lunes, 2 de mayo de 2011

COBRAR POR UN POEMA PODRÍA SER DELITO..


SOBRE EL AMOR.

el miércoles, 09 de febrero de 2011 a las 19:48
Hubo tiempos felices, y sobre las cunetas pulpa de orujo.
Y moho verde sobre las gruesas losas de los tejados, y el humo,
De las casas, tan blanco que se disolvía donde el azul de febrero,
Era infinitamente frío y eterno.
Ahora quizás recuerdo que hacía poemas irreverentes,
Que hablaban de blasfemias, de extrañas osadías, de la revolución de las masas.
Y que a cada estrofa ponía:
Pero
Yo
Te quiero
Los tiempos felices te embargan, cierras los ojos, y ocurre:
Rastros de olor a pino, estiércol, procesionarias royendo sabias,
El sonido del agua,
Y argumentabas, no me hacía falta nada, solo la vida,
Y eso lo tenía y amaba a mi forma,
Y si había que morir estaba dispuesto,
A morir con las botas puestas,
Amabas así, y de vez en cuando le ponías:
Pero
Yo
Te
Quiero
Los tiempos felices son despreocupados,
Nada te hace falta, sólo tú y tu joven pecho,
Dispuesto para la trinchera, incluso,
Mártir en un interrogatorio por la libertad.
Por las huestes revolucionarias.
Pero de vez en cuando le ponías:
Pero
Yo
Te
Quiero
Y olías a tu padre y olías el sudor que le subía de las manos.
Y olías a tu madre y olías el sudor que le subía de las manos.
Y todo era trabajo, cansancio, y tierra, y sol, y noche, y amanecer.
En el atardecer te tirabas de la vida.
Pero de vez en cuando le ponías:
Pero
Yo
Te
Quiero
Tiempos felices en que escondías libros bajo luces amarillas.
Periódicos subversivos, y panfletos que llamaban a la lucha.
Y el miedo, hubo muchas veces miedo, no importaba.
Tu pecho era largo y plano.
Pero de vez en cuando le ponías:
Pero
Yo
Te
Quiero
Y le dabas flores de febrero,
Y aún en el recuerdo,
De la cantidad de veces que le decías:
Pero Pero
Yo Yo
Te Te
Quiero Quiero

FEBRERO A SOLAS.

el sábado, 05 de febrero de 2011 a las 23:12
Mi hermana vive sola y siempre tiene un ramo de flores sobre una mesa camilla. Mi abuelo Carlos vive sólo y se asoma a la ventana del comedor a eso del atardecer, y siente frío. Mi amigo Pablo tiene un apartamento en las afueras y vive sólo, y algunas veces sale a buscar amor y regresa con una barra de pan y una lata de mejillones. Yo vivo sólo y tengo un gato y una camisa blanca que suelo poner los domingos por cambiar el ritmo. Pablo y yo somos amigos de Onan, pero yo tengo miedo por las noches y muchas veces me acerco hasta el mar porque me angustia la muerte.

27 DE ABRIL.

el miércoles, 27 de abril de 2011 a las 8:20
Era la cola de marzo del 2010, recuerdo la nuca de Ella, dispuesta,
a cincuenta metros de la ventanilla, un martes, circunstancialmente gris;
una serpiente de cola, unos instantes de vida.
Fueron muchas más colas, más de cien metros, mucho más.
Otros meses. Nos fuimos enamorando perdidamente. Colas por septiembre arriba.
Y en diciembre.
Nuestro espacio se redujo, masajeaba su culo, pasitos cortos, tan arrimado.
Colas infinitas, sin asientos, cabezas por delante cabezas por detrás.
Ella.
Apretaba el bolso sobre su corazón.
Yo me apretaba sobre su culo.

12 DE ABRIL.

el Martes, 12 de abril de 2011 a las 18:41
...quizás no era un domingo cuando saqué a pasear por la Playa de San Lorenzo a Poncho. Ya no suelo recordar estas cosas. Poncho es un perro labrador al que le encanta el agua del mar, chapotearse, se vuelve como loco de contento. Siempre lo olfatea todo. Empezamos a caminar en la escalera cuatro. El día estaba desapacible, con lluvia pardilla de la fina y, hacía un frío que invitaba a esconder las manos. La playa casi estaba vacía, apenas se veía gente caminando por la arena. Poncho jugueteaba delante y, yo miraba el mar que tenía unas olas grandes y continuas, casi paralelas a la ralla del horizonte. Las olas son incansables y, me ayudan a pensar. Poncho caminaba a unos veinte metros de mí, lo veía con su pelo blanco y las manchas pardas sobre su costado. Me gusta pasear cerca de las olas, sentir su ruido acompasado y, dejar pasar el tiempo por encima de mí, los pensamientos así se hacen menos preocupados y, las reflexiones parecen tomar el camino adecuado. Cuando íbamos cerca del Puente del Piles lo vi arrastrando algo del agua, a duras penas lo traía hacía mí. Era una chaqueta de ante, desarrapada, que de repente me pareció completamente familiar. La cogí para registrarla, había una cartera de cuero, casi deshecha por el salitre. La despegué despacio y, extraje lo que parecía un carnet de identidad en formato digital. Cuando le di la vuelta vi de nuevo mi foto y mi nombre. No cabía duda. Era la ceremonia de siempre. Ahora estoy aquí parado. Observo sobre la playa los roquedales llenos de ocle, al otro lado está el Musel y, el verde del Cerro. Como siempre Poncho ha dado la vuelta, y detrás de el va caminando un hombre que no conozco. Yo ahora los estoy perdiendo de vista porque me estoy metiendo en el mar. Quizás sea domingo como he pensado. No importa mucho. Me sigo preguntando por qué tiraron mis cenizas en esta playa. Es un fastidio penar por aquí con esta lluvia y estos días grises tan tristes. Siempre de la misma forma. Para recordarme a mi mismo y ver a Poncho buscando mi olor sobre la arena.

OTRO POCO DE NADA
el martes 3 de mayo 2011

Antes de querer olvidar o currió el suceso que queremos olvidar. Por si mismos olvidar toda una vida no es posible. Mucha gente dice: deseo olvidarlo y así durante muchas veces seguidas: deseo olvidarlo, varias veces pensado, varias veces dicho así mismos, o a otros para autoconvencerse en vanos mecanismos de defensa, -mentirse a uno mismo-. A ciencia cierta no sé si lo han olvidado, o es una forma de hablar o de pensar angustiosamente.

Creo que olvidar un suceso trascendental no es posible en toda la vida.

He partido en un autobús que salió hacía el Norte. Me nuevo cadenciosamente. Vibro de vez en cuando. A mi lado una mujer y un niño en cuclillas sobre la mujer. Miramos los tres hacía seis filas delante de nosotros, doce cabezas a pares que también se van moviendo hacia los lados con la misma cadencia que yo me muevo. Sólo el conductor presiente, quizás, hacía que lado nos moveremos en los próximos segundos. En estos instantes hace un calor insoportable. Varias moscas viajan con nosotros, bajo nuestra referencia; pero en realidad las moscas viajan de un lado al otro dentro del autobús. No van a ningún lado. Su trayecto va desde la calva del conductor hasta las babas de un disminuido tirado a la larga en el último asiento. Podría decirse filosóficamente que las moscas viajan viajando.

No partí hacía el Sur porque el autobús hacia el norte salía antes. Eso indica que no me importaba a donde partir, que lo importante para mí, por algún motivo que quería olvidar, era partir sin importarme a dónde.

Siento la mano del niño que me acompaña rozando levemente mi mano.

Creo que acabo de asesinar a un hombre, y no soy capaz de olvidarlo.



11 DE ABRIL.

el Lunes, 11 de abril de 2011 a las 9:27
No quise saber cómo estaba el mundo de aquella. Le dije, acércate a mi nos daremos más calor. No quise saber qué paisaje había fuera de nosotros, me refiero a lo más cercano a nosotros una simple habitación muy simple, una cama, una mesita, un armario, una silla, no me importaba lo que había dentro de la mesita dentro del armario, en la silla estaba nuestra ropa, en la cama estábamos nosotros que nos habíamos acercado para darnos calor.
Permanecimos allí en aquella postura, abrazados en aquella postura uno frente al otro, mi cabeza estaba encima de su cabeza, yo con mi barbilla encima de su cabeza, con los ojos cerrados, yo suponía que ella también estaba con los ojos cerrados. Algunas veces abres los ojos ligeramente y ves una semipenumbra que viene del mundo, yo había abierto los ojos ligeramente y veía, eso, un poco de luz que se filtraba a través de la ventana y unos visillos ligeramente agitados por la brisa de la tarde, era por la tarde, hoy era por la tarde. Lo cierto es que estábamos escondidos para tan sólo abrazarnos y no sentirnos tan solos, sin darnos cuenta de que el mundo seguía existiendo al otro lado.

8 DE ABRIL

el Viernes, 08 de abril de 2011 a las 18:40
Esta noche me dejaron aquí. Recuerdo que la cama estaba helada, y que sentí el mismo miedo de todas las noches. No recuerdo cuando he muerto para los vivos, ni cuanto tiempo llevo adoptando esta postura de acurrucado. Una vez al día me estiran, me dan dos vueltas o tres, mientras siento el agua fría sobre mi cuerpo, y percibo el olor de los ungüentos. Nada que objetar a esto. Te sientes inanimado. Ningún recuerdo. Ninguna sensación táctil. Ninguna señal que te indique que formas parte de algo. Sólo miro, oigo y huelo. De estos tres sentidos del que más disfruto es el de la vista. Me ubica. Es mi secuencia del tiempo- día, noche y día-
Después de embalarme para la noche. Los siento en la otra cama. Jadean. Parece una pequeña pelea. Aparentemente se aman. A ella la disculpo por la soledad que implica mi vegetación. Después de amarse. Ella se desliza en mi cama. Se escurre, y me da a oler su parte más intima. -Yo se lo agradezco con una leve sonrisa-

6 DE ABRIL.

miércoles, 06 de abril de 2011
Llevo en el corazón una cosa dura y no sé lo que es.
Absurdas piedras, allí donde el corazón,
deben ser.
Sobre un camino, allí donde el corazón,
tortuosas veredas, sendas a no sé dónde,
perdido, no sé si de ida o de vuelta;
y tú no vas, tú no vas, tú no vas.
Por qué ya no estás tú, mi amor, cogida de mi mano,
conmigo,
allí donde el corazón.

3 DE ABRIL.

el Domingo, 03 de abril de 2011 a las 11:01
La piel del cuerpo es una huella gigantesca.
Pliegues, todos los años allí juntos,
muchos besos;
incluso dolor olvidado, a veces.
Tú estás en mi piel, hoy has venido, lo sé.
domingo por la mañana a eso de las diez,
a recoger todos los besos que has puesto,
todas las caricias que has dibujado con tus manos,
todo lo que pensabas y has escrito con tus dedos,
sobre mi piel,
tan arrugada.

30 DE MARZO.

el miércoles, 30 de marzo de 2011 a las 17:39
A veces intento escapar de mi compañía y busco la compañía de otros.
Me ofende escucharme a mi mismo,
quiero decir dentro de mi mismo,
ahí mismo. Eso que te lleva a todos los lugares y que eres tú.
No sé cuántas palabras de media tengo que escucharme: día y noche,
y al otro día.
Algunas veces viene mi amada y hablamos de intranscendencias,
-hubo muchos muertos acaso en otros lugares-.
Follamos y hablamos, es lo justo, y algunas veces cerramos los ojos.
Mientras tanto ocurre el trance, como si masticáramos pan blando,
mojado en salsas misteriosas.
Yo estoy con ella y es un aburrimiento, extrasístoles ventriculares,
algo agitándose, no sé de qué forma, como sin espacio,
es el corazón dentro de si mismo, el corazón a su ritmo, saliéndose.
Es tanta la confianza que ella me aporta.
Que a veces intento escapar de mí y de ella a la vez.
Fugarme.
Me voy sobre todo al mar, y ocurre el milagro de su compañía.
La del mar.
La historia no termina aquí, el retorno a la casa sin saber cómo tengo las manos.
Sin saber que siempre he de subir a mi atalaya donde está mi olor.
Como una ofensa, señalándome, que allí habité acaso unas horas antes.
Sabiendo.
Que debo quedar sólo, de nuevo, con mi compañía.

29 DE MARZO.

el Martes, 29 de marzo de 2011 a las 18:35
Pertenecer a esta especie ha sido muy digno, me ha dado muchas sorpresas. He podido gatear, he podido reptar, y lo más usual ha sido caminar sobre dos extremidades. Algunas veces también he caído ingrávido, algunas veces, siendo empujado a gran velocidad he pretendido volar sin poder hacerlo. En general he tenido éxitos señalados intentando dominar la gravedad. Ahora, al paso de los años, ya casi anciano, me vuelven a embargar los misterios, otros miedos, que nunca antes me embargaron; y es que tengo fundadas sospechas que estoy teniendo una regresión a mis orígenes. Realmente, no sé de qué orígenes se trata, pero tengo la certeza de que pronto lo sabré. El fin,en si mismo, existe.
He notado cambios sustanciales en mí. He notado cierto anquilosamiento en mis articulaciones, cierta sensación de falta de reflejos, cierta anormalidad al desplazarme, ciertas anomalías a la hora de ordenar mis pensamientos, con olvidos cotidianos imprevistos en el simple ejercicio de recordar lo que he comido hace unas horas, en recordar ciertos nombres que por su afectividad fueron mil veces repetidos. Otros cambios fisiológicos son notorios, por ejemplo, se me están encorvando toda mi potencia de entrepierna.
-¿Y el deseo?
-El deseo intacto.

28 DE MARZO.

el Lunes, 28 de marzo de 2011 a las 19:44
He de decir que he vivido entonces o no he vivido nunca,
ahora es lo inapreciable cuando recuerdo, acaso,
que todo lo que hubo de amor se quedó marcado en mí,
en no sé donde.
Escritos en la arena, quedaban allí, escritos.
Dando una vuelta en forma de corazón y dentro nosotros juntos.
Escritos.
Como si fuera a ser siempre, así, un corazón dando vueltas.
Osea.
Cuanto he vivido no lo sé, te amé a ti y eras mi amor,
dentro del corazón de arena. No lo sabía el mar.
Y estuvo allí mucho tiempo, escrito. -Quiero decirlo así-
Luego:
¿Dónde se guarda todo lo que se ha querido?
¿Existe un lugar?, para lo que se ha querido.
Hablo de los últimos decenios comprendidos entre varios acontecimientos.
Hablo que en un lado está guardado lo que llevaba piel, en otro,
lo que llevaba ojos, en otro, lo que llevaba boca, en otro, lo que llevaba manos,
en otro, lo que llevaba la inmediatez cuando estabas sin tocarme,
y en otro el puro sexo que era perderse cuando estábamos dentro de no sé qué.
Entonces estaba también el cielo, pero no llego a comprender como era el cielo cuando estábamos juntos. El mar sí, tan igual. El mar sí, tan incansable.
Lo de los corazones era cierto. Están ahí, donde ahora pienso.
Y ahora mismo camino en forma de corazón para recordarte, aún más,
que te recuerdo.

OTRO MARZO.

el Viernes, 25 de marzo de 2011 a las 21:06
Quería tener dos años para que me cogieran de la mano.
Y así me elevé, y luego mis ojos se fueron haciendo altos.
Mi boca creció y estuve al nivel de las cosas.
Para poder gozar del cielo, di vueltas sobre las colinas,
y no alcanzaba nada, más al fondo volvían aparecer intangibles,
y supe lo que era el cielo: lo inalcanzable.
Aprendí por puro reflejo los gustos amargos,
el dolor que venía sin pedirlo,
los conflictos en noches broncas,
dándole alcohol a mi alma.
Mi espíritu huía de donde había sufrimiento.
Al final alcanzado, acorralado en un laberinto,
sufrí también
- el corazón a tumbos-.
Fueron años contados con los dedos de las manos:
la cuarentena, las otras décadas superpuestas,
los muertos amados a mi lado
–camaradas de la vida-.
Decidí ser viejo por sabiduría y regresé al antaño, resumiendo.
Las manchas en los ojos, la sensación extraña de no ser vertical.
El equilibrio indiferente.
Y la paradoja,
otra vez, cerrado el círculo,
caminando, de nuevo, ahora, cogido de las manos.

25 DE MARZO.

el Viernes, 25 de marzo de 2011 a las 9:20
Y aún sin saber cuanto durará nuestro orgullo,
sin saber cuantas primaveras se repetirán en nuestras vidas,
aún sin saber a donde voy y a donde he sido devuelto empaquetado,
deseo jugar como cuando era niño.
Deseo buscar un escondrijo
y que contéis hasta el infinito;
que cerréis los ojos.
Estoy donde afloran gigantescas plantas de stramonium;
me olvido entre sus efluvios de esta esquina que da a dos calles;
donde hay dos historias designadas para mí que nunca contaré.

24 DE MARZO

el jueves, 24 de marzo de 2011 a las 20:46
Habían dicho una vez cuanto silencio tiene que haber para que sea demasiado,
cuanta inmensidad para tener miedo,
cuanto amor para ser querido,
cuanta ira para ser odiado,
cuanta tristeza para querer morirse.
Apenas saliendo de la infancia una vez.
Apenas la adolescencia encontrada.
Apenas la mitad de la vida.
Apenas el final de los años.
Y siempre, siempre, cuanto silencio para ser demasiado.
Estabas tú en el rincón de la sombra y la luz, dispuesta para no estar sóla.
Y otros ejemplos de lo que es no estar sólo.
Toda la carga de vivir, la carga de estar viviendo.
Siguiendo ahí,
circunstancialmente indiferente ,siguiendo ahí,
abiertas las hojas de la ventana,
Entre tanta ausencia, tanto silencio - mi amor-,
que parece demasiado.

