras.
Palabras por aquí, por allí, a borbotones, miles de palabras describiendo imágenes, sensaciones que no era capaz de encajar ni relatar.
Te mueres así, tal vez, y nunca describes lo que quieres,
al final vas a lo mismo, acabas con el corazón herido y blasfemando,
sorteando las palabras que te sobran, escuchando, por si encuentras las que faltan.
Ayer noche había bailado antes de venir aquí, caderas amplias,
y en el trajín encontré el calor que dan las hembras. Las había de pago,
y otras por mirarlas te regalaban sus ojos pintados y profundos y una blasfemia y un papasito y un momentito y un yo no beso con la boca abierta, al final,
todo se resumía en las caderas, sonámbulo, la cabeza sobre sus pechos, y mi boca de fuego haciendo agujeros en sus corazones, o algo así sería,
y el fulgor,
se dice así a la calentura, yermos cuerpos llenos de pintura roja, restos blancos que aplacan las arrugas, sabores indescriptibles en los labios,
como a pan blanco y a caramelos de miel;
y el abrazo, y los abrazos, y los besos, aún hoy,
aquí junto al mar,
casi no lo recuerdo,
Sé que di besos de amor supremo, incluso,
besos que das muy enamorado, incluso,
con mi boca abierta,
-casi no recuerdo-,
mi lengua era de fuego, no persiste aquel sabor.

Yo estuve en el mar.
Yo no puedo decir que no haya amado. Amé. Simplemente tengo esa sensación,
ocurre a veces,
que sin darte cuenta estás amando. Ya sabes.
Te desnudas y alguien te arropa con su piel,
y recuerdas que fue ayer cuando tuviste frío.

Hoy desesperado he estado en el mar y me veo a mi mismo franqueando las olas.
Te besan y te besan y te besan las olas, nunca tantos besos juntos y el rugido del amor.
Por fin me describo a mi mismo, me sobran las palabras, los brazos, las piernas,
lo último que me sobra es mi propio corazón.
Estoy aquí para describirme, hubo una vez…
Sólo hubo una vez un hombre que fue hacía el mar para apagar su boca en llamas,
y no quiso volver nunca.

No hay comentarios: