viernes, 13 de mayo de 2011

ESTE HA SIDO EL ACONTECIMIENTO.

                             ...un acontecimiento repentino ha sucedido. Todo ha cambiado de repente...
Sí.         
Por así decirlo.
Cual es el mayor acontecimiento de tu vida.
El mayor acontecimiento no es haber rozado con tu mano  a un famoso prócer. Ni haber estado en el meridiano más extremo de la tierra, habiendo dejado documentos fehacientes de tales hechos.
No.
No lo dudes. No seas infantil. El mayor acontecimiento de tu vida es aquel que marca tu destino para siempre.

Me había mandado al infierno innumerables veces: vete al infierno, me decía, así, a secas, que te pudras en el infierno. Pero yo no me iba al infierno. Según la nueva teología, el infierno es un estado del alma en nuestra existencia misma. No en el más allá, no; en el más acá. Deduje: me había mandado al infierno innumerables veces, me decía, supuestamente: vete a tú alma de una puta vez, y yo me metía allí dentro, en mi alma, a pudrirme.

Cuando era niño leía libros de aventuras. Tuve una infancia relativamente feliz. Aparte de algún penerasta tocándome debajo de la barbilla, y un barbero que me sobaba los genitales y me daba caramelos de palo, no tuve mayores incidencias en mi desarrollo psíquico. Eso sí. Vi innumerables veces a mi madre de rodillas chupársela a mi padre.
Los recuerdos no me torturaron. El daño fue nimio. Estuve varios años pensando que mi madre oraba  hablándole a las caderas de mi padre, siempre se santiguaba al empezar las felaciones.

Marita, mi Ella, tuvo otros aconteceres infantiles de los cuales sé escenas contadas. Sus nebulosas afloran por momentos mirando con ojos extraviados a las cosas. Hay entre nosotros instantes de convivencia extraordinariamente difícil, con esa violencia silenciosa que se corta en el ambiente.

Algunos instantes de soledad.

Ella era mucho de ramos de flores. Yo me acostaba boca arriba en el sofá del salón y siempre me olía a flores marchitas. Cuando ella regresaba de la cocina para dar unas vueltas, sin decirme nada, también me olía a escarola cocida para su régimen. Dijérase que esto era un paisaje habitual. Yo tirado boca arriba con las manos cruzadas sobre mi pecho, la televisión encendida, y ella mirándome de reojo.

Allí dentro no había nada. Había instantes y algunos miedos. No sé si te has dado cuenta cómo son los sucesivos pensamientos, son sucesivos, donde quiera que estés son sucesivos, unos enlazan con otros, no hace falta que yo lo diga, obsérvate. Algunas veces no guardan una relación clara. Pueden tener un nexo, o ser activados por una causa externa, pero en general se suceden sin ningún orden; salvo que estés poseído por una neurosis obsesiva, entonces se vuelven recurrentes y cíclicos, torturadores, son pensamientos sobre un mismo tema, y te consumes – neuronalmente innumerables paseos entre las mismas neuronas, ida y vuelta, en un mismo ciclo-.

Yo la veía allí, mirándome de esa forma que tiene de mirarme, que parece que no me mira, pero me mira desde su nebulosa. Se me vino a la cabeza, al ver su bata posada sobre su ancho culo, la última vez que habíamos follado, no recuerdo cuándo. Nunca hubo mucha pasión en nuestros actos amatorios, los actos amatorios no eran fulgurosos, llevaban un orden establecido. Habitualmente estábamos viendo la televisión cada uno con nuestros pensamientos, es decir sin dirigirnos la palabra, sin mirarnos, a una hora de la noche (antes de la media noche era el suceso), así que yo me acercaba a ella, a su altura, sí, así dispuestos, emparejados, imagínate a vista de pájaro, a vista de lámpara, los dos boca arriba mirando nuestro HD con los ojos inclinados a hurtadillas. Ya sabía ella lo que significaba. Yo le cogía la mano y se la metía debajo del pantalón del pijama, donde reposaba lánguidamente mi  polla, y ella la empezaba a mover dándole semivueltas, vueltas enteras,  con el índice. Esto siempre me recordaba cuando era niño y habíamos matado una culebra de agua, le dábamos vueltas con un palito de higuera para saber si estaba muerta. Pues ella igual, pero sin el palito. Yo notaba su mano suave, o suavemente. Luego comenzaba  a subir y a bajar lentamente mi prepucio, luego con su uñita comenzaba a escarbarme en el agujerito del meato, luego escupía en la palma de su mano pasándola suavemente por el glande, o bola, o capullo, o capullón, o bolón, o ceborroncho.
Ciertamente mi polla, mágicamente, ereccionaba entre tanta indiferencia.
Bien. Cuando llegaban los anuncios ponían aquello de: cinco minutos y volvemos en uno instantes, no se vayan, y un reloj digital en la pantalla que se ponía a correr furibundo hasta el cero más absoluto. Llegado ese momento, y estando  duro (ya duro), yo le bajaba las bragas, me subía sobre ella, le quitaba las gafas, y se la clavaba, se la metía, la oradaza, la taladraba, la atravesaba, la penetraba, la la la envergaba, y la la la la notaba como muy poco lubricada, quizás ella hacía un gesto de dolor. Me empezaba a mover vertiginosamente, arriba, abajo, abajo, arriba, una bajo fuerte, un arriba despacio para bajar una fuerte, luego abajo arriba, mientras el reloj de la tele debía de ir marcha atrás en los tres minutos. Sí. Y yo dale, ale, ale, ale: arriba, abajo, con esa secuencia. Sabiendo que me acuciaba llegar antes de que empezase el programa para que no saltase en cólera, ella con los ojos cerrados, sin el más mínimo gesto en la cara, y yo, contando hacía atrás: diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno, cero, y me iba. Sabes esa cosa que te viene, el gusto, que en realidad está en ti.
-El gusto está dentro de ti, no le des más románticas vueltas.
-Te follas a ti mismo mientras que piensas que follas a otro.