23 DE MARZO.

el miércoles, 23 de marzo de 2011 a las 19:54
Le hice el método Billings con mi boca, y su sabor era a caldo afrutado, tenuemente floral, herbáceo a sementera de ballico, tostado como el café torrefacto, espaciado en textura como la taza blanca de un inodoro, limpio como la mesa de un político, y de muy compleja intensidad. Lo paladee sobre el borde de mis labios, escupí un resto sobre el cuenco de mi mano, y aprecié el color, la sutil transparencia, el nítido brillo, la intensidad en su tono, los matices del pigmento como un piélago del mar, sin formación de burbujas, sin acidez lastimosa que hace rechinar los dientes, con sorprendentes impresiones dulces y restos azucarados. Sin duda alguna era materia para la vida, la mitad de un cuerpo que me llamaba para existir. Y cuando saqué la boca de su coño, se lo dije: Amalita, este es el momento Billings. Coloqué un almohadón blanco de plumas de codorniz debajo de sus alas. Elevé su culo con mis manos. Aprecié los estambres los peristilos de su coño lleno de mucosidades. Y me precipité ingrávidamente al vacío. Y fue el relámpago de una pila de petaca. Se abrió a mi, y tal como estaba, supe de ella, corriéndome mucho más allá de las antípodas de su cuerpo. De allí salió mi Marianito, un tonto del culo. Que anda con botas de seguridad por el paseo de las Acacias, Y mi Servandita, más puta que las gallinas. Es el día de hoy que catar un flujo me da vómitos. Desaprensiva simiente. Órdagos a la vida. Que hijos de las gran Amalia, del anacoreta Billings. Y de este gilipollas –garañón-, que iba de sabio cata flujos.


22 DE MARZO.

el Martes, 22 de marzo de 2011 a las 22:27
No desdeño una brújula que sea tú mano larga, si te fijas,
no voy a ningún lado, nunca. Sólo tengo tú mano, siempre.
Al alba no he abandonado ningún lecho, ni tan siquiera han venido a buscarme,
No existo, ni siquiera me han fusilado, ni tan siquiera,
saben dónde vivo, como a un poeta maldito.
Pon tú mano ahí blandida, bájame una hostia, ponme de pie.
Díselo por ahí: hay un hombre en su madriguera, esperando la muerte
-no sé dónde, tan cobarde-.
No desdeño cualquier punto cardinal que se me ponga.
¡Rosas de los vientos, girar sobre mí, marearme los ojos!
Habito sobre recuerdos imposibles estirando los brazos.
A veces abro la boca, a veces me desnudo, a veces me miro a mi mismo;
y me invento el enésimo poema del espejo.
Más solitario que los muros de una cárcel,
Como un Dolmen así solidario amarrado sobre la tierra.
Más indiferente que un gusano devorando hambriento hortalizas muertas.
Sorbiendo sol, mar, ojos desnudos, pobrezas del alma, miserias del cuerpo.
Bájame una hostia, levemente levanta tú mano, dame una leve hostia, pon tus dedos en mis pómulos, amenázame, dispara con tú índice, fusílame.
Hazme muecas de payaso, se un saltimbanqui, y dime si aún habita una sonrisa sobre la comisura de mis labios.

21 DE MARZO.

el Lunes, 21 de marzo de 2011 a las 16:36
Tengo la impresión de que no podré resolver el misterio de las antipartículas,
antes de morirme.
Ni si hubo otro universo antes que este.
Me quedarán dudas de por qué el espacio tiempo se curva,
Y si las tres dimensiones más la gravedad existían antes del big bang.
Pero te juro,
que cuando voy al súper, ni Dios me la da con las ofertas.
Calculo con los dedos, y de veinte sé que tengo que llevar dos.
Ahora que estoy en casa todo el tiempo te controlo.
Y te mesuro.
Por lo visto no todo eran camas y cocina.
Barra de labios resplandeciente, rojo cereza;
te pones.
Azul poblado como sombra.
Y no sé lo que haces por la calle tanto tiempo.
No andarás de puta.
Tú coño me huele a caucho.
So cerda.


20 DE MARZO.

el Domingo, 20 de marzo de 2011 a las 20:23
Se le olvidó bajarse de mí, y morimos los dos a eso del amanecer.
Me había amado sin piedad como a todo lo que nace.
Sentada encima. A horcajadas. Entrándome hacía la salida del sol,
saliendo por poniente, parándose sobre el tórrido ecuador.
Y al verme la cara, con ese gesto en las alturas,
me llamó cabrón y asqueroso gilipollas.
-fracasado-
-trilero-
Y se quedó allí para observar lo que es un hombre, simplemente dominado.
Casi sin nada dentro del corazón, un leve escozor, y lo que la naturaleza suelta.
Olores matutinos de la piel por dentro por fuera y por los lados:
el cuero de los vivos, la mierda que llevamos dentro.
Había una puerta como siempre, y una ventana.
La luz era un juego, la penumbra, nuestros rostros.
Dos cajas de muerto de caoba que eran un armario.
Y una mañana tan plena.
Y tanto silencio.
Los dos tan muertos,
-la muerte trabajando a turnos-
y tan follados.
Simplemente,
estaba sobre mí y me mataba.


18 DE MARZO.

el Viernes, 18 de marzo de 2011 a las 9:27
Me da que ya no me amas (pues te jodes) me haré una paja.
A todo esto habían llegado las primeras golondrinas, y no me hice la paja.
Siempre estábamos así, cuando comíamos bocadillos de caballa,
nos besábamos menos.
Tampoco le importaba verme de espaldas por la rendija del baño:
a lo pecador yo te confieso.
Éramos mucho de amarnos los domingos por la tarde, durante el telediario de las nueve.
Aquel día estuvimos paseando por un carril bici.
Entre árboles de tallos mutilados, atados al suelo.
Y en una gran superficie compramos cuatro bolsas de palitos,
y un sacacorchos.
Y cuando posé las llaves en el taquillón, me vino aquel vahído de soledad,
Y se lo dije, lo de la paja.
La abuelita se había quedado en casa babeando.
- Algunas veces se iba en su alfombra mágica-.
Siempre le traíamos barritas finas de regaliz negro por si se atragantaba.
Mientras ella le daba los potitos pensé que teníamos un niño, yo había cerrado los ojos,
y me olía a teta, y se lo dije:
Ya no me amas.
La cama era como el desierto del Hoggar, lleno de pliegues y dunas, un edredón de color de arena.
Las golondrinas estaban más arriba de la ventana.
Y se lo dije:
Nadie tiene la culpa, pero me da que ya no me amas.

17 DE MARZO.

el jueves, 17 de marzo de 2011 a las 15:19
Nos habíamos metido cuatro Happy Meal,
porque se acababa el mundo, allí mismo,
queríamos morir antes,
en este mundo,
me pasó con su boca juguitos de kepchup y restos de patatas,
mientras le frotaba mi pie descalzo contra sus bragas,
a intervalos,
Y es que se acababa el mundo.
Fuimos a donde el parque de los niños, seis mocosos,
carne de cañón, hijos descalzos de su madre,
hijos de todos los hijos, que así venimos,
hijos de puta, hijos hirientes, hijos del amor,
hijos de Satanás, hijos bendecidos, hijos ya vencidos.
Se bajó las bragas sobre un tobogán, y tuve que chuparle mostaza
abandonada en el mismo pirulí del clítoris, y los niños miraban,
como si fuera una tarta de cumpleaños,
un resto de color mostaza en forma de nata montada.
Un happy verdy entonado por eunucos, sonaba.
Ella así tumbada. Mi polla se puso como una piedra de cuarzo,
Hermosa. Y los niños seguían mirando.
Debía de ser rápido, el mundo se acababa.
Un poco más escondidos,
empecé a follarla, y los niños nos miraban.
Fueron cuatro contoneos de mierda,
una octava parte de un twist.
Pero se la puse donde las trompas de falopio.
Y mi semen fertilizó una campiña repleta de tulipanes rojos.
Y me quedé cogido a unas manillas, bailando aún,
un twist, casi sin sentido.
El mundo se acababa.
Godzilla apareció a las tres de la tarde.
Fue un visto y no visto.
Digeridos los Happy Meal, y habiendo follado contigo,
a Godzilla que le den mucho por el culo,
si se muere acompañado.

