miércoles, 23 de febrero de 2011

Y PESABA MÁS.


Ella se tiró por el Cabo Peñas y yo dos horas antes pensaba que me quería,
dos horas antes es una eternidad,
dos horas antes a la velocidad de la luz dan para mucho,
-vete pensando en las marejadas de Andrómeda-
En dos horas en el acelerador de hadrones das más vueltas que un gato a la fuente
de mi pueblo (piensa que eso es un engendro hecho para girar muy rápido).
Cuando la vi aplastada allí abajo, impresionaba,
parecía entre Ariel (de tan bella), o el pato Donald que siempre se aplastaba,
-la bella durmiente siempre se dormía-.
Y pensé para mí que un hombre es una paja.
Pero una mujer son muchas más cosas.
Vendía libros del Circulo de Lectores.
Y llamaba siempre tres veces.
Y cuando llegaba a casa,
sólo habría la puerta, no llamaba.
Cuando entraba al oscurecer pensaba que su cara era así,
porque sí
-como un solete con la boca al revés-.
Nunca me imaginé que su cara era así de triste.
Cuando se tiro por el precipicio pesaba más.
Llevaba cosas de mí, cosas mías.
Las bragas manchadas.
Se la clavaba en el pasillo,
y se le caían los catálogos de los libros:
Colecciones de Quevedo, Juan de la Cierva,
Federico García Lorca, Machado, la biografía de Ramón Franco;
y todos esos , muchas más líricas, mucha más desesperación; y besos con la boca llena.
Follar así es como si corrieras para coger el autobús.
Te corres rápido, y no sabes por donde te corres, simplemente te corres.
Si te ves a vista de pájaro eres un conejo, no un pájaro,
taladras.
Ella se fue dos horas antes, llena de amor.
Y llevaba todo eso tan mío.
Y su corazón.
Y pesaba más.

ELEGÍA DEL POETA QUE LLEVAMOS DENTRO.
Yo de esa forma en que te veía desnuda,
la piel así como la leche entre penumbras.
Yo estaba en el mismo reflejo del agua para verte
como te ponías bajo la luna , retratada,
y te movías tan irreverente.
Ahora que me siento a mirar, aún estás en el agua,
primero tú pelo que emerge, luego tú cara tan blanca,
entre un bosque insuficiente, sin una pizca de ternura.
En el cabo Peñas una noche casual en que no había olas,
de madrugada,
bajando una escarpada senda para ponerte flores.
En febrero, tal como hoy, en que nunca más estuviste.


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