lunes, 7 de marzo de 2011

CAMINO ABAJO POR EL PENSAMIENTO.



Una vez estuve escondido porque tenía miedo,
pero no había nadie a quien tener miedo.
Sucedía que era un espacio tan pequeño, incluso más pequeño que lo más pequeño que te puedas imaginar, para un hombre o para una mujer.
Estar así es imprescindible para tener miedo.
Objetivamente debes estar así para tener miedo.
Otra vez alguien me dio un beso no sé quien fue ni a que hora.
No recuerdo muy bien cual es mi nombre, incluso,
si tengo que llamarme de alguna forma.

Hoy está siendo un día excelente.
Me levanté por la mañana y me encontré contigo cuando ibas camino abajo por el pensamiento. Tenías los ojos ligeramente pintados de azul como el domingo. Desayuné contigo, contigo me limpie los dientes, contigo me tiré la ropa encima. Y hubo un instante en que me atusaste el pelo, me ocurre cuando la imaginación es plena, al cerrar los ojos, como esperando que alguien llegue a coger mi mano.

Me dije: Llegado el caso no sé de qué disfrazarme, no sé que piel de la semana ponerme. Quizás opte por una gabardina blanca y mi esqueleto, y una tibia que al abrir la gabardina se levanta.

Hice varias gestiones:

Fui al cajero automático y ponía mi nombre y luego me decía gracias por su visita: y no me encontré tan sólo.

Renové el carné de conducir y por unos instantes iba guiado por dos rayitas blancas, no debías de salirte, y me sentí menos perdido.

Fui a buscar pan.
En la panadería de Bonifacio había un cristal en donde se reflejaba el pan de leña y una mujer calva con un pañuelo negro a lo pirata que disimuladamente se miraba. Quizás pensaba que era menos guapa que ayer y mucho menos que mañana.
Y me sentí un poco triste.

El puto negro que había en el Mercado del Sur vendiendo CD´S, tenía unos morros inmensos. Si te da un beso te chupa hasta el hígado. Pero no le quise dar un beso.

Al volver para casa me compré doce latas de caballa, seis litros de leche, cinco botes de cerveza, una cajita de fresas; y al salir por la puerta no sé si se me había olvidado algo.
Creo que era mi nombre, al poco rato lo recordé. Sí era mi nombre lo que no recordaba.

-Me llamo Matías. Y tengo el mal de ojo.

El otro día le dije a Merceditas, cómo andas de soledad, y va y me dice, bueno estos tiempos no puedo quejarme, ando con el nivel bajo. Y entonces le cogí la mano, como para que me sintiera más cerca, y le pasé un montón de soledad por vasos comunicantes, para nivelarnos. Ni se enteró.
Al cabo de dos horas le vi los ojos mucho más tristes.

A eso se le llama mal de ojo. Los que tenemos mal de ojo se nos nota, miramos como
entornados igual que los monos del Peñón de Gibraltar.

Merceditas coge el autobús de las siete y media de la mañana y va a repartir cartas. Siempre va llena de cartas pero se olvida de las calles. Lo que más le jode es subir a los séptimos sin ascensor a llevar cartas certificadas. Algunas veces busca una ventanita que de al patio de luces para tirarse al vacío, el carro con todas las cartas y luego ella con todo el corazón, los pulmones y eso. Desde que yo le doy la mano, está más triste, y tiene más ganas de tirarse. Pero no se ha tirado aún.

Merceditas siempre dice que le gusta mucho mi alma, pero no sé si la puede ver. El alma es como una cosa que llevamos dentro que no tiene ni color ni sabor y que no pesa. Cuando eres una persona muy buena, por las noches, si vas por el pasillo todo a oscuras, detrás de la cabeza te sale un halo azulado como las luces de las gasolineras en la lejanía, o las de los puticlubs en la lejanía. Pero si tienes el mal de ojo, por donde vas parece que aún está más oscuro.

-Me llamo Matías y aparte de tener el mal de ojo soy un hijo de la gran puta.
Y además me limpio el culo de arriba abajo y dejo mierda en la taza. Ya sabes como es eso, se seca y no la limpia ni dios. Y eso que Dios es un profesional.

