miércoles, 9 de marzo de 2011

ESTO QUE OS CUENTO YA NO EXISTE.


En mi casa tengo muchas cosas, en mi habitación tengo muchas cosas, en mi baño no tengo muchas cosas pero está pintado de blanco. Tengo anaqueles con libros, y el sitio que queda en los estantes fui colocando muchas cosas: conchitas del mar, piedrecitas gastadas por el agua en forma de huevo, fotos, y muchas más cosas.

Cuando cojo una cosa la miro y pienso por qué la puse allí, y cuando la puse, y si me trae algún recuerdo. Algunas veces quito el polvo de debajo de las cosas y hay una marca indeleble que ha dejado la cosa que estaba allí desde no sé cuánto tiempo atrás y que tiene la forma geométrica de la cosa.

El espejo que tengo en el baño me lleva mirando hace muchos años, no podría decir cuántos. Y las paredes que nunca se volvieron a pintar desde que habito aquí tienen sombras y grietas que van en zigzag por detrás de los muebles. Cuando se forman las grietas dicen que las casas se mueven pero en realidad nunca me he enterado hacía dónde se movía mi casa.

Tú ya no estás aquí conmigo, y ahora estoy yo sólo que soy una cosa que lleva calcetines azules y que tiene recuerdos abundantes, y que elucubra sobre los sucesos pendientes, los angustiosos, sobre la certeza del tiempo en el sentido del que he consumido y la incertidumbre del que me queda por consumir.

Algunas veces llegan moscas que no sé por donde entran. Al trasluz de la ventana las observo zigzagueando, o cuando estoy tendido sobre la cama mirando el techo también veo las moscas zigzagueando. Intentar seguir el vuelo de una mosca cuando estás así absorto es prácticamente imposible, va y viene, y no la puedes seguir con los ojos, casi te quedas dormido si la intentas seguir con los ojos.

Algunas veces siento que has estado aquí porque te noto cogida al fregadero de la cocina y hay gotitas de agua reciente que antes no había, y hay cosas que no están en su sitio porque una indeleble marca de polvo ha delatado su posición primitiva. Cuando vienes a casa y abro la puerta me huele a ti, es esa predisposición de haberte olido tantos años, incluso cuando mordía tú nuca a veces me quedaba ese mismo sabor en los labios, y juntaba los labios, y los saboreaba, perfume y sudor. Al morder en la nuca te quedas con infinitesimales restos impregnados en la piel.

Me rozaba muchas veces, estaba tu falda estaba mi bragueta estaba mi polla estaba tú culo y yo cogido a tus caderas y todas las cosas mirándonos.

Yo siempre anduve con muchas cosas en los bolsillos y muchas monedas sueltas.

He dicho que acabo de entrar y me agacho para quitarme los zapatos y las moscas siguen ahí de esa forma en que están las moscas, en el mes de marzo, moscas diminutas agitándose sin saber porque están aquí, sin saber si ellas saben por qué están aquí buscando restos de comida o posándose sobre mi cara que tiene conchitas de mar sobre los ojos, de bruces, tendido sobre la alfombra con muchas cosas sobre mí como si me hubiera muerto mientras miraba mis recuerdos.

En realidad había entrado de la calle ayer.
Esto que os cuento ya no existe.

2 comentarios:

Poma dijo...

Polvo somos y en polvo nos convertiremos....mientras tanto, elucubremos, equilibremos el ser y el sentir.

VeroniKa dijo...

Tdas las noches tengo una guerra declarada contra los mosquitos, no sé porqué insisten en venir a mi territorio, si saben cual es el final. Todas las noche intento declarar la guerra a alguien entre mis sábanas...y no sé porqué insisto...si...