martes, 10 de mayo de 2011

LA PUERTA ABIERTA.



Qué extraño. Hubo una vez en que se abrió una puerta, y se me vio llorar.
Y varias veces más de esa forma en que llegaba la mañana. Obligados a movernos.
Hay muchos recuerdos de tantas veces llorando, las manos aún diminutas,
y acaso levantadas. Recuerdo, siempre levantadas.
He descontado todos los días que han quedado hasta esta hora, y no queda nada.
Un día y otro, fueron soplos. Mucha noches largas, quizás,
días cortos, días inacabados, días acabados, quizás.
De todas formas, si abres la puerta estoy ahí. Debes abrirla.
Esta noche, creo, que no hubo noche, quiero decir que no me importa.
Ya no hay leves besos, ni las manos con el calor acostumbrado.
Me sabe esta mañana a no sé qué. Y es un prodigio que aún pueda llorar.
Si alguien quiere verme puede abrir mi puerta.
Pensaré que hubo una vez en que estuvo mi puerta abierta.

2 comentarios:

Poma dijo...

Despacito la abro, no por verte llorar.Te dejo un café en la mesita.

delia díaz dijo...

hay puertas y puertas, puertas que se encasquillan como las pistolas, otras que se cierran como muros, otras que permancen entornadas... como esperando, siempre esperando; también las hay que son ventanas y que baten con el viento y la lluvia, que se derraman y lloran, como solo las puertas saben hacerlo...

se me han ido los dedos tras tu "puerta" y pienso: tal vez sólo le falta el pomo, algo donde la mano ajena prenda... quien sabe