domingo, 24 de abril de 2011

UNA PUTA PENA.


Mi tierna infancia estuvo plagada de actividades extraescolares.
Nunca tiré una puñetera piedra a los pájaros, pero supe solfeo con siete años,
y al atardecer mi madre me iba buscar al kung fu,
y los sábados por la mañana mi padre me llevaba a patinar,
los domingos mi madre me llevaba a catequesis, y hubo muchos lunes
de gimnasia rítmica, pintura de acuarelas, inglés, francés;
alemán los jueves.
Verdaderamente la primera paja me la hice a los catorce años,
casi no sabía, moví mi prepucio por instinto, casualmente,
y me entró el primer gusto a las tres de la tarde sobre un cobertor a rayas.
Crecí sabiendo de todo un poco, ya sabes cómo es eso, ya lo sabes.
Un día te ponen a tocar el piano, por casualidad, otro día das unas volteretas.
Otro día declamas salmos.
La gente asiente por lo del niño prodigio, prodigioso.
Pero realmente buenas pajas nunca me hice. Lo que es un pajote con todas las de la ley,
científicamente reposado, a lo manco perezoso.
A mis padres los vi follar por primera vez en cuaresma. Por la mañana olía a churros y chocolate.
También estaba la abuela vigilando, y no nos fuimos de la puerta hasta que se corrió mi padre: relinchaba a lo mula maderera.
Mi madre hacía que pataleaba con las zapatillas puestas. Intenté hacerme una paja a escondidas, harto de chocolate, inspirándome en el culo de mi padre.
La abuelita me vigilaba, ni una puta paja tranquilo.
Comía sopa de letras, me gustaba poner nombres a las cosas al borde del plato.
Venían en los atardeceres sobre los libros de matemáticas libélulas hermosas.
Soñaba con volar desde arriba hasta el suelo, en un santiamén, muy despacio el santiamén.
Soñaba que algún día sería piloto de aviación y hacía pajaritas con la forma de la tartana voladora de Leonardo da Vinci.
Pero buenas pajas nunca me hice.
Lo intentaba delante del espejo, y se me venía el culo de mi padre a la cabeza;
la abuela vigilando.
Una puta pena de pajas.
Tantas actividades extraescolares, tantos chuches, me hicieron un gordito.
Lo que se dice una buena paja, nunca nunca nunca.
Ahora, el culo de mi padre ya no existe.
La abuela me vigila desde el cielo.
Mi preparación fue extraordinaria para el cobro de morosos.
Pero una buena paja, nunca nunca nunca.
Una puta pena.

2 comentarios:

Cuervo dijo...

Probe guaje, jajaaja

Poma dijo...

Ayss Folio...Ahora lo entiendo todo ¡¡¡