Y reflexionaba. Malos y buenos pensamientos. No lo sabe ni uno mismo. Malos y buenos pensamientos, vete tú a saber.

Todo es tan sencillo como eso. Las relaciones humanas no son tan complejas como parece. La imaginación a veces no es posible, y aunque le pongas imaginación en el fondo estás teatralizando una situación ficticia. Qué enorme grandeza es irse al alma de uno mismo y estar allí dentro por un tiempo. Yo lo hacía con frecuencia. Yo no sé si el alma es (un hecho) cuando piensas, o es la envoltura de los motivos por los que piensas. De niño el alma pecaminosa la pintaban de color negro en los libros de historia sagrada, no había términos medios, o blanca o negra, morado por ejemplo, no.
Yo no quiero saber lo que tú piensas, me horrorizaría por lo que piensas. Fijo. Me horrorizarían tus asquerosos pensamientos rayando con la ilegalidad, aunque tengas cara de bueno.

Absurdamente está ella que me huele. Me huele un ramo de flores con pétalos marchitos sobre una mesita camilla. Yo mientras estoy en el sofá estoy jugando con mi polla. Me encanta sacar la mano de vez en cuando y olérmela. Hace unos instantes entró un moscón errante y hace ese ruido buscando la salida. La veo a ella con una  servilleta de la cocina jugando al despiste con el moscón, de un lado al otro. Cuando da un bandazo, repentino intentando golpear al moscón posado sobre los cortinones, se le levanta la bata y veo sus asquerosas pantorrillas, dos muñones que se tocan a la altura de sus rodillas cuando camina.

Una vez llegó a estar de tres meses. Hubo una vez, sí. No puedo recordar en que acto del sábado por la noche fue el suceso, en que número de afuera adentro fue, allí, al final, casi con placer, en el mismo cero absoluto, dentro de su cueva, depositando mi semen dentro de su cueva.
-El niño se malogró. Un colofón perfecto. Sin agujas  de calceta-.

Sobre los pensamientos. Filosofando: un moscón y los pensamientos.

Deprisa. Quiero decir que pienso deprisa. Se puede pensar deprisa o se puede pensar lentamente. A ciencia cierta es algo que me intriga, si los pensamientos se pueden cuantificar en unidades de tiempo. Yo me he preguntado muchas veces cuánto puede durar un pensamiento más o menos. Yo ahora mismo los mido por las vueltas que da el moscón, ella detrás del moscón y mis pensamientos aleatorios a ese ritmo, el moscón bufando sin estridencias, el moscón reposado, escondido, y ella alerta, la bayeta levantada, otra vez el moscón acosado, y ella dando vueltas.

Me ronda todo aquello: y si un día…., y si un día. Me ronda. Quiero decir que gira en mi entorno, invisible, imperceptible, diáfano, inconsecuente, horrible. Y si un día…