La chica del carné de conducir me dice cierre los ojos y camine recto. Y yo así, apretados los párpados, y camino, y resulta que me la encuentro sin querer y me hago el tonto y la rozo, tenía un quimonito blanco, ponía oftalmóloga, y eso, y que la siento tan blandita y que erecto, y que me dije, pues le bajo las bragas, y me la folle allí mismo, se corrio como nunca, quedo el suelo como una almazara llena de flujo.
Yo también me corrí hacia fuera. Joder que no la jodi, que me lo imaginé.

Cuando me venza la renovación del carne no sé si ya habré muerto, seguiré mas solo que hoy, y no sé si habrá pan. Y la mujer del pañuelo pirata quizás ya tenga pelo. Y los cajeros sacarán una mano por debajo de donde metes la tarjeta, y aparte de decir tú nombre te harán un masaje en los huevos para que no te encuentres tan sólo. Merceditas habrá llamado infinidad de veces a puertas insignificantes y anónimas. La chica oftalmóloga, habrá tenido gemelos y estará mucho más gordita, pero yo ya no la podré follar ni en sueños.

-Me llamo Matías y llevo el mal de ojo, no me mires.
-Soy un hijo de la gran puta.

Un día Merceditas me dijo que tenía la regla. Y yo le digo , pues déjame el culo, y no quería porque olía todo muy mal, eso está todo muy junto, digo uno junto al otro, con buena vecindad, y yo le dije, pues déjame el culo, coño, y me dijo pues bueno te lo dejo, pero luego no me vengas diciendo que huelo mal, y yo le dije, que me lo dejes, pues primero le metí el dedo índice por el agujero del culo, luego le hice sitio con la lengua, y luego le metí la punta del capullo y me corrí muy rápido.
Las carteras siempre tienen ese sabor a certificado urgente.
Pásale la lengua a un certificado urgente..., pues ese sabor.

Sabes para mi los pajotes es como acariciar a la vía Láctea, se cae todo al vacío, y no se si es por la presión hidrostática que se desvanece, que al correrme me encuentro muy solo, a mi lo que me gusta es correrme dentro, en el coño de una tía o en el ano de un tío. Allí está muy calentito. Lo que yo no sé, es la función del semen a nivel científico y fisiológico, debe de quedar por la vagina repartido para la fecundación de una hermosa o puta vida, o por todo el duodeno, no lo sé muy bien, me supongo que se caga, creo que tengo que preguntar esto, como es, y si luego lo sueltan y se va cayendo por las bragas o por los calzoncillos. Elucubraré.

Ella no está. Ella estuvo aquí paseando por mi pensamiento. Ella iba y venía por mi pensamiento con sus ojitos pintados de azul y no sé como se llamaba. Ella me hablaba este lunes cuando me levanté y yo no sabía muy bien donde estaba de dónde salía aquella imagen que podía plasmar en no sé que lugar de mi cabeza. Ella es un cuerpo estirado, boca abajo que cuando la miro me dan ganas de amarla por encima de todas las cosas.

Tengo esa sensación de voy por un círculo, porque siempre veo las mismas cosas, y hay hechos que hasta se repiten.
Esto es un aburrimiento.

Bien.
Hoy me ha saludado un cajero automático y soy feliz.
(Es lo que tiene relacionarse con el capital).
Creo que me llamo Matías, aún no lo sé. Y tengo el mal de ojo.
Tengo preparados varios versos para ti.
Me levanté por la mañana y me encontré contigo cuando ibas camino abajo por el pensamiento





3 comentarios:

VeroniKa dijo...

Un circulo de lo mas variopinto, y digo yo, eso de pasar la soledad por los vasos cómo se hace? porque me gustaría pasarle alguna cosa a mas de uno asi me deja de romper las pelotas.

de todos modos, pobre Mercedita.

besos

KENIT dijo...

Hola, Verónica.
La soledad se pasa por nivel. Le das la mano a alguien, y pasa al otro que tiene menos. Es sencillo, sólo debes mirarle a los ojos.
Un abrazo.

Anita Noire dijo...

Es la capilaridad. Eso es capilaridad. A veces un faenon del 15. Bss