jueves, 7 de abril de 2011

21.900 DIAS.



No sé lo que vendrá,
se dice: aún,
pero en esta vida tuve profesiones muy diversas.
Algunas veces por sueldos de mierda tuve que le limpiar la cuadra del diablo.
-Belcebú paga mal y tarde, cuando paga-.
No era agradable, tantas almas, tantos corchos de botellas;
los olores,
los restos del estómago saliendo hacia las alcantarillas.
En aquella época me sentía guapo, musculoso, hacia posturas delante del espejo.
Manoseaba los pliegues en mis hombros, torsos bañados por el sol.
A estas horas, ha venido, ha vuelto la noche, el día, así repetido ventiun mil novecientas veces.
Y estoy en la orilla de los desamparados buscando unos brazos que llevarme al cuello.
Haciendo resumen de los besos desdeñados,
de los desprecios dados al verdadero amor.
Junto a mi, mi imagen encogida, jirones de piel, manchas en mis sienes,
islas en mi boca temblorosa.
Las comisuras con un rastro brillante de humedad.
Ocurre,
que he limpiado muchas veces la cuadra del diablo,
y guardo los recuerdos, los más sonados, sobre un anaquel:
Postales que viajaron con un beso dentro.
Consignas escritas en papeles diminutos.
Celofanes de colores que huelen a caramelo.
Una boca abierta moldeada sobre arcilla.
Flores de plástico dentro de jarrones de mimbre.
Y todo lo oculto, todo lo oculto.
Pinturas abstractas de todos los colores.
Insignias. Filosofías extrañas de lo extraño.
Allí.
De cuando limpiaba la cuadra del diablo,
y era tan muscularmente hermoso,
palabra de honor;
me lo decía este mismo espejo,
hace 21.900 días.

1 comentario:

Poma dijo...

No volveran los días del esplendor en el hierba....
Me gustado mucho este.