15 DE MARZO.

el Martes, 15 de marzo de 2011 a las 23:30
Me volvía loco verla sentada en una silla,
con las piernas abiertas.
No te puedes imaginar sus muslos blancos y blandos;
aquellas formas oblongas apetecidas, insinuantes,
desparramadas, caídas.
La mano iba hasta allí como si fuera un registro inapropiado.
Luego su boca, su lengua, mi lengua no daba abasto de cubrirla tanto.
Tanto es así, que al escurrirse ella sobre mi me venían los temblores.
Y algo de soledad huía entre mis piernas. Me encantaba su neumático mullido.
Verterme, mientras olía su sudor como a frutos secos.
Apenas la llenaba. Era un simple rasguño.
Ella abierta la boca pedía más y más.
Algo que yo no podía darle,
Hundido ya, y exhausto, muerto sobre su vientre.

13 DE MARZO.

el Domingo, 13 de marzo de 2011 a las 11:38
Me había dado un movimiento armónico en el corazón.
Mi manía de olerla me daba sorpresas impredecibles.
Hoy su coño olía: fragante, ambrosiaco, aliáceo, caprino, impuro, nauseabundo.
Y lo supe.
Había estado jodiendo con otro, la muy zorra.
Yo levanté los ojos de aquella postura sumisa.
Y ví el monte Olimpo,
Y el volcán de su ombligo, la barbilla,
sus ojos abiertos pensando en huracanes:
casas arrasadas, olas gigantes,
y en el aire cesio 137 mucho más allá de 500.000 becquerel.
Las manos así, sobre el lado diestro de sus caderas, fluorescentes.
Abierto el cielo, y Dios jugando a los dados.
Tan diminutos nosotros.
En una mañana de domingo lleno de sospechas.
Mi cabeza sobre tú coño,
que me huele apestosamente a otro.

12 DE MARZO.

el sábado, 12 de marzo de 2011 a las 10:01
En aquel poema se repetía mucho:
tal vez,
aún así,
de esta manera,
te voy a querer tanto,
el cielo estaba azul,
mi corazón esta roto,
te has vengado de mi,
tú calida mano,
tus ojos, el color de tus ojos, tú piel, tú pelo, tú ausencia, tú cama, tú calor,
tal vez estar dentro de ti…
el frío de tus manos….
las calles vacías,
flores en tú pelo, y la arena del mar y las olas,
respirar el aire que tú respiras…
Pero sobre todo, aquel poema estaba plagado de infinidad de tal veces:
tal vez te quiera,
tal vez me ames,
tal vez me muera,
tal vez viva para contártelo,
tal vez estabas tú y el silencio,
tal vez el tiempo lo cure todo,
tal vez sea hoy,
tal vez no haya un mañana,
Muchos tal veces compulsivamente desordenados,
y tantas dudas,
que tal vez fuera,
tal vez,
mejor un poema en blanco.

1 DE MARZO
el Viernes, 11 de marzo de 2011 a las 8:27
Presiento voces, quizás angustiadas.
Se que han venido a verme, aquí hay marcas diminutas.
Un desfile largo de animales que comen la madera.
Rastros difusos por el cristal.
Besos marcados.
Y aún calor de pómulos en mis manos.
Y el olor que deja la desesperanza, como a pan rancio,
a fruta podrecida.
Presiento que he sido transportado en volandas a otros lugares.
Allí mismo, desde la noche misma.
Ven a ver todos estos pequeños posos de polilla.
Ven a ver a los gusanos.
Ven a ver reptando manos por los espejos.
!Mi amor!
Bésame a trabes del cristal.
Mis labios aún están posados allí.

MARZO Y LA NADA

el Viernes, 04 de marzo de 2011 a las 16:02
Pósate sobre mí, no me dejes sólo.
Déjate caer si puedes desde Orión o más arriba,
desgráciame.
Y quédate quieta unos instantes, pensando,
sin levantar tus ojos.
Enséñame de nuevo las vocales, muévete.
Pósame tus manos sobre el pecho, dime cosas de amor.
No me abandones nunca entre la tristeza.
Sabes:
Es ya,
es absoluto.
Encima de nosotros no hay nada.
A los lados no hay nada.
Y estamos posados sobre la nada.
No me dejes ahora que aún no existo.
Da cien vueltas sobre mí como un molino, desgráciame.
Nunca aprenderé a castigarme, castígame.
No quiero dormir, morir entre la basura de una calle cortada.
O póyate sobre mí, despacio;
tus manos sobre mi pecho, lentamente,
hasta el final de este mundo y del otro mundo.
Sabes:
Sólo veo dentro de tus ojos.
Encima de nosotros no hay nada.
Alos lados no hay nada.
Y estamos posados sobre la nada.
Sólo existes tú que te encuentras sobre mí.


4 DE MARZO.

el Viernes, 04 de marzo de 2011 a las 7:14
El primer pensamiento lo escuchas a las seis de la mañana. Luego te viene toda la ropa encima.
Y el corazón sobre ti más tarde.
Escucho voces que ayer no había.
La vida vuelve cada mañana, vuelve sobre si misma, o con otra vuelta distinta. Dejaste de ayer: las sensaciones de ayer, incluso los sabores de ayer, y continúas con el primer pensamiento de ahora, quizás un café y la pasta de los dientes, y angustiosos presentimientos… Si amas a alguien su imagen en dos dimensiones sobre un primer plano. Llevo así historias e historias e historias; tantas como días. Fue cambiando todo: sueños de niño, todos los colores, amplitudes en el cielo, cansancio, amores que te apuñalaron, la piel que se te fue metiendo para dentro, la misma muerte en los otros que te amaban; y allí donde el duodeno esa mano invisible de uñas largas que te lleva cogido siempre siempre siempre.
A hora por la mañana con todos los pensamientos puestos, ese sabor en la boca que es tú boca, y la mano dentro de tu garganta cuando cierras la puerta de casa, y agarrándote los mismísimos huevos cuando llegas a la calle.



OTRO MARZO

el jueves, 03 de marzo de 2011 a las 22:17
Cuando era pequeñito mi madre me posaba la cabeza sobre sus tetas,
y yo estaba locamente enamorado de mi madre.
Luego me salió una lengua bifida, besaba siempre dos veces.
-Era un prodigio-.
En los transportes urbanos, mi lengua bifida se deslizaba, aparentemente,
como una rama de yedra, reptaba, cataba sabores,
cuencos de miel, espesos muñones,
bastos bosques, yermos solares,
lógicas podredumbres.
Si te enamoras de niño de tú madre serás un buen amante,
y nunca te quedarás solo sobre las costillas de la calle.
No te disolverás por una alcantarilla.
Ni derramarás lágrimas sobre los arrayanes que dividen los parques.
He mirado como miro: ojos de reptil, la boca abierta.
Si has posado la cabeza así, en ese calor, arrullo estremecido,
al vaivén de las cosas,
luces parpadeantes,
y esas campanitas que sonaban en un cálido y blando hueco;
donde cerrabas los ojos y te dormías tan enamorado.


3 DE MARZO.

el jueves, 03 de marzo de 2011 a las 6:59
Una recogía cojines blancos y miraba por una ventana olmos amarillentos, una carretera, cables lejanos, y a veces una penumbra que se ajustaba al horizonte detrás de una borrosa nube, mientras fumaba con los brazos encogidos en un instante, sólo un instante.
Otra miraba el mar a veces de esa forma el piélago del mar, todo el mar, y sobre la arena caderas de madera, piernas de madera, restos de olas, arenas movedizas que tapaban escaleras y removían rocas escondidas. Otra tenía un sofá muy largo que llegaba hasta la cocina y caminaba sobre el leyendo revistas de color púrpura con un bagaje en las espaldas que casi fue la muerte.
Todas tenían ganas de llorar, y a veces lloraban para olvidar la última edad que les queda, el último soplo antes de la dejadez de la piel, y las fieles arrugas que retornan a cada cara dándole su merecido por tanta ingenuidad.
Yo hoy por la mañana, abrí unos visillos para que cuando venga la luz ilumine unos tiestos, que dentro de una cesta de mimbre, intentan vivir. Ayer me corté el pelo y por cojones me vi en el espejo, y no tengo solución, ni abriéndome de piernas, ni poniendo el culo.
Esto es una penita: los olmos amarillentos, el mar, un sofá grande, unas flores con pétalos rojos en forma de corazón, unas manos pequeñitas.
Es la vida, dicen en la frutería.
Yo no lloro aún, pero podría llorar.
En el fenómeno extraordinario del llanto parece que te encuentras más a gusto pero la pena sigue y sigue.



2 DE MARZO.

el miércoles, 02 de marzo de 2011 a las 6:35
Todo lo que encuentro en todo, desde la apariencia hasta la templanza, o hasta la suavidad y la forma de las cosas, las manos que parecen tenderme, la misma soledad, todo forma parte de mi historia, incluido lo más inmediato, lo que acabo de vivir y lo que debo vivir. Estar atado a ti, vestirme contigo en el medio más absoluto de los desastres, en medio de la más horrible de las tempestades. Y poder amarte, incluso, sin pretenderlo. En todo lo que encuentro, ahora, apareces y despareces, me descontrolas, todo lo cotidiano es absolutamente obviado por el descuido. Puedo decir que vivo dentro de ti en el mismo sueño, y que al levantarme estas conmigo, estirada tú mano en un simple gesto ceremonioso, en esta puñetera y angustiosa obra de teatro que es la puta vida.
Ahora me queda escuchar tú voz. Y sucede que el amanecer puede ser un desprecio, o una falsa alarma.
Por favor:
Déjame un trocito de tú piel para secarme los ojos.


