viernes, 29 de abril de 2011

ESTO ES EL VERDADERO FINAL.


Otra vez en cuclillas los pies apoyados en el suelo, otra vez.
Otra vez sentado apoyados los codos sobre la mesa, otra vez.
Otra vez hasta aquí, hasta allí, luego el retorno, otra vez.
Todo esto que digo para desear que no llegue el momento.
Para desear que todo se aplace, inapelablemente,
hasta otro momento que ya llegará, inapelablemente.
Es una de estas dos situaciones:
Debo ir, sentarme,
mirarle a los ojos y esperar a que me diga la noticia.
El estómago revuelto de los nervios.
Con ganas de ponerme en cuclillas, otra vez.
Debo esperar a que vengan a contármelo.
El estomago revuelto de los nervios.
Sentado, apoyados los codos sobre la mesa, otra vez.
Mi vida ha sido así, en varias posturas: sentado, de pie, acostado.
Entre los intervalos en movimiento hasta el final, si te fijas.
Siempre:
o sentado,
o de pie,
o acostado,
o empujado, no de otra forma.
Excepto caminando en circulo, hasta el descanso;
ya mucho más tarde, en pleno final.
Una vez tú, solo tú, sobre tu pecho esperando es mucho más fácil,
a que tu boca baje sobre mis oídos y me digas:
debes descansar, sólo en dos posturas:
sentado, acostado, ya no habrá más.
Nunca más.
Esto es el verdadero final.

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