martes, 8 de febrero de 2011

SI ME DEJAS LLEVARTE.


Dear Colleagues:
Es para mí un placer deciros que mi corazón tiene sabañones, y lo rasco, pero me sigue picando, y esto es un poema de amor.

La particularidad es que el acero rompe por fatiga y yo romperé por una posibilidad entre ocho mil cuatrocientas cuarenta y ocho enfermedades,
o por aplastamiento,
o por atrapamiento,
o por tristeza, descartado el suicidio.

Esta mañana había flores que se enroscaban una sobre otra, a cual más bonita,
ya sabes como es eso, una flor y otra flor y otra,
creciendo sobre el enrejado de una alcantarilla, a eso del amanecer,
en el mismo instante en que me crecía una bolita dentro de mi nariz y un reptil entraba por mi garganta.

De
Todas
Las formas
Te
Quiero.

Y sigues creciendo dentro de mí, y apenas te siento crecer,
porque eres una pluma de cisne,
eres cien gramos de ligera dentro de mi alma,
vas conmigo como el espíritu santo
en el muestrario de esta gran superficie te llevo, y pervives
debajo de ochenta y ocho televisiones de plasma.

De
Todas
Las formas
Te has instalado en mí
Pero no sé si vas a gusto

Había una renglera de copos de nieve que eran maíz y latas de conserva y calzado a granel como si fuera en Dachau y yo aullaba porque no sabía salir.
Y todas las cajeras temblaban veían mis ojos llenos de pánico y angustia, gritaba,
te llevaba conmigo y te había perdido.
Estaba tú cuello esbelto lleno de besos, y no estaba
Tú cara más ajada pero hermosa, y no estaba.
Tus pechos blandos sobre mi corazón, y no estaban.
Y tu coño en mi boca en forma de un beso de coño, y no estaba.
Incluso mi lengua, buscando tú culo, y no estaba.

Y
Te
Buscaba
Detrás de una hilera de neumáticos que olían a fábrica.
Detrás de aire turbio.
Detrás de una hilera de carros vacíos repletos de niños.

Había muchos cielos uno encima del otro y yo llevaba una espumadera.
Una espumadera tiene doscientos veinte agujeros,
y si miras hay doscientos veinte cielos unos sobre otros.
Millones de nubes unas sobre otras.
Millones de colores unos sobre otros.
Millones de universos unos sobre otros.
Y nosotros tan pequeños. La nada.

Ibas ibas ibas ibas.
Conmigo,
Notaba tus manos,
Una vez me dijiste,
Y eran tus manos.

Hay deseos y un carro tirado por bueyes llenos de yogures con bífidos.
Cuatrocientos ochenta y seis yogures de germen de trigo,
Y a mi que me gustan tus caderas así de anchas para arrimarme en la noche cuando ya te duermes y no puedo estar sólo.
Y a mi que me gusta arrimarme y moverme al vaivén como un molino de avena.
Y a mi mi que me gusta olerte la espalda y medirme en tu cuello.
Y a mi que me gusta llevarte conmigo
si me dejas llevarte.

1 comentario:

Anita Noire dijo...

Dices cosas preciosas. Besos