PARA TÍ EN FEBRERO

el Lunes, 28 de febrero de 2011 a las 8:19
Puede que estés ahí, no es una casualidad,
días de lunes, días de costumbres perezosas,
de ojos despertados a destiempo,
de ojos desesperados
y estás ahí.
Puede que estés ahí, con toda tú carga de amor,
con toda la vida premeditada,
esperando incrédula.
No hay nada tan inexistente como los encuentros que nunca sucedieron.
Palabras que nunca se dijeron.
Besos que nunca se dieron.
Pieles que nunca se rozaron.
Manos que nunca se apretaron.
Pero estás ahí, al otro lado:
Tan inmediata.
Tu boca caliente.
Tus manos calientes.
Tu piel caliente.
Y todos los besos.
Inalcanzable.


UN CAFÉ EN FEBRERO.

el Domingo, 27 de febrero de 2011 a las 19:24
Cuando te vi había un café, y estaban tus ojos color entre marca de río y cantera de barro.
En tus ojos estaban A, B, y X.
Lo de X era un supuesto.
Pero yo miraba a tus ojos, y tus ojos me gustaban.
No había mucho mas, quizás pena y ganas de llorar.
Hablamos del amor y esas cosas, se dice cosas.
No había mucho más, yo tenía ganas y era una propuesta.
Subir a no sé donde, imaginarse.
Toda la piel pegada donde tú me digas.
Mi boca donde te apetezca, al norte, al sur, al este...
Y todos los besos para olvidarse de A, de B, y X.
En un instante.
Nada de ti me es indiferente, ni lo que tiras de ti
y ya no es alimento,
Las oquedades, el corazón dentro, los labios.
Y donde te amo, cuando digo tú nombre varias veces.
Sobrecogido, apretada sobre mí que me quitas esta soledad;
-y que te quiero-
sin A, sin B, sin X.
Y conmigo aún que no tengo letra.


7 DE FEBRERO.

el Domingo, 27 de febrero de 2011 a las 9:53
Aparentemente no hay nada.
Y no sé,
por qué he estado tanto tiempo esperando.
Tanto tiempo dando vueltas, aparentemente, esperando.
Era un niño pequeño y no había encrucijadas.
Tiraba piedras, no dejaba pasar el agua.
Imitaba a los pájaros.
Dejaba rastros sobre la nieve.
Incluso en Agosto veía hervirse la tierra.
Y ahora aquí, a la vuelta de esta página.
Todo lo escrito, lo que queda por leer.
Y ahora aquí, abierta una puerta inmensa
-tan sólo-.
Me huele al día de ayer.
Me huele al día de mañana.
Me huele a todos los días que me quedan.
Y aparentemente no hay nada.
Sólo quisiera que me oliese a ti.

26 DE FEBRERO.
el sábado, 26 de febrero de 2011 a las 8:57
Me había propuesto terminar. Pero para terminar algo tienes que haberlo empezado.
Y yo no sé cuándo lo he empezado.
Presiento que hoy sábado ha pasado volando un jinete del Apocalipsis montado sobre un jamelgo, no sé cual de los cuatro es.
He conseguido levantarme y dentro de mí van todas mis historias, pero no sé qué historia voy a contar.
Me quedaré quieto, acurrucado, quieto, por si regresa el miedo.
Si alguien ha puesto flores es que hay alguien a parte de mí (de yo).
Si me sobrepongo en este sábado, si acaso no me abalanzo sobre mi mismo.
Hoy tengo la figura de mi padre, y de mis hermanas.
En el pueblo una vez tuve un cordero cojo que tenía los ojos muy tristes.
No sé si alguna vez he amado a alguien, si alguna vez tuve ese sentimiento dignificante.
No sé si alguna vez he sentido el rastro de la ausencia.
Estar acurrucado es una postura. Si no te ve nadie, no levantarás sospechas. Si te ven, empezarán a evaluarte. Estar acurrucado es un suceso.
Estar acurrucado puede significar que tienes miedo.
De todas formas, si hay un ramo de flores frescas, aquí hay alguien más.

21 DE FEBRERO.

el Lunes, 21 de febrero de 2011 a las 20:24
Me estaba quedando sólo, esa sensación de quedarse sólo;
nada encima de mí, ni a los lados.
Y los latidos en el cuello diciéndome que aún estaba vivo.
Y luego cuando ya estaba sólo, nadie, absolutamente,
se acercó a mí a preguntarme nada absolutamente.
Todos pasando por el borde de la acera.
Aunque mis ojos eran con luz, con esa luz de los ojos vivos.
El soportal estaba allí para estar sólo.
El soportal estaba allí para cuando quieres estar sólo.
En cuclillas sobre una arpillera de saco, no muriendo aún.
Como naciendo, aún así, de esa forma
en que el cuerpo humano de tan indefenso da ternura.
A una hora de la noche, la noche estaba sobre mí.
Nada sobre mí cercano, había estrellas muy altas.
Y pude dar la vuelta para encogerme más.
El soportal era un arco cerrado, y todo tan simple,
un hombre sólo, que se había quedado sólo.

20 DE FEBRERO.
el Domingo, 20 de febrero de 2011 a las 9:23
Pretendía estar boca arriba con esa tranquilidad que dan las historias recordadas. Si te habla una voz debes escucharla; y mucho más si no sabes de dónde llega; al fin y al cabo es una voz que percibes, que hace que no te encuentras tan sólo.


Una vez predije que llegaría a no recordar nada, ni lo más simple. Sólo en momentos de lucidez como este retornan estados anteriores sin ubicar en el tiempo, como ya vividos.


Predecir que llegarás a no recordar, en si mismo, es un axioma.


-¿Tú no sabes lo que es una lucecita?
-¿Tú no sabes lo que representa que por unos instantes esta lucecita se encienda?


He percibido que te acercas. Siento la frialdad de tú mano. Y tú olor. Y aún te recuerdo.
Y tú tienes que saber que mis ojos se mueven hacía a ti.
Por una rara paradoja he nacido unos instantes desde la ausencia más absoluta. Existe la luz. Los sonidos son congruentes con su origen. El olor de mi rastro: sólo he recorrido un palmo hacía el borde del colchón.
Acabo de sentir el impulso de tus manos arrastrándome hacía esta postura permanente.
-¿Tú no sabes lo que es una lucecita?

19 DE FEBRERO.

el sábado, 19 de febrero de 2011 a las 19:04
A mi me jode mucho que alguien te pueda dar amor y no ser yo.
Me joden tus problemas y todo lo que te joda a tí.
Cuando jugaba a las chapas y al hombre invisible,
ya me entrenaba para pensar en ti.


Llevo dos días con la mano en la bola del cambio
y voy en punto muerto.
Si me dicen que esta es una puta vida, me lo creo.
Si me dicen que tengo riesgo inminente de ser una minipimer,
y mis manos con ese temblor que seca las cosas.
Me lo creo.
Y me jode, creerlo, pero me lo creo.
Me jode que andes triste, medio desesperada.
Como si no vieras la salida.
Pero si te dan amor y no soy yo, me joderá más.
Todo lo que te joda a ti, me jode.


Llevo hace una semana un hormiguero en mi barriga
Que me jode y jode a más no joder.


OTRO DOMINGO DE FEBRERO.

el Domingo, 20 de febrero de 2011 a las 21:24
Mentalmente destrozado,
con la cabeza dentro de un neceser buscando olores,
y una barra de labios, que había sido tuya, con un poquito de tus labios,
si la apretabas, de tus labios y, ahora a mis labios rojos pasión,
besándome a mi mismo, cerca de allí abajo.
Y aún así, la cama, incluso, enroscado un alo azulado.
Haciendo forma donde me cogías por las mañanas.
Incluso algún pelo que otro dentro de la aspiradora.
Y muchos pelos eran un rizo, también de allí abajo.
Uno muy rizado de allí abajo.
Me dio por ir a la amplitud del mar, era este domingo, 20 de febrero,
-El Elogio del Horizonte-.
Y en la hondonada no había ningún suicidio.
Pero encima del precipicio se amaban.
Y un chihuahua me lamió mi corazón, donde estaba la aorta.
Mentalmente destrozado, pelos, miasmas…
Tengo restos de ti en la muela del juicio final.
Una vez te abrí ahí atrás y te metí la lengua
y era tan tuyo y luego fue tan mío,
que ahora es un recuerdo de ti.
Y me amo con ese sabor tan tuyo, lo más tuyo que puede haber.
Y esa cosa que queda en las toallas, después de días.
Y en el píloro para siempre.
Y los besos perdidos que puede haber en el éter,
desde la primera natividad del señor.
Lo que aún pudo quedar por ahí abajo,
descuidado,
Quizás mentalmente destrozado.
Husmeando el bidet (la taza del vater fue ayer);
y donde estuvo tu ropa más íntima sin lavar.
Tú perfume está en todo, es como un rastro de gasolina súper,
Y aún,
si es que alguna vez vuelves,
a este hueco, tráeme el tabaco para fumar contigo.
Si te vuelves a marchar déjame tu piel
para meterme dentro.
Mentalmente destrozado.
Boca arriba, soñando que te sientas.
con lo de ahí abajo
sobre mi boca.
Quizás aún pueda recoger besos por las cavernas abisales,
para quedarme mentalmente menos destrozado.