Fue hace un mes cuando me subió del buzón aquel panfleto: vengan a disfrutar ustedes de la gastronomía y de la primavera a León y a la cueva de Valporquero. Una fantástica excursión que además de divertirte te ofrecían dos estupendos regalos, con la entrada incluida a la cueva, otro regalo sorpresa, un desayuno especial de café con leche, pan, zumo, queso, jamón york, mantequilla y mermelada, ah, y el almuerzo también gratis: primer plato, segundo con guarnición, pan, vino, agua según gustos, postre casero y café, -chupito de manzana no traía-.
Pues eso. Me tira el panfleto encima de la barriga, y me dice, mira esto, son veinticinco euros, merece la pena. Y yo que estaba allí, clásicamente con mis pensamientos, le hecho un ojeo, ya Portugal que lleva cóctel de bienvenida y además te acercan a Fátima, y no es mucho más de precio. P le dije, sí, le dije, y además te enseñan la Catedral de  León, pero a mi me gusta más este del viaje ues se lo dije, y dio aquella media vuelta de repente como si estuviera haciendo instrucción militar. Me  espetó los ojos de su cara de solete,  me dice, sí, y me dice, y me dice: pues para milagros estoy yo, así que vete preparándote para el jueves. Sale el autobús de la calle Cura Sama a las siete de la mañana. Vamos a ver las cuevas de Valporquero porque lo digo yo. La muy zorra, va y  me dijo eso, que lo decía Ella, por sus ovarios.
A mi aquel viaje me supo a muy angustioso. En el descansillo intermedio de la escalera que bajaba a las cuevas me dio un ataque de claustrofobia. Y después de comer a la vuelta nos hicieron una demostración de artículos exclusivos y nos compramos: una cubertería completa, un juego de café, un abrelatas automático, un juego de cuchillos córtalo todo, una cafetera llamada Julia, un minipimer y un esprimidor de frutas- de todo eso ya teníamos en casa-. En total la broma fueron trescientos ochenta y ocho euros. Y muy jodido estuve.

Noto que folla con algo más de sentimiento cuando está bebida. Quiero decir que ha bebido pacharán y le huele el aliento como a arándonos.

Era su mano izquierda o era su mano derecha. Cuándo me había dado su mano, no me acuerdo. Incluso cuando follábamos  se las iba a buscar y las escondía. Eran sus dos ojos, incluso tampoco nos mirábamos, y cuando follábamos también los cerraba, quiero decir cerraba, los apretaba, ella mandaba a sus ojos: cerraros, no lo quiero ni ver. Eso quiero decir yo, ella comprimía los párpados, no era por gusto de estar jodiendo. Joder conmigo, aparentemente, salvo que estuviese hasta atrás de pacharán, no le daba ningún gusto.

Si que son sucesivos los pensamientos, pero vete a saber dónde nacen dentro de la chola. Yo no sé si he amado a alguien alguna vez, lo recordaría en mis pensamientos. A Ella no la he amado nunca, ni tanto como esto que es así de pequeño. Pero este pensamiento se me viene una y otra vez, llevo semanas dándole vueltas y me entran escalofríos por su nitidez. Lo malo de los pensamientos compulsivos es que llegan a sobresalirte, quiero decir que son la causa que desencadenará un  efecto. Tantas veces dándoles la vuelta que te llegan a convencer.
Cuándo un pensamiento te convence, para bien o para mal, ya estás perdido, pasa a ser un acontecimiento.

Puto existencialismo.

Todo lo posterior, es decir, estar después en el tiempo o en el espacio. Todo lo anterior, es decir, lo que está antes en el tiempo y en el espacio. Lo presente, es decir lo que está ahora mismo. En esos tres estados estaban mis pensamientos a la vez. Y así, cuando el moscón resulto abatido por un certero bayetazo, la decisión estaba tomada.
A Ella no la veo, pero la oigo detrás de mí.
No hay manera de seguir saltando días.
He de acabar con Ella.
Este es el acontecimiento.

8 comentarios:

Poma dijo...

Acaba rapido , y adiós "Obsesión"

delia díaz dijo...

Mala compañia llevaba Él a León, porque no era por Ella, eras por Él mismo.
Las Cuevas de Valporquero son húmedas, y muy hermosas.
Si pudiera le diría que no debe acabar con ella, sino con su sequedad, con su propia y negra sequedad, para que los líquenes broten y, también, la mala hierba. Todo es necesario, incluso la sequedad, porque no deja de ser tierra en barbecho...

Me has conmocionado.

Anónimo dijo...

cuantos nombres?

veronika

delia díaz dijo...

quería regalarte un descubrimiento de hoy, o más bien, para ser del todo sincera, un regalo que se ha convertido en todo un descubrimiento, pero no lo consigo

lo dejaré en mi blog.

abrazo

KENIT dijo...

Intenta conseguirlo.
Lo conseguirás.
Otro abrazo para ti.
Es agradable leerte.

delia díaz dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=qWN43THNXFU

me temo que no siempre te resultará agradable

pero se agradece

:)

delia díaz dijo...

y te encontré de nuevo

:)


abrazo de piel vuelta, druida

KENIT dijo...

Un abrazo para tí, Delia.
Ha sido feliz encontrarte.