jueves, 3 de marzo de 2011

SOBRE MIS ENCÍAS.


Comerme tú boca es como masticar bolas de sacarina.
Cuando me pones los calcetines y me besas me sabes a pan blanco.
Una vez tirabas hojas secas de geranio, y al estrellarse en la calle
retumbaba a más de ochenta decibelios, y era que tú me limpiabas el culo,
y aguantabas mis pedos.
Los calcetines me los pones con mi pierna entre tus piernas,
como a un niño que va para la escuela;
y aún recuerdo cuando comíamos macarrones con tomate,
y los geranios de la terraza tenían flores blancas,
y las gaviotas volaban como efes dieciséis.
Cuando me pones los calcetines estas vistiendo el cielo con nubes de colores.
Cuando me cierras la camisa me cubres el alma, me tapas del frío.
Cuando me cantas la pena mora y me pones una pernera y la otra pernera,
y me tapas la piltrafa de mis huevos,
es como si pusieras un celofán azul sobre el pico Aneto.
Cuando me lavas los ojos, quitas una gorra de niebla de la AP6,
Cuando me pones a cagar eres de los de Grenpeace.
Cuando me limpias el culo estas dragando la dársena del Musel.
Si me limpias lo sobacos con agua fría es como si tomáramos vino con casera,
debajo de un puente en una operación salida, allá por semana santa:
Y macarrones con tomate.
Y pan tumaca.
Y tarta de avellanas.
Nunca supuse que llegases a doblarme: una manga para aquí, otra para el otro lado.
Ni que me destapases las encías.
Cuando me pones el coño a la altura de la cara quiero que mires al cielo.
Una y otra vez tú pierna apoyada en la cama, una pierna y una media negra,
y que me lo acerques bien.
Y que me lleves como un mercancías por el pasillo, y me aparques en la vía muerta sobre un butacón, para que pueda ver los geranios y los otros balcones de la calle.
Me hueles a penicilina, a linimento sloan, a vinagre, tus sobacos me huelen a alquitrán,
tu pelo me huele a gotas de nenuco, y yo huelo a sal y a perro vagabundo, que lo sé.
Si no me hubieras querido no me harías todo esto.
Prepárate para tele cinco.
Dame un mordisco.
Yo también te quiero.
Ponme otra vez tu coño sobre mies encías.

5 comentarios:

Anita Noire dijo...

Cuando se ha querido o se quiere mucho a alguien se hacen cosas increibles pero las que dices son de lo más corriente. Alguien tiene que hacerlas, la diferencia está en que quien la haga lo haga de manera mecánica o alumbrado por un sentimiento.
Lo tuyo con el coño es pura querencia...lo comprendo

KENIT dijo...

Los coños son el origen de todo, (el alfa; el omega también va a ser un coño, ). Antes del Big Bang, ya existían los coños. Amar los coños es amar a Dios. Es ese mundo maravilloso, me encantan.
Un abrazo, Anita. Buen día.

Juan Pablo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
VeroniKa dijo...

amaras a un coño por sobre toda las cosas.
Tu credo es igual que el de muchos.
eso me alegra.

por cierto...la penisilina, huele?
no sabia yo eso. :P

KENIT dijo...

Hule, Verónika, de esa forma que huelen los hospitales, aunque no es nada desagradable, huele a hongo, y a sanarse.
Un abrazo grande.