viernes, 8 de abril de 2011

ÁRBOL MEDIO MUERTO.


Se habían abrazado ya antes tres veces o cuatro veces, era un rito abrazarse, en realidad se abrazaban con cierta ceremonia predeterminada, no había ninguna sensación dérmica en este hecho, se abrazaban tres o cuatro veces, se tocaban las sienes, incluso, un leve roce de labios, todo se desarrollaba como un hecho protocolario. Podía ser en cualquier lugar, una avenida o una calle secundaria que va a una avenida, con gente que pasaba a su lado en cualquier dirección. Cuando se abrazaban siempre había un banco vacío, un muñón escuálido de árbol y un cielo indeterminado que nadie apreciaba desde aquel lugar. Todos los días en el mismo sitio o un poco más arriba, o un poco más hacia un lado, o un poco más abajo, o en la otra acera que era semejante, sólo con los bancos en sentido contrario, se abrazaban, tres o cuatro veces, luego hablaban, ella me dijo, yo le dije, ya se lo decía yo, no me hizo caso, le está muy bien, va de lista, se pensaba que lo tenía amarrado. Muchas veces una de ellas llevaba cogida una bolsa de plástico con un anagrama y tres peces muertos dentro, un pez envuelto en la sangre de los otros dos, y los otros dos con la boca abierta como aún respirando, la otra de las dos, con otra bolsa y un pollo descuartizado en trozos diminutos sólo la cabeza del pollo con los ojos a los lados entera y una cresta en carne viva, las dos apretaban algo contra el pecho, o contra el corazón, o contra la parte superior del abdomen, los bolsos de cuero con los monederos dentro. No se citaban allí, era una casualidad estadística, una había salido a una hora, la otra había salido a otra hora semejante, desplazada en dos minutos, una respecto a la otra, y habían caminado por calles adyacentes con pasos de dimensiones parecidas, algunas veces cierta incertidumbre en ambas a la hora de tomar una decisión en un semáforo en rojo, cierta particularidad anárquica no definida de antemano como posibilidad de suceso, la incidencia de este hecho era mínima a la hora del encuentro, siempre al lado de un banco vacío, cercano a un muñón de árbol medio muerto.

1 comentario:

Anita Noire dijo...

Pues es durillo, no?
No soporto las charlas de pollo muerto.