18 DE FEBRERO.
el Viernes, 18 de febrero de 2011 a las 20:19
Estábamos la existencia y tú.
Yo pretendí amargarme la vida con un yogurt,
y un poco de angostura, la televisión encendida.
Y todos aquellos moros con el culo hacía nosotros
-los gritos, las caras, leyendo manos abiertas-.
Y tú de pie fumando en la cocina
- mirabas como a la nada-.
Tan vertical, y las volutas.
El olor a tabaco y a ti.
Y la existencia.


Me besas y sabes a café. De fuera viene esa luz.
Venia esa luz de los visillos un difuminado color plomo.
En la tele, ahora, la bola del mundo,
agitándose,
y garbanzos hirviendo,
su vapor olía a garbanzos,
y se abría paso el cielo.
Levantarse sin conocerte apenas.
Arrimarme a ti: tú calor, sabor a café, olor a tabaco.
Y hablarte como si toda nuestra historia fuera eterna.
Estabas tú.
Lo imprescindible.
Y simplemente la existencia

16 DE FEBRERO.

el miércoles, 16 de febrero de 2011 a las 19:29
En todas las cosas que vayan a venir debo de encontrarme disuelto, y he surgido disuelto de todas las cosas que fueron, y así sucesivamente siempre fluyendo. Tú historia ya forma parte de mí, y tú eres parte de mi historia. Y ya te reconozco como inolvidable dentro de las cosas inolvidables, más que todos los atardeceres que haya podido mirar, más que todos los sabores, más que todas las caricias que haya podido recibir. Tú eres la caricia y estás dándome vueltas y bajas por las noches a esta esquina fría, para posarme tú mano, y te recuerdo en los asolados días, en las largas noches despertadas, y te recuerdo, y te haces presente entre la miseria de mis pensamientos.
Todo lo que tenga que venir ha de venir por si sólo, incluso la tristeza, y me disolveré por inclinadas sendas, por bosques y valles interminables, por montañas que tocan las nubes, y no seré nada, ni siquiera la más extraña de las soledades, ni la más trágica de las angustias, ni si quiera tendré una pizca de desesperación. Debo encontrarme disuelto para esperarte, tu disuelta a borbotones por la vertiente del camino hacía donde nunca puedan encontrarnos, así disueltos que es simplemente, sin significado: insípida, incolora, inodora; el agua que surge de la nada y que simplemente regresa a morir al mar.

OZONO EN FEBRERO

el Martes, 15 de febrero de 2011 a las 20:40
La estrategia es que no hay estrategias pero me la sacudo en un lavabo de mala muerte, y reflexiono sobre cuántas veces me la habré sacudido para que la última gota no me importunase con esa desagradable humedad en los calzoncillos.
Mi singularidad consiste en vender ozonocizadores, mi jefe de zona me ha desplazado de las granjas de cerdos, de las grandes ponedoras, de las grandes cárceles de chinchillas hasta esta Avenida de Juan Ribera, y como tal me dispongo a ozonizar: bares, tiendas de ropa, tiendas de comestible,etc., y para ello llevo mi catálogo y un pequeño equipo demostrativo que si lo enchufas y pones en la boca te suelta (O_3) hasta el último rincón de tú cuerpo, incluso, purificando el más mínimo resquicio de tú alma.
Antes de esto llevaba una representación de un producto llamado Depuralina, que te depuraba los intestinos. Durante una semana, podías acudir al escusado ocho veces al día, y te depuraba y depuraba. Luego sentías aquella disposición tan raramente pulcra.
Excesivamente pulcra, porque muy en el fondo, para ser felices, debemos de llevar algo de mierda dentro de nosotros.
Lo mío es la depuración en el amplio sentido. Se exceptúa el alma, si el interesado quiere.
El caso es que no tengo estrategias comerciales (todo fluye anárquico), me dedico a esto por mera necesidad perentoria, y ahora mismo, que me la estoy sacudiendo en es este bar de mala muerte, me siento exquisitamente vanidoso, mientras me miro el pito, tan flacidamente arrugado, pidiéndole al sumo hacedor, que por lo menos, incluso el pito, me sirva aunque sólo sea para seguir meando tan pausadamente.
Dejo esto aquí, por si algunos de ustedes tienen algo que ozonizar.

14 DE FEBRERO.

el Lunes, 14 de febrero de 2011 a las 21:48
El Amor en San Valentín es el amor por San Valentín.
Qué más da.
Yo siempre le regalé una cubertería.
Otras veces un juego de posa vasos de marfil.
Eso sí,
Hacíamos el amor hasta las tres de la mañana,
No nos parábamos,
Ni cuando llegaba el camión del contenedor de los vidrios
Y se caían todas las estrellas sobre el fondo de un camión de la basura.
No había flores, pero no había silencios.
La amaba por san Valentín como si san Valentín
Me agarrase sujetándome o empujándome por el culo,
Aguantaba,
De esa forma,
Pero al final era a puñados,
Exhausto de tanto remar y remar.
Luego fueron dos juegos de café.
Y experimentamos por donde se pudre la vida,
Y san Valentín bajaba, me empujaba
Una y otra vez
Como si el amor fuera eso, cosa de un día.
Solo o a puñados,
Amándonos desesperadamente porque el amor es así
Y por San Valentín da mucho más gusto.

13 DE FEBRERO.

el Domingo, 13 de febrero de 2011 a las 19:53
Marcharse es como olvidarse de algo. Algunas veces hacemos gestos: Un pañuelo. Un pañuelo así agitado es muy insignificante si hay veinte o treinta pañuelos agitándose. Y las manos. Las manos que se abren y se cierran como late un corazón, son tan insignificantes que apenas merece la pena que se muevan en el aire.
El caso es que marcharse es olvidarse, despedirse es decir que quizás nunca nos vuelvan a ver, incluso desde la cercanía más inmediata. Darse la mano o un beso, acaso, es llevar un poco de calor o una sensación de la persona que amas. Pero el resultado es el mismo, marcharse es como olvidarse de lo inmediato que amas. Es preguntarse, cuando aún te queda esa leve sensación, si la volverás otra vez a ver.

11 DE FEBRERO Y EL MAR.

el Viernes, 11 de febrero de 2011 a las 20:31
Habían puesto una ruleta inmensa que abarcaba todo el horizonte.
Por cada rayita el destino escrito de un hombre de una mujer, sólo el destino.
Y había palomas, escolleras, crepúsculos;
y en los pantalanes amarrados barquitos de velas blancas;
y gaviotas que se querían caer pero no caían, esplendorosas,
surcando zigzagueantes los radios de la gran rueda.
La gran rueda estaba hecha de tornillos, cojinetes,
remaches perforando en grandes perfiles de acero.
Y había pañuelos agitados, tendales blandiéndose perezosos, y manos apretadas.
Y por donde el mar no quería agitarse, era todo difuminado cielo;
una balsa, lisa, trasparente, que llegaba hasta el infinito,
con colores extrañamente diferentes.
Y la ruleta giraba, y hacía aquel ruido que era el viento.


Si formas parte de la ruleta, tú número está allí, en un amanecer, en un atardecer,
o en pleno cielo estrellado. Es aleatoria. Gira y gira con sus colores,
siempre dando vueltas.
Formas parte de este juego,
-algunos hipócritas lo llaman el destino-.
Y se afanan por describirlo, incluso,
cobran por decir lo que sólo es un supuesto.
Yo te llevaba cogida de la mano, no nos importaba la rueda, íbamos de la mano.
Tejían redes, los gatos husmeaban, y para ser sinceramente exactos,
sonaba un acordeón que en los muelles, si ya atardece,
es como vaporosa incertidumbre, como un lamento.
Pero no temíamos al mundo:
Íbamos
Cogidos
De
La mano
Una vez las hubo: gaviotas de colores, pero era el sol, las gaviotas eran blancas.
Y hubo pescado dispuesto en cajas de madera enseñando sus lomos de plata, muertos.
Y hubo varios marineros vestidos de hombre con caras llenas arados surcos.
Y manos pobladas de heridas abiertas por la sal.
Coincidía aquel día que también íbamos cogidos.
Y el acordeón habaneaba como si fueran palabras de otros tiempos, y daban pena.
Y la gran rueda dio aquella vuelta, la vi de lejos, y dispuso tú número,
en un imprevisto, así muy al instante.
-Fue una gran casualidad entre todas las casualidades-.
Yo vuelvo ahora por este muelle el sol es una herida roja, no hay otra cosa:
Suena el acordeón, se tejen las redes, hay hombres con los músculos cansados,
otros peces del color del oro,
con el lomo vuelto. Yo llevo mi brazo estirado, la mano abierta;
voy caminando despacio sobre las piedras del malecón,
-con el corazón a medias, palpitando a saltos o casi sin palpitar-
esperando sentir un leve roce,
dialogando conmigo mismo;
y me digo,
y me pienso:
que no sea la brisa,
que no sea un presentimiento,
que no sea la nada.
Que sea su mano que llega desde lo más profundo del mar.


