viernes, 20 de mayo de 2011

MUELLE DE GIJÓN.


Le decían muil, o mugil, o múgil, o mugle, o llisa, o lisa, o liza, o albur, o cabezudo, o capitón, o corcón; pero a él no le importaba. Estaba debajo de la sombra del pantalán tomando el sol; y yo apoyado en la barandilla blanca del muelle mirándolo como abría su boca y la cerraba contra la fina superficie del agua.
Yo soy viejo, era medio día y me arrascaba la polla por encima de los pantalones.
Al medio día yo tengo arrugas y me huelen los gatos y los gatos huelen el pescado y de los bares me huelen las sardinas a la plancha y no sé qué hacer a estas horas en las que el sol es un pesado plomo que anuncia una tormenta.
Me da un soplo el aire, el aire trae sonidos del puerto del Musel, y el borde de las montañas de la Campa de Torres asemeja a Cristo tumbado boca arriba como si durmiera la siesta mirando al cielo.
Y yo soy otra vez viejo, apenas en unos instantes.
Tengo una fotografía de aquí, a este lado, los tejados en blanco y negro, los ojos con cara de susto. Mi madre con un carro de niño tipo carretilla, y las grúas en forma de pico de pelícano sacando carbón de barcazas semihundidas, donde los soportes de los pantalanes han crecido.
Mi madre bordaba redes y anidaba gatos acurrucados sobre madejas de bramante.
Mi madre agitaba con su pie recubierto de unas chanclas el carro sobre ballestas de varilla de paraguas, y yo dejaba de llorar arrastrando hollines de carbón debajo de mis ojos llenos de lágrimas.
Me duele ahí donde la polla, donde nazco de pie, y me la cojo con las manos, debajo del sol, y le doy manoseos a la polla.
He dado la vuelta dos veces por Lequerique oliendo los orines entre los cubos de hormigón en la rompiente llenas de frases de amor y preservativos.
Y voy de acuerdo conmigo mismo hastiado de haber hecho alambre trefilado, de haber bebido aire con restos de pútridos olores de batería de cok, casi cuarenta años haciendo todo eso.
Abierta la mañana me la escurro, la polla, entre unos restos de clinex.
Mis manos huelen a muil y a pollón arrugado.
Y la mañana se me acaba.
Pronto se me acabarán los recuerdos.
Mientras las gaviotas van y vienen, siempre así, sobre el Muelle de Gijón.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

no sé si es un poema o lo que es, pero me gusta. Te he encontrado por casualidad, eres genial escribiendo.

delia díaz dijo...

nos hacemos viejos ahora sí y ahora también... y sí, huele a pescado y a gaviota cansada y a juan salvador gaviota...

algún día yo también contaré una historia sobre el muelle de gijón y una polla... algún día

Anita Noire dijo...

Kenit, consigues sorprenderme, de veras. Besos

Poma dijo...

Evocador Muelle.