lunes, 30 de mayo de 2011

ERA DE EXPORTACIÓN.


Yo no distingo lo que es original o lleva conservantes.
Ahora bien.
Si te metes un pepino por el culo lo contagias. A mi señora yo le metí un pepino muchas veces,
luego yo chupaba el pepino.
Ella era y es mucha mujer.
Buscábamos el mejor del invernadero, los de exportación.
Por la noche yo le enseñaba a Paquita aquel pepino.
Manoseado por cuatro moros indignados de Tetuán.
La noche no tiene mañana ni tarde, es toda seguida después de la media noche.
Nos entreteníamos con juegos excitantes.
A veces por delante.
Se abría de piernas como un saltamontes y le metía un pepino de exportación,
suavemente.
Le daba vueltas. Era muy curioso. Yo era como un doctor.
Le decía:
lo sientes, mi cielo, me lo trajo Abdel, era el mas grande.
Dime si lo sientes, mi amor.
Y le entraba todo, algunas veces faltaba pepino, y al sacarlo se le hacía el vació.
Era como si hacia dentro chupase mi boca, se le encogía la barriga,
los ovarios, las trompas de falopio, y todas esas piezas.
-Una vez le saqué dos niños-.
No te creas que tirábamos los pepinos, las alemanas son muy guarras.
Iban para Alemania.
No llevaban nada contagioso.
Cuando me tocaba a mí.
Yo boca abajo.
Ella también sentada.
Y muy despacio el pepino me entraba por el culo.
Muy despacio, sí, era muy despacio, soy de muchas almorranas.
Ella se reía, mira, lo suelto y sale despedido.
Las noches así, después de la media noche, eran tremendamente cortas.
No te creas,
no se tiraba. El pepino iba para Alemania.
Era de exportación.

2 comentarios:

Poma dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Poma dijo...

Claro, de ahí la intoxicación por escherichia-coli ¡¡¡