FEBRERO Y LA TORMENTA

el Viernes, 11 de febrero de 2011 a las 6:47
Me daba tiempo aún y me daba tiempo aún y me lo repetía. Parecía que todas las tormentas estaban puestas en una; y corría hacía la cancela donde toda aquella pendiente se asomaba por encima de la finca en forma de un alubión de agua marrón y tejerones de piedras que caían desde la misma altura de la cuesta. Y todo el maíz tan frágil, dispuesto como un desfile de hojas brillantes, coletas de flores llenas de goterones, y el agua de todas aquellas tormentas agitadas por saturno con una mano de relámpagos que asomaban por Carondio y acababan no sé cuantos kilómetros abajo.
Y yo me decía, me dará tiempo aún, me dará tiempo aún. Pero cuando llegué al fin de la cuesta el agua era un gran río de coletas y coletas que arrastraban las raíces y la vida del maíz al fondo de la carretera, sin poder hacer nada, solo llorar sin saber si lo que caía por mis pómulos era todo el trabajo del año o todas las lágrimas de la tristeza del mundo.

JUEVES 10 DE FEBRERO: SERIE, TE QUIEROS.

el jueves, 10 de febrero de 2011 a las 18:53
Hubo una vez un hombre hecho de algo de estiércol, algo de árbol y el resto de tierra marrón y negra; que vivía en una gran colina y veía todo el mundo, incluso la luna.
Elucubraba sobre el amor. Su especialidad era decir te quieros, pero también se quería a si mismo, y hablaba de sueños, realidades, futuros y otras sandeces. Era un perfecto caballero de corazón con puntillitas y llevaba un clic en el perineo para los momentos de apuro.
Un día, sofocado de amor, propuso una cita a ciegas y bajó de su colina. Eran aquellas emociones de las máscaras con caretas venecianas. Mandó que cubrieran el cielo de febrero de rojos, púrpuras y violetas, y que en la cafetería pusieran alfombras rojas, doradas barandillas, y cúmulos de flores.
Y esperó allí mirando la hora sobre las manecillas de su corazón: impecable, ardiente con un café, un poco de azúcar y una chocolatina con rastros rosas de fresa.
Estaba de espaldas a la entrada desde el mundo. Curvado su cuerpo, su melena cana, su coronilla de fraile sobre su cabeza, oliendo a un poco de perfume por las partes blandas y por donde el pecho respiraba de tanto amor.
Era la tercera silla desde la puerta y una chaqueta beis.
Ella entró tan leve como un ciempiés, cien patas silenciosas agitándose en el umbral de la puerta, tres pasos eran trecientos pasos, y nada más. Lo buscó con la mirada: espaldas anchas y encorvadas, coronilla de fraile, café con leche, sobre un taburete una chaqueta beis, y su alma trasparente repleta de te quieros de lunes, de te quieros de martes, te quieros de miércoles, y todo el santoral repleto de te quieros.
-Quién sino.
Ella se dijo a Ella misma, no tengo la menor duda. Y fue media vuelta de ciempiés, diez pasos eran mil pasos, veinte pasos eran dos mil, eso sólo era media vuelta y luego toda la avenida; millones de pasos de ciempiés a buena marcha.
Y el hombre árbol que supuso que llevaba allí toda la vida, tuvo que poner la mano sobre su corazón para saber la hora, y contó mil doscientos ochenta latidos desplazados en retraso, y se dijo, ya es muy tarde, nunca supuse que vendría, cogió su chaqueta, todo su estiércol, toda su tierra y se marchó a su colina a mirar extasiado para hacerle un poema al cuarto creciente de la luna.
Hubo una vez un hombre, no sé si lo sabes, hecho de algo de estiércol, algo de árbol y el resto de tierra marrón y negra que vivía sobre una colina y no paraba de decir te quieros..


FEBRERO Y LOS ORICIOS.

el Martes, 08 de febrero de 2011 a las 7:15
Yo siempre pensaba que Febrero era distinto porque comíamos oricios, y Padrino decía aquello de comerles las gónadas, y a mi me sonaba a los cojones de los oricios, pero las gónadas era aquella estrellita naranja oscura que había en su interior que cuando los partía con la navaja de un cuajo, la iba sorbiendo como si fuera un huevo agujereado. Padrino comía los oricios como nadie, y nunca tuvo una mala indigestión. Los domingos bajábamos con las bicicletas y un remolquillo hasta el Franco y luego a la playa de Porcia para subir despacio, como podíamos, hasta cerca de la punta de la Atalaya, de aquella teníamos todo el tiempo del mundo, y Padrino era un cachondo mental y los domingos muy largos.
A mi la playa de Porcia cuando estaba la marea baja me parecía algo de paisaje marciano, con aquella cantidad de roquedales tan anárquicos que sobresalían con la marea baja, rodeados de arena que era de un color pardo apagado, algo oscura, y muy maciza. Aquel domingo de febrero llevábamos bocadillos de tortilla y una buena bota de vino, y dos sacos de arpillera de aquellos que venían con las patatas cosecheras de Álava. La mañana era inmensamente azul y como estaba el mar con aquel color claro si mirabas al horizonte casi no se distinguía donde empezaba el mar y donde acababa el cielo.
Cuando empezamos a rastrear los roquedales Neto y yo íbamos delante, y Padrino un poco más atrás echando pestes por los que dejábamos por recoger, el oleaje no era intenso y cuando bajamos una quebradilla muy escarpada lo vimos allí flotando, con la cara hacía arriba de un blanco que asustaba, no tenía manos ni pies y su cabeza medio carcomida se agitaba al vaivén de las holas. Neto me miró sin decir palabra, y yo grité muy asustado: Padrino, ven; aquí hay un hombre muerto detrás de las rocas.

FEBRERO Y LA MARIPOSA.

el Lunes, 07 de febrero de 2011 a las 21:38
Me da igual, y yo le decía, me da igual. Veníamos de ver el mar, por decir algo, y nos reprochábamos cosas y cosas. Es eso que tiene la memoria de elefante cuando se sacan todos los reproches que se creían olvidados. Pero al llegar a casa teníamos dos tomates, una lechuga, una lata de bonito, algo de aceite de oliva y un pasillo muy largo. Y entonces dejábamos de increparnos porque nos empezábamos a sentir, simplemente, solos, y pensábamos que lo mejor era hacernos compañía para no perecer en el silencio. Esto fue en Febrero. Y aquel día que os cuento nos pasó algo muy extraño. Por la ventana de la cocina nos entró una mariposa del verano. Y estuvo por allí dando vueltas y vueltas, medio perdida, alrededor de la fluorescente del techo. Ella, que es muy supersticiosa ,empezó a pensar que aquello era un mal augurio, y se preguntaba, una y otra vez, como una mariposa del verano puede vivir siendo mariposa del invierno. La verdad, no sabía como tranquilizarla, y le dije: No, mira. Hay mariposas que entran en las casas porque tienen frío; otras porque simplemente vieron claridad de luz, como si fuera un faro, y vienen a jugar con ella confundidas desde la penumbra. Pero sabes, cuando una mariposa del verano entra por la ventana de la cocina en una fría noche de febrero, simplemente no quiere decir nada, quizás sólo haya entrado para morirse sin haber pretendido ser una mariposa muerta.
Sabes.
No podría enumerarte cuantas mariposas mueren todos los años en las cocinas de las casas, cuando es de noche y afloran los reproches, y una mariposa del verano entra confundida en una noche fría del invierno.

S DE FEBRERO.

el Domingo, 06 de febrero de 2011 a las 20:20
Un seis de febrero de hace muchisisimos años sobre mi pueblo del Occidente de Asturias pasó volando El Gran Zeppelín. Años después el primer caldero de plástico fue puesto con agua para que calentase sobre el planchon de la cocina. Seis meses después el primer supositorio que fue recetado por Don Marcial fue calentado con un cazo con agua, disuelto y bebido (meterlo por el culo era mucho, y cosa de maricones). Dos años después la primera bombilla que alumbraba en la habitación de Luciano el molinero fue apagada de un zapatazo. Un mes después Agripina la del Correlo parió mientras plantaba patatas en la finca de la Cruz y el niño fue cogido por Maria la del Foxo dentro del mandil.
(El hijo fue luego cabo de la forestal, y repoblador de pinos donceles)
Una vez en el monte hubo rojos escondidos que chupaban la sangre a los niños de la escuela. Y siempre pasaban dos guardias civiles con aquellas capas verdes y el gorro de color betún, y yo cuando los veía lejos corría a esconderme como cuando tiraban voladores.
Una vez vino un entierro. Desde lejos veíamos las tres cruces el cura y la caja brillante.
Y cuando iba a pasar por delante cerrábamos todas las contraventanas para que el alma del muerto no se quedase en nuestra casa. Hay quien dice que se ponían a tomar café y orujo. Vete tú a saber.
Pero El Gran Zeppelín si que es cierto que llevaba una cruz gamada.

FEBRERO Y EL AIRE.

el Domingo, 06 de febrero de 2011 a las 9:42
A eso de las tres de la mañana me puse boca arriba, había dado la vuelta, y me quedé así como los peces cuando les falta el agua, boca arriba. Si mirabas a un lado estaba la persiana con unos rayones blancos de luz, y al otro lado, en medio de la oscuridad, un punto rojo y otro punto verde parpadeantes, digitales. Y entonces, ya que estaba boca arriba me puse a pensar, considerando. Y como siempre apareció ella, difuminada en calco fotográfico, sus ojos tan enormes y hermosos. Mi imaginación se desbordaba a eso de las tres de la mañana, y ella estaba allí, y para llegar sobre mí tuvo que agitarse el aire, y la vi tan nítida como ahora mismo que la imagino, y fue como si retornara el agua a aquel charco tan vacío, y así quedé tan despacio, quiero decir tan quieto, quiero comentar tan despierto; y quiero contaros cerrados los ojos y ella respirando a este lado y al otro lado y sobre mí , y en todas partes estaba su espíritu como una extraña presencia sin poder besarla, porque era un sueño despierto a eso de las tres de la mañana, y necesitaba ponerme boca arriba porque me faltaba el aire.

EN FEBRERO, OTROS DÍAS.

el sábado, 05 de febrero de 2011 a las 10:42
Un tendal con sábanas blancas y un cielo de Febrero que tiene cuatro nubes en forma de gallinas. Dentro de la casa el vapor que lo tapa todo y un olor extraño a caldo, a madera de roble y a alcohol. Nadie puede decir que la existencia no empiece así. Alguien me había llamado. Y vi aquella carita tan diminuta aún manchada de placenta, los ojos cerrados y unas manitas muy cortas que apenas se estiraban como si no quisieran agarrarse al mundo. Le daba la luz tenue y azulada de la ventana. Luego me llevaron de allí. Me senté apoyando mi espalda en una camelia larga que había en la huerta y, a pesar del frío, me quedé pensando en lo pequeñitos que éramos cuando nacíamos.


En febrero de otros años que fueron tan fríos como este, al cabo de dos vueltas y otra vuelta más, subíamos a las tapias del cementerio, atraídos por el humo que destrozaba vestigios humanos. La primera tarde (de la vida) que asomados los ojos por el mismo borde de un resalte de la cubierta de los nichos, allí acurrucados, sentí el ruido de la madera arrastrase, deshechas las tablas, y vi esqueléticos los pies cubiertos de andrajos, luego las tibias, luego las manos, luego el tronco, y en el pecho un medallón colgando, y la calavera que se reía de mí, y que me miraba con sus cavernas de los ojos abiertas.Esto fue una vez en febrero (de la vida), no recuerdo el año, y, aunque era un niño, aquel día empecé a crecer sobre la tierra.

FEBRERO

el miércoles, 02 de febrero de 2011 a las 7:17
En Febrero, después de la escuela, íbamos a buscar pájaros muertos de frío entre las largas maderas de los pajares, con techos cubiertos de restos de hierba seca y maderas apolilladas. Un día por casualidad, estuve sólo allí de atardecida, con la leve luz de febrero, tan apagada. Y el gorrión estaba allí metido, en un hueco oscuro de pared. Cogerlo entre mis manos era quitarle el frío, dejarlo allí era su muerte.


Teníamos una máquina de coser Singer de color negro. La veía doblada con aquella barriguita sobre una plataforma brillante de caoba. Bordaba filigranas de colores. Había una radio Invicta, un teléfono de manivela con un timbre que limpiábamos con sidol. Una vez llamaron de muy lejos y el teléfono quedaba descolgado con aquella voz interrogante.
Y teníamos un sifón de self que cogiamos por las narices.

AMORES DE FEBRERO.

el miércoles, 02 de febrero de 2011 a las 18:17
Mi Joan venía más tarde y me daba el cielo, y era muy hombre,
y febrero mucho más mes.
Hubo una tarde en que mi Joan me recibió en mocasines, abierto el pecho,
diciéndome mátame aquí si ya no te quiero.
A destiempo,
arrimados al quiosco de la música, tocaban unos Rumanos bésame mucho,
y mi Joan me agarraba bebiéndome con su boca,
y bailábamos tras la ventana tan apretados,
que entre nosotros no intentaba ni entrar el aire.
Mi Joan vestía de ante y acababa en unos zapatos afilados en forma de pico de luna.
Y me dijo aquello, otra vez, su pecho abierto:
-la mano sobre el corazón-,
mátame si ya no me quieres.
Vino una vez mi Joan, y olía a ginebra, y traía rizos.
Volvían a tocar bésame mucho, era la misma hora, en otro momento;
pero otra vez en su mismo pecho sus cinco dedos.
Y estuvimos juntos varios instantes, el y yo y unos lirios de plástico, escondidos tras la penumbra de la ventana.
Y yo sabía que me mentía.
Me abracé a él, mi Joan me amaba según su rito, y era muy hombre.
Y febrero mucho más mes que otros meses.
Siempre me decía:
escalaría el balcón para venir a verte.
Aquella vez no tuvo más tiempo para mentir en este mundo de los vivos.
Y donde tenía sus dedos señalando, le puse una navaja con la hoja abierta.
Es de esos días en que no puedes soportarlo.
Traía otros aromas,
y aquel olor a zorra dentro de sus ojos.

EL CLAUSTRO.

el Domingo, 30 de enero de 2011 a las 20:47
Hoy estuve caminando por el extraído de mi ciudad. Sucede que vas a buscar panorámicas hermosas para ver el mar, digamos que subiendo una media montaña que tiene unas vistas inmejorables de esa raya tan infinita.
Cuando ya estaba mucho más allá de donde las casas se terminaban observé un servicio de urinarios municipales totalmente pulcro, muy hermético, pintado de azul, lleno de anuncios publicitarios. Digo hermético en el amplio sentido de su apariencia externa, y lo digo porque, por supuesto, no tenía ni una triste ventanita, sólo en su techo se le adivinaba una salida de ventilación, supongo asistida automáticamente cuando se abría la puerta y entrabas en su interior. Quiero decir que cuando lo pasé no llevaba ningún tipo de apretura, tan sólo se me vino a la cabeza aquella fábula llamada La Cabina que protagonizaba el extraordinario José Luís López Vázquez y que quizás nos trataba de mostrar una imagen abstracta de aquella época, digamos, tan peculiar .A unos pasos traspasados de la dichosa cabina de baño, se me vino a la cabeza la agitada imaginación que tenemos los claustrofóbicos, que aún sin pasarnos el hecho desencadenante de quedarnos encerrados, ya presentimos la consecuencia consumada y nos llenamos de escalofríos angustiosos.
Pues eso.
Me vino aquella desazón.
Había pasado por allí, había sentido aquellos horrorosos golpes en la puerta, y había vuelto la cabeza. Sentía que desesperadamente desde dentro me llamaban por mi nombre, y que yo era a la vez el que llamaba. Mis voces eran apagadas, apenas perceptibles, mi cara escuálida sentado sobre la taza del inodoro de acero inoxidable, en la más plena oscuridad, metido allí desde hacía días en un extraído de una ciudad que estaba situada a varios kilómetros; y por la que sólo había un paseante que era yo. Presa del pánico, seguí caminando apurando el paso, tratando, en una alegoría imposible, de olvidarme de mi mismo que suplicaba, y suplicaba desesperado desde dentro de aquel váter que era mi propia cabeza.


ESTADO.

el Lunes, 03 de enero de 2011 a las 21:53
Yo algunas veces suelo quedarme quieto porque creo que en el mismo instante en que me pare se va a caer el cielo con toda su parafernalia. Al cielo siempre lo veo muy provisional. Mi libro de cabecera es el MMPI. Voy por la página doscientos ochenta; y me creo imbuido de todo lo que allí dice, de todos las historias. Las de ceremonias previas son las que más me gustan. Ya sabes que los sumos sacerdotes están locos.



































1 comentario:

VeroniKa dijo...

qué pasó?

Existo, si...aunque de otra forma.:)